Estos días anduve haciendo limpieza de armarios; ropa vieja,
cosas que vas acumulando en el fondo de un cajón, en los compartimentos de una
cómoda, cajas repletas de nimiedades -sin utilidad- que acumulas por simple
dejadez. No por acabar el año, sino porque hacer limpieza de armarios me ayuda
a pensar sin llegar a volverme loca o dramatizar con determinados asuntos. En
una de las cajas encontré mi viejo contrato de sumisión, es curioso que no lo
guardase en la caja de juguetes, todo relativo a mi segundo ex; y en cambio que
lo hiciese junto a unos poemas que me regaló mi primer novio, cuando aún estábamos
en el instituto. No voy a mencionar las partes eróticas, ni las relativas a la
mente de la sumisa y la dominación del que fuese mi Amo. Había un punto, en
concreto dentro de los deberes y obligaciones de la sumisa, en el que debía
hacer un balance anual al acabar el año. Era, junto a un test de cien
preguntas, una forma de contemplar mi evolución, ser consciente de las cosas
que había cambiado de mí misma, mi carácter o mi sexualidad. Pero en realidad,
en esos años de mi vida, poca cosa cambiaba, al menos de forma consciente. El
único riesgo que asumí fue el éxodo a la gran capital, dejar a mi familia, el
trabajo, mis amigos y una relación de nueve años con cuernos incluidos a cambio
de salvar mi vida y, de paso, cumplir un sueño.
Me senté en el borde de la cama, con las cinco hojas del
contrato grapadas en una mano, pensando en las montañas rusas, en los días
grises, en los claros, en la gente que ha entrado y salido de mi vida, en los
trabajos que he ganado, en los que he perdido, en la muerte, en los
nacimientos, los accidentes…yo, cómo he llegado hasta aquí, justo a este
instante, todo eso sólo en este año. Y pensé en hacer un balance, no se si el
primero de una pequeña lista, en lo que espero siga siendo mi blog por muchos
años. Pero seguro que sí me da por leerlo dentro de tres, cinco o doce meses,
apreciaré lo que hubo y lo que queda.
Comencé el año sin trabajo, como tanta otra gente del país o
la mayor parte del mundo, en casa de mis padres, en un pueblo que no aparece en
los mapas, donde tuve que volver después de vivir unos años en una ciudad muy
grande con más posibilidades que fracasos. Y aquí todo se volvía decepciones y
una frustración que pesaba más que cualquier otra cosa. Me preparé un par de
cursos para ocupar mis horas muertas, y de paso, engrosar el currículo en el
apartado de formación académica. Retomé la amistad con un amor platónico, al
que un año antes tuve que renunciar, por mí –no quise correr el riesgo de ser
aniquilada- y por él que había encontrado una persona que fue su tabla de
salvación. Mientras un arquitecto, el hombre más perfecto que he conocido en mi
vida, se desvivía por llevar a buen puerto una relación que no era correspondida,
porque yo sólo veía unos ojos azules, los más hermosos que he visto en mi vida,
y un amigo con el que beber y reír mientras te metes mano por debajo de la ropa.
Continuaba escribiendo en mi blog de temática variada, comentando qué ópera había descubierto y
me había entusiasmado, mis excursiones a otras capitales, un certamen de
poesía, un festival de teatro o un libro que me había hecho reflexionar. Pero
nunca hablaba de la reflexión, de las cosas que me importaban, de las que se
enquistaban o se perdían en un estrecho circuito de conexiones imposibles,
entre la cabeza y el corazón, por ejemplo. El mundo blogger no me interesaba,
sólo leía a dos tipos sin llegar a comentar en ningún momento. No me gustaba la
conexión con otros bloggeros, por eso jamás habilité el sistema de comentarios
en mi blog de temática variada. Pero
un día, uno de esos en los que te ves más alta que de costumbre, decidí dar a
conocer mi existencia, sí, a ese tipo que me asustaba y me atraía y, a la vez,
me hacía soñar despierta con otros mundos desconocidos y abismales. Y a partir
de ahí surgió una sincera y bonita amistad. Me animó con mi cuadernos de
escritos fantasiosos, estos que ahora están aquí hilvanados con pespuntes del
presente, me alentó para continuar escribiendo pero aquí, abriendo este blog
casi juntos de la mano. Por eso siento que la otra mitad es suya. Creo que a
partir de esta creación las cosas empezaron a cambiar bastante…Lo que comenzó
siendo un lugar en el que registrar las cosas que iban surgiendo en mi imaginación,
acabo siendo el diván de la consulta de un psicólogo. Aquí puedo ser lo que no
me atrevo, yo misma. Puedo contar que me he enamorado por primera vez sin que
nadie vea cómo me pongo roja, puedo llorar mil lágrimas sin hacer que se corra
la tinta, puedo inventarme un mundo en el que esté todo lo que yo quiera, en el
que no entre nada de lo que me disgusta. Aquí puedo hablar sin tartamudear y
sin que me de vergüenza, puedo hablar de mis experiencias en el bdsm o de cómo
me siento en el sexo sin temor a que me vean como un bicho raro. Siento que
aquí todo es posible y que siempre me espera alguna sorpresa.
