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sábado, 29 de diciembre de 2012

Todo lo que fue






Estos días anduve haciendo limpieza de armarios; ropa vieja, cosas que vas acumulando en el fondo de un cajón, en los compartimentos de una cómoda, cajas repletas de nimiedades -sin utilidad- que acumulas por simple dejadez. No por acabar el año, sino porque hacer limpieza de armarios me ayuda a pensar sin llegar a volverme loca o dramatizar con determinados asuntos. En una de las cajas encontré mi viejo contrato de sumisión, es curioso que no lo guardase en la caja de juguetes, todo relativo a mi segundo ex; y en cambio que lo hiciese junto a unos poemas que me regaló mi primer novio, cuando aún estábamos en el instituto. No voy a mencionar las partes eróticas, ni las relativas a la mente de la sumisa y la dominación del que fuese mi Amo. Había un punto, en concreto dentro de los deberes y obligaciones de la sumisa, en el que debía hacer un balance anual al acabar el año. Era, junto a un test de cien preguntas, una forma de contemplar mi evolución, ser consciente de las cosas que había cambiado de mí misma, mi carácter o mi sexualidad. Pero en realidad, en esos años de mi vida, poca cosa cambiaba, al menos de forma consciente. El único riesgo que asumí fue el éxodo a la gran capital, dejar a mi familia, el trabajo, mis amigos y una relación de nueve años con cuernos incluidos a cambio de salvar mi vida y, de paso, cumplir un sueño.

Me senté en el borde de la cama, con las cinco hojas del contrato grapadas en una mano, pensando en las montañas rusas, en los días grises, en los claros, en la gente que ha entrado y salido de mi vida, en los trabajos que he ganado, en los que he perdido, en la muerte, en los nacimientos, los accidentes…yo, cómo he llegado hasta aquí, justo a este instante, todo eso sólo en este año. Y pensé en hacer un balance, no se si el primero de una pequeña lista, en lo que espero siga siendo mi blog por muchos años. Pero seguro que sí me da por leerlo dentro de tres, cinco o doce meses, apreciaré lo que hubo y lo que queda.

Comencé el año sin trabajo, como tanta otra gente del país o la mayor parte del mundo, en casa de mis padres, en un pueblo que no aparece en los mapas, donde tuve que volver después de vivir unos años en una ciudad muy grande con más posibilidades que fracasos. Y aquí todo se volvía decepciones y una frustración que pesaba más que cualquier otra cosa. Me preparé un par de cursos para ocupar mis horas muertas, y de paso, engrosar el currículo en el apartado de formación académica. Retomé la amistad con un amor platónico, al que un año antes tuve que renunciar, por mí –no quise correr el riesgo de ser aniquilada- y por él que había encontrado una persona que fue su tabla de salvación. Mientras un arquitecto, el hombre más perfecto que he conocido en mi vida, se desvivía por llevar a buen puerto una relación que no era correspondida, porque yo sólo veía unos ojos azules, los más hermosos que he visto en mi vida, y un amigo con el que beber y reír mientras te metes mano por debajo de la ropa.

Continuaba escribiendo en mi blog de temática variada, comentando qué ópera había descubierto y me había entusiasmado, mis excursiones a otras capitales, un certamen de poesía, un festival de teatro o un libro que me había hecho reflexionar. Pero nunca hablaba de la reflexión, de las cosas que me importaban, de las que se enquistaban o se perdían en un estrecho circuito de conexiones imposibles, entre la cabeza y el corazón, por ejemplo. El mundo blogger no me interesaba, sólo leía a dos tipos sin llegar a comentar en ningún momento. No me gustaba la conexión con otros bloggeros, por eso jamás habilité el sistema de comentarios en mi blog de temática variada. Pero un día, uno de esos en los que te ves más alta que de costumbre, decidí dar a conocer mi existencia, sí, a ese tipo que me asustaba y me atraía y, a la vez, me hacía soñar despierta con otros mundos desconocidos y abismales. Y a partir de ahí surgió una sincera y bonita amistad. Me animó con mi cuadernos de escritos fantasiosos, estos que ahora están aquí hilvanados con pespuntes del presente, me alentó para continuar escribiendo pero aquí, abriendo este blog casi juntos de la mano. Por eso siento que la otra mitad es suya. Creo que a partir de esta creación las cosas empezaron a cambiar bastante…Lo que comenzó siendo un lugar en el que registrar las cosas que iban surgiendo en mi imaginación, acabo siendo el diván de la consulta de un psicólogo. Aquí puedo ser lo que no me atrevo, yo misma. Puedo contar que me he enamorado por primera vez sin que nadie vea cómo me pongo roja, puedo llorar mil lágrimas sin hacer que se corra la tinta, puedo inventarme un mundo en el que esté todo lo que yo quiera, en el que no entre nada de lo que me disgusta. Aquí puedo hablar sin tartamudear y sin que me de vergüenza, puedo hablar de mis experiencias en el bdsm o de cómo me siento en el sexo sin temor a que me vean como un bicho raro. Siento que aquí todo es posible y que siempre me espera alguna sorpresa.

