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viernes, 12 de agosto de 2022

Desintegración

  


  Cinco minutos es muestra vida en el devenir cósmico infinito. Tres minutos como seas consciente de ello. Un minuto, o un día, como las moscas verdes, es lo que nos llevaremos a la tumba.

Pero es verano y vuelven las tormentas tropicales, eléctricas, truenos y el rango térmico desierto. Y el olor a tierra, hierba y radón. Un puto minuto de plenitud que se parece a los orgasmos de juventud, eternos, transcendentes, tan definitivos como inigualables. Menos mal que vivimos, cosa que no podrán decir nuestros descendientes. 

Haber coincidido en este plano ha sido todo un lujo, un honor, por no hablar de inaugurar siglo y asistir a la desintegración de lo que nos vendieron como sociedad y raciocinio, eso que al final resultó ser una patraña.

 




miércoles, 20 de agosto de 2014

Future Starts Slow


No longing for the moonlight 
No longing for the sun 
No longer will I curse the bad 
I've done If there's a time 
When your feeling's gone
 I wanna feel it




 


miércoles, 29 de mayo de 2013

I'm in love





Te colocabas el antifaz negro, rojo oscuro, con tu mejor sonrisa, mientras yo me dejaba besar por el camarero del Titanic la primera noche del año. Eras guapo, mucho, probablemente el chico más guapo del local, pero yo jamás me habría fijado en ti, pues siempre me gustaron los feos, convirtiendo sus taras y defectos en algo maravilloso y extraordinario, algo que les hace especiales e irresistibles para mí. Te besabas con una chica preciosa, de infarto, probablemente la chica más preciosa del local. Pero en mi mente encajaba más un perfil homosexual en tu persona, porque cuando nos presentaron te asocié –sin querer- a la loca de pajarita roja a la que ahora gano a los bolos, tal vez porque fue él quién te saludó con más efusividad. Buscaste mi conversación y yo te respondía completamente embriagada por las nuevas sensaciones de la noche, un mundo se abría ante mí, estaba a punto de cambiar mi vida y yo sin saberlo me dejaba mecer por un deseo tullido, algo corrompido, por el paso del tiempo. Dejaba que el color de las luces refulgentes acelerara mi pulso tambaleante a las burbujas de la copa. Bailamos, creo, me hablaste de un sentimiento triste por la lejanía de tu familia, me parece. Y tu flequillo rebelde desapareció en la noche o fui yo, que me fundí con tu amigo y compañero, el del Titanic uniformado. Esa noche no advertí la importancia de tu presencia.

No pensé en ti, no reparé en ningún momento contigo, no se me había pasado por la cabeza volver a encontrarnos. Siempre voy creando una película en mi mente con todas las cadenas de sucesos, como ir encolando cada fotograma hasta que consigues un film de puta madre; es divertido y me ayuda a vivir las cosas una segunda vez, una tercera o quizás muchas veces seguidas. Era extraño, tu nombre salía en muchas conversaciones  sobre el mantel de la mesa entre semana, entonces a mí sólo me venía a la cabeza la imagen de tu pelo revolucionario y todos rodeándote en círculo para reírte la gracia, para aplaudirte en tu baile más estrafalario. No te voy a engañar, sólo había hueco para Jonathan en mis pensamientos, su beso, sus labios y nuestros cuerpos siendo uno en mitad de la pista, el idioma era lo de menos. Fueron curiosos los días en los que pensaba que había sido una triste pero excitada Cenicienta, una princesa rescatada de las mazmorras de un castillo tenebroso solamente por una noche, una en la que todo valía y yo era una persona más fuerte, no tenía miedo a las represalias, luz verde en el camino, diría B. Pero después volvía a ser encarcelada por un verdugo maldito, volvían mis ilusiones a ser sueños de papel quemado, esfumándose todo lo que había conseguido por unas horas noctámbulas.

