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viernes, 3 de julio de 2015

Masturbación DeMente






Es cierto, nunca fui un chico, nunca sentí ese trozo de carne irracional balancearse en mi entrepierna, tampoco me regocijé o presumí en mi madurez envuelta en brumas testorerónicas perdidas. Pero sí, reconozco que me comporté como tal, admito haber usado vuestras bestias púrpuras una y otra vez, sin restricciones, con el único fin de saciar mi apetito voraz. Y es que la desazón en la oquedad -a ratos apática- clamaba justicia; un poco de niebla para esta sequía, me repetía continuamente. Sin embargo una noche más ha pasado lo que suele pasar, no supe aguantar el tsunami de hastío y alcohol, y en esta ocasión no acabé envuelta en brumas de testosterona, sólo me compadecí de mi mala estampa y mi poco juicio, descoser mi alma como cualquier mujer herida y no por ello quedarme en el intento. 

El caso es que aquí estoy, podría decir tres, cinco o seis y media de la mañana, pero el aturdimiento me impide distinguir. Madrugá de un viernes que empezó siendo jueves o de un sábado que empezó siendo viernes, ya te digo que aún ando apabullada por las circunstancias. Aquí estoy, lúcida, mientras otra víctima desconocida dormita muy cerca, habiendo ingerido una cuarta parte que yo, entiéndase de alguna bebida o sustancia pegajosa. Aquí estoy, planteándome cosas que pienso hablar con vosotros, contigo, en la semana que empezará muy pronto, más correcto sería decir próximamente. A ver si conseguimos estar un poco alterados de conciencia para paliar el desfase físico que tanto daño nos está haciendo, por cierto.  

Existe, también, eso otro… ya sabes, en realidad soy una tipa violenta. Odio a los perros oliendo mi rastro, pegados a mi culo. Odio las mierdas de los perros desperdigadas por la calle. Odio a los dueños de los perros, altivos, sabelotodos y empalados, con sus correas y sin bozal. Detesto a los niños, esos cachorros de otras perras. Odio sus chillidos histéricos cuando se acerca el camión de los bomberos. Odio con igual simpatía a mis vecinos a y a los viejos que colapsan la EMT recreando tanta maloliente senectud que dan ganas de vomitar. 

Soy una rara. 

Soy una chunga que, mientras su víctima duerme, desbarra cosas prohibidas a quien aún no duerme. A quien sea capaz de seguir este ritmo que, a veces, es tan fácil como los viejos Körn en un nuevo disco bramando el despertar de la paranoia. Nunca me sentí tan bien como eructando el peligro de aquellos amantes vuestros psicópatas, acechando algo que tardasteis demasiado en asimilar. O quizá fuimos los dos, pero ya importa poco. Ojalá nunca sea tarde porque sólo somos amantes de la muerte. 


Miro el reloj y sólo han pasado cinco minutos desde la última vez. Resulta fascinante la capacidad de las mentes y los cuerpos y sus esporas. Resulta perturbador pensar que dejé de escribir cuando encontré cierta pausa emocional más allá de cánceres psicópatas. Pero dejé de escribir, lo cual es MAL. Nada es suficiente cuando te mueves más al margen que en la red que los imbéciles solían leer. Recuerdo algún bilioso correo, todo perturbador y narcotizante a la vez que escandalizado, donde el tarado de turno me hablaba sobre el riesgo de conocerte y sodomizarnos con un arnés. Nunca me molesté en sacarle del error. Nunca le dediqué más de los tres minutos de rigor para mostrarme favorable a la mutua (tuya ó vuestra y mía) dilatación anal para su escándalo y desconcierto. 

Pero ahora empieza un tiempo nuevo. Ya pasaron las tormentas estériles, las que no protagonizamos, y los períodos de cadencia rozando el suicidio. Ya pasaron invierno y primavera. Ya pasó lo peor, amigos, y tenemos una edad. Ya sabemos lo que podemos esperar de nuestros mediocres acompañantes (entre los que nos incluyo) pues te sé tan bien como tú a mí. 

