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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Homenaje





A veces ocurre que las expectativas que nos marcamos se escapan de nuestro control, huyen, se tornan caprichosas o caen en manos ajenas, incapaces de apreciar el valor de un artista -por nombrar a alguien en concreto-, el tiempo empleado, el color, la textura... Siempre dije que no hacía falta entender nada, que sólo era necesario mirar, detenerse un momento y dejarte llevar por lo que florece ante tus ojos, y dejar que esa primera impresión te remueva lo poco o lo mucho que haya dentro. Lo que consigas descifrar a partir de entonces es algo que queda para ti, pero también es curioso, incluso enriquecedor, compartirlo con los demás; más cuando existe alguien al otro lado que te abre la sesera para airear esa masa gris emplastada, que nunca acaba de despertar.

Hoy los puntos me duelen un poquito más, aunque los buenos días me han aliviado el resentimiento, el escozor de la carne que ya empieza a cicatrizar. Dejar esa ventana abierta esperando mi vuelta ha sido lo más hermoso que ha ocurrido en estos últimos días, semanas. Pero no puedo evitar el punto de tristeza que supone cerrar mi libro favorito... dime al menos si existe la posibilidad de seguir soñando con mujeres desnudas, con niñas que enroscan un mechón de pelo entre los dedos, soñar y soñar con esa pareja que se deshace en confidencias en una esquina del jardín o con esa belleza que se masturba en penumbras en una terraza, mientras el galán afloja la pajarita de su cuello adelantando el momento, ya sabes cual. Me he permitido ese pequeño lujo, dejar que la mente ande suelta sin ataduras o nudos complicados, y siempre, siempre, se me ocurría una historia. Era posible lo que yo creí inoportuno y suicida, el miedo de hacer el ridículo se ha ido evaporando y ahora sólo queda una promesa de sueños sólidos. Por supuesto, tú has hecho que esto sea posible, ¿cómo? abriendo lo que ahora pretendes cerrar. No lo hagas, por favor, al menos intenta crear otro universo en el que quepan todas las historias que fluyeron en una imagen, en una quimera que comenzó a cobrar sentido.

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Sensaciones cruzadas, la ternura de los cuidados a un cuerpo recién mutilado, la mano traviesa buscando la humedad pegada en las bragas. Perder el tiempo que nunca muere en una conversación que se extiende hasta el postre y la extenuación de las velas; explicarte que fue una loca aventura en la que corrí el riesgo de estrellarme contra el quitamiedos, que se me nubló la vista -oh, sí- y perdí el conocimiento pero que la comida del hospital en realidad no es tan mala. Hacer risas mientras conoces mis gestos, averiguar los tuyos antes de la copa después del postre. Entre tanto esconder tu cabeza entre mis muslos. La ambigüedad me precede, llorar para no sentirme sola mientras me froto en tu pecho, estallar mientras gimo de placer. Conectar. Ya me siento bien, lo haces, de veras que sí. Sólo una cosa... no te pierdas, es que...

dime, ¿de quién voy a ser ahora princesa?


John Frusciante - Dark light

miércoles, 17 de octubre de 2012

Tu mala suerte me da ganas de abrazarte


"Tener todas las partes, aún no es tenerlo todo"




            Cómo llenar el hueco que aún no había sido acomodado en el colchón, con la calentura todavía encerrada entre las fibras del lino parsimonioso. Desperezándose la ciclotimia y la transmutación de piel. Sí, esa piel aún tibia y rasgada, escéptica, a los dedos del pintor y artista, creador de espirales en el sexo calado por una palabra a tiempo, una bien dicha, una palabra bien hecha. Susurrándole por la ventana a la mujer del sujetador negro “Date la vuelta, siéntate en el borde de la cama, separa tus piernas, ábrete para mí que te quiero absorber”. Y la Numen duerme desordenando los sueños que les fueron robados. Impropia a la ilusión del pensador de humedades.