Unas semanas más tarde un hermoso ángel se apareció en mi celda, abrió una ventana por la que me ayudó a escapar, aunque siempre debía volver, para que el carcelero no me descubriera, así hasta saber cómo romper definitivamente estas cadenas. Ese ángel sisea cerca de mi oreja, me lleva de un sitio, a otro, y me muestra qué mundo hay ahí afuera, qué puedo alcanzar yo, qué no debo perderme. Y el día cambió cuando me compré aquella camiseta naranja de Mickey Mouse, una copa de bienvenida, la música perfecta y tú hablándome pegado al oído para no despistarme.


La carretera uniendo puntos estratégicos con ruido de fondo. Una pequeña Italia donde el aroma se funde sobre la fruta de tus cabellos, donde los pingüinos nos hacen cosquillas hasta reventar las tripas. Tubos en la bolera donde los ombligos al descubierto recogen las babas de tú (también yo) despierto. Nuestros cabellos revueltos en el piso, mechones cortados mientras el té reposa. Y siempre hay una cena que inventar, un menú de tu inteligencia creativa, desayuno en la cama, la ducha sin agua fría resbala en las espaldas enjabonadas, mis camisetas en tu cajón, los ensayos del grupo los lunes por la mañana, la barbacoa y las fiestas post-incineración, música nueva, el cine sin subtítulos, el curry y perder unas partidas al billar. Y las luces de la feria, las bombillas brincando sobre nuestras cabezas mientras el agua se desliza campante bajo nuestras piernas. Un charco, otro charco, orgía en la discoteca, se ha hecho luz y tu cama me está esperando. Compartir tu hierba y caernos de risa con tomates en los ojos. Buscar un trío y acabar enredados en tres lenguas. Devorar la playa en una noche, inyectar la arena con la linterna buscando lo perdido en mitad de una borrachera. También pedalear y pinchar la rueda trasera de tu bicicleta, las tapas y las cuarenta y dos cervezas cuando "la lola" acabó pasando la revisión. Los cumpleaños, el legendario y el mundo naranja, una mosquitera, un festival, tarjetas. El hambre invisible acaricia mi nuca mientras llegas, cruzas el umbral, te espero, me rodeas y ya no puedo distinguir el azul o verde de tus ojos, sólo la suavidad de tu piel aferrada en mi cadera. 


Y ahora ¿qué te digo, amor? he atravesado todas las barreras posibles de tu mano, lo inimaginable son los alicientes que aún me hacen seguir caminando. Otra vez tu cama, la vainilla, la piedra con luz alumbrando mi primera vez, nuestra entrega. ¿Dónde estabas? te digo. Y mientras mis piernas se abren, mis entrañas acarician tu polla que nunca encuentra fin, mis pezones se revelan cuando la perfección de tus colmillos intenta dejar huella. Estamos haciendo el amor. No me voy, me quedo, porque tus sábanas y tu mundo es el único lugar en el que siempre quiero vivir. Porque ya conoces mi universo, no quieras perderte en el pasado que me encerró, ya no hay carcelero, solos tú y yo, y si no…, si no, siempre nos quedará Sudáfrica. 



viernes, 1 de febrero de 2013

Post Scriptum: soñar es gratis






No se nada, por supuesto que no se nada, ¿cómo iba a saberlo? si cada día el mundo se vuelve más loco y yo voy sumando un par de horas más, unas cuantas arrugas más; y sin embargo, por dentro, todo sigue intacto.

Quería un día especial, a pesar de lo agnóstico, porque siempre me siento ambigua, también como tu Mr. Hyde, pero a lo mejor más lejos de lo oscuro, más cerca cada vez de la luz y todo ese rollo de armonía espiritual  Pero los días especiales aún no están disponibles para mí, aún no he conseguido resolver los entresijos -eso parece- y están tan prohibidos como los besos robados de madrugada.

Me asusta que la gente hable de suicidio, me entristece que la gente manche cuadernos con tinta desconocida, que la frivolidad florezca y conviertan en banalidades la pena que otro arrastra. Que nadie se de por aludido, por favor, porque estoy cansada de tanta acotación. Todo lo que leo fuera del mundo blogger, el cine, la traducción de las canciones que escarpan siempre más allá de., esa lámina protegida por un plástico, una capa de barniz, un cristal, disfrazan la palabra suicidio.

