“Cuál es tu sueño” me lo preguntas con ese tono de voz que
me derrite, que me tocas y se pueden colar los dedos de lo blandita que me
vuelvo a tu lado. Que no sea una niña pequeña y conteste cuál es mi deseo, qué
me gustaría que pasara ahora contigo. Pero estoy viviendo mi primer amor con
algo de retraso, da igual que no tenga quince años, yo veo rosa y corazones por
todas partes. Claro, he pasado de niña rural a niña rural ñoña y pegajosa, pero
y lo feliz que soy yo qué, eh. No quiero que se vaya esta sensación, no quiero
volver al gris ni al sofá, no quiero aislarme más en la habitación y cerrar la
ventana mientras hundo cara y desgana en mi almohada. Por eso no puedo evitar
reírme nerviosa, no quiero que descubras cuánto me gusta soñar despierta, todas
las mariposas haciendo de las suyas ahí dentro, y tu voz subiendo por mis
piernas, hasta llegar a ese lugar que tan bien conoces tú, un hogar que ya es
tuyo.
Cuando cierro los ojos pienso en las cosas pequeñas, esas
que a mí me llenarían tanto, y que por ser tan nimias nunca llegué a conseguir.
Y te veo ahí, enredando, siendo la otra pieza del puzzle que encaja en la
estructura más perfecta, porque contigo mis posibilidades se multiplican por
infinito. He contado los segundos y los pasos de vuelta a casa después del
trabajo, porque sé que estarás terminando un libro y yo me muero por descubrir
esas letras en tu mirada. Te acercas a la puerta y mis ojos brillan cuando te
veo apoyado en el umbral, tu sonrisa evapora en bruma las agujetas de la
jornada laboral y colgarme de tu cuello es la mejor recompensa al exhausto día.
Disfruto en la cocina después del baño de espuma con sales minerales que nos
hemos preparado. Me gusta rodear tu cuerpo con mis piernas, me gusta
transmitirte la sensación de mis dedos extendiendo el jabón por tu espalda,
mientras nos contamos qué tal nos fue el día. Te beso mientras aprisiono tu
dorso, no quiero que escapes, no quiero que te escurras por el sumidero, me
aterra la idea de verte volar. Me gustan tus ensaladas pero hoy prefiero
sorprenderte, hoy prefiero salpimentar el solomillo y reducir la salsa, mientras
tú sirves dos copas de vino recitándome un poema, la banda sonora es la nuestra,
esa que ves aquí. Estás delicioso cuando te concentras en ese abismo de
palabras, cuando te acercas a mi espalda para abrazarme desde atrás después de
tirar del lazo de mi delantal. Tu respiración tan cerca de mi oreja, resbalando
por la nuca, me enternece y excita a partes iguales. Y proporcionarle al sofá
una usanza que desconocía, entre rollos de plumas y pelusas de lana.
Compartimos ese otro arte en el que nuestra estética coincide, como en tantas
otras cosas que obvié cuando me negaba a ver la evidencia. He llenado la casa
de notas de colores, cada nota esconde una pista y las señales te conducen a un
premio, al final del juego divertido tu curiosidad de niño travieso es lo que
más me enorgullece. Las opciones bucean en este instante en tu pensamiento, más
tarde, si quieres, te puedo susurrar al oído en qué consiste tal recompensa.
Quiero llevarte al museo para jugar al escondite entre Velázquez, Tiziano, Goya
y El Greco. Enseñarte que también hay un hueco en las butacas de la ópera para
los menos elitistas, los que prefieren a Wagner o Handel con vaqueros y
camisetas de rock. Y tú me llevarás al parque, a pasear bajo la lluvia para
meter los pies en todos los charcos, a jugar un cartón en el bingo para
mostrarte que me llevé toda la suerte el día que me encontraste. Me mostrarás
dónde se esconde la magia de la ciudad, la que sólo puedo descubrir si voy de
tu mano. Tantas y tantas cosas que únicamente puedo conocer porque eres tú el
que me las revela, el que las inventa o le otorga el sentido que tienen.
