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miércoles, 29 de mayo de 2013

I'm in love





Te colocabas el antifaz negro, rojo oscuro, con tu mejor sonrisa, mientras yo me dejaba besar por el camarero del Titanic la primera noche del año. Eras guapo, mucho, probablemente el chico más guapo del local, pero yo jamás me habría fijado en ti, pues siempre me gustaron los feos, convirtiendo sus taras y defectos en algo maravilloso y extraordinario, algo que les hace especiales e irresistibles para mí. Te besabas con una chica preciosa, de infarto, probablemente la chica más preciosa del local. Pero en mi mente encajaba más un perfil homosexual en tu persona, porque cuando nos presentaron te asocié –sin querer- a la loca de pajarita roja a la que ahora gano a los bolos, tal vez porque fue él quién te saludó con más efusividad. Buscaste mi conversación y yo te respondía completamente embriagada por las nuevas sensaciones de la noche, un mundo se abría ante mí, estaba a punto de cambiar mi vida y yo sin saberlo me dejaba mecer por un deseo tullido, algo corrompido, por el paso del tiempo. Dejaba que el color de las luces refulgentes acelerara mi pulso tambaleante a las burbujas de la copa. Bailamos, creo, me hablaste de un sentimiento triste por la lejanía de tu familia, me parece. Y tu flequillo rebelde desapareció en la noche o fui yo, que me fundí con tu amigo y compañero, el del Titanic uniformado. Esa noche no advertí la importancia de tu presencia.

No pensé en ti, no reparé en ningún momento contigo, no se me había pasado por la cabeza volver a encontrarnos. Siempre voy creando una película en mi mente con todas las cadenas de sucesos, como ir encolando cada fotograma hasta que consigues un film de puta madre; es divertido y me ayuda a vivir las cosas una segunda vez, una tercera o quizás muchas veces seguidas. Era extraño, tu nombre salía en muchas conversaciones  sobre el mantel de la mesa entre semana, entonces a mí sólo me venía a la cabeza la imagen de tu pelo revolucionario y todos rodeándote en círculo para reírte la gracia, para aplaudirte en tu baile más estrafalario. No te voy a engañar, sólo había hueco para Jonathan en mis pensamientos, su beso, sus labios y nuestros cuerpos siendo uno en mitad de la pista, el idioma era lo de menos. Fueron curiosos los días en los que pensaba que había sido una triste pero excitada Cenicienta, una princesa rescatada de las mazmorras de un castillo tenebroso solamente por una noche, una en la que todo valía y yo era una persona más fuerte, no tenía miedo a las represalias, luz verde en el camino, diría B. Pero después volvía a ser encarcelada por un verdugo maldito, volvían mis ilusiones a ser sueños de papel quemado, esfumándose todo lo que había conseguido por unas horas noctámbulas.

Unas semanas más tarde un hermoso ángel se apareció en mi celda, abrió una ventana por la que me ayudó a escapar, aunque siempre debía volver, para que el carcelero no me descubriera, así hasta saber cómo romper definitivamente estas cadenas. Ese ángel sisea cerca de mi oreja, me lleva de un sitio, a otro, y me muestra qué mundo hay ahí afuera, qué puedo alcanzar yo, qué no debo perderme. Y el día cambió cuando me compré aquella camiseta naranja de Mickey Mouse, una copa de bienvenida, la música perfecta y tú hablándome pegado al oído para no despistarme.


