Hay algo que interrumpe la melancolía de la gayola y la
dureza de los barrotes; en los telones mustios destaca una colección
surrealista, pinturas impresionistas, mensajes codificados en rancias frases de
autoayuda con ciertas pinceladas de Ferenczi y Freud. Pero realmente lo que a
mí me mantiene fascinada es la actitud de
algunas estatuas –sin precedentes-, las contracciones, su éxtasis erótico.
[Mi perverso y excéntrico Dalí]
No dura demasiado el embelesamiento, cuando recuerdo el
póster en la Oficina de Orientación Laboral. No, por favor, no hagas que me
conoces, no me hables de lo maravillosa que soy, de mi inteligencia, mi capacidad
de absorción o mis oportunidades mal aprovechadas por la falta de cordura y la
huella del inexistente raciocinio. No quiero ser un número más en una
estadística interminable. Está bien, pondremos de nuevo en marcha el mecanismo de
la máquina recientemente engrasada, despedazar los fenómenos del ánimo y
diseccionar el resto, las partículas excedidas. De modo que tu conflicto
psíquico puede quedar resuelto en tan sólo una sesión.
Qué hay de tu trabajo ¿te sientes realizada? Qué cojones es
eso “realizada” qué significa sentirse realizada ¿no ser una inútil?. Por qué, entonces, las señoras y señoritas que limpian el baño de casa, hacen la comida y
planchan la ropa de sus esposos y mocosos no se sienten realizadas, con lo útil
que es eso, sobre todo para ellos. Ahora que recuerdo, tenía yo una ex-compañera
de trabajo en la capital que se sentía muy realizada poniendo una aceituna en
cada bandeja del catering de Iberia, pero me dejaba a mí la tarea de clasificar archivos de otros años porque el trabajo no la satisfacía. Qué habrá sido de esa hipocondríaca… Por
cierto, cómo detesto que la gente escriba sobre todo junto (sobretodo) ¿acaso
no saben que un sobretodo es una prenda de vestir?
Y tu trabajo… ah sí, mi trabajo se puede decir que no es un
trabajo, bueno, quiero decir existe una tarea remunerada sí, pero como es
placer pues injustamente no lo denomino trabajo. Adoro a los críos, los besos
acunados por las tardes, los ojos brillantes después de haber entendido mi
explicación. No se imaginan que en realidad son ellos los que me están ayudando
y enseñando a mí. Ayer, sin ir más lejos, me enseñaron a bailar salsa. El
mensaje la tarde anterior, que me echaban de menos, querían tenerme allí, buf,
me llegó al alma. Adoro esa casa, las luces naranjas de la lamparita pequeña,
la butaca secuestrada por Aras, por cierto ya somos muy amigas. Adoro el mar
tras la pantalla del ordenador, doblar la ropa para ahorrarles trabajo o
encender la estufa para calentarles la casa cuando él está a punto de llegar
del trabajo.
Nunca me hablas de él… lo sé,
él es mi jefe. Pero es de
esas personas que siempre, siempre, han estado ahí, formando parte de tu vida
de alguna u otra manera. Y sin embargo jamás le prestaste atención. Verás,
recuerdo algunas veces cuando llegaba a casa, acompañando a mi hermano mayor, y
mi madre me hablaba de lo
apañao que
era, de la suerte que tendría la afortunada mujer que lo desposara. Pero
entonces eran otros los grillos que brincaban en mi cabeza. Nuestras
conversaciones cada vez son más intensas, más intimas, y prolongamos las tardes de trabajo
hasta el fin de semana. En realidad lo mío siempre fue escuchar a la gente. Me
habla de los problemas de pareja, como se desmorona lo insostenible y además de
la pelea diaria con la rutina, una lucha interna contra sus propios demonios.
Me preguntó si yo creía en el destino, y le contesté que sí, pero que a veces
me olvidaba de que existía. Me dijo que a él le pasaba un poco igual, pero que
desde que yo llegué he completado algo que le faltaba, algo que había olvidado
y que gracias por todas las sonrisas antes de irse a la cama.
Pero tú no estás
cómoda. No es eso, es que yo en las distancias cortas me quedo bloqueada.
Cuando me dice que le gustaría conocer a alguien como yo, alguien que valora
todo lo que él hace mientras me aparta el pelo de la cara, no se qué decir. Cuando
me dice lo dulce que soy y que le encanta encontrarme con mi libro en el sillón
cuando llega a casa, no se cómo reaccionar. Qué hago, cuando me dice que le
encanta como soy 7 que nunca intentaría cambiar nada de mí. A veces tengo la
impresión de estar jugando a las casitas, igual que cuando era pequeña. Pero
ahora con una casa de verdad, un hombre real y unos niños que no son míos.
