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martes, 20 de noviembre de 2012

El coleccionista de imágenes




Ella sólo observó la mitad inferior del cuadro; la inocencia rodeada de flores, la delicadeza de una piel apenas florecida y el pecho medrando un pezón a punto de madurar. La dulzura de la muchacha no pasó inadvertida, pero lo que a ella le conmovió fue su ojo amargo, su mirar de reojo buscando aprobación, implorando perdón inapetente, expiación introvertida, vagamente. Pero, por qué. No dejaba de pensar en la mitad que lo completase, que ahí estaría la respuesta.

Él dijo que estaba incompleta porque buscaba sugerir, no decir. Qué pasaría por su cabeza, qué deseaba esa casi niña. Entonces tuvo que ponerse a indagar sobre la respuesta, lo que a ella la enloquecía deliciosamente, investigar, hallar, averiguar madurando una respuesta coherente -¡ja!- y traducir su sentir en la mitad superior del lienzo.

Desplomó en la imagen su debilidad, su perturbación resbalando dentro de las bragas de la chiquilla, espiando su reojo y dulcificando su sinsabor. Y ahora se centraba en ella, su postura, su mirada alicaída, lo decían todo. Asquerosa culpabilidad, siempre contaminando el momento más mágico de todos. Empatizó con sus labios cándidos, su absolución derramada en el pecho que falta. Y, entonces, coincidió con él, sugerir y hacer volar la imaginación. Por supuesto, cien por cien disfrutable.

Me gustó más esta otra mitad, pero sólo la he podido descubrir gracias a ti, aún me pregunto por qué te fuiste en silencio, sin acabar de contestar...



Goyte feat. Kimbra - Somebody that I used to know

lunes, 12 de noviembre de 2012

Mi sueño (un mundo para ti)







“Cuál es tu sueño” me lo preguntas con ese tono de voz que me derrite, que me tocas y se pueden colar los dedos de lo blandita que me vuelvo a tu lado. Que no sea una niña pequeña y conteste cuál es mi deseo, qué me gustaría que pasara ahora contigo. Pero estoy viviendo mi primer amor con algo de retraso, da igual que no tenga quince años, yo veo rosa y corazones por todas partes. Claro, he pasado de niña rural a niña rural ñoña y pegajosa, pero y lo feliz que soy yo qué, eh. No quiero que se vaya esta sensación, no quiero volver al gris ni al sofá, no quiero aislarme más en la habitación y cerrar la ventana mientras hundo cara y desgana en mi almohada. Por eso no puedo evitar reírme nerviosa, no quiero que descubras cuánto me gusta soñar despierta, todas las mariposas haciendo de las suyas ahí dentro, y tu voz subiendo por mis piernas, hasta llegar a ese lugar que tan bien conoces tú, un hogar que ya es tuyo.