Siempre es lo mismo, la duda. Siempre la oscilación que puede empujarte al abismo. Siempre la armonía capaz de conciliarlo todo. Siempre el desgarro y la fugaz sensación de vacío a cambio de mediocridad. Siempre los filósofos violando analmente humanidades enteras, pero quizá sea posible cambiar. Pronto tendremos la charla y la necesidad. 

Pronto descubriremos lo que siempre estuvo ahí, o no. Pronto volveremos a degustar el lado raro de la moneda.



Korn - Paranoid and aroused


viernes, 4 de enero de 2013

Ineludible







“Entra, solamente por esta noche te trataré como a una puta. Bailarás para mí sólo con tu minifalda negra, te subirás en esa mesa y contonearas tu cuerpo de la misma forma que lo hiciste cuando nos conocimos. No bajaras de tus plataformas de zorra imperturbable -¿lo he dicho bien?- porque la obsesión no nos dejará vivir…


                                       ... inclínate, separa tus piernas, abre tu culo, quiero ver lo que es capaz de albergar ese delicioso agujero. Quiero ver lo mojada que estás. Sé lo que te gusta, sé cómo lo quieres, he conocido muchas ingenuas como tú, suspirando por un hombre dominante, pero todas se rajan cuando ven la mordaza y el cinturón en su cuello. La humedad de tu coño revindica la dureza de mi polla, pero no te voy a dar el gusto. Sólo entraré en ti cuando aceptes que necesito llenarte con cariño, cuando comprendas que follarte es llenarte de amor, aunque sólo sea un instante. Pero esta noche no, esta noche serás únicamente mía”




Nachtmahr - Weil ich's kann

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Homenaje





A veces ocurre que las expectativas que nos marcamos se escapan de nuestro control, huyen, se tornan caprichosas o caen en manos ajenas, incapaces de apreciar el valor de un artista -por nombrar a alguien en concreto-, el tiempo empleado, el color, la textura... Siempre dije que no hacía falta entender nada, que sólo era necesario mirar, detenerse un momento y dejarte llevar por lo que florece ante tus ojos, y dejar que esa primera impresión te remueva lo poco o lo mucho que haya dentro. Lo que consigas descifrar a partir de entonces es algo que queda para ti, pero también es curioso, incluso enriquecedor, compartirlo con los demás; más cuando existe alguien al otro lado que te abre la sesera para airear esa masa gris emplastada, que nunca acaba de despertar.

Hoy los puntos me duelen un poquito más, aunque los buenos días me han aliviado el resentimiento, el escozor de la carne que ya empieza a cicatrizar. Dejar esa ventana abierta esperando mi vuelta ha sido lo más hermoso que ha ocurrido en estos últimos días, semanas. Pero no puedo evitar el punto de tristeza que supone cerrar mi libro favorito... dime al menos si existe la posibilidad de seguir soñando con mujeres desnudas, con niñas que enroscan un mechón de pelo entre los dedos, soñar y soñar con esa pareja que se deshace en confidencias en una esquina del jardín o con esa belleza que se masturba en penumbras en una terraza, mientras el galán afloja la pajarita de su cuello adelantando el momento, ya sabes cual. Me he permitido ese pequeño lujo, dejar que la mente ande suelta sin ataduras o nudos complicados, y siempre, siempre, se me ocurría una historia. Era posible lo que yo creí inoportuno y suicida, el miedo de hacer el ridículo se ha ido evaporando y ahora sólo queda una promesa de sueños sólidos. Por supuesto, tú has hecho que esto sea posible, ¿cómo? abriendo lo que ahora pretendes cerrar. No lo hagas, por favor, al menos intenta crear otro universo en el que quepan todas las historias que fluyeron en una imagen, en una quimera que comenzó a cobrar sentido.

