Después del pudridero, cuando las aves preñadas de sueños descosidos y delirios putrefactos no alcen el vuelo; cuando sus alas rotas convertidas en andrajos apenas consigan aletear en la inmensidad olvidándose el despojo de sus plumas, pensarás que habrás vencido. Y nada más ridículo que la mentira de tu espectro, difunto ya y olvidado. Sin memoria. Sólo entonces querrás volver a nacer siendo pájaro.
martes, 31 de julio de 2012
When we’re dead
Después del pudridero, cuando las aves preñadas de sueños descosidos y delirios putrefactos no alcen el vuelo; cuando sus alas rotas convertidas en andrajos apenas consigan aletear en la inmensidad olvidándose el despojo de sus plumas, pensarás que habrás vencido. Y nada más ridículo que la mentira de tu espectro, difunto ya y olvidado. Sin memoria. Sólo entonces querrás volver a nacer siendo pájaro.
sábado, 28 de julio de 2012
Todos los veranos
Era verano y nunca queríamos dormir la siesta. Nos preparaban un camastro sobre el suelo junto al balcón mientras trataban de inducirnos al sueño chantajeándonos con robarnos la tarde de playa. Disfrazaban las horas de los postres con embozos de tela blanca, cual fantasma creímos nosotros encontrar, pero en el fondo no nos intimidaban todas la amenazas que caían sobre nosotros, porque teníamos experiencia y sabíamos que nunca se llegaban a cumplir. Siempre había ruido de fondo, la voz del televisor que se perdía bajo el chorro de agua del grifo del fregadero, mientras mi madre fregaba los platos. Las moscas negociando con las cortinas cuando las persianas se negaban dejarlas pasar, revoloteaban, sin embargo, cuando lo conseguían sobre el borde de los vasos de zumos olvidados en el cómic de turno de mi hermano. El somnífero que hacía efecto era el cambio térmico cuando la comida llegaba al estómago, pegaba la cara al suelo y el sueño vencía a la fierecilla que no quería ser domada.
Era verano y nos faltaba camino de tierra y piedras para alcanzar los metros de playa, que a esa hora tan sólo era un desierto de sombrillas muertas, espectros rezagados de la mañana, esterillas y toallas abandonadas. La orilla aún sin bañistas, sin juegos de niños dorados al sol, sólo una red polarizando todos los azules. Hasta que nos desvestimos con la misma rapidez con la que nos sumergimos bajo el agua, como si ese fuera el último baño de nuestras vidas. Llevábamos nuestros pulmones al extremo y al salir a la superficie respirábamos una nueva bocanada de aire. Y allí abajo todo era seguro y a la vez improbable, cuando sentías el roce del pez angustiado, soliviantado, por los bañistas terroristas. Y nos movíamos entre remolinos junto a las boyas, luchando y retándonos para ver quien era el más rápido, el que llegaba hasta el final y la meta era la única recompensa. Llevaba una tortuga a mi espalda, ella me hacía flotar hasta que mi hermano decidió jugar sucio y arrancarle un ojo. El juego nunca era bueno y justo conmigo, o es que yo siempre fui una niña muy susceptible.
Era verano cuando marchábamos de vuelta a casa por el camino de tierra ahora pegada en nuestras sandalias. Ya no escuchábamos el canto de las chicharras, la siesta de los vecinos más tardíos o las bocinas de los que tenían suerte y viajaban en coche. Únicamente se oían las risas, que a veces también se convertían en protestas por el que más trastos cargaba. Y pasábamos junto a la alberca donde las ranas nos esperaban, les guardábamos un trozo de pan de nuestra merienda y a mí me gustaba escucharlas cantar. Luego acabábamos sin nuestros trajes de baño, batallando bajo los golpes de la manguera que nos quitaba la sal a tortazos. Esperábamos nuestro turno sentados sobre una torre de libros de plantas, frente al televisor, con Pipi Calzaslargas y la oca de Nils Holgersson. Era verano y nunca supe que todos los veranos se acabarían.