Cuando cierro los ojos pienso en las cosas pequeñas, esas que a mí me llenarían tanto, y que por ser tan nimias nunca llegué a conseguir. Y te veo ahí, enredando, siendo la otra pieza del puzzle que encaja en la estructura más perfecta, porque contigo mis posibilidades se multiplican por infinito. He contado los segundos y los pasos de vuelta a casa después del trabajo, porque sé que estarás terminando un libro y yo me muero por descubrir esas letras en tu mirada. Te acercas a la puerta y mis ojos brillan cuando te veo apoyado en el umbral, tu sonrisa evapora en bruma las agujetas de la jornada laboral y colgarme de tu cuello es la mejor recompensa al exhausto día. Disfruto en la cocina después del baño de espuma con sales minerales que nos hemos preparado. Me gusta rodear tu cuerpo con mis piernas, me gusta transmitirte la sensación de mis dedos extendiendo el jabón por tu espalda, mientras nos contamos qué tal nos fue el día. Te beso mientras aprisiono tu dorso, no quiero que escapes, no quiero que te escurras por el sumidero, me aterra la idea de verte volar. Me gustan tus ensaladas pero hoy prefiero sorprenderte, hoy prefiero salpimentar el solomillo y reducir la salsa, mientras tú sirves dos copas de vino recitándome un poema, la banda sonora es la nuestra, esa que ves aquí. Estás delicioso cuando te concentras en ese abismo de palabras, cuando te acercas a mi espalda para abrazarme desde atrás después de tirar del lazo de mi delantal. Tu respiración tan cerca de mi oreja, resbalando por la nuca, me enternece y excita a partes iguales. Y proporcionarle al sofá una usanza que desconocía, entre rollos de plumas y pelusas de lana. Compartimos ese otro arte en el que nuestra estética coincide, como en tantas otras cosas que obvié cuando me negaba a ver la evidencia. He llenado la casa de notas de colores, cada nota esconde una pista y las señales te conducen a un premio, al final del juego divertido tu curiosidad de niño travieso es lo que más me enorgullece. Las opciones bucean en este instante en tu pensamiento, más tarde, si quieres, te puedo susurrar al oído en qué consiste tal recompensa. Quiero llevarte al museo para jugar al escondite entre Velázquez, Tiziano, Goya y El Greco. Enseñarte que también hay un hueco en las butacas de la ópera para los menos elitistas, los que prefieren a Wagner o Handel con vaqueros y camisetas de rock. Y tú me llevarás al parque, a pasear bajo la lluvia para meter los pies en todos los charcos, a jugar un cartón en el bingo para mostrarte que me llevé toda la suerte el día que me encontraste. Me mostrarás dónde se esconde la magia de la ciudad, la que sólo puedo descubrir si voy de tu mano. Tantas y tantas cosas que únicamente puedo conocer porque eres tú el que me las revela, el que las inventa o le otorga el sentido que tienen. Aprenderé a recitar, a escribir una poesía que lleve tu nombre y esencia. Medir los metros cuadrados y usar los perfectos para una cama grande, tuya y mía, y pintar la habitación de un color que todavía no se ha inventado, pero que no sea naranja. Te buscaré de madrugada, cuando las heladas del invierno violen nuestra habitación, enlazando mi pie entre tus piernas, transmitiéndote mi calor. Me pegaré a tu espalda cuando caigan las hojas en otoño, deslizaré en ella los sueños que cayeron de mis cabellos, para compartir contigo un mundo mejor. Abriré mis ojos en primavera, y sin duda, daré gracias por verte a mi lado, porque no podría tener un mejor despertar. Hoy te quiero hacer feliz y enredar mis dedos en tu barba. Y cuando verano bañe de sudor todas las certezas, serás tú el que me busque al otro lado de la cama. Mi cuerpo reaccionará a tus caricias, mis labios buscarán frescura en tu lengua y sólo entonces te susurraré “Me gustaría ser follada con amor” porque nadie mejor que tú, nada mejor que sentir todo este amor, para perder mi virginidad. Que me sientas dentro de ti, sentirte dentro de mí, es lo que más deseo en este mundo. Sólo entonces estaré verdaderamente completa. Buscaré, como ahora, tu nombre en la sopa de letras, y encerraré la palabra en un corazón. Cuando crea haber perdido la seguridad que me regalaste me enterraré muy fuerte en tu pecho para tomar un nuevo impulso, esta vez mucho más grande. Y haré que cada día sea único, te arrancaré sólo sonrisas, porque lo mereces, te mereces la mejor parte de mí.

Ese es mi sueño, eso es lo que quiero, crear un mundo para ti donde sólo quepa la felicidad. Juntar mis libros a los tuyos en las estanterías, ir a recogerte a tu trabajo el día que menos lo esperes, regalarte una flor. Jugar a ver quién adivina los primeros segundos de una canción, escribir un cuento a medias para leertelo la noche que no puedas dormir. Despertarte con un zumo de naranja recién exprimido, llevártelo a la cama para que no te tengas que levantar. Retarte a los videojuegos y picarte para no dejarte ganar. Recorrer los pasillos del supermercado empujando juntos el carrito, y sobre la marcha inventarnos una receta para cocinar juntos. Rociar con mi perfume una de tus camisetas, para que al ponértela te recuerde a mí. Robarte tu camisa de cuadros azules, porque me gusta llevarla sin nada debajo mientras duermo. Esforzarme para demostrarte que se puede amar una vez más como la primera. Vigilar y velar por tus sueños, para que no se cuelen monstruos ni dragones, para luchar por ellos y así puedas alcanzar todo lo que te propongas. Un mundo en el que mi calor te abrigue los días de frío, en el que los portazos tengan el único significado de estallar un poquito sin salpicar. Porque luego haré un pastel de chocolate para pedirte perdón y tú besarás mi frente dándote cuenta de que ya me hice mayor, que es una mujer la que te ama, aunque aún guarde un poquito de esa niña rural, sólo para reírnos juntos. Mi sueño es regalarte un mundo conmigo dentro, para que nunca más sientas que la soledad es fiel a tu decadencia, para emborracharnos juntos y caer despacio, y al levantarnos ver que uno está al lado del otro. Contigo he aprendido a sentirme bien cuando me siento bien, razón suficiente para no permitir que nada ni nadie te haga daño. Todo vale la pena si con eso sé que serás feliz.