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Sensaciones cruzadas, la ternura de los cuidados a un cuerpo recién mutilado, la mano traviesa buscando la humedad pegada en las bragas. Perder el tiempo que nunca muere en una conversación que se extiende hasta el postre y la extenuación de las velas; explicarte que fue una loca aventura en la que corrí el riesgo de estrellarme contra el quitamiedos, que se me nubló la vista -oh, sí- y perdí el conocimiento pero que la comida del hospital en realidad no es tan mala. Hacer risas mientras conoces mis gestos, averiguar los tuyos antes de la copa después del postre. Entre tanto esconder tu cabeza entre mis muslos. La ambigüedad me precede, llorar para no sentirme sola mientras me froto en tu pecho, estallar mientras gimo de placer. Conectar. Ya me siento bien, lo haces, de veras que sí. Sólo una cosa... no te pierdas, es que...

dime, ¿de quién voy a ser ahora princesa?


John Frusciante - Dark light

viernes, 27 de julio de 2012

"No existe la locura, sólo gente que sueña despierta"





Tener deberes me trae a la memoria mis comienzos e indagaciones en el mundo BDSM, mis experiencias y como he ido pasando de oscuros a claros y viceversa. No te hablaré de mi sexualidad, ya la conoces, ya me conoces y sabes bien cual ha sido mi trauma y cuales mis condiciones. Pero digamos que mi curiosidad por esta “cultura”, como muchos lo llaman, viene desde que estaba en el útero de mi madre; dirás que exagero, y pueda que sea cierto, pero ya sabes porque utilizo esa expresión.

Por pura diversión o entretenimiento caí en un chat con una sala dedicada el tema. Pensaba que sería la sala con más metros cuadrados de pajilleros del chat; imagínate los nombres: Calentito35, AmoPerverso, POLLONXXX, tuputita_, AmoDuro, Sexo_Con_Maduras y así hasta cien usuarios. Me quedaba leyendo el general la mayoría de las veces, ignorando los mensajes privados de los más calientes. Había muchísima gente que entraba pidiendo sexo directamente “Busco chica para correrme/se por cam” esa era la frase que más veces se repetía. Luego había un grupo de usuarios, que como suele ocurrir en cualquier chat, habían creado un vínculo de amistad por la cantidad de tiempo que llevaban frecuentando la sala. En ese grupo encontré la persona que me abrió la puerta cuyo umbral crucé más segura y con menos miedo. Durante meses fue como una especie de libro para mí, resolvía todos esos entresijos que con los años me habían estado desvelando algo completamente nuevo y peligroso para mí, y a cada cosa nueva que aprendía, más aumentaba mi curiosidad. Empecé a investigar por mi cuenta, pues en el fondo también pensaba que Trevor -así era el nick de mi “Maestro”- podía estar sugestionándome, mostrándome sólo lo que él creía correcto, sólo su punto de vista y no el resto de información que podía ser la que más me interesaba a mí.

Vale, ya tenía la información, ya sabía la teoría, pero me faltaba la práctica; y lo más fácil fue lo más difícil. Empecé a practicar sola, con alguien guiándome en la distancia, sola experimentando con cosas que ni siquiera sabía que existían. Estudié mi propio cuerpo hasta aprendérmelo de memoria, ensayé conmigo misma, examiné lo insospechado y me asombraba con cada nuevo descubrimiento. Cómo era posible que todo aquello formase parte de mí misma, de mi cuerpo, y sin embargo yo nunca había reparado en ninguno de esos puntos en todos esos años. Por fuera y por dentro, también. Porque algunos miedos desaparecieron cuando comprobé que no había peligro donde yo lo veía, la inseguridad se hizo más pequeña, los complejos desaparecieron y ya sólo vivía obsesionada con querer ser mejor, con querer usar todo lo que había aprendido en ese tiempo.