Muy tarde, cuando el vino caliente aún no se ha evaporado en la copa, la luz se va y el teléfono suena y las cosquillas vuelven a su lugar haciéndose más luz pese a la plenitud de la madrugada. Princesa, actúo así porque me tengo prohibido dejar pasar las oportunidades de saber más de las personas inteligentes que rozan mi vida. Quimérico pero cierto. La desviste y le arropa el alma, pide el beso que aporta vértigo y olvido, la curiosidad por los paraísos desconocidos que no han sido inventados, o sí, pero son esos los que todavía se pueden encontrar cuando la persona correcta te da la mano. Tiene un punto de voyeur y le gusta ver, le gusta adoptar la pose de interesante curtido, hacedor de lisonjas trémulas, braceando entre suspiros de aire compartido y pompas atormentadas de confeti. Ser mayor y tener una dirección de email como la de ella es la vía en la que vocalizar la dolencia concerniente. No busques amores, cambia a amigos con derecho a roce. Los amigos no suelen fallar, el roce cubre tus necesidades y quizá alguno te de ese plus que se necesita para convertirlo en único.




Atado. Prohibido hablar. Mírame. Se toca. La mira, la va desnudando. Se sigue tocando. No hay más que unos hombros desnudos marcando la clavícula, el abismo de los senos curvados que sellaron la memoria de su vocabulario. Sus pezones que se endurecieron al crujir del tensar las cuerdas…

¿y a ti?






viernes, 27 de julio de 2012

"No existe la locura, sólo gente que sueña despierta"





Tener deberes me trae a la memoria mis comienzos e indagaciones en el mundo BDSM, mis experiencias y como he ido pasando de oscuros a claros y viceversa. No te hablaré de mi sexualidad, ya la conoces, ya me conoces y sabes bien cual ha sido mi trauma y cuales mis condiciones. Pero digamos que mi curiosidad por esta “cultura”, como muchos lo llaman, viene desde que estaba en el útero de mi madre; dirás que exagero, y pueda que sea cierto, pero ya sabes porque utilizo esa expresión.

Por pura diversión o entretenimiento caí en un chat con una sala dedicada el tema. Pensaba que sería la sala con más metros cuadrados de pajilleros del chat; imagínate los nombres: Calentito35, AmoPerverso, POLLONXXX, tuputita_, AmoDuro, Sexo_Con_Maduras y así hasta cien usuarios. Me quedaba leyendo el general la mayoría de las veces, ignorando los mensajes privados de los más calientes. Había muchísima gente que entraba pidiendo sexo directamente “Busco chica para correrme/se por cam” esa era la frase que más veces se repetía. Luego había un grupo de usuarios, que como suele ocurrir en cualquier chat, habían creado un vínculo de amistad por la cantidad de tiempo que llevaban frecuentando la sala. En ese grupo encontré la persona que me abrió la puerta cuyo umbral crucé más segura y con menos miedo. Durante meses fue como una especie de libro para mí, resolvía todos esos entresijos que con los años me habían estado desvelando algo completamente nuevo y peligroso para mí, y a cada cosa nueva que aprendía, más aumentaba mi curiosidad. Empecé a investigar por mi cuenta, pues en el fondo también pensaba que Trevor -así era el nick de mi “Maestro”- podía estar sugestionándome, mostrándome sólo lo que él creía correcto, sólo su punto de vista y no el resto de información que podía ser la que más me interesaba a mí.

Vale, ya tenía la información, ya sabía la teoría, pero me faltaba la práctica; y lo más fácil fue lo más difícil. Empecé a practicar sola, con alguien guiándome en la distancia, sola experimentando con cosas que ni siquiera sabía que existían. Estudié mi propio cuerpo hasta aprendérmelo de memoria, ensayé conmigo misma, examiné lo insospechado y me asombraba con cada nuevo descubrimiento. Cómo era posible que todo aquello formase parte de mí misma, de mi cuerpo, y sin embargo yo nunca había reparado en ninguno de esos puntos en todos esos años. Por fuera y por dentro, también. Porque algunos miedos desaparecieron cuando comprobé que no había peligro donde yo lo veía, la inseguridad se hizo más pequeña, los complejos desaparecieron y ya sólo vivía obsesionada con querer ser mejor, con querer usar todo lo que había aprendido en ese tiempo.