La carretera uniendo puntos estratégicos con ruido de fondo. Una pequeña Italia donde el aroma se funde sobre la fruta de tus cabellos, donde los pingüinos nos hacen cosquillas hasta reventar las tripas. Tubos en la bolera donde los ombligos al descubierto recogen las babas de tú (también yo) despierto. Nuestros cabellos revueltos en el piso, mechones cortados mientras el té reposa. Y siempre hay una cena que inventar, un menú de tu inteligencia creativa, desayuno en la cama, la ducha sin agua fría resbala en las espaldas enjabonadas, mis camisetas en tu cajón, los ensayos del grupo los lunes por la mañana, la barbacoa y las fiestas post-incineración, música nueva, el cine sin subtítulos, el curry y perder unas partidas al billar. Y las luces de la feria, las bombillas brincando sobre nuestras cabezas mientras el agua se desliza campante bajo nuestras piernas. Un charco, otro charco, orgía en la discoteca, se ha hecho luz y tu cama me está esperando. Compartir tu hierba y caernos de risa con tomates en los ojos. Buscar un trío y acabar enredados en tres lenguas. Devorar la playa en una noche, inyectar la arena con la linterna buscando lo perdido en mitad de una borrachera. También pedalear y pinchar la rueda trasera de tu bicicleta, las tapas y las cuarenta y dos cervezas cuando "la lola" acabó pasando la revisión. Los cumpleaños, el legendario y el mundo naranja, una mosquitera, un festival, tarjetas. El hambre invisible acaricia mi nuca mientras llegas, cruzas el umbral, te espero, me rodeas y ya no puedo distinguir el azul o verde de tus ojos, sólo la suavidad de tu piel aferrada en mi cadera. 


Y ahora ¿qué te digo, amor? he atravesado todas las barreras posibles de tu mano, lo inimaginable son los alicientes que aún me hacen seguir caminando. Otra vez tu cama, la vainilla, la piedra con luz alumbrando mi primera vez, nuestra entrega. ¿Dónde estabas? te digo. Y mientras mis piernas se abren, mis entrañas acarician tu polla que nunca encuentra fin, mis pezones se revelan cuando la perfección de tus colmillos intenta dejar huella. Estamos haciendo el amor. No me voy, me quedo, porque tus sábanas y tu mundo es el único lugar en el que siempre quiero vivir. Porque ya conoces mi universo, no quieras perderte en el pasado que me encerró, ya no hay carcelero, solos tú y yo, y si no…, si no, siempre nos quedará Sudáfrica. 



viernes, 4 de enero de 2013

Ineludible







“Entra, solamente por esta noche te trataré como a una puta. Bailarás para mí sólo con tu minifalda negra, te subirás en esa mesa y contonearas tu cuerpo de la misma forma que lo hiciste cuando nos conocimos. No bajaras de tus plataformas de zorra imperturbable -¿lo he dicho bien?- porque la obsesión no nos dejará vivir…


                                       ... inclínate, separa tus piernas, abre tu culo, quiero ver lo que es capaz de albergar ese delicioso agujero. Quiero ver lo mojada que estás. Sé lo que te gusta, sé cómo lo quieres, he conocido muchas ingenuas como tú, suspirando por un hombre dominante, pero todas se rajan cuando ven la mordaza y el cinturón en su cuello. La humedad de tu coño revindica la dureza de mi polla, pero no te voy a dar el gusto. Sólo entraré en ti cuando aceptes que necesito llenarte con cariño, cuando comprendas que follarte es llenarte de amor, aunque sólo sea un instante. Pero esta noche no, esta noche serás únicamente mía”




Nachtmahr - Weil ich's kann

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Strange Affection







Perder la virginidad sin estar enamorada es como beberte una Coca-Cola a la que se le fue el gas. Faltan las burbujas, las chispitas de la espuma salpicando en el borde del vaso y en la boca de la botella, falta la urticaria del lagrimal y las cosquillas en la punta de la nariz. Pero te acabas entregando en el momento menos oportuno, cuando alguien viene a recoger tus extremidades mutiladas y abandonadas en la cima de una escombrera. Unos ojos azules y unas manos expertas en diseñar planos complejos, invocan la fierecilla interior que despierta después de un año de sequía orgasmal. Y te reconstruye soldando todas las piezas. Dos  relaciones fracasadas, un leve contacto con la otra oscura y temida dimensión, labios prisioneros y castigados por dos años, todo tenía sentido si ya habías tocado fondo hacia el final del verano.