Tardé años en tener un contacto real y poder realizar todas las fantasías que se habían acumulado en mi cabeza, trabajar mis ejercicios onanistas en compañía y, de paso, manifestar que distancia, tiempo y fuerza es algo que se escapa de la imaginación, y eso era algo con lo que yo no contaba. Las primeras sesiones fueron las más duras, físicamente, que he experimentado en todo este tiempo. No conocía mi umbral del dolor, estaba capacitada para hallar el placer a través de la tortura de mis genitales y otras partes de mi cuerpo, era una agonía dulce para mí. Las marcas se quedaron ahí, trazando mis nalgas o muslos, varias semanas después. Tardaba meses en volver a tener esas experiencias, siempre con la misma persona, pero yo seguía preparándome para ello. Mientras, había otra praxis en la que yo no había reflexionado, más que nada porque no había considerado el no decir “no” absolutamente a nada. Era mi comportamiento, yo ya no era la misma. Sólo vivía para una persona, daba igual cuál fuera la hora del día que yo siempre estaba dispuesta a lo que fuera. Todo no consistía en el sexo, había decretos para vestir, actuar o alimentarme de una manera en concreto. Había regalos, había un enriquecimiento cultural ineludible, y muchos más preceptos que hicieron de mí una chica disciplinada, aunque en los momentos divertidos siempre surgía mi lado salvaje, mi insubordinación, que era una excusa más para buscar el castigo que me daba placer.

Y llegó el momento del 24x7, porque a pesar de que yo fuese una persona totalmente sumisa para mi compañero a 500 kilómetros de distancia, no fui realmente sumisa en todos los aspectos hasta que ambos empezamos a compartir casa. Entonces todo cambió, no perdí el interés pero había cosas que no veía lógicas, cosas que me molestaban, mandamientos que yo no estaba dispuesta a obedecer. Me di cuenta que había idealizado un mundo mucho más complicado de lo que yo creía, las fantasías estaban muy bien en la imaginación, pero cuando todo se hizo real había situaciones, posturas, hechos, que eran verdaderamente imposibles de realizar y concebir. Naturalmente hubo mucho más cosas que me llevaron al fracaso en aquella relación, pero aquí no lo voy a contar.

¿Lo que siento ahora? también lo sabes ya. BDSM es un conjunto de muchas cosas, en la dominación o en la sumisión no siempre existe el dolor. Que te aten a la cama exenta de movimientos puede ser BDSM, sin látigos, sin pinzas, sin consoladores para doble penetración. Y eso sólo es un ejemplo. Me gusta el sexo fuerte, muy sucio como dirían otras personas, me gusta muchísimo experimentar, conocer, poder decir que “esto me gusta” o “esto otro no me gusta”. Por eso quizás no me asusto o escandalizo cuando leo, escucho y veo determinadas cosas. Me parece perfecto que la gente consiga placer de la manera en la que ellos crean posible y conveniente, siempre que no sea dañado o forzado. Mi ética o moral nunca repara en ese tipo de cosas, va más allá de los medios para el goce ajeno. Lo que sí me fastidia es haberme encontrado gente que juzguen a las personas que disfrutan o realizan estas actividades globales. Habrá quienes encuentren en ello algún tipo de trastorno mental ¿por qué? ¿qué es lo correcto?. Y lo que más me enfurecía era saber que parte de todo ese rechazo venía de la forma en la que fue educada nuestra sociedad. Y yo, en cambio, sí que respeto cualquier tipo de vista.

Es tu petición, acerca de mi destreza, mis experiencias, mi visión sobre un tema que a ti te interesa ahora o desde hace tiempo. Pero no puedo ahondar en ello mucho más, hay cientos de páginas, libros o documentales acerca del BDSM, pero no creo que nada de lo que leas ahí te haga tener una idea de todo lo que hay. Yo no voy a descubrirte nada que no esté ahí, nada nuevo. Siempre te dije que yo no pertenezco a ese mundo ni a ninguno, no me gustan las etiquetas ni las clasificaciones. También te dije que no me considero sumisa o dominante porque soy ambas a la vez, y que conste que no siempre me estoy refiriendo al sexo, es el comportamiento también. Me gusta dejarme llevar y poder realizar las cosas que pasan por mi cabeza, me gusta compartir eso con la persona a la que amo y que nadie me juzgue por ello.

