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sábado, 29 de diciembre de 2012

Todo lo que fue






Estos días anduve haciendo limpieza de armarios; ropa vieja, cosas que vas acumulando en el fondo de un cajón, en los compartimentos de una cómoda, cajas repletas de nimiedades -sin utilidad- que acumulas por simple dejadez. No por acabar el año, sino porque hacer limpieza de armarios me ayuda a pensar sin llegar a volverme loca o dramatizar con determinados asuntos. En una de las cajas encontré mi viejo contrato de sumisión, es curioso que no lo guardase en la caja de juguetes, todo relativo a mi segundo ex; y en cambio que lo hiciese junto a unos poemas que me regaló mi primer novio, cuando aún estábamos en el instituto. No voy a mencionar las partes eróticas, ni las relativas a la mente de la sumisa y la dominación del que fuese mi Amo. Había un punto, en concreto dentro de los deberes y obligaciones de la sumisa, en el que debía hacer un balance anual al acabar el año. Era, junto a un test de cien preguntas, una forma de contemplar mi evolución, ser consciente de las cosas que había cambiado de mí misma, mi carácter o mi sexualidad. Pero en realidad, en esos años de mi vida, poca cosa cambiaba, al menos de forma consciente. El único riesgo que asumí fue el éxodo a la gran capital, dejar a mi familia, el trabajo, mis amigos y una relación de nueve años con cuernos incluidos a cambio de salvar mi vida y, de paso, cumplir un sueño.

Me senté en el borde de la cama, con las cinco hojas del contrato grapadas en una mano, pensando en las montañas rusas, en los días grises, en los claros, en la gente que ha entrado y salido de mi vida, en los trabajos que he ganado, en los que he perdido, en la muerte, en los nacimientos, los accidentes…yo, cómo he llegado hasta aquí, justo a este instante, todo eso sólo en este año. Y pensé en hacer un balance, no se si el primero de una pequeña lista, en lo que espero siga siendo mi blog por muchos años. Pero seguro que sí me da por leerlo dentro de tres, cinco o doce meses, apreciaré lo que hubo y lo que queda.

Comencé el año sin trabajo, como tanta otra gente del país o la mayor parte del mundo, en casa de mis padres, en un pueblo que no aparece en los mapas, donde tuve que volver después de vivir unos años en una ciudad muy grande con más posibilidades que fracasos. Y aquí todo se volvía decepciones y una frustración que pesaba más que cualquier otra cosa. Me preparé un par de cursos para ocupar mis horas muertas, y de paso, engrosar el currículo en el apartado de formación académica. Retomé la amistad con un amor platónico, al que un año antes tuve que renunciar, por mí –no quise correr el riesgo de ser aniquilada- y por él que había encontrado una persona que fue su tabla de salvación. Mientras un arquitecto, el hombre más perfecto que he conocido en mi vida, se desvivía por llevar a buen puerto una relación que no era correspondida, porque yo sólo veía unos ojos azules, los más hermosos que he visto en mi vida, y un amigo con el que beber y reír mientras te metes mano por debajo de la ropa.

Continuaba escribiendo en mi blog de temática variada, comentando qué ópera había descubierto y me había entusiasmado, mis excursiones a otras capitales, un certamen de poesía, un festival de teatro o un libro que me había hecho reflexionar. Pero nunca hablaba de la reflexión, de las cosas que me importaban, de las que se enquistaban o se perdían en un estrecho circuito de conexiones imposibles, entre la cabeza y el corazón, por ejemplo. El mundo blogger no me interesaba, sólo leía a dos tipos sin llegar a comentar en ningún momento. No me gustaba la conexión con otros bloggeros, por eso jamás habilité el sistema de comentarios en mi blog de temática variada. Pero un día, uno de esos en los que te ves más alta que de costumbre, decidí dar a conocer mi existencia, sí, a ese tipo que me asustaba y me atraía y, a la vez, me hacía soñar despierta con otros mundos desconocidos y abismales. Y a partir de ahí surgió una sincera y bonita amistad. Me animó con mi cuadernos de escritos fantasiosos, estos que ahora están aquí hilvanados con pespuntes del presente, me alentó para continuar escribiendo pero aquí, abriendo este blog casi juntos de la mano. Por eso siento que la otra mitad es suya. Creo que a partir de esta creación las cosas empezaron a cambiar bastante…Lo que comenzó siendo un lugar en el que registrar las cosas que iban surgiendo en mi imaginación, acabo siendo el diván de la consulta de un psicólogo. Aquí puedo ser lo que no me atrevo, yo misma. Puedo contar que me he enamorado por primera vez sin que nadie vea cómo me pongo roja, puedo llorar mil lágrimas sin hacer que se corra la tinta, puedo inventarme un mundo en el que esté todo lo que yo quiera, en el que no entre nada de lo que me disgusta. Aquí puedo hablar sin tartamudear y sin que me de vergüenza, puedo hablar de mis experiencias en el bdsm o de cómo me siento en el sexo sin temor a que me vean como un bicho raro. Siento que aquí todo es posible y que siempre me espera alguna sorpresa.

