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viernes, 1 de febrero de 2013

Post Scriptum: soñar es gratis






No se nada, por supuesto que no se nada, ¿cómo iba a saberlo? si cada día el mundo se vuelve más loco y yo voy sumando un par de horas más, unas cuantas arrugas más; y sin embargo, por dentro, todo sigue intacto.

Quería un día especial, a pesar de lo agnóstico, porque siempre me siento ambigua, también como tu Mr. Hyde, pero a lo mejor más lejos de lo oscuro, más cerca cada vez de la luz y todo ese rollo de armonía espiritual  Pero los días especiales aún no están disponibles para mí, aún no he conseguido resolver los entresijos -eso parece- y están tan prohibidos como los besos robados de madrugada.

Me asusta que la gente hable de suicidio, me entristece que la gente manche cuadernos con tinta desconocida, que la frivolidad florezca y conviertan en banalidades la pena que otro arrastra. Que nadie se de por aludido, por favor, porque estoy cansada de tanta acotación. Todo lo que leo fuera del mundo blogger, el cine, la traducción de las canciones que escarpan siempre más allá de., esa lámina protegida por un plástico, una capa de barniz, un cristal, disfrazan la palabra suicidio.

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Su voz se entrecortaba, se perdía el hilo que la suspendía como alejándose en el tiempo. Pero, curiosamente, en el tono apaciguado y tremendamente triste, había un punto de resignación. "Ven, mi hija se ha cortado las venas". Y cuando cuelgo el teléfono todo se vuelve amarillo y sólo recuerdo el impacto contra la mesa del salón. ¿Se habría sentido ella igual aquella noche de hace dos años?. Nunca volvimos a hablar del tema, no me interesaba su opinión, o como dice la loquera, puse una capa encima de otra para olvidar, pero es cierto que las cosas enterradas casi en la superficie al final acaban saliendo tarde o temprano. Ha perdido mucho peso, mucho, un saco de huesos con ojos morados y la piel más blanca que he visto en mi vida. No le pregunto qué hizo, por qué lo hizo, sólo que está horrorosa y que ha fastidiado el día de mi cumpleaños, que vaya pensando la manera en la que compensarme por todo ello. Ella me habla de las dificultades para cortarse las venas, que no tenía cojones y la cuchilla se le resbalaba de las manos. Que no sabía si hacerlo en la bañera, en su habitación, en el piso de su ex. Y que, por supuesto, no es tan fácil como te lo pintan en las películas, en las pantallas del cine. Que la hoja de la cuchilla quema, se atranca, y al principio la sangre no brota, pero después te entra mucho sueño. Que no vio ninguna luz, nada de polladas, dice ella.


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Ni sabía, ni esperaba nada.

Solamente me dio tiempo a una ducha rápida para deshacerme del olor a hospital adherida a todas mis pieles. Mi jefa me llamó con un ataque de ansiedad, es mi día libre pero me pide que me vaya con sus hijos hasta que ella llegue de la ciudad. No le sale cuatro palabras juntas entre tanto llanto. "Lo de siempre, sólo sabe hacerme daño, necesito a alguien que me quiera y que se movilice por mí". Me cago en los clavos de Cristo, su ida de olla es más grave de lo que yo pensaba.

Cuando llego a casa procuro no abrir la puerta con mi juego de llaves. Él preparando la cena, la gata enroscada en el sillón con uno de los niños, y el otro acabando sus deberes en la habitación. Había un rico olor a hogar, y no era exclusivo de la sopa de fideos, también era la luz y la temperatura, muy cálidas. Se sienta y me mira mientras suspira hondamente. Lo sabe, sabe que ella ha perdido todos los papeles, que ya no tiene excusa, y sin embargo me manda allí, con él... "Un puto papel, un puto informe médico y todo tirado por tierra". Le escucho, saco dos cervezas del frigorífico, le ofrezco una y él pone un cigarrillo en mis labios, pero yo no fumo. Sigo escuchando su tormenta, intento recomponer los trozos fragmentados. Dos cervezas más, otras dos, dos más, otras dos, y otra, y otra... Los niños se han ido a la cama, nuestra cena se queda fría sobre la mesa, nos dejamos caer en el suelo de la cocina resbalando apoyados en la pared. La gata se frota con nuestras rodillas juntandonos de pelusa blanca el pantalón. Inclina su cabeza buscando mis labios y su boca se estrella en mi cuello, en la cremallera de mi jersey. Hay un instante de debilidad, si cierro los ojos... quizás... tal vez pueda verlo, pueda sentirlo a él, pero no. Por mucho que desee unos labios y ser besada no es él a quién amo.