Podría contarte mil historias, más de las que ya te conté, pero ahora sólo estoy haciendo mis deberes.



jueves, 28 de junio de 2012

Mi vida en 3:45






Bienvenido a los procesos internos de mi mente,
tan oscuros y asquerosos que no puedo disfrazarlos,
en noches como esta me asusto
de la oscuridad que hay en mi corazón,
huracán.

Hurricane - MS MR




Te avisé
Sabía que llegaría hasta aquí
Sabía que volvería a pasar
Pasó
Está pasando
Y tú dijiste que creías en mí



Te pienso
Me comporté como yo era
Así, como yo soy
Sabía que huirías
Sabía que no me ibas a comprender
Y tú dijiste que te asusté a conciencia


Te anhelo
Fui yo quien desató la tormenta
Azoté las nubes, revolví la tierra
Sabía que apuntaba al suicidio
Sabía que correría a por ti
Y tú dijiste que no me aceptabas como era


Te odio
Por sacar lo malo de mí
No entiendes que no puedo ser de otra manera
Sabías que era frágil
Sabías que me diluyo en tristeza
Y tú dices que ya no más, que me aleje de ti


Te amo
Más, con resignación al punto y final
Sabía que habría un vacío
Sabía que no se podría llenar
Debí tener los ojos abiertos
Más cuando dices que jamás voy a encajar


martes, 12 de junio de 2012

El lado oscuro de las cosas







Me dices que mis paranoias son tan absurdas que debería visitar a ese psicólogo con el que el chico decadente suele desahogarse. Y yo te respondo que no deliro con conejitos inoportunos e indiscretos, que si hubiese alguna patología en el proceso de mi desarrollo afectivo sería, de cualquier modo, mi problema. En ese caso ¿dónde está el problema?, que siendo mis alucinaciones tan ilógicas e irracionales se puede vivir perfectamente con ellas, pues no creo que alteren pensamientos ajenos. Adáptate tú, jodido chiflado, que se adapten los demás, dejadme a mí con mis fantasías, con mi cordura o mi incongruencia. Pero insistes, te gusta diseccionarme como a una rata de laboratorio, porque en el fondo tienes esa vocación frustrada que nunca llegaste a desempeñar. También pasa que quieres estar por encima de todo; y es que te hiciste Poeta en lugar de estudiar psicología, te prometo que jamás entendí el motivo. “Hay que dominar la naturaleza, los entresijos de las mentes, de ese modo conseguirás subyugar los versos de una composición perfecta” me dices. Vale, quieres jugar, husmear en mi raciocinio porque también pasa que estás fascinado con ese psiquiatra cuya mujer sufre superfecundación heteropaternal. Y ahora estás interpretando ese papel, ahora te sientas en el borde de mi cama de madrugada, me haces preguntas eclipsadas sobre un yo paradójico y a veces me quedo sin respuesta. Bah, tampoco me dejas tiempo para pensar y responder, el trato es contestar de manera automática. Cuando acabas con la batería de interrogantes imponentes y desestimables, redactas en una ficha un perfil inútil y retractable. 










Irene.
31 años.
1,60 de altura.
45 kilos de peso.
Enajenación, alteración de la razón y el afecto. Distorsión de la realidad.
Tratamiento: psicoterapia.


Me llamo Irene y no estoy loca.  Participo en este ejercicio de manera voluntaria, para dejar constancia de mi sano juicio y, también, para dejar en ridículo a mi amigo que cree que sí estoy loca. Me ha pedido que redacte los problemas en los que más suelo pensar, dudas, quiere conocer mis miedos, qué cosas me inquietan y qué es para mí la realidad.