Tenía mucho a mi favor, mucho ganado, abriendo un blog que me aportase sensaciones inesperadas. Pero fuera del cosmos virtual también cambiaron las cosas. Y no fue del todo gracias a mi trabajo, al menos no en la mayor parte. La misma persona que me alentó a seguir escribiendo se tomó el esfuerzo y la molestia de quedarse para descubrirme a mí misma, a pesar de mi ciclotimia, de mi poca madurez, mi frialdad y mi fealdad de dentro y de fuera. Sin él no supe ver qué secuelas me habían quedado del pasado, por qué me he valorado tan poco, por qué me detesto y me da miedo tener una relación sana o normal. Su presencia ha sido fundamental para que me relacione con la gente, para salir de casa, hacer lo que haría cualquier chica de mi edad, ser femenina o usar tacones, aunque parezca frívolo o estúpido, pero aprender a caminar con zapatos altos también ha servido para aumentar la seguridad en mí misma. Me valoro mucho más o simplemente me valoro porque antes no lo hacía. Confío más en mí y en los demás, he perdido miedo, torpeza, inseguridad, y he ganado ilusión y fuerza. Existe algún pero, y evidentemente muchas cosas en las que mejorar, pero hoy no tienen lugar en este post, no quiero emborronar todo mi agradecimiento.

Lo más sorprendente de este año que se va es que he vivido los mejores y los peores momentos de mi vida, y aún me pregunto cómo es posible que lo mejor y lo peor quepan en el mismo sitio. No sólo han muerto algunos de mis familiares, también fui al funeral de una de mis mejores amigas, aún no había cumplido los 31 años. También murió el arquitecto perfecto de manera inesperada, no nos dio tiempo a despedirnos… sólo nos dijimos “hasta el próximo sábado” sin terminar de arreglar los problemas que nos mantenían cada vez más alejados. Acabo el año accidentada, tentando la expiración y agradeciendo continuar con vida. Cosa, que por otro lado, me ha hecho ver quién de verdad me acompaña en el camino. Por los demás temas puedo pasar de puntillas, líos judiciales que no van del todo conmigo pero me han dejado muchas noches sin dormir ni gota. Trabajos temporales que me han mantenido un poco en activo cuando me creía oxidada, gente que entra en mi familia y me regala el espacio que a veces me falta, un lugar en el que poder dilatarme cuando siento que me ahogo o no tengo terreno en el que correr. Decepciones, supongo que es inevitable sentirte decepcionada en distintos niveles: sociedad, política, amigos…yo presumía de frialdad, pues creía que siendo de esta manera nada ni nadie podría dañarme, pero siempre hay una primera vez. Y esa primera y gran decepción en mi vida, desde hace dos meses, pertenece al pasado. Algo que ni siquiera merece la pena nombrar aquí.

Resumiendo, el 2012 ha sido el año en el que me he reconciliado conmigo misma, he tenido tiempo de conocerme y cambiar lo que no me gusta de mí por las cosas que más me importan. Se puede decir que he crecido, eso creo yo, porque los años de la pubertad empezaban a oprimir los pulmones. Olvidando las partes oscuras me quedo con haber conocido a una de las personas más importantes de mi vida, la que sin duda es la causa de que yo esté aquí. La que sin duda merece lo mejor que pueda ofrecer el mundo. Por la que merece la pena seguir y mejorar en los fallos. Ha sido el año de las sorpresas, porque he descubierto que aquí sí se puede conocer gente, que lo frívolo o las banalidades existen si las ves con otros ojos, pero que hay mucha gente que te regala algo suyo sin condiciones. Y lo incondicional nunca estará pagado.

Es un tópico muy típico, pero sin hipocresías, os deseo todo lo mejor de lo mejor para el año que entra, y ojalá sigámonos viendo por aquí. Siempre más y mejor.


2:54 - Sugar
Princess One Point Five - With light there is hope
Héroes del Silencio - El cuadro

sábado, 24 de noviembre de 2012

Respirando(te)





Un año espiándote por el cerrojo, deleitándome con tu soledad, tu humanidad y tu ocaso, tu desamor y tu literatura. Un año husmeando por el pequeño y absurdo agujero, desfilando ante mí un sinfín de marionetas, ilusiones cartón piedra, vapores corrompidos por la melancolía, cartas de amor a una destinataria puta y cruel, ciclotímica, hastiada, culta e inteligente, imaginativa, de difícil carácter… y otras féminas me dejo en el tintero, porque fueron muchas las musas que inspiraron el néctar de tu pluma. Me tomaba un café mientras recogía los mil pedacitos en los que reventabas tu alma cada madrugada. Los reunía y amparaba con un extraño cariño desconcertante, no entendía bien cómo habías llegado a despertar en mí un lado tierno, ese que nunca tuvo una zorra fría como yo.