Tenía mucho a mi favor, mucho ganado, abriendo un blog que me aportase sensaciones inesperadas. Pero fuera del cosmos virtual también cambiaron las cosas. Y no fue del todo gracias a mi trabajo, al menos no en la mayor parte. La misma persona que me alentó a seguir escribiendo se tomó el esfuerzo y la molestia de quedarse para descubrirme a mí misma, a pesar de mi ciclotimia, de mi poca madurez, mi frialdad y mi fealdad de dentro y de fuera. Sin él no supe ver qué secuelas me habían quedado del pasado, por qué me he valorado tan poco, por qué me detesto y me da miedo tener una relación sana o normal. Su presencia ha sido fundamental para que me relacione con la gente, para salir de casa, hacer lo que haría cualquier chica de mi edad, ser femenina o usar tacones, aunque parezca frívolo o estúpido, pero aprender a caminar con zapatos altos también ha servido para aumentar la seguridad en mí misma. Me valoro mucho más o simplemente me valoro porque antes no lo hacía. Confío más en mí y en los demás, he perdido miedo, torpeza, inseguridad, y he ganado ilusión y fuerza. Existe algún pero, y evidentemente muchas cosas en las que mejorar, pero hoy no tienen lugar en este post, no quiero emborronar todo mi agradecimiento.

Lo más sorprendente de este año que se va es que he vivido los mejores y los peores momentos de mi vida, y aún me pregunto cómo es posible que lo mejor y lo peor quepan en el mismo sitio. No sólo han muerto algunos de mis familiares, también fui al funeral de una de mis mejores amigas, aún no había cumplido los 31 años. También murió el arquitecto perfecto de manera inesperada, no nos dio tiempo a despedirnos… sólo nos dijimos “hasta el próximo sábado” sin terminar de arreglar los problemas que nos mantenían cada vez más alejados. Acabo el año accidentada, tentando la expiración y agradeciendo continuar con vida. Cosa, que por otro lado, me ha hecho ver quién de verdad me acompaña en el camino. Por los demás temas puedo pasar de puntillas, líos judiciales que no van del todo conmigo pero me han dejado muchas noches sin dormir ni gota. Trabajos temporales que me han mantenido un poco en activo cuando me creía oxidada, gente que entra en mi familia y me regala el espacio que a veces me falta, un lugar en el que poder dilatarme cuando siento que me ahogo o no tengo terreno en el que correr. Decepciones, supongo que es inevitable sentirte decepcionada en distintos niveles: sociedad, política, amigos…yo presumía de frialdad, pues creía que siendo de esta manera nada ni nadie podría dañarme, pero siempre hay una primera vez. Y esa primera y gran decepción en mi vida, desde hace dos meses, pertenece al pasado. Algo que ni siquiera merece la pena nombrar aquí.

Resumiendo, el 2012 ha sido el año en el que me he reconciliado conmigo misma, he tenido tiempo de conocerme y cambiar lo que no me gusta de mí por las cosas que más me importan. Se puede decir que he crecido, eso creo yo, porque los años de la pubertad empezaban a oprimir los pulmones. Olvidando las partes oscuras me quedo con haber conocido a una de las personas más importantes de mi vida, la que sin duda es la causa de que yo esté aquí. La que sin duda merece lo mejor que pueda ofrecer el mundo. Por la que merece la pena seguir y mejorar en los fallos. Ha sido el año de las sorpresas, porque he descubierto que aquí sí se puede conocer gente, que lo frívolo o las banalidades existen si las ves con otros ojos, pero que hay mucha gente que te regala algo suyo sin condiciones. Y lo incondicional nunca estará pagado.