Yo nunca he sido una persona de pensar mucho, siempre me he movido por impulsos y nunca he tenido dudas existenciales. Bueno, tal vez, cuando estudié filosofía pero aquello duró lo que un par de cursos. Tampoco quiero decir que una persona impulsiva no sea también una persona racional o con esa capacidad de cuestionarse dudas metafísicas, pero ese no es mi caso. Las dudas que siempre me han asaltado a mí son más del tipo ¿por qué hay eco en el baño cuando quito las toallas y la cortina de la ducha? ¿por qué hay dos rebanadas de pan de molde en el paquete que nadie nunca se come? ¿hay alguna función más que la de proteger?. Sí, ya sé que la respuesta debería de sobra conocerla, pues hasta los niños de doce años la sabrían responder. Pero ahí están las irresoluciones que a mí me hacen discurrir.

Mis miedos son totalmente comprensibles y habituales; la incomprensión, el rechazo, dolor -no físico- eso que llaman dolor del alma. No hacía falta analizarme para llegar a la conclusión de que el miedo es lo que me conduce a la inseguridad y a la debilidad, pero que esto no se puede tratar como una psicopatía. Luego existen otros miedos que son temores, pequeñas alarmas que me paralizan durante una milésima de segundo. Esto ocurre, por ejemplo, a primeros de junio de cada año. Extrañamente me pica una araña y una asquerosa erupción se espurrea por todo mi cuerpo. Bueno, de ahí deriva otra pregunta de esas en las que no hallo respuesta: ¿por qué me pica justo en esa fecha?. Como si no existiesen las arañas el resto del año. También le tengo respeto (aprensión) a los microondas, y es que cada vez que toco uno sufro una descarga de corriente eléctrica. Al principio pensaba que era la casa, tal vez por lo de la toma de tierra, pero es que me ha ocurrido en todas las casas por las que he pasado. Por lo tanto me mantengo alejada de ellos.

La realidad… es esto, que tú y yo estamos aquí en este instante. Es la existencia de algo. Realidad es que no puedo tener cactus en casa porque se mueren, me los cargo a todos. Realidad es que se acabe el gas de la botella de butano mientras me estoy duchando. Desarmar un reloj con alarma y cuando creo haberlo arreglado me sobran o me faltan piezas. Comerme los helados sobre un plato porque siempre, SIEMPRE, se me cae la bola. No, no lo llames manías, no lo son. No es que sea yo muy maniática, sólo un poco estricta en la higiene de la casa y en la personal. Mis excentricidades son más del tipo apuntar cosas, por ejemplo números de teléfono, en los papeles de los caramelos. Empezar a leer un libro en los capítulos dos y tres, alargar el final durante meses. Estornudar con los ojos cerrados y abrir la boca cuando me pinto los ojos. Buscar mi nombre en una sopa de letras o hacer agujeros todos los años a unos zapatos.




Esto no se puede llamar Trastorno Bipolar, con todos mis respetos a los enfermos mentales y sus familiares.





Repo! The Genetic Opera - Chase the morning

domingo, 3 de junio de 2012

Sin nada





Lo intenté, y sin embargo tú nunca me entenderías. Cómo explicar la sensación que oprime y no deja respirar, cómo explicar que no soy caprichosa, que no eres tú el problema, que soy yo que nunca me vas a entender. Que hoy me gusta el blanco y mañana el negro, que vivo continuamente en el vaivén de la montaña rusa y ya no recuerdo ni donde estaba la parada de bajada. Lo intenté, y a pesar de tu extraño cariño cada día me he vuelto más pequeña a tu lado. Tú me quedas grande, tu mundo y tu interesante inteligencia es un abismo en mi ridículo cerebro. Contrastan tu sensatez y seguridad con mi yo grotesco. Inseguridad, ciclotimia, torpeza. Lo intenté y no estuve a la altura. El problema soy yo. La inestabilidad de mis emociones me lleva a un laberinto en el que no te gustará perderte. No sólo es miedo, es la indiferencia y la apatía que trajo consigo la primavera. Y querrás volar, descubrir nuevos mundos y distintos horizontes, regalar canciones y susurros de orgasmos creativos. Y yo me quedaré quieta, con los ojos cerrados, llorando lo que di por perdido de antemano. Pero son ciclos, una sucesión de estaciones en las que lloras, ríes, te caes y te levantas de nuevo. Sólo eso.