Por qué complicamos las cosas, por qué asume un derecho que no es suyo, por qué la libertad sólo existe en la palabra que se escribe. Por qué la debilidad me convierte en su presa, por qué no te cruzaste antes en mi camino. Como siempre, yo no tengo sus respuestas, ni siquiera las mías propias, en realidad no sé, no espero nada. "Siento estropearte la noche" y mi noche era mañana. Entonces le hablé de él, de mis prioridades, de mis cambios de humor y mis desvarios de niña caprichosa.

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Quería un día especial y algunas personas lo hicieron posible. Mi cuñada me prepara una fiesta que consta de dos partes: un almuerzo con mi familia con una entrega de regalos sin precedentes, mera formalidad que hace que vuelva a revivir parte de mi infancia. Y una reunión de amigos el sábado por la noche, una reunión con muchos chicos guapos que están deseando bailar conmigo.

Una amiga a la que hace tiempo que no veo me invita a cenar, y de repente el clásico de la Copa del Rey llega a nuestra mesa, mientras la tuna me regala el oído. Qué romántico...

Mensajes fríos, impersonales... "pásalo bien" "aprovecha este día" "disfruta", etc. ¿En serio? por favor, de donde se han sacado esas plantillas?. Pensé que un día así algo podía ser distinto, aunque mi comportamiento unos días antes hubiese sido reprochable, era mi día, como entonces fue el tuyo.

Pero de repente llega alguien, una persona a la que un día, hace mucho tiempo, le dijiste que día era hoy, y va y se acuerda. Y te llena de palabras bonitas que no sólo se quedan en palabras, y te regala una tarta poco convencional mientras pone en marcha el reproductor de música. Y te habla de todo lo creativo, de la familia, del amor, de la amistad, de la soledad compartida. Y tú, por una vez, te sientes especial.

Gracias.




Ps. me dijeron que soñar es gratis, y por eso me colaba yo en almohadas ajenas. Yo continuo preguntándome cuando se va a terminar todo esto, mientras el chico hardcore sigue sin actualizar.


Red hot chili peppers - Under the bridge

sábado, 29 de diciembre de 2012

Todo lo que fue






Estos días anduve haciendo limpieza de armarios; ropa vieja, cosas que vas acumulando en el fondo de un cajón, en los compartimentos de una cómoda, cajas repletas de nimiedades -sin utilidad- que acumulas por simple dejadez. No por acabar el año, sino porque hacer limpieza de armarios me ayuda a pensar sin llegar a volverme loca o dramatizar con determinados asuntos. En una de las cajas encontré mi viejo contrato de sumisión, es curioso que no lo guardase en la caja de juguetes, todo relativo a mi segundo ex; y en cambio que lo hiciese junto a unos poemas que me regaló mi primer novio, cuando aún estábamos en el instituto. No voy a mencionar las partes eróticas, ni las relativas a la mente de la sumisa y la dominación del que fuese mi Amo. Había un punto, en concreto dentro de los deberes y obligaciones de la sumisa, en el que debía hacer un balance anual al acabar el año. Era, junto a un test de cien preguntas, una forma de contemplar mi evolución, ser consciente de las cosas que había cambiado de mí misma, mi carácter o mi sexualidad. Pero en realidad, en esos años de mi vida, poca cosa cambiaba, al menos de forma consciente. El único riesgo que asumí fue el éxodo a la gran capital, dejar a mi familia, el trabajo, mis amigos y una relación de nueve años con cuernos incluidos a cambio de salvar mi vida y, de paso, cumplir un sueño.

Me senté en el borde de la cama, con las cinco hojas del contrato grapadas en una mano, pensando en las montañas rusas, en los días grises, en los claros, en la gente que ha entrado y salido de mi vida, en los trabajos que he ganado, en los que he perdido, en la muerte, en los nacimientos, los accidentes…yo, cómo he llegado hasta aquí, justo a este instante, todo eso sólo en este año. Y pensé en hacer un balance, no se si el primero de una pequeña lista, en lo que espero siga siendo mi blog por muchos años. Pero seguro que sí me da por leerlo dentro de tres, cinco o doce meses, apreciaré lo que hubo y lo que queda.

Comencé el año sin trabajo, como tanta otra gente del país o la mayor parte del mundo, en casa de mis padres, en un pueblo que no aparece en los mapas, donde tuve que volver después de vivir unos años en una ciudad muy grande con más posibilidades que fracasos. Y aquí todo se volvía decepciones y una frustración que pesaba más que cualquier otra cosa. Me preparé un par de cursos para ocupar mis horas muertas, y de paso, engrosar el currículo en el apartado de formación académica. Retomé la amistad con un amor platónico, al que un año antes tuve que renunciar, por mí –no quise correr el riesgo de ser aniquilada- y por él que había encontrado una persona que fue su tabla de salvación. Mientras un arquitecto, el hombre más perfecto que he conocido en mi vida, se desvivía por llevar a buen puerto una relación que no era correspondida, porque yo sólo veía unos ojos azules, los más hermosos que he visto en mi vida, y un amigo con el que beber y reír mientras te metes mano por debajo de la ropa.