Joder, se maldice mil quinientas veces. De qué sirvió coquetear con las pinzas, las siete colas, el pinwheel o las chinchetas. De qué sirvió la espera de rodillas, mojarse antes de que sonase el teléfono o acariciarse las heridas de la carne abierta. Admite que como experiencia no estuvo mal. Por ejemplo, el frío del acero endurecía la cúspide de sus pechos a punto de estallar; y el roce más leve hacía descender ríos de flujos piernas abajo. Sentir el cuero en sus muñecas, el plástico profanando su culo, la seda sellando su boca, todo el ritual desataba su instinto más perverso y suicida. Resonaba, entonces, unas palabras furtivas ahí dentro… en el sexo había empezado desde el final obviando la base. Y es que eso tampoco la preparó para el momento culminante, el momento especial que luego acaba siendo un vómito al borde del wc en plena resaca.

Entró en el ciclo de la autodestrucción, ofreció su coño explotando su sacrificio, sin penetración, pero dejando que las esquirlas tatuaran parte de su cuerpo. Desmembrarse le hacía sentirse viva, amputar cada noche su clítoris estimulaba su enardecimiento y a la vez se sentía sucia, inferior. Pero la humillación la encendía, la hacia volver una y otra vez, siempre en ese peligroso bucle. Así hasta que se perdió y tuvo que volver sola, desgarrada, sin ninguna esperanza en el amor, en otros labios que la rescatasen del borde del precipicio.

Pero siempre hay movimiento alrededor, gente gritando desde las terrazas, chicos que piden el hielo que sobra en tu copa, miradas que te sonríen detrás de una barra. Te vas envolviendo en tu cáscara, endureciendo los callos de tus dedos, falsificando las huellas y el tacto de tus manos. Y te niegas a ver que algo bonito puede esconderse dentro de ti. Entonces llega el príncipe azul a salvarte, quiso extraer las esquirlas clavadas, pero ella estaba tan borracha…los ojos vidriosos enturbiaban su maldita visibilidad. Quizás por eso comenzó a imaginarse el cuento, en lugar de vivir la realidad.

Ese cuento que comienza así…

*estoy demasiado alcoholizada para continuar escribiendo, esta noche sólo tengo fuerzas para arrojarme en tus brazos y dejarme follar con amor por la bestia púrpura.


miércoles, 17 de octubre de 2012

Tu mala suerte me da ganas de abrazarte


"Tener todas las partes, aún no es tenerlo todo"




            Cómo llenar el hueco que aún no había sido acomodado en el colchón, con la calentura todavía encerrada entre las fibras del lino parsimonioso. Desperezándose la ciclotimia y la transmutación de piel. Sí, esa piel aún tibia y rasgada, escéptica, a los dedos del pintor y artista, creador de espirales en el sexo calado por una palabra a tiempo, una bien dicha, una palabra bien hecha. Susurrándole por la ventana a la mujer del sujetador negro “Date la vuelta, siéntate en el borde de la cama, separa tus piernas, ábrete para mí que te quiero absorber”. Y la Numen duerme desordenando los sueños que les fueron robados. Impropia a la ilusión del pensador de humedades.

Muy tarde, cuando el vino caliente aún no se ha evaporado en la copa, la luz se va y el teléfono suena y las cosquillas vuelven a su lugar haciéndose más luz pese a la plenitud de la madrugada. Princesa, actúo así porque me tengo prohibido dejar pasar las oportunidades de saber más de las personas inteligentes que rozan mi vida. Quimérico pero cierto. La desviste y le arropa el alma, pide el beso que aporta vértigo y olvido, la curiosidad por los paraísos desconocidos que no han sido inventados, o sí, pero son esos los que todavía se pueden encontrar cuando la persona correcta te da la mano. Tiene un punto de voyeur y le gusta ver, le gusta adoptar la pose de interesante curtido, hacedor de lisonjas trémulas, braceando entre suspiros de aire compartido y pompas atormentadas de confeti. Ser mayor y tener una dirección de email como la de ella es la vía en la que vocalizar la dolencia concerniente. No busques amores, cambia a amigos con derecho a roce. Los amigos no suelen fallar, el roce cubre tus necesidades y quizá alguno te de ese plus que se necesita para convertirlo en único.