Napoleón Solo - Perdiendo el tiempo

domingo, 6 de mayo de 2012

Besar y callar







La tarde del domingo sólo me apetecía quedarme en casa viendo películas o leyendo los libros heredados, escuchar a ratos la lluvia apaciguada chocando con el cristal de la ventana y dejarme empujar por el letargo después de un agitado sábado. Pero Cordelia me llamó por teléfono, insistió tanto en quedar que no pude decirle que no. Habían pasado pocas horas desde que nos despidiéramos, junto a otras amigas, en el portal de mi casa. No entendía la urgencia pero admito que la intriga ganaba frente a la monotonía dominical en el sofá. 


Cuando asomé por la cafetería donde habíamos quedado pude vislumbrarla a través del empañado ventanal; su larga cabellera de terciopelo negro y anaranjado es inconfundible. También lo es su forma de vestir, tan despreocupada como optimista e infantil. Pide por mí mientras arrastra la silla de enfrente para alzar sus piernas sobre ella, el gesto me incomoda. En realidad es lo que me molesta de ella, no es que vea el gesto como algo de mala educación -la buena educación no siempre está en los modales- es que aprecié en ese momento una desgana y una chulería que me irritaba. Por otro lado nuestra reciente relación carece de confianza. Coincidimos en el curso de inglés del año pasado, empezamos a quedar algunas tardes o incluso salimos a cenar y a tomar unas copas. Aunque ella es una chica bastante extrovertida que va contando sus problemas, yo soy más reservada y siempre mantuve las distancias.


Comenzó a divagar sobre frivolidades, recapitulamos la jornada anterior en una ciudad bañada por el sol, aludimos alguna que otra anécdota sin concretar demasiado y me cuenta que ya pudo olvidar a Jimena, su ex, que ya no llora por las noches y no se siente un asco de persona. Hasta que consiguió encontrar el preciso instante en el que contarme el motivo de haberme citado allí. Me dice que cree estar enamorada de otra chica, tiene una relación de amistad con ella, y aunque esta chica es heterosexual a ella le parece que siente cierta curiosidad por el género femenino. Sinceramente, no me considero buena dando consejos y mucho menos cuando siento que el vínculo con esa persona no es nada especial. Se lo explico pero ella no quiere entender, lo único que pretendo es que vea que puede peligrar la amistad con esa chica si ésta la rechaza, pero también puede que se vea correspondida, aunque sólo sea por simple curiosidad.




Se va la tarde




Descienden las últimas líneas de luz sobre la colina, el aguacero es una cortina difusa tras la luna del coche de Cordelia. Estamos en la cima de la montaña, en un precipicio fortuito y al borde de una carretera demasiado disimulada. Apenas se distingue la penumbra de la ciudad y yo me asfixio entre los seis cristales rebozados en vaho, confusión y humedad. Su mano es imperturbable y delicada cuando roza la mía apoyada en la palanca de cambio. Mi pulso es ligero y atormentado cuando siento su aliento cercano. Hay caducidad en la circulación de extremidades, en las miradas sofocadas y en la nulidad de palabras. Ya no tengo tiempo para pensar cuando sus labios abren mi boca pequeña, hambrienta -no se si de sed-, desconcertada. No respiro, no pestañeo. Tampoco se si me fundo o me revuelvo, hay cierta ambigüedad revoloteando en el reducido espacio. La vehemencia con la que su lengua se ata a la mía es nimia a la sensación de ser violada por una chica en su empapado Peugeot...