No conseguía ponerte rostro… miento, nunca podía imaginar tu sonrisa o el color de tus ojos, si eras alto o muy bajito, gordo o delgado, porque los rasgos físicos nunca me dirían quién eras en realidad. Sólo sé que escuchaba la banda sonora mientras me consumía tu imagen en una bañera, la cuchilla en una mano, tu muñeca resbalando por el asidero, tu sangre patinando por los azulejos. Me colaba en cada párrafo y otras veces era una soga en el cuello, un corazón arrancado de cuajo envuelto con papel bonito y un lazo de regalo. Y cuando estaba en pleno descenso, a punto de arrastrarme contigo, el azul a pie de página me hacía mirar hacia arriba y recrearme en el humo de tu cigarrillo. Así te veía yo. Verás, en las clases de informática iba a buscarte, tenía esa insólita obsesión por descubrir tu grado de decadencia en esa luz del día. Y ahí estabas, preparándote para escanciar la noche. Con tus delicadas manos de poeta deslizándose por el lienzo, una hoja en blanco exhortando tu delirio, pasando tus dedos por la barba, la que me pierde mil veces antes de darme cuenta que me he rendido. Te veía con la botella en la mano, tu morro pegado a las aristas verde oscuro salpicado en rubí y la apatía contaminaba las paredes, el humo de la habitación. Los zapatos abandonados en la alfombra, la que quemaba bajo la desnuda planta del pie. Y ahí abajo se acumulaban todos tus infiernos, una colección de sacos de huesos y miembros mutilados. Y cuando ya se hacía mi noche, cuando me metía en la cama después de sobrevivir a mi averno particular, te acunaba en mi pecho para que tú también sobrevivieras una madrugada más. Ya te amaba entonces, cuando no te conocía, cuando no sabía que amor existe y mi frigidez se permitía un golpe más. Si puedes encontrar el amor, a continuación, te olvidas de todo.

Sería eso lo que me llevó a rellenar aquella postal de San Valentín, que el rosa ya empezaba a tomar holgura en mi paleta de colores y ansiaba descubrir el calor de tus notas risueñas o tristes. Y cuando me abriste esa puerta yo creí perder la conciencia, qué era eso que sentía que me hacia perder el equilibrio y me agitaba la respiración. Entiéndeme, tenía que buscar referencias y cometí la mayor de las torpezas, preguntar a quién hacías sombra; un coleccionista de venas azuladas que jugaba a ser encantador de serpientes, príncipe tenebroso y nocturno escritor de alma borracha. Me aconsejó que tuviese cuidado contigo, pero no se por qué, al menos en ese momento; ahora entiendo… temía que tú le robases el protagonismo. Confié en él al principio, pues la frialdad que tú  me mostrabas me limitaba, me entristecía,  pero poco a poco él se fue desvaneciendo, mientras destapaba su mundo de mentiras podridas, y poco a poco tú me demostraste que eras la única persona capaz de poner un poco de coherencia y criterio en mi vida.

Quizás esa vida no ha sido del todo mía… me he ido, he vuelto, entre medias me he quedado, he sido cometa volando en ti, siendo tú el único cielo, o has sido ese tipo de héroe que jamás pensé que existieran. Y ahora que te tengo tan cerca sólo quiero cuidar de ti, dibujarte una meta, conseguir que levantarte por las mañanas no sea despertar y continuar en la pesadilla, firmar un objetivo, que la caída no está prohibida -la depresión sí- cuando hay alguien a tu lado que sonríe por y para ti. Y aunque los grises amenacen tormenta, haremos del azul el paraguas que nos proteja.

Amor, cómo no me voy a sentir afortunada si es que yo soñaba contigo cuando aún no estabas en mi cabeza, yo me fijaba en ti, deliberaba la risa y el llanto, me levantaba o bebía contigo, incluso llegué a amar a  los gatos, sólo que tú nunca te enterabas de mi presencia. Cómo no voy a sentir este privilegio embalado en papel acolchado, cubierto de pompas jabonosas y láminas de acero. Si las musas fuesen plenas conocedoras de la parte que yo tengo, llorarían lágrimas de sangre y tinta, morirían de celos.

Empaqueté las velas en las cajitas del consolador, guardé la lencería en la bolsa delicada y fina. Puse a enfriar el vino en la nevera, compré el incienso vainilla y limpié mis zapatos de tacón. Me llevo un par de poemas de la estantería, quiero guardarme tu voz, y pusieron violetas en mi pelo en la peluquería, para que atesores mi olor. Ya estoy preparada, siempre querré volver, siempre, una y otra vez, tú tan sólo ábreme los brazos, amor.