**

Su voz se entrecortaba, se perdía el hilo que la suspendía como alejándose en el tiempo. Pero, curiosamente, en el tono apaciguado y tremendamente triste, había un punto de resignación. "Ven, mi hija se ha cortado las venas". Y cuando cuelgo el teléfono todo se vuelve amarillo y sólo recuerdo el impacto contra la mesa del salón. ¿Se habría sentido ella igual aquella noche de hace dos años?. Nunca volvimos a hablar del tema, no me interesaba su opinión, o como dice la loquera, puse una capa encima de otra para olvidar, pero es cierto que las cosas enterradas casi en la superficie al final acaban saliendo tarde o temprano. Ha perdido mucho peso, mucho, un saco de huesos con ojos morados y la piel más blanca que he visto en mi vida. No le pregunto qué hizo, por qué lo hizo, sólo que está horrorosa y que ha fastidiado el día de mi cumpleaños, que vaya pensando la manera en la que compensarme por todo ello. Ella me habla de las dificultades para cortarse las venas, que no tenía cojones y la cuchilla se le resbalaba de las manos. Que no sabía si hacerlo en la bañera, en su habitación, en el piso de su ex. Y que, por supuesto, no es tan fácil como te lo pintan en las películas, en las pantallas del cine. Que la hoja de la cuchilla quema, se atranca, y al principio la sangre no brota, pero después te entra mucho sueño. Que no vio ninguna luz, nada de polladas, dice ella.


**

Ni sabía, ni esperaba nada.

Solamente me dio tiempo a una ducha rápida para deshacerme del olor a hospital adherida a todas mis pieles. Mi jefa me llamó con un ataque de ansiedad, es mi día libre pero me pide que me vaya con sus hijos hasta que ella llegue de la ciudad. No le sale cuatro palabras juntas entre tanto llanto. "Lo de siempre, sólo sabe hacerme daño, necesito a alguien que me quiera y que se movilice por mí". Me cago en los clavos de Cristo, su ida de olla es más grave de lo que yo pensaba.

Cuando llego a casa procuro no abrir la puerta con mi juego de llaves. Él preparando la cena, la gata enroscada en el sillón con uno de los niños, y el otro acabando sus deberes en la habitación. Había un rico olor a hogar, y no era exclusivo de la sopa de fideos, también era la luz y la temperatura, muy cálidas. Se sienta y me mira mientras suspira hondamente. Lo sabe, sabe que ella ha perdido todos los papeles, que ya no tiene excusa, y sin embargo me manda allí, con él... "Un puto papel, un puto informe médico y todo tirado por tierra". Le escucho, saco dos cervezas del frigorífico, le ofrezco una y él pone un cigarrillo en mis labios, pero yo no fumo. Sigo escuchando su tormenta, intento recomponer los trozos fragmentados. Dos cervezas más, otras dos, dos más, otras dos, y otra, y otra... Los niños se han ido a la cama, nuestra cena se queda fría sobre la mesa, nos dejamos caer en el suelo de la cocina resbalando apoyados en la pared. La gata se frota con nuestras rodillas juntandonos de pelusa blanca el pantalón. Inclina su cabeza buscando mis labios y su boca se estrella en mi cuello, en la cremallera de mi jersey. Hay un instante de debilidad, si cierro los ojos... quizás... tal vez pueda verlo, pueda sentirlo a él, pero no. Por mucho que desee unos labios y ser besada no es él a quién amo.

Por qué complicamos las cosas, por qué asume un derecho que no es suyo, por qué la libertad sólo existe en la palabra que se escribe. Por qué la debilidad me convierte en su presa, por qué no te cruzaste antes en mi camino. Como siempre, yo no tengo sus respuestas, ni siquiera las mías propias, en realidad no sé, no espero nada. "Siento estropearte la noche" y mi noche era mañana. Entonces le hablé de él, de mis prioridades, de mis cambios de humor y mis desvarios de niña caprichosa.