Continuaba escribiendo en mi blog de temática variada, comentando qué ópera había descubierto y me había entusiasmado, mis excursiones a otras capitales, un certamen de poesía, un festival de teatro o un libro que me había hecho reflexionar. Pero nunca hablaba de la reflexión, de las cosas que me importaban, de las que se enquistaban o se perdían en un estrecho circuito de conexiones imposibles, entre la cabeza y el corazón, por ejemplo. El mundo blogger no me interesaba, sólo leía a dos tipos sin llegar a comentar en ningún momento. No me gustaba la conexión con otros bloggeros, por eso jamás habilité el sistema de comentarios en mi blog de temática variada. Pero un día, uno de esos en los que te ves más alta que de costumbre, decidí dar a conocer mi existencia, sí, a ese tipo que me asustaba y me atraía y, a la vez, me hacía soñar despierta con otros mundos desconocidos y abismales. Y a partir de ahí surgió una sincera y bonita amistad. Me animó con mi cuadernos de escritos fantasiosos, estos que ahora están aquí hilvanados con pespuntes del presente, me alentó para continuar escribiendo pero aquí, abriendo este blog casi juntos de la mano. Por eso siento que la otra mitad es suya. Creo que a partir de esta creación las cosas empezaron a cambiar bastante…Lo que comenzó siendo un lugar en el que registrar las cosas que iban surgiendo en mi imaginación, acabo siendo el diván de la consulta de un psicólogo. Aquí puedo ser lo que no me atrevo, yo misma. Puedo contar que me he enamorado por primera vez sin que nadie vea cómo me pongo roja, puedo llorar mil lágrimas sin hacer que se corra la tinta, puedo inventarme un mundo en el que esté todo lo que yo quiera, en el que no entre nada de lo que me disgusta. Aquí puedo hablar sin tartamudear y sin que me de vergüenza, puedo hablar de mis experiencias en el bdsm o de cómo me siento en el sexo sin temor a que me vean como un bicho raro. Siento que aquí todo es posible y que siempre me espera alguna sorpresa.

Tenía mucho a mi favor, mucho ganado, abriendo un blog que me aportase sensaciones inesperadas. Pero fuera del cosmos virtual también cambiaron las cosas. Y no fue del todo gracias a mi trabajo, al menos no en la mayor parte. La misma persona que me alentó a seguir escribiendo se tomó el esfuerzo y la molestia de quedarse para descubrirme a mí misma, a pesar de mi ciclotimia, de mi poca madurez, mi frialdad y mi fealdad de dentro y de fuera. Sin él no supe ver qué secuelas me habían quedado del pasado, por qué me he valorado tan poco, por qué me detesto y me da miedo tener una relación sana o normal. Su presencia ha sido fundamental para que me relacione con la gente, para salir de casa, hacer lo que haría cualquier chica de mi edad, ser femenina o usar tacones, aunque parezca frívolo o estúpido, pero aprender a caminar con zapatos altos también ha servido para aumentar la seguridad en mí misma. Me valoro mucho más o simplemente me valoro porque antes no lo hacía. Confío más en mí y en los demás, he perdido miedo, torpeza, inseguridad, y he ganado ilusión y fuerza. Existe algún pero, y evidentemente muchas cosas en las que mejorar, pero hoy no tienen lugar en este post, no quiero emborronar todo mi agradecimiento.

Lo más sorprendente de este año que se va es que he vivido los mejores y los peores momentos de mi vida, y aún me pregunto cómo es posible que lo mejor y lo peor quepan en el mismo sitio. No sólo han muerto algunos de mis familiares, también fui al funeral de una de mis mejores amigas, aún no había cumplido los 31 años. También murió el arquitecto perfecto de manera inesperada, no nos dio tiempo a despedirnos… sólo nos dijimos “hasta el próximo sábado” sin terminar de arreglar los problemas que nos mantenían cada vez más alejados. Acabo el año accidentada, tentando la expiración y agradeciendo continuar con vida. Cosa, que por otro lado, me ha hecho ver quién de verdad me acompaña en el camino. Por los demás temas puedo pasar de puntillas, líos judiciales que no van del todo conmigo pero me han dejado muchas noches sin dormir ni gota. Trabajos temporales que me han mantenido un poco en activo cuando me creía oxidada, gente que entra en mi familia y me regala el espacio que a veces me falta, un lugar en el que poder dilatarme cuando siento que me ahogo o no tengo terreno en el que correr. Decepciones, supongo que es inevitable sentirte decepcionada en distintos niveles: sociedad, política, amigos…yo presumía de frialdad, pues creía que siendo de esta manera nada ni nadie podría dañarme, pero siempre hay una primera vez. Y esa primera y gran decepción en mi vida, desde hace dos meses, pertenece al pasado. Algo que ni siquiera merece la pena nombrar aquí.