Es un tópico muy típico, pero sin hipocresías, os deseo todo lo mejor de lo mejor para el año que entra, y ojalá sigámonos viendo por aquí. Siempre más y mejor.


2:54 - Sugar
Princess One Point Five - With light there is hope
Héroes del Silencio - El cuadro

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Strange Affection







Perder la virginidad sin estar enamorada es como beberte una Coca-Cola a la que se le fue el gas. Faltan las burbujas, las chispitas de la espuma salpicando en el borde del vaso y en la boca de la botella, falta la urticaria del lagrimal y las cosquillas en la punta de la nariz. Pero te acabas entregando en el momento menos oportuno, cuando alguien viene a recoger tus extremidades mutiladas y abandonadas en la cima de una escombrera. Unos ojos azules y unas manos expertas en diseñar planos complejos, invocan la fierecilla interior que despierta después de un año de sequía orgasmal. Y te reconstruye soldando todas las piezas. Dos  relaciones fracasadas, un leve contacto con la otra oscura y temida dimensión, labios prisioneros y castigados por dos años, todo tenía sentido si ya habías tocado fondo hacia el final del verano.

Joder, se maldice mil quinientas veces. De qué sirvió coquetear con las pinzas, las siete colas, el pinwheel o las chinchetas. De qué sirvió la espera de rodillas, mojarse antes de que sonase el teléfono o acariciarse las heridas de la carne abierta. Admite que como experiencia no estuvo mal. Por ejemplo, el frío del acero endurecía la cúspide de sus pechos a punto de estallar; y el roce más leve hacía descender ríos de flujos piernas abajo. Sentir el cuero en sus muñecas, el plástico profanando su culo, la seda sellando su boca, todo el ritual desataba su instinto más perverso y suicida. Resonaba, entonces, unas palabras furtivas ahí dentro… en el sexo había empezado desde el final obviando la base. Y es que eso tampoco la preparó para el momento culminante, el momento especial que luego acaba siendo un vómito al borde del wc en plena resaca.

Entró en el ciclo de la autodestrucción, ofreció su coño explotando su sacrificio, sin penetración, pero dejando que las esquirlas tatuaran parte de su cuerpo. Desmembrarse le hacía sentirse viva, amputar cada noche su clítoris estimulaba su enardecimiento y a la vez se sentía sucia, inferior. Pero la humillación la encendía, la hacia volver una y otra vez, siempre en ese peligroso bucle. Así hasta que se perdió y tuvo que volver sola, desgarrada, sin ninguna esperanza en el amor, en otros labios que la rescatasen del borde del precipicio.

Pero siempre hay movimiento alrededor, gente gritando desde las terrazas, chicos que piden el hielo que sobra en tu copa, miradas que te sonríen detrás de una barra. Te vas envolviendo en tu cáscara, endureciendo los callos de tus dedos, falsificando las huellas y el tacto de tus manos. Y te niegas a ver que algo bonito puede esconderse dentro de ti. Entonces llega el príncipe azul a salvarte, quiso extraer las esquirlas clavadas, pero ella estaba tan borracha…los ojos vidriosos enturbiaban su maldita visibilidad. Quizás por eso comenzó a imaginarse el cuento, en lugar de vivir la realidad.

Ese cuento que comienza así…

*estoy demasiado alcoholizada para continuar escribiendo, esta noche sólo tengo fuerzas para arrojarme en tus brazos y dejarme follar con amor por la bestia púrpura.


miércoles, 17 de octubre de 2012

Tu mala suerte me da ganas de abrazarte


"Tener todas las partes, aún no es tenerlo todo"




            Cómo llenar el hueco que aún no había sido acomodado en el colchón, con la calentura todavía encerrada entre las fibras del lino parsimonioso. Desperezándose la ciclotimia y la transmutación de piel. Sí, esa piel aún tibia y rasgada, escéptica, a los dedos del pintor y artista, creador de espirales en el sexo calado por una palabra a tiempo, una bien dicha, una palabra bien hecha. Susurrándole por la ventana a la mujer del sujetador negro “Date la vuelta, siéntate en el borde de la cama, separa tus piernas, ábrete para mí que te quiero absorber”. Y la Numen duerme desordenando los sueños que les fueron robados. Impropia a la ilusión del pensador de humedades.