Tu estado anímico es una alarma y tienes que aprender a
descifrar y clasificar sus llamadas. Oh sí, ya lo creo. La otra noche, estaba
yo contestando un sms a mi jefe, ya en la cama, claro; cuando me llamó el
oscurito del alma. ¡Menuda sorpresa! aún no se bien qué ocurrió, yo estaba un
poco aturdida y desbocada por los dos vinos que me había tomado y él estaba
como… acelerado. Esos vinos pendientes, sin embargo tan incompatibles con mi
puta locura. No podíamos dejar de reír y hablábamos y hablábamos hasta que
ambos agotamos el saldo. La noche era perfecta, allí nevaba y aquí llovía, viento, oscuridad alienada a las inclemencias del tiempo, nuestro escenario favorito, además del arco de la M30 o las máquinas veloces
bajo tierra. Había algo extraño, era como si todo y nada hubiese cambiado a la
vez, como si su lengua aún abrazase mi clítoris y mis piernas rodearan su
cuerpo. Su voz traviesa, la suavidad de los labios acariciando el cilindro del
porro -sí, te oí fumar- mientras divagamos de locuras compartidas y
comportamientos excéntricos.
"Qué pasa contigo" me dice. Joder, ni siquiera yo
misma lo sé. Pero le hablé de
él, de la relación de ida/venida, que es
diferente y que me encanta. Menos mal que consumimos la tarjeta de
prepago,
pues ya estaban nuestras nalgas en alza dispuestas a ser azotadas y
sodomizadas.
Háblame de todos los intentos por integrarte, de tu manía antisocial. Digamos que
estoy en P.A. (progresando adecuadamente). Tengo un par de conocidas con las
que intercambio más de cuatro frases seguidas, en el cole, mientras espero que
los niños salgan del comedor. Pero ya sabes, todo en plan maruja y cotilleo
sobre rollos maritales. Ahh!! también me he unido al grupo de mi cuñada para
jugar todos los jueves a los bolos. Lo cual es algo contraproducente, es que
Nick también está en el mismo grupo, y bueno… he cometido tantas estupideces.
Creo que la última vez hablaste con él y todo quedó muy claro. Sí, eso fue
antes de dejarle que metiese su lengua hasta mi campanilla. Verás, es que el
sábado salí con mi hermano y mi cuñada, y al final nos juntamos todos con el
grupo de la bolera y otros acoplados más. A Nick le encanta bailar pegadito a
mi trasero, y a mí me vuelve loca una mano en mi cintura. Dejé que me besara y
que me mordiese el cuello. Pero es que no fue el único que me besó…
Pero estás completamente
desatada! Joder, pero es que el segundo
fue un poco error. Verás, yo estaba en la cola esperando entrar al baño –unisex,
puajggg- cuando se abre la puerta y sale
Pol. Sin mediar palabra tiró de mi
brazo haciéndome entrar en el aseo y cerrando la puerta tras de mí me empujó
contra los azulejos y me morreó durante un buen rato.
¿Así sin más? algo le dirías.
No, yo no, fue él quien me dijo a mí
“te lo debía, te lo has ganado”.
Estoy algo descentrada, lo sé. Sólo pienso en esta sesión
dominada por el papel que han jugado los hombres en mi vida. Mis únicas dos
parejas fueron unos hijos de puta conmigo, el tercer intento de relación me
hizo la putada de morirse antes de tiempo, y el cuarto… es demasiado bueno para
ser verdad, demasiado bueno para mí, ya no le pertenezco. El otro día leía
un post que hablaba de un
hombre que después de un polvo, le pedía a la chica que le dejase solo. Y yo
pensé en voz alta -muy sorprendida- que si era cierto que existían hombres que se quedaran,
porque entonces creo que yo he tenido muy mala suerte con los hombres de mi
vida, pues ninguno se quedó. Lo cual me hizo pensar en que tal vez debería
hacerme lesbiana, porque ahora que lo recuerdo nadie me ha comido el coño como
lo hizo una mujer. Disculpa la ordinariez, ya llevo mucho tiempo hablando.
Pero no puedo, me gustan los hombres, sobre todo ese chico
hardcore que bebe cerveza pero le encanta el vino caro. Me tiene desconcertada…
tiene una mezcla rara de thrash y Crepúsculo, oye, un chico intrigante que ha
estimulado mi memoria musical. Ays espero que éste no borre a Irene de su nube
de conceptos.
Eres consciente de que tienes un problema ¿verdad? Oh, ya lo
creo, uno sólo no, muchos. Pero mientras las musas de Dalí sean las que delimitan la realidad de la
ficción yo viviré tranquila. Y ahora espera, que voy a cortarme un rato las
venas y vuelvo enseguida.
Anthrax - Antisocial