Phantogram - You are the ocean and i'm good at drowning
viernes, 27 de julio de 2012
"No existe la locura, sólo gente que sueña despierta"
Tener deberes me trae a la memoria mis comienzos e indagaciones en el mundo BDSM, mis experiencias y como he ido pasando de oscuros a claros y viceversa. No te hablaré de mi sexualidad, ya la conoces, ya me conoces y sabes bien cual ha sido mi trauma y cuales mis condiciones. Pero digamos que mi curiosidad por esta “cultura”, como muchos lo llaman, viene desde que estaba en el útero de mi madre; dirás que exagero, y pueda que sea cierto, pero ya sabes porque utilizo esa expresión.
Por pura diversión o entretenimiento caí en un chat con una sala dedicada el tema. Pensaba que sería la sala con más metros cuadrados de pajilleros del chat; imagínate los nombres: Calentito35, AmoPerverso, POLLONXXX, tuputita_, AmoDuro, Sexo_Con_Maduras y así hasta cien usuarios. Me quedaba leyendo el general la mayoría de las veces, ignorando los mensajes privados de los más calientes. Había muchísima gente que entraba pidiendo sexo directamente “Busco chica para correrme/se por cam” esa era la frase que más veces se repetía. Luego había un grupo de usuarios, que como suele ocurrir en cualquier chat, habían creado un vínculo de amistad por la cantidad de tiempo que llevaban frecuentando la sala. En ese grupo encontré la persona que me abrió la puerta cuyo umbral crucé más segura y con menos miedo. Durante meses fue como una especie de libro para mí, resolvía todos esos entresijos que con los años me habían estado desvelando algo completamente nuevo y peligroso para mí, y a cada cosa nueva que aprendía, más aumentaba mi curiosidad. Empecé a investigar por mi cuenta, pues en el fondo también pensaba que Trevor -así era el nick de mi “Maestro”- podía estar sugestionándome, mostrándome sólo lo que él creía correcto, sólo su punto de vista y no el resto de información que podía ser la que más me interesaba a mí.
Vale, ya tenía la información, ya sabía la teoría, pero me faltaba la práctica; y lo más fácil fue lo más difícil. Empecé a practicar sola, con alguien guiándome en la distancia, sola experimentando con cosas que ni siquiera sabía que existían. Estudié mi propio cuerpo hasta aprendérmelo de memoria, ensayé conmigo misma, examiné lo insospechado y me asombraba con cada nuevo descubrimiento. Cómo era posible que todo aquello formase parte de mí misma, de mi cuerpo, y sin embargo yo nunca había reparado en ninguno de esos puntos en todos esos años. Por fuera y por dentro, también. Porque algunos miedos desaparecieron cuando comprobé que no había peligro donde yo lo veía, la inseguridad se hizo más pequeña, los complejos desaparecieron y ya sólo vivía obsesionada con querer ser mejor, con querer usar todo lo que había aprendido en ese tiempo.
Tardé años en tener un contacto real y poder realizar todas las fantasías que se habían acumulado en mi cabeza, trabajar mis ejercicios onanistas en compañía y, de paso, manifestar que distancia, tiempo y fuerza es algo que se escapa de la imaginación, y eso era algo con lo que yo no contaba. Las primeras sesiones fueron las más duras, físicamente, que he experimentado en todo este tiempo. No conocía mi umbral del dolor, estaba capacitada para hallar el placer a través de la tortura de mis genitales y otras partes de mi cuerpo, era una agonía dulce para mí. Las marcas se quedaron ahí, trazando mis nalgas o muslos, varias semanas después. Tardaba meses en volver a tener esas experiencias, siempre con la misma persona, pero yo seguía preparándome para ello. Mientras, había otra praxis en la que yo no había reflexionado, más que nada porque no había considerado el no decir “no” absolutamente a nada. Era mi comportamiento, yo ya no era la misma. Sólo vivía para una persona, daba igual cuál fuera la hora del día que yo siempre estaba dispuesta a lo que fuera. Todo no consistía en el sexo, había decretos para vestir, actuar o alimentarme de una manera en concreto. Había regalos, había un enriquecimiento cultural ineludible, y muchos más preceptos que hicieron de mí una chica disciplinada, aunque en los momentos divertidos siempre surgía mi lado salvaje, mi insubordinación, que era una excusa más para buscar el castigo que me daba placer.