Muy tarde, cuando el vino caliente aún no se ha evaporado en la copa, la luz se va y el teléfono suena y las cosquillas vuelven a su lugar haciéndose más luz pese a la plenitud de la madrugada. Princesa, actúo así porque me tengo prohibido dejar pasar las oportunidades de saber más de las personas inteligentes que rozan mi vida. Quimérico pero cierto. La desviste y le arropa el alma, pide el beso que aporta vértigo y olvido, la curiosidad por los paraísos desconocidos que no han sido inventados, o sí, pero son esos los que todavía se pueden encontrar cuando la persona correcta te da la mano. Tiene un punto de voyeur y le gusta ver, le gusta adoptar la pose de interesante curtido, hacedor de lisonjas trémulas, braceando entre suspiros de aire compartido y pompas atormentadas de confeti. Ser mayor y tener una dirección de email como la de ella es la vía en la que vocalizar la dolencia concerniente. No busques amores, cambia a amigos con derecho a roce. Los amigos no suelen fallar, el roce cubre tus necesidades y quizá alguno te de ese plus que se necesita para convertirlo en único.




Atado. Prohibido hablar. Mírame. Se toca. La mira, la va desnudando. Se sigue tocando. No hay más que unos hombros desnudos marcando la clavícula, el abismo de los senos curvados que sellaron la memoria de su vocabulario. Sus pezones que se endurecieron al crujir del tensar las cuerdas…

¿y a ti?






lunes, 20 de agosto de 2012

Y tú ¿qué quieres?





Carlos en plena pose metafísica, dejando crecer su extremo más liviano y perverso mientras recorre el tacón de las botas de Inés con la punta de la lengua. Hay un brillo infame en su mirada, una sonrisa malévola que podría presagiar sus próximos movimientos, pero sus manos atadas y pegadas a la espalda le prohíben comportarse con espontaneidad.

Inés se ha deshecho del látex, completamente desnuda conserva sus botas negras, su ligero y las medias exclusivas para la ocasión. Camina recorriendo el espacio disponible en la habitación, mientras siente la mirada de Carlos traspasando sus curvas, agujereando el bamboleo de sus pechos perfectos y redondeados en cada paso, adivinando parsimoniosa su próxima frontera.

-Yo te diré lo que quiero, Inés. Morderte, comerme tu boca mientras beso tus labios, acariciar tu lengua con mi lengua. Dibujarte una espiral misteriosa y oscura entre los pliegues que cubren tu sexo, trazar una curva ininteligible y confusa con la punta de mi lengua desde tu coño hasta tu ano. Y detenerme ahí para explorar con determinación el galimatías de tu anatomía. Eso es lo que quiero, Inés.

-Mmm y eso es lo que te ofrezco, lo que tendrás, Carlos. Mi boca infinita que llama a tu boca, mis labios insaciables, ansiosos de ser besados, mi lengua que espera atarse a la tuya, sin fin. Las brechas, supurando lo que hay en mí, aguardan los misteriosos espirales que ahondaran en el perineo. Efímero trayecto, pero te garantizo que la travesía será entretenida.

La chica de la página de contactos se sienta en el sillón de cuero blanco de espaldas al ventanal, separa sus muslos apoyándolos en los brazos del sillón dejando al descubierto su parte más intima. Y es que en esa posición Carlos obtiene un perfecto primer plano del coño de Inés. Ella lo sabe, por eso desliza sus nalgas hasta el borde del sillón, exponiendo al máximo sus dos agujeros. Desde su trono observa la excitación de Carlos, arrodillado a escasos centímetros de ella, manos atadas, miembro creciente, chorro de babas. Le gusta mantener el control, jugar con los espacios y el tiempo, acelerar el pulso y el ardor de su compañero de juegos. Por eso decide ponerlo a prueba, lo hace separando los labios que esconden su clítoris voluminoso, un botón abultado por el placer que obtiene al contemplar la sumisión de Carlos. Éste deja al descubierto la urgencia, la necesidad, de calmar el despertar de su centro de gravedad, su polla habla por él susurrándole a su Ama todo lo demás.