Tardé años en tener un contacto real y poder realizar todas las fantasías que se habían acumulado en mi cabeza, trabajar mis ejercicios onanistas en compañía y, de paso, manifestar que distancia, tiempo y fuerza es algo que se escapa de la imaginación, y eso era algo con lo que yo no contaba. Las primeras sesiones fueron las más duras, físicamente, que he experimentado en todo este tiempo. No conocía mi umbral del dolor, estaba capacitada para hallar el placer a través de la tortura de mis genitales y otras partes de mi cuerpo, era una agonía dulce para mí. Las marcas se quedaron ahí, trazando mis nalgas o muslos, varias semanas después. Tardaba meses en volver a tener esas experiencias, siempre con la misma persona, pero yo seguía preparándome para ello. Mientras, había otra praxis en la que yo no había reflexionado, más que nada porque no había considerado el no decir “no” absolutamente a nada. Era mi comportamiento, yo ya no era la misma. Sólo vivía para una persona, daba igual cuál fuera la hora del día que yo siempre estaba dispuesta a lo que fuera. Todo no consistía en el sexo, había decretos para vestir, actuar o alimentarme de una manera en concreto. Había regalos, había un enriquecimiento cultural ineludible, y muchos más preceptos que hicieron de mí una chica disciplinada, aunque en los momentos divertidos siempre surgía mi lado salvaje, mi insubordinación, que era una excusa más para buscar el castigo que me daba placer.

Y llegó el momento del 24x7, porque a pesar de que yo fuese una persona totalmente sumisa para mi compañero a 500 kilómetros de distancia, no fui realmente sumisa en todos los aspectos hasta que ambos empezamos a compartir casa. Entonces todo cambió, no perdí el interés pero había cosas que no veía lógicas, cosas que me molestaban, mandamientos que yo no estaba dispuesta a obedecer. Me di cuenta que había idealizado un mundo mucho más complicado de lo que yo creía, las fantasías estaban muy bien en la imaginación, pero cuando todo se hizo real había situaciones, posturas, hechos, que eran verdaderamente imposibles de realizar y concebir. Naturalmente hubo mucho más cosas que me llevaron al fracaso en aquella relación, pero aquí no lo voy a contar.

¿Lo que siento ahora? también lo sabes ya. BDSM es un conjunto de muchas cosas, en la dominación o en la sumisión no siempre existe el dolor. Que te aten a la cama exenta de movimientos puede ser BDSM, sin látigos, sin pinzas, sin consoladores para doble penetración. Y eso sólo es un ejemplo. Me gusta el sexo fuerte, muy sucio como dirían otras personas, me gusta muchísimo experimentar, conocer, poder decir que “esto me gusta” o “esto otro no me gusta”. Por eso quizás no me asusto o escandalizo cuando leo, escucho y veo determinadas cosas. Me parece perfecto que la gente consiga placer de la manera en la que ellos crean posible y conveniente, siempre que no sea dañado o forzado. Mi ética o moral nunca repara en ese tipo de cosas, va más allá de los medios para el goce ajeno. Lo que sí me fastidia es haberme encontrado gente que juzguen a las personas que disfrutan o realizan estas actividades globales. Habrá quienes encuentren en ello algún tipo de trastorno mental ¿por qué? ¿qué es lo correcto?. Y lo que más me enfurecía era saber que parte de todo ese rechazo venía de la forma en la que fue educada nuestra sociedad. Y yo, en cambio, sí que respeto cualquier tipo de vista.

Es tu petición, acerca de mi destreza, mis experiencias, mi visión sobre un tema que a ti te interesa ahora o desde hace tiempo. Pero no puedo ahondar en ello mucho más, hay cientos de páginas, libros o documentales acerca del BDSM, pero no creo que nada de lo que leas ahí te haga tener una idea de todo lo que hay. Yo no voy a descubrirte nada que no esté ahí, nada nuevo. Siempre te dije que yo no pertenezco a ese mundo ni a ninguno, no me gustan las etiquetas ni las clasificaciones. También te dije que no me considero sumisa o dominante porque soy ambas a la vez, y que conste que no siempre me estoy refiriendo al sexo, es el comportamiento también. Me gusta dejarme llevar y poder realizar las cosas que pasan por mi cabeza, me gusta compartir eso con la persona a la que amo y que nadie me juzgue por ello.

Podría contarte mil historias, más de las que ya te conté, pero ahora sólo estoy haciendo mis deberes.



jueves, 12 de julio de 2012

Cuerpo de neón






A las seis de la tarde la luz es perfecta para proyectar en tu piel la asfixia de las horas pesadas envueltas en ciclones de ardor. Hay una perturbación buceando en el precipicio de tus ojos, hay nervios deshilachando las fibras ópticas que me caracterizan, un músculo que late y pretende saltar por la boca potenciando el celo. Digamos que pasadas las seis de la tarde la temperatura equívoca invade tu claustro y ventana, que el único aire que viola tu balcón es el aliento de las hormigas apiñadas en los ajustados enjambres convertidos en microscópicos hormigueros, justo ahí enfrente. Y una nueva orden surge para los dos.


