jueves, 30 de agosto de 2012

Rapsodia instrumental






No estoy programada para darte más información,
tampoco estoy maquinada para descodificar tus sueños,
para pintar tu cielo de otro color o
para verte dormir sobre las estrellas.

No soy la viga de tu techo,
tampoco la cuerda de tu viejo reloj
soy la parábola de tu metáfora
soy el vacío que nada resbalando por tu espalda.

No soy candela o refugio,
tampoco el sueño que te gustaría tener,
para rehacer la escarcha del hielo
para zurcir las hojas que no debieron caer.

Sería el estallido de tu funda de confeti,
el sudor de tu nuca en verano,
el pez sin memoria en tu pecera,
la melodía que aún no has inventado.

Sería los matices de todas las estaciones,
tus cosquillas, tu irradiación, tu carne, tu llanto
para devolverte todos los espejos
para reconstruirme en tus abrazos,

para vomitar ilusiones



Sufjan Stevens - To be alone with you


sábado, 25 de agosto de 2012

Tu nombre empieza por jota





Te reté para jugar al billar, nadie podía usurparte pues tu nombre siempre estaba en negrita y aparecía por el final de la cola de privilegiados, al contrario que yo, que siempre nadaba entre la p y la s. Pero no fue tu nombre lo que me atrajo, -uhm, ya sabes, ese tan erótico/sexual/depravado y lascivo- fue el perfil que mostrabas de hombre tranquilo, no hablador e indiferente para todo. Como siempre yo escogiendo el camino difícil, queriendo tomar lo que no puedo tener. Fue esa la razón de mi curiosidad por tu forma de jugar. Quién nos iba a decir que aquello sería el principio de todo.

Escribía con veinte años sobre mis experiencias sexuales, siempre me decías que tenía talento y que nunca te dedicaba nada. Pero no era cierto y, creo, que nunca fui capaz de contártelo, esa parte tan vergonzosa de mí misma. Pero sí que había algo en aquel cuaderno tan indecoroso, había una poesía y una imagen donde resaltaban las pompas de jabón naranja sobre un cielo de azul intenso, a pie de foto This is the last time, esa canción que luego acabó en un disco de mi recopilación absurda en tu coche. Así fue como entraste en mi vida, poco a poco, sin hacer ruido, sin llamar la atención, sin protestas o reproches. Sólo con palabras bonitas, con ganas de escuchar, sin condiciones ni esperar nada a cambio.

Aquella tarde, cuando llegué frente a la puerta del hotel, sabía que estabas allí. Alto, con gafas de sol, apoyado en el capo de algún coche aparcado en la Gran Vía. Polo azul marino, parece que mi memoria es selectiva y sí recuerda los pequeños o insignificantes detalles. ¿Por qué te dije que no te vi? no lo sé, tampoco te dije que recordaba las calles de Madrid perfectamente, que sabía exactamente donde se encontraba el hotel, que la vuelta a la manzana tan sólo fue un pretexto para robarle unos segundos más al tiempo y así poder verte un poco más.

Después me distancié entre novio y novio, entre cambio de ciudad, de vida y de trabajo. Eras tan bueno e incondicional conmigo que me avergoncé de la manera en la que trataba. ¿Cuántas veces me dijiste que aquello no acabaría bien? es que me parece que fueron muchas. Recuerdo que me querías abrir los ojos porque ese hijo de puta me tenía embelesada. La cosa empezaba a no ser sana, y yo, mientras tanto, peor te trataba a ti. Estampé mi rabia contra ti porque a él lo quería, a ti también, pero ya sabes, él era la parte dominante, el encantador de palabras con un poder desconocido sobre mi persona. Te aparté por un instante de mi vida, todo me superaba, tantos cambios en pocos meses, dejarlo todo y empezar de nuevo en ese periodo me tenía absorbida. Por eso cuando te dije que me había mudado a tu ciudad, que vivía allí, tan cerca de mi mejor amigo, no te lo podías creer.