Y llegó el momento del 24x7, porque a pesar de que yo fuese una persona totalmente sumisa para mi compañero a 500 kilómetros de distancia, no fui realmente sumisa en todos los aspectos hasta que ambos empezamos a compartir casa. Entonces todo cambió, no perdí el interés pero había cosas que no veía lógicas, cosas que me molestaban, mandamientos que yo no estaba dispuesta a obedecer. Me di cuenta que había idealizado un mundo mucho más complicado de lo que yo creía, las fantasías estaban muy bien en la imaginación, pero cuando todo se hizo real había situaciones, posturas, hechos, que eran verdaderamente imposibles de realizar y concebir. Naturalmente hubo mucho más cosas que me llevaron al fracaso en aquella relación, pero aquí no lo voy a contar.
¿Lo que siento ahora? también lo sabes ya. BDSM es un conjunto de muchas cosas, en la dominación o en la sumisión no siempre existe el dolor. Que te aten a la cama exenta de movimientos puede ser BDSM, sin látigos, sin pinzas, sin consoladores para doble penetración. Y eso sólo es un ejemplo. Me gusta el sexo fuerte, muy sucio como dirían otras personas, me gusta muchísimo experimentar, conocer, poder decir que “esto me gusta” o “esto otro no me gusta”. Por eso quizás no me asusto o escandalizo cuando leo, escucho y veo determinadas cosas. Me parece perfecto que la gente consiga placer de la manera en la que ellos crean posible y conveniente, siempre que no sea dañado o forzado. Mi ética o moral nunca repara en ese tipo de cosas, va más allá de los medios para el goce ajeno. Lo que sí me fastidia es haberme encontrado gente que juzguen a las personas que disfrutan o realizan estas actividades globales. Habrá quienes encuentren en ello algún tipo de trastorno mental ¿por qué? ¿qué es lo correcto?. Y lo que más me enfurecía era saber que parte de todo ese rechazo venía de la forma en la que fue educada nuestra sociedad. Y yo, en cambio, sí que respeto cualquier tipo de vista.
Es tu petición, acerca de mi destreza, mis experiencias, mi visión sobre un tema que a ti te interesa ahora o desde hace tiempo. Pero no puedo ahondar en ello mucho más, hay cientos de páginas, libros o documentales acerca del BDSM, pero no creo que nada de lo que leas ahí te haga tener una idea de todo lo que hay. Yo no voy a descubrirte nada que no esté ahí, nada nuevo. Siempre te dije que yo no pertenezco a ese mundo ni a ninguno, no me gustan las etiquetas ni las clasificaciones. También te dije que no me considero sumisa o dominante porque soy ambas a la vez, y que conste que no siempre me estoy refiriendo al sexo, es el comportamiento también. Me gusta dejarme llevar y poder realizar las cosas que pasan por mi cabeza, me gusta compartir eso con la persona a la que amo y que nadie me juzgue por ello.
Podría contarte mil historias, más de las que ya te conté, pero ahora sólo estoy haciendo mis deberes.
lunes, 23 de julio de 2012
Los regalos no son para el verano
Hay algo especial en esas tardes de verano volatilizadas por los fotogramas de Woyzeck frente a un bol de nubes congeladas, pasando de sólido a vapor con la espalda desnuda envolviendo el mármol frío del suelo, mientras unos dóciles dedos peinan tus cabellos rociándolos de un Loewe afrodisíaco, que estimula la lubricidad del afecto dañado e invita a la perversidad de una amistad herida. También hay algo exclusivo en la caja forrada en papel de periódico con corazones encerrando dos iniciales en tinta negra, descansando sobre la estantería que esconde su foto. Una mueca dibujando lo que no se puede explicar y va directo a ser interpretado como los puntos suspensivos de una historia con final abierto.