La cama deshecha en ovillos magullados detrás de ti, las arrugas de la tela desvelan la memoria anochecida, orgasmo sudado empapando las hebras que ahora contemplo tras tu figura. “También por la mañana” me dices, y sin querer o pretenderlo, haces que emerja un volcán de lava entre mis piernas y en la boca del estomago un agujero que me va engullendo. Entonces contemplo todo tu alrededor, me muestras tu espacio y refugio que yo retengo para mis anales con todo ese cariño que has ido rasgando día tras día. Eres tú en las estanterías, en los libros apilados, en el póster Anime en tu pared blanca, los muñecos y peluchitos esparcidos en la mesa, la luz nevada. Eres tú, con la sonrisa que colapsa todas las arterias que se cruzan en mi cuerpo. Tú, coqueteando tus dedos con la barba, adulando mis peticiones de niña caprichosa y consentida, rabiosa por un beso.


Comienzas a deshacerte del ropaje que te pusiste unos instantes antes de hablar conmigo. Primero la camisa, después el pantalón… me quedo callada conteniendo la respiración como si al hacerlo robara más tiempo al tiempo. Deseo tocarte, pero apenas puedo movilizar los músculos enjaulados por la lujuria de aquel día atrofiado. Corazones, love you. Se deshacen mis nervios en las risas que siempre me provocas con historias y gestos divertidos. Y es que tenerte desnudo delante de mí es como el zahorí que alucina al ver el oasis en mitad del desierto. Eres perfecto en todo tu físico, eres como a mí me gusta. Piel delicada planeando un destello de sensualidad hacia mí, torso poblado y bien proporcionado, piernas esbeltas y las nalgas más enjundiosas que jamás he visto. Nunca me han gustado los físicos de gimnasio, en cambio tú reúnes todos esos rasgos innatos que te hacen único, especial e irresistible para mí.


Ahora te sientas frente a mí, te reclinas hacia atrás en el sillón de tu habitación mientras te acaricias la polla separando las piernas, tal vez esperando cualquier movimiento por mi parte. No puedo dejar de clavarte la mirada encendida en deseo, estoy perpleja por el tamaño de tu miembro que me mira desafiante preparando el momento. Te susurro esas obscenidades que tanto te gustan con el fin de ver aumentar el tamaño de tu pene, y da resultado, ya despuntas más allá de ese infinito que no deja de ser el más profundo de los abismos. Deslizas la piel que cubre el glande entre tus dedos finos y alargados, aprietas el capullo con el vaivén de tu mano y tu cuerpo entra en perfecta sincronía con lo destilado por el mío. Deseo besarte, pero difícilmente consigo despegar los labios evaporados y ausentes de contacto.


De verdad, yo quiero causar ese efecto en ti…




Anathema - A dying wish

jueves, 31 de mayo de 2012

Abstracción





Y llegado el momento, en la locura desatada por el cambio de estaciones, un alma desnuda a un alma. Pieles afiliadas al flujo pletórico, al fluido sutil que engrasará la maquinaría que nos fuerza a seguir. El artilugio que sin distancias avivará todo lo que estuvo por venir, y al final acabó viniendo. Movimientos acompasados aunque ególatras para tu orgasmo y el mío, el estallido de los dos en el que por fin seremos uno. Urgencia pausada, provocada por lo que sólo tú consigues en mí, un recorrido infinito por el frunce de nuestras cortezas. Nada más dichoso que llenarte de mí, abrirte, escupirte, dilatarte, no hay nada más estremecedor que palpar todo tu interior. Mezclar aunando nuestros líquidos. Me completaré de ti, porque las almas gemelas se complementan, porque sólo tú podrías adivinar cada línea, cada vértice, de lo que me compone. Por dentro y por fuera. Llegar donde nunca antes nadie llegó, comprobar la evidencia de que hay un instante que siempre será eterno. Y ya no habrá pausas ni aplazamientos. Un infinito ilimitado, como tú y yo, como lo que siempre seremos.