No tengas miedo, respira tranquilo, voy a cuidar de ti mientras tú me dejes, pero sólo cuando me abras tu puerta sin miedo a llevarme la casa de mi pueblo a cuestas.

Te amo, incluso antes de conocer tu existencia.


2:54 - Revolving



martes, 31 de julio de 2012

When we’re dead





Después del pudridero, cuando las aves preñadas de sueños descosidos y delirios putrefactos no alcen el vuelo; cuando sus alas rotas convertidas en andrajos apenas consigan aletear en la inmensidad olvidándose el despojo de sus plumas, pensarás que habrás vencido. Y nada más ridículo que la mentira de tu espectro, difunto ya y olvidado. Sin memoria. Sólo entonces querrás volver a nacer siendo pájaro.

martes, 10 de julio de 2012

Conectando







Verano, viaje por carretera. Palomitas con colacao, pies descalzos y Othello. Dormir y soñar. Golondrinas, brisa en la estepa, nube gris advirtiendo la ciudad, sol acechando. Humo. Provincia homónima, historia y río. Plaza, almendra tostada y pan de higo. Jamón y Melibea, café al sol en la cuesta que lleva a su casa. Casa pintada, cena y velas. Amanece. Adiós medioevo, saludos a la sabana de ríos tintos. Piedra, verde, azul cielo, tortilla y paté en el capó. Sube y baja. Atardecer, campo. Balancear los pies en los tatuajes de tu espalda. Otra vez tú. Risas, tapón, olor a gasolina. ¿Dónde te has dejado la cabeza?. Reconquista, vestigios árabes y romanos. Río y vida. Amor, siempre estuve aquí, no me adecué a tu velocidad. Desnudos, corriendo descalzos, colocados, beso, pies mojados. Dolores, ternasco, Cariñena, baja la presión, amor en “colorao”. El Señor Marrón no se equivocó, el Señor Blanco es “el limpiador”. Iglesia, castillo, cerveza, madeja, “idiota, soy yo quien te quiere a ti”. Carretera, Placebo, ¿dónde está la bola?. Pijo, mojito, vodka, chupito, sangría de cava, burbujas, aquí te pillo aquí te mato. Hacer que no te veo cuanto tú me ves. Recuerdo, valle, coche, música, salpicadero y el mapa el cruce de pliegues en nuestros cuerpos. Calor, no tengo pijama, sábana húmeda, piel sedienta. Agua, jabón, acaríciame la espalda. “Tú, metete en la cama”. Frío, luna, estrellas y ventana, cielo… tengo ganas de ti, llama. Escultura de enamorados. Vino, Baviera. Otoño en verano, café, paseo, Desengaño. Siempre estás tú, Barcelona nos espera, septiembre es verano, ven… vamos. Te quiero respirar. Carretera, noche cerrada, quiero tu mp3. Mi amiga, tu amigo, mi amigo, tus amigas, tú (yo). Nunca yo (él). Reír y llorar. Remar, nadar, beber, tocar, fumar y alucinar. Dormir, soñar, tocar(te). Vino, cava, follar, bailar, besar, contar hasta tres y saltar, deslizar(nos), follar, arena y humedad. Llama, desgana. Despierta, resaca. Dame, quiero más.