Resumiendo, el 2012 ha sido el año en el que me he reconciliado conmigo misma, he tenido tiempo de conocerme y cambiar lo que no me gusta de mí por las cosas que más me importan. Se puede decir que he crecido, eso creo yo, porque los años de la pubertad empezaban a oprimir los pulmones. Olvidando las partes oscuras me quedo con haber conocido a una de las personas más importantes de mi vida, la que sin duda es la causa de que yo esté aquí. La que sin duda merece lo mejor que pueda ofrecer el mundo. Por la que merece la pena seguir y mejorar en los fallos. Ha sido el año de las sorpresas, porque he descubierto que aquí sí se puede conocer gente, que lo frívolo o las banalidades existen si las ves con otros ojos, pero que hay mucha gente que te regala algo suyo sin condiciones. Y lo incondicional nunca estará pagado.

Es un tópico muy típico, pero sin hipocresías, os deseo todo lo mejor de lo mejor para el año que entra, y ojalá sigámonos viendo por aquí. Siempre más y mejor.


2:54 - Sugar
Princess One Point Five - With light there is hope
Héroes del Silencio - El cuadro

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Homenaje





A veces ocurre que las expectativas que nos marcamos se escapan de nuestro control, huyen, se tornan caprichosas o caen en manos ajenas, incapaces de apreciar el valor de un artista -por nombrar a alguien en concreto-, el tiempo empleado, el color, la textura... Siempre dije que no hacía falta entender nada, que sólo era necesario mirar, detenerse un momento y dejarte llevar por lo que florece ante tus ojos, y dejar que esa primera impresión te remueva lo poco o lo mucho que haya dentro. Lo que consigas descifrar a partir de entonces es algo que queda para ti, pero también es curioso, incluso enriquecedor, compartirlo con los demás; más cuando existe alguien al otro lado que te abre la sesera para airear esa masa gris emplastada, que nunca acaba de despertar.

Hoy los puntos me duelen un poquito más, aunque los buenos días me han aliviado el resentimiento, el escozor de la carne que ya empieza a cicatrizar. Dejar esa ventana abierta esperando mi vuelta ha sido lo más hermoso que ha ocurrido en estos últimos días, semanas. Pero no puedo evitar el punto de tristeza que supone cerrar mi libro favorito... dime al menos si existe la posibilidad de seguir soñando con mujeres desnudas, con niñas que enroscan un mechón de pelo entre los dedos, soñar y soñar con esa pareja que se deshace en confidencias en una esquina del jardín o con esa belleza que se masturba en penumbras en una terraza, mientras el galán afloja la pajarita de su cuello adelantando el momento, ya sabes cual. Me he permitido ese pequeño lujo, dejar que la mente ande suelta sin ataduras o nudos complicados, y siempre, siempre, se me ocurría una historia. Era posible lo que yo creí inoportuno y suicida, el miedo de hacer el ridículo se ha ido evaporando y ahora sólo queda una promesa de sueños sólidos. Por supuesto, tú has hecho que esto sea posible, ¿cómo? abriendo lo que ahora pretendes cerrar. No lo hagas, por favor, al menos intenta crear otro universo en el que quepan todas las historias que fluyeron en una imagen, en una quimera que comenzó a cobrar sentido.

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Sensaciones cruzadas, la ternura de los cuidados a un cuerpo recién mutilado, la mano traviesa buscando la humedad pegada en las bragas. Perder el tiempo que nunca muere en una conversación que se extiende hasta el postre y la extenuación de las velas; explicarte que fue una loca aventura en la que corrí el riesgo de estrellarme contra el quitamiedos, que se me nubló la vista -oh, sí- y perdí el conocimiento pero que la comida del hospital en realidad no es tan mala. Hacer risas mientras conoces mis gestos, averiguar los tuyos antes de la copa después del postre. Entre tanto esconder tu cabeza entre mis muslos. La ambigüedad me precede, llorar para no sentirme sola mientras me froto en tu pecho, estallar mientras gimo de placer. Conectar. Ya me siento bien, lo haces, de veras que sí. Sólo una cosa... no te pierdas, es que...

dime, ¿de quién voy a ser ahora princesa?


John Frusciante - Dark light