lunes, 30 de abril de 2012

Endorfina romántica








Porque los recreos de vicios que se han inventado hay que jugarlos hasta el final, arriesgando y asumiendo TODO.
Porque la perturbación forma parte de mi filia y esa filia es mi propia naturaleza.
Porque descubrí mi sexualidad de atrás para delante.
Por todos los quizás, tal vez o ya veremos. Un handicap de miedos e inseguridades que entorpecen el acercamiento.
Por mi yo estúpido, ridículo y salvaje.
Por el demente que me engendró a su antojo, con todos los fallos y ninguna virtud.
Porque no se decir NO y a veces duele.
Porque el dolor me hace estar viva y sin aflicción siento que muero.
Porque no se vivir sin agonía.
Por la desmedida de lo que me invade.
Por tu ansiedad, tu intriga, abulia y peculiaridad.
Por el instante dilatado justo antes de caer el látigo o la palma de la mano.
Porque el impacto es la adrenalina y la adrenalina es la adicción.
Porque el fervor de tu piel sabe más intensa después de rozar un abismo en el aire.
Porque el orgasmo encarnizado y selvático sobre tus rodillas estimula mi punto antropófago.
Por la caricia que se siente diferente, única y especial.
Por tus huellas en mi piel con las variantes pigmentadas; señales de ser amada y haber amado.
Por la reminiscencia y el perfeccionamiento.
Porque la predestinación a veces sólo es un lamento compartido.
Porque estoy perdida y no se amar de otra forma y manera.
Porque se advierte el momento (necesidad) de  cambios.






The Cramps - Dames, booze, chains and boots

viernes, 30 de marzo de 2012

Ad libitum








Fue una noche densa, quizá algo turbia y confusa por las dos botellas de vino que habíamos consumido entre una nube de incienso y humo de tabaco. Existíamos aún, en ese microscópico colchón en una esquina de tu cuarto, insuficiente para tus centímetros de altura, limitado para mis torpes movimientos. Extenuados y rendidos. Nuestros cuerpos se hallaban inertes y estáticos cuando los primeros rayos del sol atravesaron la ventana, abierta de par en par. La persiana estuvo rota hasta comenzar la primavera, no fue por falta de tiempo, era tu desidia lo que te impedía arreglarla. Por suerte la tela vaporosa de las cortinas fue el filtro perfecto para tamizar la luz prematura.


Te despertaste cuando aún yo me dispersaba entre sueños y zozobras. Me gustaba dormirme de cara a la pared, mientras te daba la espalda, porque así tú buscabas el sitio perfecto en el hueco formado por nalgas y espinazo. Notaba, instintivamente, tu piel caliente pegada a la mía, la vehemencia lumínica de la filtración solar escurriendo y penetrando cada centímetro de epidermis. No sé en qué momento decidiste que sodomizarme mientras dormía, era el único tratamiento capaz de aliviar tu enderezamiento matinal y febril. Tal vez tu sexo advirtiese ya ese echar de menos, incluso antes de habernos despedido. Quizá fue la nostalgia pernoctada, ya sabes, esa velada carnal regada con el caldo pigmentado, el esparcimiento lúbrico.


Tus dedos trazaban un mapamundi etéreo sobre el pliego en el que se había convertido mi espalda. Podía intuir el inmenso precipicio entre hemisferio norte y hemisferio sur, nunca la superficie de la tierra me pareció tan sugestiva e intrigante. Exploraban los recodos descubiertos en la noche que ahora era resaca, todos mis ángulos reconocieron la sutileza de tus movimientos. Inconscientemente mi cuerpo se acoplaba al tráfico de las caricias fluidas, al antojo de la voluptuosidad acumulada en tan solo un par de horas. De manera automática enlazaste tu pierna entre las mías, separándolas con firmeza, facilitando así tu cometido, sin obstáculos o limitaciones. No tardé en reaccionar, quería girarme y pedirte que esperaras, decirte que aún no estaba preparada para un nuevo festín. Pero debiste reconocer la alarma en mi rostro, pues ahogaste mi súplica cubriendo mi boca con tus labios.


Ya no había holgura en aquel instigado espacio, adheridos vientre y pechos en la fría pared, ajustadas mis nalgas a la consistencia de tu miembro. Movimientos sincronizados cuando las punzadas y la molestia dieron paso al goce y la delectación. Tu polla se erguía sobre mi culo ansioso de ser profanado, mientras tus manos se apoyaban en la pared aprisionando mi cara y todo mi cuerpo. Las vibraciones se multiplicaron vertiginosamente, no tenía respuesta para satisfacer tanto placer apresurado. Y el estallido llegó cuando la exhalación luminosa era tan firme y evidente, como la certeza de haberme enamorado.




Diorama - Synthesize me