Quedamos en la terraza del entrañable bistró una tarde bañada en tormenta, los toldos almacenan un remanso de infusiones atemporales sobre mi cabeza, y sin embargo aún cumplen adecuadamente la función de proteger sin enturbiar el paisaje. Huele a otoño a pesar de julio, huele a noviembre y a tierra mojada, a té rojo mientras jugamos a la escalera escuchando a Britten interrumpido por el tintinar de la lluvia en las persianas del patio. Pero es verano, y las borrascas de verano no dejan de ser reveladoras y eficaces a la hora de combatir el calor o alegrar las horas mustias dulcificando la penumbra. Sorbía las últimas gotas de mi zumo de naranja con la pajita en forma de fruta cuando llegó él, livianamente mojado por el torbellino espontáneo y con un paquete debajo del brazo. Nos saludamos con la familiaridad que concede la rutina del trabajo, quizás exista una efusividad que soslayamos por la falta de costumbre y la torpeza de citarnos en un ambiente desacostumbrado. Estaba allí aquel chico sensible con voz ronca mirando fijamente los movimientos de mis labios, y me hacía gracia adivinar que los leía para adecuarse a la velocidad de mi vocabulario, y curiosamente él no podía saber que yo empujaba las palabras para intentar construir dos frases coherentes y así encorchar la estupidez pusilánime que me precede. Pero a duras penas conseguía pensamientos inconclusos en voz alta.
Silencios, es evidente que ambos nos extrañamos -que no nos incomoda- con la presencia del otro, es obvio que ambos esperamos la palabra que rompa el hielo liberando una conversación fluida o natural. Y entre tanto yo me desvanezco en sus ojos que ahora me parecen de distinto color, de azul cobalto a gris velado tirando a plata brillante. Es la luz de la ráfaga en el cielo, albina con chispazos ocres y africanos. Me entrega el paquete que llevaba bajo el brazo y me inquieto o excito desenvolviendo el papel verde que embala el regalo que no deja de sorprenderme. Descubro ese libro de Pessoa que nos condujo a la conversación en la que había desembocado aquella cita por la tarde. No se qué decir, patinan las palabras de agradecimiento ante la clarividencia de lo que significa todo esto.
Ahora el silencio amortigua el chapoteo de los pájaros en el charco formado junto a nuestra mesa. Ya no languidezco o me evaporo en la mirada del chico impresionable, ahora broto de la tormenta como el caracol que saca sus cuernos al sol. Ahora sé que te debo una lectura mientras que julio sea verano y noviembre la estación en la que se desnuda un árbol.
Benjamin Britten - Moonlight
jueves, 19 de julio de 2012
Descubrimiento en la torpeza
“Y en el cauce de tu sonrisa plateada planté el árbol cuya semilla encontró la eternidad. Y a tu lado yo sería feliz, porque las niñas bonitas no son las que aparecen en los cuadros, está aquí, al otro lado de la barra, frente a mí”
Y voy yo y me lo creo (ironía)
Me quedé pensando un rato, me fui a casa y no podía dormir, seguía dándole vueltas a las cosas ya con el sol despidiendo a la luna. ¿Por qué todo parece distinto a la luz del día?.
No he dormido, me fui a pasear aprovechando el aire fresco que me sorprendió por la mañana, me fui al mirador al que siempre llego caminando después de dos kilómetros conteniendo la respiración; cosas raras que hace una. Me senté, me olvidé de todo y, sin querer, encontré la respuesta.
Y ahora necesito dormir al menos cuatro horitas seguidas, por mi salud física y mental.
Wooden Shjips - We ask you to ride
lunes, 16 de julio de 2012
De la quietud
Y en la tormenta de verano me encontré
un barquito que era una cáscara de nuez
Navegando hasta tu orilla, flotando,
en tu agua me quedé
Cuando descubres que el mar no es más profundo que la borrasca estival, pierdes el miedo a hundirte entre grietas dolientes y oscuros acantilados. Te zambulles en el magma argentado sostenido en añil y crees que el oxigeno no te alcanzará. Es indescriptible, un ejército oprimiendo los bronquios y una válvula propinando ventilación. Pierdes el contacto con la realidad cuando sientes los metros de fluido diáfano y el peso de la sal sobre ti. Emerges, entonces, en una cueva jaspeada de arrecifes y coral, paredes granulosas en la base y pulidas cuando llegan a la bóveda coloreada de esmeralda. Ligeramente hayas un relámpago de luz ahí donde las rocas pierden su forma, se escapa el vaho pescado por los buzos con aletas de tiburón y tú te quedas sentada sobre un escollo de agua y mineral.