Metric - Breathing underwater

jueves, 22 de noviembre de 2012

Noviembre expira; amo tus latidos, mi ciudad







Y mientras lees hojas de té
yo estaré haciendo las maletas
ahogaré en ella la noche pimienta
hasta beberte,
hasta conocerte,
hasta amarte

sabrás, entonces, que tú serás mi ciudad
que no es amargo o dulce
el vino que nos bebemos
que no es frío y oscuro
el tiempo en el que nos perdemos
y el negro velo de luz sólo es necesidad.


Y mientras el mundo duerme
yo te enseñaré a contar estrellas
nos emborracharemos de sueño
hasta verlas bailar
hasta el silencio
hasta que nuestra parábola las haga brillar

sabré, entonces, que efímero es noviembre
que amar es construirte un altar
el templo, la bestia, el púrpura
que estoy aquí esta noche
el mundo duerme y gira, gira
mientras yo vivo en ti, mi ciudad.




lunes, 12 de noviembre de 2012

Mi sueño (un mundo para ti)







“Cuál es tu sueño” me lo preguntas con ese tono de voz que me derrite, que me tocas y se pueden colar los dedos de lo blandita que me vuelvo a tu lado. Que no sea una niña pequeña y conteste cuál es mi deseo, qué me gustaría que pasara ahora contigo. Pero estoy viviendo mi primer amor con algo de retraso, da igual que no tenga quince años, yo veo rosa y corazones por todas partes. Claro, he pasado de niña rural a niña rural ñoña y pegajosa, pero y lo feliz que soy yo qué, eh. No quiero que se vaya esta sensación, no quiero volver al gris ni al sofá, no quiero aislarme más en la habitación y cerrar la ventana mientras hundo cara y desgana en mi almohada. Por eso no puedo evitar reírme nerviosa, no quiero que descubras cuánto me gusta soñar despierta, todas las mariposas haciendo de las suyas ahí dentro, y tu voz subiendo por mis piernas, hasta llegar a ese lugar que tan bien conoces tú, un hogar que ya es tuyo.

Cuando cierro los ojos pienso en las cosas pequeñas, esas que a mí me llenarían tanto, y que por ser tan nimias nunca llegué a conseguir. Y te veo ahí, enredando, siendo la otra pieza del puzzle que encaja en la estructura más perfecta, porque contigo mis posibilidades se multiplican por infinito. He contado los segundos y los pasos de vuelta a casa después del trabajo, porque sé que estarás terminando un libro y yo me muero por descubrir esas letras en tu mirada. Te acercas a la puerta y mis ojos brillan cuando te veo apoyado en el umbral, tu sonrisa evapora en bruma las agujetas de la jornada laboral y colgarme de tu cuello es la mejor recompensa al exhausto día. Disfruto en la cocina después del baño de espuma con sales minerales que nos hemos preparado. Me gusta rodear tu cuerpo con mis piernas, me gusta transmitirte la sensación de mis dedos extendiendo el jabón por tu espalda, mientras nos contamos qué tal nos fue el día. Te beso mientras aprisiono tu dorso, no quiero que escapes, no quiero que te escurras por el sumidero, me aterra la idea de verte volar. Me gustan tus ensaladas pero hoy prefiero sorprenderte, hoy prefiero salpimentar el solomillo y reducir la salsa, mientras tú sirves dos copas de vino recitándome un poema, la banda sonora es la nuestra, esa que ves aquí. Estás delicioso cuando te concentras en ese abismo de palabras, cuando te acercas a mi espalda para abrazarme desde atrás después de tirar del lazo de mi delantal. Tu respiración tan cerca de mi oreja, resbalando por la nuca, me enternece y excita a partes iguales. Y proporcionarle al sofá una usanza que desconocía, entre rollos de plumas y pelusas de lana. Compartimos ese otro arte en el que nuestra estética coincide, como en tantas otras cosas que obvié cuando me negaba a ver la evidencia. He llenado la casa de notas de colores, cada nota esconde una pista y las señales te conducen a un premio, al final del juego divertido tu curiosidad de niño travieso es lo que más me enorgullece. Las opciones bucean en este instante en tu pensamiento, más tarde, si quieres, te puedo susurrar al oído en qué consiste tal recompensa. Quiero llevarte al museo para jugar al escondite entre Velázquez, Tiziano, Goya y El Greco. Enseñarte que también hay un hueco en las butacas de la ópera para los menos elitistas, los que prefieren a Wagner o Handel con vaqueros y camisetas de rock. Y tú me llevarás al parque, a pasear bajo la lluvia para meter los pies en todos los charcos, a jugar un cartón en el bingo para mostrarte que me llevé toda la suerte el día que me encontraste. Me mostrarás dónde se esconde la magia de la ciudad, la que sólo puedo descubrir si voy de tu mano. Tantas y tantas cosas que únicamente puedo conocer porque eres tú el que me las revela, el que las inventa o le otorga el sentido que tienen. Aprenderé a recitar, a escribir una poesía que lleve tu nombre y esencia. Medir los metros cuadrados y usar los perfectos para una cama grande, tuya y mía, y pintar la habitación de un color que todavía no se ha inventado, pero que no sea naranja. Te buscaré de madrugada, cuando las heladas del invierno violen nuestra habitación, enlazando mi pie entre tus piernas, transmitiéndote mi calor. Me pegaré a tu espalda cuando caigan las hojas en otoño, deslizaré en ella los sueños que cayeron de mis cabellos, para compartir contigo un mundo mejor. Abriré mis ojos en primavera, y sin duda, daré gracias por verte a mi lado, porque no podría tener un mejor despertar. Hoy te quiero hacer feliz y enredar mis dedos en tu barba. Y cuando verano bañe de sudor todas las certezas, serás tú el que me busque al otro lado de la cama. Mi cuerpo reaccionará a tus caricias, mis labios buscarán frescura en tu lengua y sólo entonces te susurraré “Me gustaría ser follada con amor” porque nadie mejor que tú, nada mejor que sentir todo este amor, para perder mi virginidad. Que me sientas dentro de ti, sentirte dentro de mí, es lo que más deseo en este mundo. Sólo entonces estaré verdaderamente completa. Buscaré, como ahora, tu nombre en la sopa de letras, y encerraré la palabra en un corazón. Cuando crea haber perdido la seguridad que me regalaste me enterraré muy fuerte en tu pecho para tomar un nuevo impulso, esta vez mucho más grande. Y haré que cada día sea único, te arrancaré sólo sonrisas, porque lo mereces, te mereces la mejor parte de mí.