-Ven aquí. Voy a cumplir tu deseo, Carlos, quiero que te comas todo mi coño.
-Qué dicha, se deshace mi boca deseando catar semejante manjar.

Carlos acorta los escasos centímetros que le separan de Inés, ya puede percibir la fragancia a flujo, a sexo húmedo, que esconde la entrepierna de ella. Coloca su cabeza entre sus muslos, acerca su boca al corazón derramado en una marea gelatinosa. Ahonda su lengua en la profundidad de esa concavidad delirante, aparentemente estrecha, y sin embargo dilatada hasta extremos insospechados. Su lengua entra y sale del coño de Inés a un ritmo frenético, se va derritiendo ella en sus labios, se vacía en su boca una y otra vez, mientras el hombre, en actitud de perro hambriento, comienza a dibujar caracolas en los milímetros que separan coño y ano. Cuando la lengua se adapta al nuevo orificio, un torrente de flujo empieza a llenar la boca de Carlos, que bebe el elixir con una gula desmesurada. Justo en ese momento decide tomar la iniciativa, acerca su boca a la boca de Inés, introduce su lengua impregnada en flujo y explora todos los huecos que componen la entrada más húmeda de su cuerpo.

-Y tú, Inés, ¿qué quieres?
- Lo que yo quiero es ponerme un par de zapatos rojos y empezar de nuevo.




Gravity Kills - Hold

miércoles, 15 de agosto de 2012

Todo lo que tú quieras




Inés sale de la habitación enfundada en un traje negro de látex y con un látigo de cuero trenzado en la mano. Es una de esas chicas que se anuncian en un catalogo reservado a los contactos sexuales, un trabajo parcial que le ayuda a pagarse sus estudios de psicología.

Carlos espera su regalo semidesnudo, sentado en el borde de la cama, prestando especial atención a los tacones de la botas de la domina que se anunciaba en el catálogo. Es uno de esos chicos que roza los cuarenta, reservado, tradicional. Un alma solitaria que requiere esos pequeños roces que le hacen alimentar su envoltura romántica.


-Me cuesta imaginarme sumiso, no es que sea una persona dominante, pero me cuesta pensar en mí haciendo cosas que no deseo…
-Tranquilo, estoy aquí para hacer lo que tú quieras. Pero cuando llamaste y preguntaste por mí en la agencia, pediste que viniera exactamente así. ¿Te arrepientes?
-No es eso, hace algún tiempo que vengo fantaseando con todo ese rollo de la dominación, el rol de sumiso, varas disciplinarias, etc. Verás, cuando imagino algo así, cuando fabrico la película en mi cabeza, siempre veo a una mujer de ese modo, así como vas vestida tú; látex y tacones.
-Pero hombre, puedo seguir con el látex y el látigo entre los dientes mientras tú me azotas. No hay problema, el rol de switch es el que mejor me representa.
-Perdón, no entiendo qué quiere decir eso de “switch”
-Pues que puedo ser una persona pasiva, dejarme usar a tu antojo, obedecer tus peticiones, y también puedo ser la persona que te controle a ti, ejercer mis deseos de manera dominante en tu persona.
-Pero yo no quiero que te duela, tampoco quiero que me duela a mí. Yo quiero excitarme mientras te observo caminando por la habitación. Quiero ver cómo se endurecen tus glúteos bajo la goma negra, me gustaría sentir tu abultado pecho en mis manos, traspasando la tela.
-Estoy aquí para ti, cariño. Esta tarde soy toda tuya, y vas hacer conmigo todo lo que tú quieras.
-Lamer tus botas, eso es exactamente lo que yo quiero…




Inés y Carlos no saben que esto sólo es el prólogo de un libro que aún no se ha empezado a escribir.




Einstürzende Neubauten - Silence is sexy



Pd. gracias a ti  por la imagen



viernes, 27 de julio de 2012

"No existe la locura, sólo gente que sueña despierta"





Tener deberes me trae a la memoria mis comienzos e indagaciones en el mundo BDSM, mis experiencias y como he ido pasando de oscuros a claros y viceversa. No te hablaré de mi sexualidad, ya la conoces, ya me conoces y sabes bien cual ha sido mi trauma y cuales mis condiciones. Pero digamos que mi curiosidad por esta “cultura”, como muchos lo llaman, viene desde que estaba en el útero de mi madre; dirás que exagero, y pueda que sea cierto, pero ya sabes porque utilizo esa expresión.