Crees haber encontrado un tesoro o un refugio espiritual, y te sientes afortunada porque aún queda un lugar virgen que nadie ha podido distorsionar; tan sólo la naturaleza con sus caprichos de rapaza malacostumbrada ha ido aunando los elementos relativos a su propia materia. De repente la niebla se vuelve nítida y las sombras resplandecen; es en ese instante que encuentras sentido en la telaraña que fuiste tejiendo con hilos de plata, hayas paz en las bifurcaciones salinas capaces de penetrar en lo inescrutable y el miedo se va. Sientes que todo encaja perfectamente, como si tú siempre hubieses pertenecido a ese lugar.
¿Cómo se puede estar tanto tiempo mirando hacia otro lado? realimentado no se qué, haciendo que vienes y vas y sin embargo te quedas quieta, colgada en el limbo.
Brian Eno - An ending
jueves, 12 de julio de 2012
Cuerpo de neón
A las seis de la tarde la luz es perfecta para proyectar en tu piel la asfixia de las horas pesadas envueltas en ciclones de ardor. Hay una perturbación buceando en el precipicio de tus ojos, hay nervios deshilachando las fibras ópticas que me caracterizan, un músculo que late y pretende saltar por la boca potenciando el celo. Digamos que pasadas las seis de la tarde la temperatura equívoca invade tu claustro y ventana, que el único aire que viola tu balcón es el aliento de las hormigas apiñadas en los ajustados enjambres convertidos en microscópicos hormigueros, justo ahí enfrente. Y una nueva orden surge para los dos.
La cama deshecha en ovillos magullados detrás de ti, las arrugas de la tela desvelan la memoria anochecida, orgasmo sudado empapando las hebras que ahora contemplo tras tu figura. “También por la mañana” me dices, y sin querer o pretenderlo, haces que emerja un volcán de lava entre mis piernas y en la boca del estomago un agujero que me va engullendo. Entonces contemplo todo tu alrededor, me muestras tu espacio y refugio que yo retengo para mis anales con todo ese cariño que has ido rasgando día tras día. Eres tú en las estanterías, en los libros apilados, en el póster Anime en tu pared blanca, los muñecos y peluchitos esparcidos en la mesa, la luz nevada. Eres tú, con la sonrisa que colapsa todas las arterias que se cruzan en mi cuerpo. Tú, coqueteando tus dedos con la barba, adulando mis peticiones de niña caprichosa y consentida, rabiosa por un beso.
Comienzas a deshacerte del ropaje que te pusiste unos instantes antes de hablar conmigo. Primero la camisa, después el pantalón… me quedo callada conteniendo la respiración como si al hacerlo robara más tiempo al tiempo. Deseo tocarte, pero apenas puedo movilizar los músculos enjaulados por la lujuria de aquel día atrofiado. Corazones, love you. Se deshacen mis nervios en las risas que siempre me provocas con historias y gestos divertidos. Y es que tenerte desnudo delante de mí es como el zahorí que alucina al ver el oasis en mitad del desierto. Eres perfecto en todo tu físico, eres como a mí me gusta. Piel delicada planeando un destello de sensualidad hacia mí, torso poblado y bien proporcionado, piernas esbeltas y las nalgas más enjundiosas que jamás he visto. Nunca me han gustado los físicos de gimnasio, en cambio tú reúnes todos esos rasgos innatos que te hacen único, especial e irresistible para mí.