Y la ciudad se volvió amable y agradable contigo. Las primeras cervezas en el bar cercano a mi curro, la barra (aquella esquina) de las confidencias, el cine en francés, mi música en tu coche, los papeles olvidados en la mesa de aquel bar, pendientes que se perdían en las alfombras, tus escapadas para llevarme de casa al trabajo, cuando el trabajo lo tenía a cien pasos de mi casa. La excusa para vernos y hablar una vez más. Pero no fui sincera del todo, si es que callarse las cosas y no contarlas se le puede llamar mentir. Te fijaste en aquel chico que comentaba en mi blog, me decías que por nuestro cruce de comentarios pensabas que él “estaba” por mí, que yo le gustaba. Y no te dije que yo también “estaba” por él. Que me besó la primera noche, que me llevó a su casa después de cruzar la ciudad en metro, encendió una vela y me habló de amor. Que me quería y nunca había conocido a nadie más dulce que yo. Tampoco te dije que el cuento de hadas se acabó demasiado pronto, que me despidieron, que utilizaron mis filias para señalarme el cuerpo de heridas y cardenales. No te dije que dejaba la ciudad, que mi hogar era una cárcel. Y pasaron los meses sin que tuvieras noticias de mí, porque mi puñetera memoria selectiva, la que se fija en estúpidos detalles, olvidó tu mail, teléfono, tu todo. Y yo no tenía nada, por no tener ni tenía carné de identidad. Qué lejos y qué cerca queda todo eso. Lo que nunca podré perdonarme es que tú fueses la excusa, la coartada y el comodín para salvarme de lo más gordo. Por cobarde, como siempre, y no ser capaz de asumir las cosas que hago, con todas sus consecuencias.

Siempre me animaste a escribir, siempre me decías que tenía talento. Abrí el blog porque otra persona me alentó y me sugirió hacerlo como lo estoy haciendo. Y en parte siento que te debo algo (MUCHO) porque tú fuiste el primero en leerme en todos los sitios por los que he pasado, tú fuiste el primero que me animó para que escribiera y siguiera haciendo cosas positivas con mi vida. No sólo eso; sigues aquí después de ocho años, de mis idas y venidas, sin sermones, sin regalarme el oído pero diciéndome lo que piensas siempre. Ofreciéndote a cada instante, sin cláusulas ni barreras, haciendo que me sienta querida y escuchándome cuando me pongo a llorar. Y yo me siento una persona muy afortunada, porque dicen que “quien tiene un amigo, tiene un tesoro”. Y tú eres mi tesoro. Después de todo me ves escribiendo algo para ti.



Keane - She has no time

jueves, 23 de agosto de 2012

¿Y al final qué queda?






El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar.

Carl Gustav Jung



Le das a la vida toda la importancia que tiene. Empiezas a caminar despacio cuando te sueltan las manos, ves todo demasiado alto para alcanzar, grande para abarcar, pero también ves una línea perfecta trazada a la altura de tus ojos; justo ahí donde llega tu mano, también estirando los dedos. Cuando crees controlar el equilibrio caes amortiguando el golpe con el peso de tu propio cuerpo. Y te levantas estúpidamente mirando en todas las direcciones, avergonzada por perder el control y ni siquiera haberlo olido. Te enfadas y decides empezar de cero, pero el cero nunca implicó el principio del comienzo, pues en cada paso las magulladuras te alertan de la caída. Sopesas, templas en el camino, barres obstáculos y te agarras a todo lo que te sustenta. ¿Por qué te vuelves a desplomar?. Y vas aprendiendo y aprendiendo mientras alguien te pone la zancadilla, y siempre te desmoronas y te vuelves a levantar cada vez menos fuerte, porque pasa el tiempo y te vas debilitando y flaquean extremidades, tiemblan y se desplazan los músculos que ya no los sientes ni siquiera tuyos. Te obcecas, te pones las orejitas de burro y tiras hacia delante con tus pasos, tus trucos y aprendizajes, tan centrada en ti y tus caídas que ni siquiera te das cuenta de lo que sucede alrededor, como si lo tuyo siempre fuese más importante que el resto. Un día te levantas y te das cuenta que hay objetos a los que ya alcanzas, que hay distancias posibles y un suelo mucho más firme del que antes pisabas. También te das cuenta que hay cosas que ya no están, te das la vuelta y la persona que seguía ahí, detrás de ti, tampoco está. Y tocas cosas que ahora son distintas y feas, desconocidas de las que no quieres ver, oír, tocar, oler y aprender. Y porque sí, por sus santos cojones que tienen que estar ahí mientras otras personas ya no están, porque es ley de vida. Y tú no quieres, tú lo único que quieres es aprender a caminar de nuevo.

Para Y.



Franz Liszt - Consolation No. 3 in D Flat Major



lunes, 20 de agosto de 2012

Y tú ¿qué quieres?





Carlos en plena pose metafísica, dejando crecer su extremo más liviano y perverso mientras recorre el tacón de las botas de Inés con la punta de la lengua. Hay un brillo infame en su mirada, una sonrisa malévola que podría presagiar sus próximos movimientos, pero sus manos atadas y pegadas a la espalda le prohíben comportarse con espontaneidad.