Ese es mi sueño, eso es lo que quiero, crear un mundo para ti donde sólo quepa la felicidad. Juntar mis libros a los tuyos en las estanterías, ir a recogerte a tu trabajo el día que menos lo esperes, regalarte una flor. Jugar a ver quién adivina los primeros segundos de una canción, escribir un cuento a medias para leertelo la noche que no puedas dormir. Despertarte con un zumo de naranja recién exprimido, llevártelo a la cama para que no te tengas que levantar. Retarte a los videojuegos y picarte para no dejarte ganar. Recorrer los pasillos del supermercado empujando juntos el carrito, y sobre la marcha inventarnos una receta para cocinar juntos. Rociar con mi perfume una de tus camisetas, para que al ponértela te recuerde a mí. Robarte tu camisa de cuadros azules, porque me gusta llevarla sin nada debajo mientras duermo. Esforzarme para demostrarte que se puede amar una vez más como la primera. Vigilar y velar por tus sueños, para que no se cuelen monstruos ni dragones, para luchar por ellos y así puedas alcanzar todo lo que te propongas. Un mundo en el que mi calor te abrigue los días de frío, en el que los portazos tengan el único significado de estallar un poquito sin salpicar. Porque luego haré un pastel de chocolate para pedirte perdón y tú besarás mi frente dándote cuenta de que ya me hice mayor, que es una mujer la que te ama, aunque aún guarde un poquito de esa niña rural, sólo para reírnos juntos. Mi sueño es regalarte un mundo conmigo dentro, para que nunca más sientas que la soledad es fiel a tu decadencia, para emborracharnos juntos y caer despacio, y al levantarnos ver que uno está al lado del otro. Contigo he aprendido a sentirme bien cuando me siento bien, razón suficiente para no permitir que nada ni nadie te haga daño. Todo vale la pena si con eso sé que serás feliz.

No tengas miedo, respira tranquilo, voy a cuidar de ti mientras tú me dejes, pero sólo cuando me abras tu puerta sin miedo a llevarme la casa de mi pueblo a cuestas.

Te amo, incluso antes de conocer tu existencia.


2:54 - Revolving



lunes, 10 de septiembre de 2012

Quebrantando la madrugada





“llevo tanto tiempo deseándote que cualquier día me voy a transmutar en alma errante en tu habitación a las 5 de la mañana para aberrarte a base de bien”



y yo llevo tanto tiempo exenta de caricias que me derramaría como desbordan los ríos, formando ciénagas en las rosquillas de los caracoles de agua dulce.

Será esa la razón por la que me despierto de madrugada, como si un tacto invisible resbalara entre las sábanas, como si las antenas de los gusanos de luz abrumaran con su destello el hueco de la almohada. Y no pensar en un rato que tu presencia es la partícula fugaz en el tiempo, y que tu voz fue la que rompió mi soledad histérica tantas noches, salvándome de la oscuridad que estaba por venir. Ahogarme en mi propio charco, rezumando mis propios fluidos, y emerger, hiperventilando, tu aire que ahora también es mío.