Atado. Prohibido hablar. Mírame. Se toca. La mira, la va desnudando. Se sigue tocando. No hay más que unos hombros desnudos marcando la clavícula, el abismo de los senos curvados que sellaron la memoria de su vocabulario. Sus pezones que se endurecieron al crujir del tensar las cuerdas…

¿y a ti?






miércoles, 10 de octubre de 2012

Pulsómetro






Se apagan las luces aunque nunca fue del todo la noche, aunque la oscuridad no siempre es el disfraz más adecuado, ni siquiera el marco perfecto para desanudar el ardor in crecendo, más, los anhelos que fueron refugiados. Digamos que la situación requiere cierto preámbulo y hay que cuidar esos pequeños detalles para sentirse en perfecta sintonía. Total, siempre acaba siendo cosas de dos; aunque sólo sea uno el que vomite las entrañas por la boca, aunque sólo sea uno el que acabe follándose el otro corazón. Los protagonistas ya están preparados y el juego está a punto de comenzar. Se bajan las persianas, se corren las cortinas y la penumbra se convierte en una tela sutil que disimula a los amantes en ese mundo cruel al otro lado del escaparate. Mibal 2008 junto al amplificador, contraseña y esto acaba de empezar…

La perspectiva es tan interesante como provocadora. El hombre desierto de ropa tumbado en su largura sobre la cama blanca, procede a materializar la ficción pornográfica de una epístola inconclusa pero sin llegar a ser marchita. Excitación claramente visible en el cuenco de sus manos, sumo deleite y goce para ella que enmudece para no entorpecer la función. Recorren sus ojos la carne tibia y depurada -tenue-, tupida en esa zona que alberga el mayor de sus propósitos, esa dicha raramente encontrada y que sumamente ha codiciado en el transcurrir del tiempo. Bailan los pies desnudos en el precipicio de la cama, tal disposición no coincide en fetiche y sin embargo hay gula, apetencia, en devorar  cada uno de sus dedos, esas pequeñas y delicadas arrugas. Bullicio en el otro extremo, donde el vientre zarandea una convulsión urgente propiciada por el movimiento de caderas. Sus manos empuñaban el gran falo, núcleo nostálgico, creador de alusiones lúbricas y obscenas. Ella miraba mientras se relamía, la verga que aumentaba en tamaño y grosor era su única ambición. Pensaba la cantidad de veces que había sentido esa polla bajo la palma de su mano. Evocó aquella tarde en el cine, últimos asientos, la mano de ella palpando la dureza de un miembro que fue suyo mientras supo retenerlo. Los dedos de él que se introducían con una facilidad abrumadora en el coño de ella, anular y corazón mojados en un vicio postergado durante mucho tiempo. Por un instante cerró los ojos, escuchaba una melodía británica, y la banda sonora la condujo al parking de su trabajo, al asiento del copiloto. Manos impacientes desabrochando los botones tras lo que se escondían sus pechos, bocas que se comen a plena luz del día, sexos inflamados bajo la tela. Ella siempre fue de él, su coño siempre fue el único templo en el que poder entrar y venerar a esos estúpidos dioses. Abre sus ojos y las pupilas fotografían la imagen del momento, huevos hinchados a punto de reventar, respiración intermitente, acuciada, y la polla estrujada por las falanges comienza a derramarse. “Soy tuya” le repetía muy cerca de su boca. Mientras él salpicaba y esparcía su semen caliente por las grietas del cristal, ella hundía sus dedos en la humedad de su raja hasta correrse con él.