Aprenderé a recitar, a escribir una poesía que lleve tu nombre y esencia. Medir
los metros cuadrados y usar los perfectos para una cama grande, tuya y mía, y
pintar la habitación de un color que todavía no se ha inventado, pero que no
sea naranja. Te buscaré de madrugada, cuando las heladas del invierno violen
nuestra habitación, enlazando mi pie entre tus piernas, transmitiéndote mi
calor. Me pegaré a tu espalda cuando caigan las hojas en otoño, deslizaré en
ella los sueños que cayeron de mis cabellos, para compartir contigo un mundo
mejor. Abriré mis ojos en primavera, y sin duda, daré gracias por verte a mi
lado, porque no podría tener un mejor despertar. Hoy te quiero hacer feliz y enredar mis dedos en tu barba. Y
cuando verano bañe de sudor todas las certezas, serás tú el que me busque al
otro lado de la cama. Mi cuerpo reaccionará a tus caricias, mis labios buscarán
frescura en tu lengua y sólo entonces te susurraré “Me gustaría ser follada con amor” porque nadie mejor que tú, nada
mejor que sentir todo este amor, para perder mi virginidad. Que me sientas
dentro de ti, sentirte dentro de mí, es lo que más deseo en este mundo. Sólo
entonces estaré verdaderamente completa. Buscaré, como ahora, tu nombre en la
sopa de letras, y encerraré la palabra en un corazón. Cuando crea haber perdido
la seguridad que me regalaste me enterraré muy fuerte en tu pecho para tomar un
nuevo impulso, esta vez mucho más grande. Y haré que cada día sea único, te
arrancaré sólo sonrisas, porque lo mereces, te mereces la mejor parte de mí.
Ese es mi sueño, eso es lo que quiero, crear un mundo para
ti donde sólo quepa la felicidad. Juntar mis libros a los tuyos en las estanterías, ir a recogerte a tu trabajo el día que menos lo esperes, regalarte una flor. Jugar a ver quién adivina los primeros segundos de una canción, escribir un cuento a medias para leertelo la noche que no puedas dormir. Despertarte con un zumo de naranja recién exprimido, llevártelo a la cama para que no te tengas que levantar. Retarte a los videojuegos y picarte para no dejarte ganar. Recorrer los pasillos del supermercado empujando juntos el carrito, y sobre la marcha inventarnos una receta para cocinar juntos. Rociar con mi perfume una de tus camisetas, para que al ponértela te recuerde a mí. Robarte tu camisa de cuadros azules, porque me gusta llevarla sin nada debajo mientras duermo. Esforzarme para demostrarte que se puede amar
una vez más como la primera. Vigilar y velar por tus sueños, para que no se
cuelen monstruos ni dragones, para luchar por ellos y así puedas alcanzar todo
lo que te propongas. Un mundo en el que mi calor te abrigue los días de frío,
en el que los portazos tengan el único significado de estallar un poquito sin
salpicar. Porque luego haré un pastel de chocolate para pedirte perdón y tú
besarás mi frente dándote cuenta de que ya me hice mayor, que es una mujer la
que te ama, aunque aún guarde un poquito de esa niña rural, sólo para reírnos
juntos. Mi sueño es regalarte un mundo conmigo dentro, para que nunca más
sientas que la soledad es fiel a tu decadencia, para emborracharnos juntos y
caer despacio, y al levantarnos ver que uno está al lado del otro. Contigo he aprendido a sentirme bien cuando me
siento bien, razón suficiente para no permitir que nada ni nadie te haga
daño. Todo vale la pena si con eso sé que serás feliz.
No tengas miedo, respira tranquilo, voy a cuidar de ti
mientras tú me dejes, pero sólo cuando me abras tu puerta sin miedo a llevarme
la casa de mi pueblo a cuestas.
Te amo, incluso antes de conocer tu existencia.
2:54 - Revolving