Ahora te sientas frente a mí, te reclinas hacia atrás en el sillón de tu habitación mientras te acaricias la polla separando las piernas, tal vez esperando cualquier movimiento por mi parte. No puedo dejar de clavarte la mirada encendida en deseo, estoy perpleja por el tamaño de tu miembro que me mira desafiante preparando el momento. Te susurro esas obscenidades que tanto te gustan con el fin de ver aumentar el tamaño de tu pene, y da resultado, ya despuntas más allá de ese infinito que no deja de ser el más profundo de los abismos. Deslizas la piel que cubre el glande entre tus dedos finos y alargados, aprietas el capullo con el vaivén de tu mano y tu cuerpo entra en perfecta sincronía con lo destilado por el mío. Deseo besarte, pero difícilmente consigo despegar los labios evaporados y ausentes de contacto.
De verdad, yo quiero causar ese efecto en ti…
Anathema - A dying wish
martes, 10 de julio de 2012
Conectando
Verano, viaje por carretera. Palomitas con colacao, pies descalzos y Othello. Dormir y soñar. Golondrinas, brisa en la estepa, nube gris advirtiendo la ciudad, sol acechando. Humo. Provincia homónima, historia y río. Plaza, almendra tostada y pan de higo. Jamón y Melibea, café al sol en la cuesta que lleva a su casa. Casa pintada, cena y velas. Amanece. Adiós medioevo, saludos a la sabana de ríos tintos. Piedra, verde, azul cielo, tortilla y paté en el capó. Sube y baja. Atardecer, campo. Balancear los pies en los tatuajes de tu espalda. Otra vez tú. Risas, tapón, olor a gasolina. ¿Dónde te has dejado la cabeza?. Reconquista, vestigios árabes y romanos. Río y vida. Amor, siempre estuve aquí, no me adecué a tu velocidad. Desnudos, corriendo descalzos, colocados, beso, pies mojados. Dolores, ternasco, Cariñena, baja la presión, amor en “colorao”. El Señor Marrón no se equivocó, el Señor Blanco es “el limpiador”. Iglesia, castillo, cerveza, madeja, “idiota, soy yo quien te quiere a ti”. Carretera, Placebo, ¿dónde está la bola?. Pijo, mojito, vodka, chupito, sangría de cava, burbujas, aquí te pillo aquí te mato. Hacer que no te veo cuanto tú me ves. Recuerdo, valle, coche, música, salpicadero y el mapa el cruce de pliegues en nuestros cuerpos. Calor, no tengo pijama, sábana húmeda, piel sedienta. Agua, jabón, acaríciame la espalda. “Tú, metete en la cama”. Frío, luna, estrellas y ventana, cielo… tengo ganas de ti, llama. Escultura de enamorados. Vino, Baviera. Otoño en verano, café, paseo, Desengaño. Siempre estás tú, Barcelona nos espera, septiembre es verano, ven… vamos. Te quiero respirar. Carretera, noche cerrada, quiero tu mp3. Mi amiga, tu amigo, mi amigo, tus amigas, tú (yo). Nunca yo (él). Reír y llorar. Remar, nadar, beber, tocar, fumar y alucinar. Dormir, soñar, tocar(te). Vino, cava, follar, bailar, besar, contar hasta tres y saltar, deslizar(nos), follar, arena y humedad. Llama, desgana. Despierta, resaca. Dame, quiero más.
Placebo - Every you every me
lunes, 2 de julio de 2012
Desconexión
Y cuando vuelva te habré olvidado. Porque la sombra me alcanzará, el sol se habrá evaporado y verano sólo será vacaciones, una estación para los privilegiados que tienen trabajo, dinero en los bolsillos y el poder de viajar. Verano sólo será despedida y volver a empezar (olvidar).
No más cuentos, ni susurros que asfixian, escondida bajo la almohada, no más risas contagiadas, ni palabras corregidas cuando están mal dichas. Porque yo entiendo. No más silencios apagados, no más orgasmos que interrumpen el desliz de la madrugada. No más canciones compartidas que nos hacen soñar, -más risas- entristecen o nos hacen suspirar. Porque yo comprendo perfectamente. No más idiota, buenas noches, nuestros nombres masturbados.
Y cuando vuelva aquello sólo será el reflejo en un espejo, un día malo. Y nada habrá existido, porque de lo que poco cuesta desprenderse nunca existió.
Pol 3.14 - Lo que no ves
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