“Sólo me excito así contigo, te lo debía” dijo él. Entonces ella pensó que había sido un bonito detalle, un regalo anticipado, pero no imaginó que hubiese más, no más de un orgasmo enclaustrado y asfixiante. Ambos conocían sus pulsos desde hacia años, y el sexo anal siempre fue la mayor de las lujurias. La noche estaba siendo larga después de intentar dormir la frustración, pero siempre hay alguien que llama a la puerta cuando menos lo esperas, entonces las sorpresas no tardan en llegar.





lunes, 10 de septiembre de 2012

Quebrantando la madrugada





“llevo tanto tiempo deseándote que cualquier día me voy a transmutar en alma errante en tu habitación a las 5 de la mañana para aberrarte a base de bien”



y yo llevo tanto tiempo exenta de caricias que me derramaría como desbordan los ríos, formando ciénagas en las rosquillas de los caracoles de agua dulce.

Será esa la razón por la que me despierto de madrugada, como si un tacto invisible resbalara entre las sábanas, como si las antenas de los gusanos de luz abrumaran con su destello el hueco de la almohada. Y no pensar en un rato que tu presencia es la partícula fugaz en el tiempo, y que tu voz fue la que rompió mi soledad histérica tantas noches, salvándome de la oscuridad que estaba por venir. Ahogarme en mi propio charco, rezumando mis propios fluidos, y emerger, hiperventilando, tu aire que ahora también es mío.

Será que acepté, por fin, que mi peso no era el tuyo y que tú no debías soportar mi carga. Que mis venas fueron más largas que un cable de alta tensión, dispuesto a saltar las chispas una vez te vuelves a balancear, mullido y extensible, rojo y oscuro, con la velocidad de la luz. Y aunque mucho me pesasen los párpados, tenía que volverlo a intentar.

Vamos, estrella fugaz. Entra y llévame, alma errante. Despiértame e invítame a volar, que esta habitación empieza a ser sombría, que entre mi sueño, que tú velas, y los tuyos, no olvidados, yo quiero nadar.


Fever Ray - Keep the streets empty for me


lunes, 20 de agosto de 2012

Y tú ¿qué quieres?





Carlos en plena pose metafísica, dejando crecer su extremo más liviano y perverso mientras recorre el tacón de las botas de Inés con la punta de la lengua. Hay un brillo infame en su mirada, una sonrisa malévola que podría presagiar sus próximos movimientos, pero sus manos atadas y pegadas a la espalda le prohíben comportarse con espontaneidad.

Inés se ha deshecho del látex, completamente desnuda conserva sus botas negras, su ligero y las medias exclusivas para la ocasión. Camina recorriendo el espacio disponible en la habitación, mientras siente la mirada de Carlos traspasando sus curvas, agujereando el bamboleo de sus pechos perfectos y redondeados en cada paso, adivinando parsimoniosa su próxima frontera.

-Yo te diré lo que quiero, Inés. Morderte, comerme tu boca mientras beso tus labios, acariciar tu lengua con mi lengua. Dibujarte una espiral misteriosa y oscura entre los pliegues que cubren tu sexo, trazar una curva ininteligible y confusa con la punta de mi lengua desde tu coño hasta tu ano. Y detenerme ahí para explorar con determinación el galimatías de tu anatomía. Eso es lo que quiero, Inés.

-Mmm y eso es lo que te ofrezco, lo que tendrás, Carlos. Mi boca infinita que llama a tu boca, mis labios insaciables, ansiosos de ser besados, mi lengua que espera atarse a la tuya, sin fin. Las brechas, supurando lo que hay en mí, aguardan los misteriosos espirales que ahondaran en el perineo. Efímero trayecto, pero te garantizo que la travesía será entretenida.

