Me gusta la noche
porque el ciclo se detiene por un momento. Me deslizo en la madrugada acallando
el posible ruido que no va conmigo y a partir de ese momento cualquier locura
tiene cabida, cualquier oportunidad es infinitamente mejor que la certeza de no
hallar descubrimientos cuando el oscuro es el único color disponible.
Me gusta la noche
cuando ato las zapatillas que me conducen a la orilla, a los metros de piedras
gastadas por pies despreocupados supurando relax -vacaciones- después asfalto
y más tarde arena o barro. Sólo la luna, el aire y el resto de partículas que
transforman la noche indivisible en una carencia menos nula. Sientes que el
aire es distinto, y el perfume de la biosfera va contagiando tu carne, tu risa
y tu pelo. Aceleras los pasos largos y el espejo plateado aísla tu sombra en
las hojas del castaño.
También me gusta la
noche cuando te espero en mi cama a duermevela, cuando llegas sigiloso, apartas
la manta y te acurrucas en mi espalda usurpando mi calor. Me doy la vuelta y
hundo mi cara en tu pecho mientras mi mano acaricia tu nuca. Hilamos un ovillo
que nos protege del exterior, y nuestro sudor se convierte en la única gota de
existencia.
También me gusta la
noche cuando la absenta seduce y endulza mis poros, cuando silencio desborda la
habitación y pestañea el ruido del ventilador. No hay página en blanco aunque
lo creas, pasividad es ventura, médula, inmunidad. Sólo yo y mis apetencias son
la exclusividad.
Me gusta la noche
cuando dejo de crecer {soñando},
cuando retrocedo y el canto del grillo tatúa el esparcimiento en el kindergarten. Un arcoíris cabe en el
lapicero y en una tartera rebosa la simpleza y la naturalidad. Pierdo, sin
consternarme, mi pulsera entre las chinas menudas y sin embargo no ser meteoro es
el mayor de mis lamentos.
Me gusta la noche
en los abriles dormidos, con el pegote de rímel, hielo licuando la garganta, moldeada
en negro y el encarnado secándose en los labios. Luces pernoctadas sobre la
ciudad, el metro que se escapa, el autobús que no llega. Tu mano en su cintura
enterneciendo la despedida, los números de teléfono perforando el papel de la
servilleta. Y siempre hay tiempo para una más, otro beso robado, otro disparo
de gemidos. Luego nada.
Me gusta, me gusta
mucho esta noche que no es mía, que es tuya, de todos y de nadie. Porque se enredan
las historias descubiertas, se juega sin apostar, me masturbo con tus palabras,
te masturbas con mi tristeza, lunáticos cabalgando en una orgía, y al final
todos acaban solos, mientras la noche se desliza.
Saint Etienne - Tonight
Saint Etienne - Tonight