Por pura diversión o entretenimiento caí en un chat con una sala dedicada el tema. Pensaba que sería la sala con más metros cuadrados de pajilleros del chat; imagínate los nombres: Calentito35, AmoPerverso, POLLONXXX, tuputita_, AmoDuro, Sexo_Con_Maduras y así hasta cien usuarios. Me quedaba leyendo el general la mayoría de las veces, ignorando los mensajes privados de los más calientes. Había muchísima gente que entraba pidiendo sexo directamente “Busco chica para correrme/se por cam” esa era la frase que más veces se repetía. Luego había un grupo de usuarios, que como suele ocurrir en cualquier chat, habían creado un vínculo de amistad por la cantidad de tiempo que llevaban frecuentando la sala. En ese grupo encontré la persona que me abrió la puerta cuyo umbral crucé más segura y con menos miedo. Durante meses fue como una especie de libro para mí, resolvía todos esos entresijos que con los años me habían estado desvelando algo completamente nuevo y peligroso para mí, y a cada cosa nueva que aprendía, más aumentaba mi curiosidad. Empecé a investigar por mi cuenta, pues en el fondo también pensaba que Trevor -así era el nick de mi “Maestro”- podía estar sugestionándome, mostrándome sólo lo que él creía correcto, sólo su punto de vista y no el resto de información que podía ser la que más me interesaba a mí.

Vale, ya tenía la información, ya sabía la teoría, pero me faltaba la práctica; y lo más fácil fue lo más difícil. Empecé a practicar sola, con alguien guiándome en la distancia, sola experimentando con cosas que ni siquiera sabía que existían. Estudié mi propio cuerpo hasta aprendérmelo de memoria, ensayé conmigo misma, examiné lo insospechado y me asombraba con cada nuevo descubrimiento. Cómo era posible que todo aquello formase parte de mí misma, de mi cuerpo, y sin embargo yo nunca había reparado en ninguno de esos puntos en todos esos años. Por fuera y por dentro, también. Porque algunos miedos desaparecieron cuando comprobé que no había peligro donde yo lo veía, la inseguridad se hizo más pequeña, los complejos desaparecieron y ya sólo vivía obsesionada con querer ser mejor, con querer usar todo lo que había aprendido en ese tiempo.

Tardé años en tener un contacto real y poder realizar todas las fantasías que se habían acumulado en mi cabeza, trabajar mis ejercicios onanistas en compañía y, de paso, manifestar que distancia, tiempo y fuerza es algo que se escapa de la imaginación, y eso era algo con lo que yo no contaba. Las primeras sesiones fueron las más duras, físicamente, que he experimentado en todo este tiempo. No conocía mi umbral del dolor, estaba capacitada para hallar el placer a través de la tortura de mis genitales y otras partes de mi cuerpo, era una agonía dulce para mí. Las marcas se quedaron ahí, trazando mis nalgas o muslos, varias semanas después. Tardaba meses en volver a tener esas experiencias, siempre con la misma persona, pero yo seguía preparándome para ello. Mientras, había otra praxis en la que yo no había reflexionado, más que nada porque no había considerado el no decir “no” absolutamente a nada. Era mi comportamiento, yo ya no era la misma. Sólo vivía para una persona, daba igual cuál fuera la hora del día que yo siempre estaba dispuesta a lo que fuera. Todo no consistía en el sexo, había decretos para vestir, actuar o alimentarme de una manera en concreto. Había regalos, había un enriquecimiento cultural ineludible, y muchos más preceptos que hicieron de mí una chica disciplinada, aunque en los momentos divertidos siempre surgía mi lado salvaje, mi insubordinación, que era una excusa más para buscar el castigo que me daba placer.