La chica de la página de contactos se sienta en el sillón de cuero blanco de espaldas al ventanal, separa sus muslos apoyándolos en los brazos del sillón dejando al descubierto su parte más intima. Y es que en esa posición Carlos obtiene un perfecto primer plano del coño de Inés. Ella lo sabe, por eso desliza sus nalgas hasta el borde del sillón, exponiendo al máximo sus dos agujeros. Desde su trono observa la excitación de Carlos, arrodillado a escasos centímetros de ella, manos atadas, miembro creciente, chorro de babas. Le gusta mantener el control, jugar con los espacios y el tiempo, acelerar el pulso y el ardor de su compañero de juegos. Por eso decide ponerlo a prueba, lo hace separando los labios que esconden su clítoris voluminoso, un botón abultado por el placer que obtiene al contemplar la sumisión de Carlos. Éste deja al descubierto la urgencia, la necesidad, de calmar el despertar de su centro de gravedad, su polla habla por él susurrándole a su Ama todo lo demás.

-Ven aquí. Voy a cumplir tu deseo, Carlos, quiero que te comas todo mi coño.
-Qué dicha, se deshace mi boca deseando catar semejante manjar.

Carlos acorta los escasos centímetros que le separan de Inés, ya puede percibir la fragancia a flujo, a sexo húmedo, que esconde la entrepierna de ella. Coloca su cabeza entre sus muslos, acerca su boca al corazón derramado en una marea gelatinosa. Ahonda su lengua en la profundidad de esa concavidad delirante, aparentemente estrecha, y sin embargo dilatada hasta extremos insospechados. Su lengua entra y sale del coño de Inés a un ritmo frenético, se va derritiendo ella en sus labios, se vacía en su boca una y otra vez, mientras el hombre, en actitud de perro hambriento, comienza a dibujar caracolas en los milímetros que separan coño y ano. Cuando la lengua se adapta al nuevo orificio, un torrente de flujo empieza a llenar la boca de Carlos, que bebe el elixir con una gula desmesurada. Justo en ese momento decide tomar la iniciativa, acerca su boca a la boca de Inés, introduce su lengua impregnada en flujo y explora todos los huecos que componen la entrada más húmeda de su cuerpo.

-Y tú, Inés, ¿qué quieres?
- Lo que yo quiero es ponerme un par de zapatos rojos y empezar de nuevo.




Gravity Kills - Hold

miércoles, 15 de agosto de 2012

Todo lo que tú quieras




Inés sale de la habitación enfundada en un traje negro de látex y con un látigo de cuero trenzado en la mano. Es una de esas chicas que se anuncian en un catalogo reservado a los contactos sexuales, un trabajo parcial que le ayuda a pagarse sus estudios de psicología.

Carlos espera su regalo semidesnudo, sentado en el borde de la cama, prestando especial atención a los tacones de la botas de la domina que se anunciaba en el catálogo. Es uno de esos chicos que roza los cuarenta, reservado, tradicional. Un alma solitaria que requiere esos pequeños roces que le hacen alimentar su envoltura romántica.


-Me cuesta imaginarme sumiso, no es que sea una persona dominante, pero me cuesta pensar en mí haciendo cosas que no deseo…
-Tranquilo, estoy aquí para hacer lo que tú quieras. Pero cuando llamaste y preguntaste por mí en la agencia, pediste que viniera exactamente así. ¿Te arrepientes?
-No es eso, hace algún tiempo que vengo fantaseando con todo ese rollo de la dominación, el rol de sumiso, varas disciplinarias, etc. Verás, cuando imagino algo así, cuando fabrico la película en mi cabeza, siempre veo a una mujer de ese modo, así como vas vestida tú; látex y tacones.
-Pero hombre, puedo seguir con el látex y el látigo entre los dientes mientras tú me azotas. No hay problema, el rol de switch es el que mejor me representa.
-Perdón, no entiendo qué quiere decir eso de “switch”
-Pues que puedo ser una persona pasiva, dejarme usar a tu antojo, obedecer tus peticiones, y también puedo ser la persona que te controle a ti, ejercer mis deseos de manera dominante en tu persona.
-Pero yo no quiero que te duela, tampoco quiero que me duela a mí. Yo quiero excitarme mientras te observo caminando por la habitación. Quiero ver cómo se endurecen tus glúteos bajo la goma negra, me gustaría sentir tu abultado pecho en mis manos, traspasando la tela.
-Estoy aquí para ti, cariño. Esta tarde soy toda tuya, y vas hacer conmigo todo lo que tú quieras.
-Lamer tus botas, eso es exactamente lo que yo quiero…




Inés y Carlos no saben que esto sólo es el prólogo de un libro que aún no se ha empezado a escribir.