Será que acepté, por fin, que mi peso no era el tuyo y que tú no debías soportar mi carga. Que mis venas fueron más largas que un cable de alta tensión, dispuesto a saltar las chispas una vez te vuelves a balancear, mullido y extensible, rojo y oscuro, con la velocidad de la luz. Y aunque mucho me pesasen los párpados, tenía que volverlo a intentar.

Vamos, estrella fugaz. Entra y llévame, alma errante. Despiértame e invítame a volar, que esta habitación empieza a ser sombría, que entre mi sueño, que tú velas, y los tuyos, no olvidados, yo quiero nadar.


Fever Ray - Keep the streets empty for me


martes, 5 de junio de 2012

Tormenta de primavera





Salía del trabajo desanimada y angustiada por el despido de una amiga y apreciada compañera, nunca había vivido nada similar y también me preocupaba la idea de que pudiesen prescindir de mí de la noche a la mañana. Los lunes eran un mal síntoma, el comienzo de otra puta semana y yo sentía que de nuevo me llevaban al matadero, agotada de no esperar nada, salvándome o arrastrándome por inercia. Pero este lunes tenía algo especial, quería que fuese especial, por eso había alterado mi ruta de vuelta a casa. El día era un espejismo de cataclismo, un gris plomo que por momentos planeaba sobre el blanco atravesándome con su frágil e innegable luz. Me dirigía al metro serpenteando la naturaleza muerta, sintiendo la violencia de un viento alentado desde el suroeste de la ciudad. Mientras, sonaba en mi reproductor un nuevo descubrimiento, Nudozurdo me sorprendía a mí misma escuchando algo sin precedentes; pues hacía mucho tiempo que ningún grupo español había conseguido despertar mi interés de esa manera. De repente el gris del cielo dejó de ser una amenaza para convertirse en una certeza. Las primeras gotas de agua fueron suficientes para empaparme hasta calarme los huesos. Estaba completamente desconcertada, el bullicio de gente atropellándose en la boca del metro, el tráfico, inicuo, que de repente se volvió caótico y apabullante, me desorientaron por un momento. Pero fueron los truenos y relámpagos los que me anegaron en un pequeño estado de pánico, fue la tormenta de primavera la que me hizo estremecer hasta que me sentí a salvo y segura en el vagón de tren.


Aparentemente el vagón –mi manía de meterme en el último de la cola- parecía lleno, pero nada que ver con la hora punta de la mañana, en la que los trabajadores se amontonan, pelean a empujones, con tal de encontrar un lugar en el que viajar cómodamente. Voy abriendo paso, buscando hueco, y cuando por fin lo encuentro me dejo caer con mi ingénito hastío junto a una anciana que me saluda amablemente. Iba pensando en los planes para el próximo fin de semana, con el puente a la vuelta de la esquina un viaje relámpago a tierras de conquistadores sería el proyecto perfecto para desconectar de la vorágine del trabajo y la ciudad. Supongo que eso me hacía sonreír como una tarada ante la indiferente mirada de los demás. Supongo que ese era mi único aliciente después de año y medio, casi sola, viviendo en Madrid. Entonces algo llama mi atención; un chico con pinta interesante lucha intrépidamente entre los pasajeros que viajan a pie, para intentar conseguir el único asiento que se queda libre. Un par de adolescentes con fachada de intelectuales y un abuelo repelen espavoridos el comportamiento del chico intrépido. Parecía muy cansado, consumado, por una desgana o indiferencia conforme a la mía, como resignado desde hacía años. Por un instante sentí compasión y un sorprendente cariño hacia el misterioso desconocido.


Me gusta observar a la gente cuando voy en bus o en metro, me gusta imaginar qué historia es la que atormenta esos semblantes ajenos a los problemas de los demás. Me encanta examinar el ámbito que me rodea, los que se abstraen en un clásico de la literatura española o algún reciente premio literario, los que viven pegados a sus aparatitos nuevos en la gama alta de la tecnología o los que prefieren perder la mirada en un vacío acostumbrado, compañero ya de viaje. Pero esa tarde yo permanecía casi hipnotizada, atrapada por el extraño magnetismo del chico audaz y arriesgado que viste de negro. No puedo dejar de mirarlo, estudio todos sus gestos: sacude su chaqueta impregnada de hojas y barro, revuelve las manos en su pequeño bolso buscando algo…un pañuelo de papel para secar sus gafas empañadas, mojadas por la lluvia. Es entonces cuando aprecio mejor el color, la expresión, de sus ojos. Puedo perderme en ellos sin pretender encontrarme, puedo suplicarles clemencia tras el desvanecimiento de todos y cada uno de mis sentidos.