Y llegó el momento del 24x7, porque a pesar de que yo fuese una persona totalmente sumisa para mi compañero a 500 kilómetros de distancia, no fui realmente sumisa en todos los aspectos hasta que ambos empezamos a compartir casa. Entonces todo cambió, no perdí el interés pero había cosas que no veía lógicas, cosas que me molestaban, mandamientos que yo no estaba dispuesta a obedecer. Me di cuenta que había idealizado un mundo mucho más complicado de lo que yo creía, las fantasías estaban muy bien en la imaginación, pero cuando todo se hizo real había situaciones, posturas, hechos, que eran verdaderamente imposibles de realizar y concebir. Naturalmente hubo mucho más cosas que me llevaron al fracaso en aquella relación, pero aquí no lo voy a contar.

¿Lo que siento ahora? también lo sabes ya. BDSM es un conjunto de muchas cosas, en la dominación o en la sumisión no siempre existe el dolor. Que te aten a la cama exenta de movimientos puede ser BDSM, sin látigos, sin pinzas, sin consoladores para doble penetración. Y eso sólo es un ejemplo. Me gusta el sexo fuerte, muy sucio como dirían otras personas, me gusta muchísimo experimentar, conocer, poder decir que “esto me gusta” o “esto otro no me gusta”. Por eso quizás no me asusto o escandalizo cuando leo, escucho y veo determinadas cosas. Me parece perfecto que la gente consiga placer de la manera en la que ellos crean posible y conveniente, siempre que no sea dañado o forzado. Mi ética o moral nunca repara en ese tipo de cosas, va más allá de los medios para el goce ajeno. Lo que sí me fastidia es haberme encontrado gente que juzguen a las personas que disfrutan o realizan estas actividades globales. Habrá quienes encuentren en ello algún tipo de trastorno mental ¿por qué? ¿qué es lo correcto?. Y lo que más me enfurecía era saber que parte de todo ese rechazo venía de la forma en la que fue educada nuestra sociedad. Y yo, en cambio, sí que respeto cualquier tipo de vista.

Es tu petición, acerca de mi destreza, mis experiencias, mi visión sobre un tema que a ti te interesa ahora o desde hace tiempo. Pero no puedo ahondar en ello mucho más, hay cientos de páginas, libros o documentales acerca del BDSM, pero no creo que nada de lo que leas ahí te haga tener una idea de todo lo que hay. Yo no voy a descubrirte nada que no esté ahí, nada nuevo. Siempre te dije que yo no pertenezco a ese mundo ni a ninguno, no me gustan las etiquetas ni las clasificaciones. También te dije que no me considero sumisa o dominante porque soy ambas a la vez, y que conste que no siempre me estoy refiriendo al sexo, es el comportamiento también. Me gusta dejarme llevar y poder realizar las cosas que pasan por mi cabeza, me gusta compartir eso con la persona a la que amo y que nadie me juzgue por ello.

Podría contarte mil historias, más de las que ya te conté, pero ahora sólo estoy haciendo mis deberes.



lunes, 30 de abril de 2012

Endorfina romántica








Porque los recreos de vicios que se han inventado hay que jugarlos hasta el final, arriesgando y asumiendo TODO.
Porque la perturbación forma parte de mi filia y esa filia es mi propia naturaleza.
Porque descubrí mi sexualidad de atrás para delante.
Por todos los quizás, tal vez o ya veremos. Un handicap de miedos e inseguridades que entorpecen el acercamiento.
Por mi yo estúpido, ridículo y salvaje.
Por el demente que me engendró a su antojo, con todos los fallos y ninguna virtud.
Porque no se decir NO y a veces duele.
Porque el dolor me hace estar viva y sin aflicción siento que muero.
Porque no se vivir sin agonía.
Por la desmedida de lo que me invade.
Por tu ansiedad, tu intriga, abulia y peculiaridad.
Por el instante dilatado justo antes de caer el látigo o la palma de la mano.
Porque el impacto es la adrenalina y la adrenalina es la adicción.
Porque el fervor de tu piel sabe más intensa después de rozar un abismo en el aire.
Porque el orgasmo encarnizado y selvático sobre tus rodillas estimula mi punto antropófago.
Por la caricia que se siente diferente, única y especial.
Por tus huellas en mi piel con las variantes pigmentadas; señales de ser amada y haber amado.
Por la reminiscencia y el perfeccionamiento.
Porque la predestinación a veces sólo es un lamento compartido.
Porque estoy perdida y no se amar de otra forma y manera.
Porque se advierte el momento (necesidad) de  cambios.






The Cramps - Dames, booze, chains and boots