Placebo - Every you every me

martes, 5 de junio de 2012

Tormenta de primavera





Salía del trabajo desanimada y angustiada por el despido de una amiga y apreciada compañera, nunca había vivido nada similar y también me preocupaba la idea de que pudiesen prescindir de mí de la noche a la mañana. Los lunes eran un mal síntoma, el comienzo de otra puta semana y yo sentía que de nuevo me llevaban al matadero, agotada de no esperar nada, salvándome o arrastrándome por inercia. Pero este lunes tenía algo especial, quería que fuese especial, por eso había alterado mi ruta de vuelta a casa. El día era un espejismo de cataclismo, un gris plomo que por momentos planeaba sobre el blanco atravesándome con su frágil e innegable luz. Me dirigía al metro serpenteando la naturaleza muerta, sintiendo la violencia de un viento alentado desde el suroeste de la ciudad. Mientras, sonaba en mi reproductor un nuevo descubrimiento, Nudozurdo me sorprendía a mí misma escuchando algo sin precedentes; pues hacía mucho tiempo que ningún grupo español había conseguido despertar mi interés de esa manera. De repente el gris del cielo dejó de ser una amenaza para convertirse en una certeza. Las primeras gotas de agua fueron suficientes para empaparme hasta calarme los huesos. Estaba completamente desconcertada, el bullicio de gente atropellándose en la boca del metro, el tráfico, inicuo, que de repente se volvió caótico y apabullante, me desorientaron por un momento. Pero fueron los truenos y relámpagos los que me anegaron en un pequeño estado de pánico, fue la tormenta de primavera la que me hizo estremecer hasta que me sentí a salvo y segura en el vagón de tren.


Aparentemente el vagón –mi manía de meterme en el último de la cola- parecía lleno, pero nada que ver con la hora punta de la mañana, en la que los trabajadores se amontonan, pelean a empujones, con tal de encontrar un lugar en el que viajar cómodamente. Voy abriendo paso, buscando hueco, y cuando por fin lo encuentro me dejo caer con mi ingénito hastío junto a una anciana que me saluda amablemente. Iba pensando en los planes para el próximo fin de semana, con el puente a la vuelta de la esquina un viaje relámpago a tierras de conquistadores sería el proyecto perfecto para desconectar de la vorágine del trabajo y la ciudad. Supongo que eso me hacía sonreír como una tarada ante la indiferente mirada de los demás. Supongo que ese era mi único aliciente después de año y medio, casi sola, viviendo en Madrid. Entonces algo llama mi atención; un chico con pinta interesante lucha intrépidamente entre los pasajeros que viajan a pie, para intentar conseguir el único asiento que se queda libre. Un par de adolescentes con fachada de intelectuales y un abuelo repelen espavoridos el comportamiento del chico intrépido. Parecía muy cansado, consumado, por una desgana o indiferencia conforme a la mía, como resignado desde hacía años. Por un instante sentí compasión y un sorprendente cariño hacia el misterioso desconocido.


Me gusta observar a la gente cuando voy en bus o en metro, me gusta imaginar qué historia es la que atormenta esos semblantes ajenos a los problemas de los demás. Me encanta examinar el ámbito que me rodea, los que se abstraen en un clásico de la literatura española o algún reciente premio literario, los que viven pegados a sus aparatitos nuevos en la gama alta de la tecnología o los que prefieren perder la mirada en un vacío acostumbrado, compañero ya de viaje. Pero esa tarde yo permanecía casi hipnotizada, atrapada por el extraño magnetismo del chico audaz y arriesgado que viste de negro. No puedo dejar de mirarlo, estudio todos sus gestos: sacude su chaqueta impregnada de hojas y barro, revuelve las manos en su pequeño bolso buscando algo…un pañuelo de papel para secar sus gafas empañadas, mojadas por la lluvia. Es entonces cuando aprecio mejor el color, la expresión, de sus ojos. Puedo perderme en ellos sin pretender encontrarme, puedo suplicarles clemencia tras el desvanecimiento de todos y cada uno de mis sentidos.