Una voz en off me saca del ensimismamiento en aquella mirada mar esmeralda, intenso y  profundo color de unos preciosos e indescifrables ojos. Hemos llegado al intercambiador, una oleada de personas se agolpa en las puertas del vagón, chocan entre ellas, salen y entran, se precipitan con urgencia empujados por la impaciencia de llegar a casa finalizando así la jornada laboral. Suena algo parecido a un silbido, la máquina ligera continúa su trazado bajo tierra. Cuando giro la cara en busca de mi chico misterioso me encuentro, inesperadamente, con su inquisidora mirada. En seguida me doy cuenta de cómo me radiografían sus ojos, como recorren mi rostro y parte del cuerpo, hasta descansar la mirada en mis pechos erguidos por la humedad de la camiseta que se pega a mi piel. Es justo en ese instante en el que empiezo a ser consciente de la familiaridad del desconocido. Sostenemos nuestras miradas, fascinados, inexplicablemente atraídos por alguna fuerza mayor. Su expresión suave también podría arañar su innata indolencia, una templaza que me hace suspirar como una quinceañera enamorada. Sonrío impresionada por el insólito acontecimiento, me estremezco cuando el chico oscuro me entrega una perfecta sonrisa. Murmuran mis labios “te conozco”, que no era él ningún desconocido.


Se vuelve a parar el tren en la siguiente parada, la anciana que me acompañaba en el asiento de al lado se despide de mí al bajar y entonces tú -chico de la tormenta de primavera- te lanzas sobre un mar de cabezas humanas para ocupar ese lugar.


- Te conozco, chica, pero quizás tú aún pululas perdida en la nada 
- Lo sé cariño, yo también te conozco ¿por qué crees que te he sonreído?
- No sé, ocurre algo extraño, te he visto y no he podido dejar de mirarte, sostener tu mirada, de alguna manera eres lo único amable que encuentro en esta hostil ciudad
- Creo que engrandeces tu impresión, extrañamente a mí lo que me ha llamado la atención ha sido la opacidad de tus expresiones. Tienes algo…
- Hostia, me tienes atontado
- Jajaja vuelves a exagerar. No se por qué me siento tan bien a tu lado
- Esto es raro de cojones, vamos muy rápido ¿no crees?
- No, lo que pasa es que los demás van demasiado lento
- Me gusta sentir el tacto de tu piel, es suave
- Y a mí me encanta lo que siento cuando me tocas, ni te imaginas cómo me gustaría que siguieras acariciándome.


Un escalofrío me recorre todo el cuerpo cuando siento su piel en contacto con la mía. De manera instintiva he acabado acercando mi cuerpo, que tiembla, al suyo que se acopla a mi movimiento de cabeza. Busco su boca y me encuentro sus labios que se abren para recibir la humedad de mi lengua. Se entrelazan acariciando delicadamente las papilas gustativas, ansiosas, inflamadas de excitación y deseo.


Otra brusca parada nos devuelve a la inmunda realidad. Es tu estación, es el momento de la despedida o la decisión de continuar con la historia de dos desconocidos que se conocen en mitad de la tormenta…




Lyle Mays - Long life

jueves, 31 de mayo de 2012

Abstracción





Y llegado el momento, en la locura desatada por el cambio de estaciones, un alma desnuda a un alma. Pieles afiliadas al flujo pletórico, al fluido sutil que engrasará la maquinaría que nos fuerza a seguir. El artilugio que sin distancias avivará todo lo que estuvo por venir, y al final acabó viniendo. Movimientos acompasados aunque ególatras para tu orgasmo y el mío, el estallido de los dos en el que por fin seremos uno. Urgencia pausada, provocada por lo que sólo tú consigues en mí, un recorrido infinito por el frunce de nuestras cortezas. Nada más dichoso que llenarte de mí, abrirte, escupirte, dilatarte, no hay nada más estremecedor que palpar todo tu interior. Mezclar aunando nuestros líquidos. Me completaré de ti, porque las almas gemelas se complementan, porque sólo tú podrías adivinar cada línea, cada vértice, de lo que me compone. Por dentro y por fuera. Llegar donde nunca antes nadie llegó, comprobar la evidencia de que hay un instante que siempre será eterno. Y ya no habrá pausas ni aplazamientos. Un infinito ilimitado, como tú y yo, como lo que siempre seremos.




viernes, 30 de marzo de 2012

Ad libitum








Fue una noche densa, quizá algo turbia y confusa por las dos botellas de vino que habíamos consumido entre una nube de incienso y humo de tabaco. Existíamos aún, en ese microscópico colchón en una esquina de tu cuarto, insuficiente para tus centímetros de altura, limitado para mis torpes movimientos. Extenuados y rendidos. Nuestros cuerpos se hallaban inertes y estáticos cuando los primeros rayos del sol atravesaron la ventana, abierta de par en par. La persiana estuvo rota hasta comenzar la primavera, no fue por falta de tiempo, era tu desidia lo que te impedía arreglarla. Por suerte la tela vaporosa de las cortinas fue el filtro perfecto para tamizar la luz prematura.