Inés se ha deshecho del látex, completamente desnuda conserva sus botas negras, su ligero y las medias exclusivas para la ocasión. Camina recorriendo el espacio disponible en la habitación, mientras siente la mirada de Carlos traspasando sus curvas, agujereando el bamboleo de sus pechos perfectos y redondeados en cada paso, adivinando parsimoniosa su próxima frontera.

-Yo te diré lo que quiero, Inés. Morderte, comerme tu boca mientras beso tus labios, acariciar tu lengua con mi lengua. Dibujarte una espiral misteriosa y oscura entre los pliegues que cubren tu sexo, trazar una curva ininteligible y confusa con la punta de mi lengua desde tu coño hasta tu ano. Y detenerme ahí para explorar con determinación el galimatías de tu anatomía. Eso es lo que quiero, Inés.

-Mmm y eso es lo que te ofrezco, lo que tendrás, Carlos. Mi boca infinita que llama a tu boca, mis labios insaciables, ansiosos de ser besados, mi lengua que espera atarse a la tuya, sin fin. Las brechas, supurando lo que hay en mí, aguardan los misteriosos espirales que ahondaran en el perineo. Efímero trayecto, pero te garantizo que la travesía será entretenida.

La chica de la página de contactos se sienta en el sillón de cuero blanco de espaldas al ventanal, separa sus muslos apoyándolos en los brazos del sillón dejando al descubierto su parte más intima. Y es que en esa posición Carlos obtiene un perfecto primer plano del coño de Inés. Ella lo sabe, por eso desliza sus nalgas hasta el borde del sillón, exponiendo al máximo sus dos agujeros. Desde su trono observa la excitación de Carlos, arrodillado a escasos centímetros de ella, manos atadas, miembro creciente, chorro de babas. Le gusta mantener el control, jugar con los espacios y el tiempo, acelerar el pulso y el ardor de su compañero de juegos. Por eso decide ponerlo a prueba, lo hace separando los labios que esconden su clítoris voluminoso, un botón abultado por el placer que obtiene al contemplar la sumisión de Carlos. Éste deja al descubierto la urgencia, la necesidad, de calmar el despertar de su centro de gravedad, su polla habla por él susurrándole a su Ama todo lo demás.

-Ven aquí. Voy a cumplir tu deseo, Carlos, quiero que te comas todo mi coño.
-Qué dicha, se deshace mi boca deseando catar semejante manjar.

Carlos acorta los escasos centímetros que le separan de Inés, ya puede percibir la fragancia a flujo, a sexo húmedo, que esconde la entrepierna de ella. Coloca su cabeza entre sus muslos, acerca su boca al corazón derramado en una marea gelatinosa. Ahonda su lengua en la profundidad de esa concavidad delirante, aparentemente estrecha, y sin embargo dilatada hasta extremos insospechados. Su lengua entra y sale del coño de Inés a un ritmo frenético, se va derritiendo ella en sus labios, se vacía en su boca una y otra vez, mientras el hombre, en actitud de perro hambriento, comienza a dibujar caracolas en los milímetros que separan coño y ano. Cuando la lengua se adapta al nuevo orificio, un torrente de flujo empieza a llenar la boca de Carlos, que bebe el elixir con una gula desmesurada. Justo en ese momento decide tomar la iniciativa, acerca su boca a la boca de Inés, introduce su lengua impregnada en flujo y explora todos los huecos que componen la entrada más húmeda de su cuerpo.

-Y tú, Inés, ¿qué quieres?
- Lo que yo quiero es ponerme un par de zapatos rojos y empezar de nuevo.




Gravity Kills - Hold

miércoles, 15 de agosto de 2012

Todo lo que tú quieras




Inés sale de la habitación enfundada en un traje negro de látex y con un látigo de cuero trenzado en la mano. Es una de esas chicas que se anuncian en un catalogo reservado a los contactos sexuales, un trabajo parcial que le ayuda a pagarse sus estudios de psicología.

Carlos espera su regalo semidesnudo, sentado en el borde de la cama, prestando especial atención a los tacones de la botas de la domina que se anunciaba en el catálogo. Es uno de esos chicos que roza los cuarenta, reservado, tradicional. Un alma solitaria que requiere esos pequeños roces que le hacen alimentar su envoltura romántica.