Tenía mucho a mi favor, mucho ganado, abriendo un blog que
me aportase sensaciones inesperadas. Pero fuera del cosmos virtual también
cambiaron las cosas. Y no fue del todo gracias a mi trabajo, al menos no en la
mayor parte. La misma persona que me alentó a seguir escribiendo se tomó el
esfuerzo y la molestia de quedarse para descubrirme a mí misma, a pesar de mi
ciclotimia, de mi poca madurez, mi frialdad y mi fealdad de dentro y de fuera. Sin
él no supe ver qué secuelas me habían quedado del pasado, por qué me he
valorado tan poco, por qué me detesto y me da miedo tener una relación sana o
normal. Su presencia ha sido fundamental para que me relacione con la gente,
para salir de casa, hacer lo que haría cualquier chica de mi edad, ser femenina
o usar tacones, aunque parezca frívolo o estúpido, pero aprender a caminar con
zapatos altos también ha servido para aumentar la seguridad en mí misma. Me
valoro mucho más o simplemente me valoro porque antes no lo hacía. Confío más
en mí y en los demás, he perdido miedo, torpeza, inseguridad, y he ganado
ilusión y fuerza. Existe algún pero,
y evidentemente muchas cosas en las que mejorar, pero hoy no tienen lugar en
este post, no quiero emborronar todo mi agradecimiento.
Lo más sorprendente de este año que se va es que he vivido
los mejores y los peores momentos de mi vida, y aún me pregunto cómo es posible
que lo mejor y lo peor quepan en el mismo sitio. No sólo han muerto algunos de
mis familiares, también fui al funeral de una de mis mejores amigas, aún no
había cumplido los 31 años. También murió el arquitecto perfecto de manera
inesperada, no nos dio tiempo a despedirnos… sólo nos dijimos “hasta el próximo
sábado” sin terminar de arreglar los problemas que nos mantenían cada vez más
alejados. Acabo el año accidentada, tentando la expiración y agradeciendo
continuar con vida. Cosa, que por otro lado, me ha hecho ver quién de verdad me
acompaña en el camino. Por los demás temas puedo pasar de puntillas, líos
judiciales que no van del todo conmigo pero me han dejado muchas noches sin
dormir ni gota. Trabajos temporales que me han mantenido un poco en activo
cuando me creía oxidada, gente que entra en mi familia y me regala el espacio
que a veces me falta, un lugar en el que poder dilatarme cuando siento que me
ahogo o no tengo terreno en el que correr. Decepciones, supongo que es
inevitable sentirte decepcionada en distintos niveles: sociedad, política,
amigos…yo presumía de frialdad, pues creía que siendo de esta manera nada ni
nadie podría dañarme, pero siempre hay una primera vez. Y esa primera y gran
decepción en mi vida, desde hace dos meses, pertenece al pasado. Algo que ni
siquiera merece la pena nombrar aquí.
Resumiendo, el 2012 ha sido el año en el que me he
reconciliado conmigo misma, he tenido tiempo de conocerme y cambiar lo que no
me gusta de mí por las cosas que más me importan. Se puede decir que he
crecido, eso creo yo, porque los años de la pubertad empezaban a oprimir los
pulmones. Olvidando las partes oscuras me quedo con haber conocido a una de las
personas más importantes de mi vida, la que sin duda es la causa de que yo esté
aquí. La que sin duda merece lo mejor que pueda ofrecer el mundo. Por la que
merece la pena seguir y mejorar en los fallos. Ha sido el año de las sorpresas, porque he descubierto que aquí sí se puede conocer gente, que lo frívolo o las banalidades existen si las ves con otros ojos, pero que hay mucha gente que te regala algo suyo sin condiciones. Y lo incondicional nunca estará pagado.
Es un tópico muy típico, pero sin hipocresías, os deseo todo
lo mejor de lo mejor para el año que entra, y ojalá sigámonos viendo por aquí.
Siempre más y mejor.
2:54 - Sugar
Princess One Point Five - With light there is hope
Héroes del Silencio - El cuadro
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