Einstürzende Neubauten - Silence is sexy



Pd. gracias a ti  por la imagen



martes, 10 de julio de 2012

Conectando







Verano, viaje por carretera. Palomitas con colacao, pies descalzos y Othello. Dormir y soñar. Golondrinas, brisa en la estepa, nube gris advirtiendo la ciudad, sol acechando. Humo. Provincia homónima, historia y río. Plaza, almendra tostada y pan de higo. Jamón y Melibea, café al sol en la cuesta que lleva a su casa. Casa pintada, cena y velas. Amanece. Adiós medioevo, saludos a la sabana de ríos tintos. Piedra, verde, azul cielo, tortilla y paté en el capó. Sube y baja. Atardecer, campo. Balancear los pies en los tatuajes de tu espalda. Otra vez tú. Risas, tapón, olor a gasolina. ¿Dónde te has dejado la cabeza?. Reconquista, vestigios árabes y romanos. Río y vida. Amor, siempre estuve aquí, no me adecué a tu velocidad. Desnudos, corriendo descalzos, colocados, beso, pies mojados. Dolores, ternasco, Cariñena, baja la presión, amor en “colorao”. El Señor Marrón no se equivocó, el Señor Blanco es “el limpiador”. Iglesia, castillo, cerveza, madeja, “idiota, soy yo quien te quiere a ti”. Carretera, Placebo, ¿dónde está la bola?. Pijo, mojito, vodka, chupito, sangría de cava, burbujas, aquí te pillo aquí te mato. Hacer que no te veo cuanto tú me ves. Recuerdo, valle, coche, música, salpicadero y el mapa el cruce de pliegues en nuestros cuerpos. Calor, no tengo pijama, sábana húmeda, piel sedienta. Agua, jabón, acaríciame la espalda. “Tú, metete en la cama”. Frío, luna, estrellas y ventana, cielo… tengo ganas de ti, llama. Escultura de enamorados. Vino, Baviera. Otoño en verano, café, paseo, Desengaño. Siempre estás tú, Barcelona nos espera, septiembre es verano, ven… vamos. Te quiero respirar. Carretera, noche cerrada, quiero tu mp3. Mi amiga, tu amigo, mi amigo, tus amigas, tú (yo). Nunca yo (él). Reír y llorar. Remar, nadar, beber, tocar, fumar y alucinar. Dormir, soñar, tocar(te). Vino, cava, follar, bailar, besar, contar hasta tres y saltar, deslizar(nos), follar, arena y humedad. Llama, desgana. Despierta, resaca. Dame, quiero más.






Placebo - Every you every me

sábado, 9 de junio de 2012

Núcleo umbilical





Decía que salió de mi ombligo y que si respiraba muy fuerte se hacía añicos. Me pidió que le diera la mano y que fuese yo válvula e inhalación, de ese modo evitaría la caída. Que respirara por él, pero es que a mí ya no me quedaba ni una sola bocanada de aire en todo el cuerpo. No me fui muy lejos, tampoco quería verlo hundirse o evaporarse, pero ¿qué podía hacer yo? nada más que abrirle la boca, empujar la lengua y apretar los labios mientras hendía en el humedecimiento de la caverna. Prestarle un pequeño soplo aunque también decía él que era un desaforado donativo, pues ese oxígeno no era retornable, ya no volvía a su origen. Allí se enredaron los alientos, nos quedamos vacíos los dos. Y nos equivocamos los dos, pero yo sigo aquí. Ahora y contigo. Renovada, dispuesta a empezar de nuevo.