-Me cuesta imaginarme sumiso, no es que sea una persona dominante, pero me cuesta pensar en mí haciendo cosas que no deseo…
-Tranquilo, estoy aquí para hacer lo que tú quieras. Pero cuando llamaste y preguntaste por mí en la agencia, pediste que viniera exactamente así. ¿Te arrepientes?
-No es eso, hace algún tiempo que vengo fantaseando con todo ese rollo de la dominación, el rol de sumiso, varas disciplinarias, etc. Verás, cuando imagino algo así, cuando fabrico la película en mi cabeza, siempre veo a una mujer de ese modo, así como vas vestida tú; látex y tacones.
-Pero hombre, puedo seguir con el látex y el látigo entre los dientes mientras tú me azotas. No hay problema, el rol de switch es el que mejor me representa.
-Perdón, no entiendo qué quiere decir eso de “switch”
-Pues que puedo ser una persona pasiva, dejarme usar a tu antojo, obedecer tus peticiones, y también puedo ser la persona que te controle a ti, ejercer mis deseos de manera dominante en tu persona.
-Pero yo no quiero que te duela, tampoco quiero que me duela a mí. Yo quiero excitarme mientras te observo caminando por la habitación. Quiero ver cómo se endurecen tus glúteos bajo la goma negra, me gustaría sentir tu abultado pecho en mis manos, traspasando la tela.
-Estoy aquí para ti, cariño. Esta tarde soy toda tuya, y vas hacer conmigo todo lo que tú quieras.
-Lamer tus botas, eso es exactamente lo que yo quiero…




Inés y Carlos no saben que esto sólo es el prólogo de un libro que aún no se ha empezado a escribir.




Einstürzende Neubauten - Silence is sexy



Pd. gracias a ti  por la imagen



sábado, 11 de agosto de 2012

Son tus alas de Poeta





Había un Poeta con su copa de vino y su gabán oscuro de hombre intenso, un amante del ocaso perpetuo y la nocturnidad sin límites –agotada compañía- ni alevosía. Cada noche deslizaba sus dedos entre estrofas de poesías, hilando un cuento de finales tristes y protagonistas efímeros contaminados por la apatía y el delirio de un escritor sin musa, una aberración en las páginas más crueles escritas en la tinta de su propia sangre.

Consumaba la noche, angustiado y solitario, escurriéndose en la copa de cristal, surcando el borde, agonizando tristeza y melancolía sobre los botones que pulsaban las palabras que le empujaban al descendimiento. Un abismo acrecentado por el influjo excesivo del alcohol y el saberse roto y misógino, sin fémina que apreciase un rasguño de su corazón plateado. Y sin embargo el Poeta no lo sabía, no conocía el escritor el calor en el pecho de una robótica que no era delicada flor, ni hermosa musa, únicamente una imaginaria fugaz que -trepando en su prosa- había hallado el aleteo que le impulsaba a volar.

Gélida, sentir la palabra no escrita como un canto de esperanza. Amarlo una vez más, allí donde acaban las palabras y empieza lo desconocido. Despertar de los sueños perdidos aún conociendo el devenir, y saber que antes estuvo allí. Rozar en las yemas el copo de nieve que resbala en su mejilla, y saber que nunca un gesto la hizo tan feliz. La inspiración que no fue, sus metáforas que van llenando el cielo y le enseñan a cumplir deseos. Se la lleva, se la está llevando muy lejos.

Había un Poeta inspirado sin musa, -ella que sí quiere ser- enfureciendo sutilmente la noche, escribe él los versos de un corazón solo y abandonado, príncipe tenebroso enredándose en su red. Por eso te tengo, cuando corre sin mirar atrás, cuando está segura de que nadie huye, cuando hay luz allí donde está él. Donde todo acaba y vuelve a empezar.


Escríbeme algo bonito esta noche... como si no supieras que no existe en el mundo nada más bonito que tú.



Melody Gardot - Your heart is as black as night

lunes, 6 de agosto de 2012

Composición de membranas





Ningún trauma desatado podría corromper la regeneración de tu piel y la mía, composición de la única dermis tejida en el transcurrir de años. El sistema dinamitando en la viscosidad que todo lo puede, en la ira que es el miedo de los más débiles. Fusiones implosionando la perfección de un nexo jamás soñado, estructurado en la locura de dos cuerdos, dos oscuros de alma y pensamiento. El cataclismo es el desenlace, el final del principio de nuestro desvarío, de nuestro lazo en un mundo tupido o saciado de incomprendidos. Sólo a tu lado hallaría mi otro yo, la respuesta a mi asombrada particularidad, la conclusión de cualquier interrogante, la perfección. Sólo a tu lado me desarrollo protegida, me rompo y me vuelvo a recomponer, sólo a tu lado río, pienso y amo, escribo, penetro y dilato, me expando. Cuando el derrumbamiento sea la certeza de los creyentes, cuando la oración no sea más que una débil quimera, tú y yo sonreiremos como dos locos enfurecidos al origen de nuestro nuevo mundo.




Armin Van Buuren Ft. Sophie Ellis Bextor - Not giving up on love