Una voz en off me saca del ensimismamiento en aquella mirada mar esmeralda, intenso y  profundo color de unos preciosos e indescifrables ojos. Hemos llegado al intercambiador, una oleada de personas se agolpa en las puertas del vagón, chocan entre ellas, salen y entran, se precipitan con urgencia empujados por la impaciencia de llegar a casa finalizando así la jornada laboral. Suena algo parecido a un silbido, la máquina ligera continúa su trazado bajo tierra. Cuando giro la cara en busca de mi chico misterioso me encuentro, inesperadamente, con su inquisidora mirada. En seguida me doy cuenta de cómo me radiografían sus ojos, como recorren mi rostro y parte del cuerpo, hasta descansar la mirada en mis pechos erguidos por la humedad de la camiseta que se pega a mi piel. Es justo en ese instante en el que empiezo a ser consciente de la familiaridad del desconocido. Sostenemos nuestras miradas, fascinados, inexplicablemente atraídos por alguna fuerza mayor. Su expresión suave también podría arañar su innata indolencia, una templaza que me hace suspirar como una quinceañera enamorada. Sonrío impresionada por el insólito acontecimiento, me estremezco cuando el chico oscuro me entrega una perfecta sonrisa. Murmuran mis labios “te conozco”, que no era él ningún desconocido.


Se vuelve a parar el tren en la siguiente parada, la anciana que me acompañaba en el asiento de al lado se despide de mí al bajar y entonces tú -chico de la tormenta de primavera- te lanzas sobre un mar de cabezas humanas para ocupar ese lugar.


- Te conozco, chica, pero quizás tú aún pululas perdida en la nada 
- Lo sé cariño, yo también te conozco ¿por qué crees que te he sonreído?
- No sé, ocurre algo extraño, te he visto y no he podido dejar de mirarte, sostener tu mirada, de alguna manera eres lo único amable que encuentro en esta hostil ciudad
- Creo que engrandeces tu impresión, extrañamente a mí lo que me ha llamado la atención ha sido la opacidad de tus expresiones. Tienes algo…
- Hostia, me tienes atontado
- Jajaja vuelves a exagerar. No se por qué me siento tan bien a tu lado
- Esto es raro de cojones, vamos muy rápido ¿no crees?
- No, lo que pasa es que los demás van demasiado lento
- Me gusta sentir el tacto de tu piel, es suave
- Y a mí me encanta lo que siento cuando me tocas, ni te imaginas cómo me gustaría que siguieras acariciándome.


Un escalofrío me recorre todo el cuerpo cuando siento su piel en contacto con la mía. De manera instintiva he acabado acercando mi cuerpo, que tiembla, al suyo que se acopla a mi movimiento de cabeza. Busco su boca y me encuentro sus labios que se abren para recibir la humedad de mi lengua. Se entrelazan acariciando delicadamente las papilas gustativas, ansiosas, inflamadas de excitación y deseo.


Otra brusca parada nos devuelve a la inmunda realidad. Es tu estación, es el momento de la despedida o la decisión de continuar con la historia de dos desconocidos que se conocen en mitad de la tormenta…




Lyle Mays - Long life

miércoles, 4 de abril de 2012

Híbrida inherente






Una habitación de un piso oscuro en alguna parte de la ciudad. Crujir de madera de muebles añejos, carcomidos y gastados por el uso opuesto a lo predestinado. Silba leve el motor del aparato del aire acondicionado, la primavera es una virgen vestal que excede al verano rayando la esquizofrenia.  En su delirio imprudente desorienta las mentes alentadas por una fuerza mayor, indigestas de falacias y utopías. Ahora se sientan frente a frente, desgranando dudas, desbaratando enigmas, abrumados por las refutaciones.




-Voy dando vueltas dentro de mí una y mil veces. Es como estar medio despierta/dormida en un absolutismo fingido. A veces permanezco expectante para apresar cualquier respuesta, pero el miedo me paraliza.
-No se de qué cojones me hablas, todo esto es muy sencillo. Me gustas, te gusto, sólo tenemos que intentarlo. No veo donde está la complicación.
-Compré el billete y me subí al autobús, ya estoy aquí. ¿Está funcionando? ¿y ahora qué?
-Ahora queda lo fácil: tienes que venirte a la ciudad, vivir conmigo y buscar un trabajo. Al principio compartiremos mi cama de ochenta, después, cuando dispongamos de más liquidez –se entiende económica- pediremos a mi compañero de piso que se busque otro lugar en el que morar. Después nos casaremos, pero aquí, en la ciudad. Tu pueblo es demasiado pastoril, demasiado enajenado pululando por allí, demasiada gente extraña. Después…
-Pero ¿y si no sale bien?
-No te preocupes, tranquila, yo te pagaré el billete de vuelta.




White Lies - Farewell to the fairground