Te despertaste cuando aún yo me dispersaba entre sueños y zozobras. Me gustaba dormirme de cara a la pared, mientras te daba la espalda, porque así tú buscabas el sitio perfecto en el hueco formado por nalgas y espinazo. Notaba, instintivamente, tu piel caliente pegada a la mía, la vehemencia lumínica de la filtración solar escurriendo y penetrando cada centímetro de epidermis. No sé en qué momento decidiste que sodomizarme mientras dormía, era el único tratamiento capaz de aliviar tu enderezamiento matinal y febril. Tal vez tu sexo advirtiese ya ese echar de menos, incluso antes de habernos despedido. Quizá fue la nostalgia pernoctada, ya sabes, esa velada carnal regada con el caldo pigmentado, el esparcimiento lúbrico.


Tus dedos trazaban un mapamundi etéreo sobre el pliego en el que se había convertido mi espalda. Podía intuir el inmenso precipicio entre hemisferio norte y hemisferio sur, nunca la superficie de la tierra me pareció tan sugestiva e intrigante. Exploraban los recodos descubiertos en la noche que ahora era resaca, todos mis ángulos reconocieron la sutileza de tus movimientos. Inconscientemente mi cuerpo se acoplaba al tráfico de las caricias fluidas, al antojo de la voluptuosidad acumulada en tan solo un par de horas. De manera automática enlazaste tu pierna entre las mías, separándolas con firmeza, facilitando así tu cometido, sin obstáculos o limitaciones. No tardé en reaccionar, quería girarme y pedirte que esperaras, decirte que aún no estaba preparada para un nuevo festín. Pero debiste reconocer la alarma en mi rostro, pues ahogaste mi súplica cubriendo mi boca con tus labios.


Ya no había holgura en aquel instigado espacio, adheridos vientre y pechos en la fría pared, ajustadas mis nalgas a la consistencia de tu miembro. Movimientos sincronizados cuando las punzadas y la molestia dieron paso al goce y la delectación. Tu polla se erguía sobre mi culo ansioso de ser profanado, mientras tus manos se apoyaban en la pared aprisionando mi cara y todo mi cuerpo. Las vibraciones se multiplicaron vertiginosamente, no tenía respuesta para satisfacer tanto placer apresurado. Y el estallido llegó cuando la exhalación luminosa era tan firme y evidente, como la certeza de haberme enamorado.




Diorama - Synthesize me

sábado, 24 de marzo de 2012

Construyendo








Sólo es un juego y sin embargo aún tiemblo cuando empiezo a ser consciente de los caprichos del azar. Puedo ver la oquedad en el fondo de la bolsa de papeletas, me las he llevado todas y la rifa es mi propia desgracia. Tú me has traído hasta aquí y yo quiero jugar arriesgando lento, aunque en realidad eres tú quien marca fase y espacio. Quiero aventurarme y descodificar engranajes, exponerme y averiguarte, a tu modo, con tus reglas y mis rarezas.
Espero que disfrutemos del viaje.






Desazón cuando los primeros rayos esclarecen esta sombría habitación. Apenas sientes el fulgor resbalar materia abajo, acrecienta la brecha en la que mil cuchillas segaron tu piel. El antiséptico imprevisto es la causa de todos los males, pero también es la incitación, el eretismo que reaviva cada órgano de tu cuerpo. No hay antítesis térmica sino alma desnuda, alma carente de hato que abrigue un corazón helado.


Observo tras la ventana mi reflejo en un lado del cristal. Hay silencio, miedo, cobardía y resignación. Pero también puedo captar esparcimiento, anhelo y expectación. Se respira angustia y dicha a partes iguales. Contrastes que convergen en el amargo – deleitoso – sobrevenir.


No entonamos sentencias por agnósticos de pensamientos aunque creyentes de almas. Místicos de ti y de mí, de un amor incondicional cuando se trata de dos iguales. Piadosos cuando el desastre avecine en las esquinas de la vida, indestruibles cuando seamos testigos de toda aniquilación.


Muertos o vivos. Hay muerte cuando se está medio enterrado en vida. Y ahora sólo sé que mi boca es tuya, que tu alegría es mía. Sólo sé que quiero vivir en ti, tú conmigo. Fusionados, avanzando. Regocijados en los sonidos, en nuestro particular celuloide. Contemplando y apreciando que no hay mas sueño que el encontrado, que no hay más quimera que la construida siguiendo nuestros propios pasos.


Y después, cuando creas que no hay más, siempre habrá un mundo mejor. Sin ruidos, sin llantos, sin desesperación. Sólo quietud, solos tú y yo.




Love of lesbian - Universos infinitos