sábado, 8 de marzo de 2014

Fearless





Y sucedió, y se fue. Las estaciones, la climatología, los relojes, tú, el resto, yo... y vino, la música, la risa, un color nuevo, carencia de ser, los trabajos, la sorpresa, privatización sensorial, el nuevo comienzo, la actitud. La vida.


Sucedió y aún no deja de ser una página en blanco. Empezó y fue sucediendo lentamente, poco a poco, ya sabes… “pausadamente –dices- te describe mejor” y eso es lo que quiero.

Y ahora expiaré mis pecados bajo el caño de agua fría, aislar el mundo de Alex en algún lugar de ahí adentro. Veré mi reflejo en el espejo y, mientras unto mis pestañas en rimel, ensayaré un nuevo gesto que rompa ese eterno silencio. Sí, el que queda cuando aparece la larga sombra, la que nunca deja de espiarnos. Para entonces ya me habré enfundado en mis vaqueros, habré olvidado por casualidad el sujetador sobre la cama y habré rodeado mi cuello con algún pañuelo.

Llegaré tarde, como siempre, y tendré que besar a todos, uno por uno, las palabritas de rigor y algún chiste fácil para dejar escapar los nervios, el aleteo de esas polillas empuñadas alrededor del músculo generador. Entonces me buscarás con la mirada, tropezará con la mía y nos eternizaremos en un compendio de imágenes que vuelan a cámara lenta dentro de nuestra cabeza. Me encontraras más tarde, nos perseguiremos durante la noche, hallaremos excusas, fabricaremos coartadas que nos permitan un centímetro más de acercamiento. Y cuando estemos frente a frente, cuando vuelva a sentir que tu perfume me conduce a un viaje remoto sin retorno, cuando la música anuncie el final de la noche, entonces, justo en ese instante, volveremos a empezar.


Sea como fuere, así quiero estar, eso es lo que quiero. Comienza la cuenta atrás. Así es mi vida ahora, vivir sin miedo.