Se deslizan mis dedos llenando este espacio en blanco, mientras siento cierta nostalgia depresiva que me acompaña persistente en este triste invierno.
Encuentro una mezcla de cotidianidad y deseo con cierto realismo mágico, como flotando alrededor. Entonces me doy cuenta de ello... me encanta vivir en una distopia dentro de otra. Me siento confortable, me siento capaz, siento que todo puede volver a su centro mientras yo divago sobre lo superfluo.
De un momento a otro iré a reencontrarme conmigo misma, así como con los abismos inherentes al ser que somos o nos hicieron... a hostias. Y no hay tema musical como vacuna para la tristeza, sólo ruido de fondo.