**

Quería un día especial y algunas personas lo hicieron posible. Mi cuñada me prepara una fiesta que consta de dos partes: un almuerzo con mi familia con una entrega de regalos sin precedentes, mera formalidad que hace que vuelva a revivir parte de mi infancia. Y una reunión de amigos el sábado por la noche, una reunión con muchos chicos guapos que están deseando bailar conmigo.

Una amiga a la que hace tiempo que no veo me invita a cenar, y de repente el clásico de la Copa del Rey llega a nuestra mesa, mientras la tuna me regala el oído. Qué romántico...

Mensajes fríos, impersonales... "pásalo bien" "aprovecha este día" "disfruta", etc. ¿En serio? por favor, de donde se han sacado esas plantillas?. Pensé que un día así algo podía ser distinto, aunque mi comportamiento unos días antes hubiese sido reprochable, era mi día, como entonces fue el tuyo.

Pero de repente llega alguien, una persona a la que un día, hace mucho tiempo, le dijiste que día era hoy, y va y se acuerda. Y te llena de palabras bonitas que no sólo se quedan en palabras, y te regala una tarta poco convencional mientras pone en marcha el reproductor de música. Y te habla de todo lo creativo, de la familia, del amor, de la amistad, de la soledad compartida. Y tú, por una vez, te sientes especial.

Gracias.




Ps. me dijeron que soñar es gratis, y por eso me colaba yo en almohadas ajenas. Yo continuo preguntándome cuando se va a terminar todo esto, mientras el chico hardcore sigue sin actualizar.


Red hot chili peppers - Under the bridge

miércoles, 2 de enero de 2013

La última cena del Titanic es el primer polvo del año





Noche de estrenar, inaugurando año, aceitunas flotando en las burbujas del champán que rebosó en la copa, derramándose el tinte en las manos del papel de regalo, revienta el cristal de mellas vacías. Un castillito de fuego iluminando las sosegadas e impenetrables aguas del mar, mientras ella sazona el azul de la tarjeta y desdibuja el centro de la flor aparentando el puntito de la i, mientras en la colina los privilegiados comensales disfrutan del último festín: entre el salmón con salsa muselina y el pichón asado con berros no se hundiría el barco, pero él haría tambalear el nacimiento del mismísimo océano, innovando malabarismos con la bandeja en sus manos. Veinte grados de temperatura no fue ninguna quimera, ni la purpurina tornasol secándose en los labios deformando bocas en monstruosidad, ni el Gucci apagando el Shiseido impregnado en la sensible piel de las clementinas. Igualmente no existía alucinación alguna en las plumas inertes que flotaron en el aire cuando relegó el número par y mimó el impar que cargaba una trampa de advertencias, un diablo hurgando en la inmaculada desaborida, atea, hambrienta de fuego, tejedora de mentiras podridas. Y se abrió paso entre el tumulto de carne huérfana, cabellos relucientes brillando entre los destellos de un vestido tallado en gemas espectaculares, sorteando la desgracia del pie equivocado y las manos que van al vicio. Destilaba el vodka en el fondo del vaso, con mucha camaradería  haciendo las pompas de limón cosquillas en la garganta. Y extasiaba el licor, la música, la risa, la suave maría, los sabores incrustados entre desconocidos que por una noche se frecuentan vestidos con trajes prestados, que se tocan contagiados por un embriago de dulce espera, un esperanzador aliento y una tregua sólo por una noche, esa noche que te hace estar vivo un momento. Protegida en el círculo no concibe la presencia del uniformado sin galones, un festivo decorado en sus hombros le devuelve el brillo a los ojos. Danza su cuerpo en un vaivén dulce y prolongado, él se acerca y la envuelve desde atrás. Se va pegando. Lo va notando. El tamaño de su polla se amolda perfectamente al hueco de sus nalgas, comienza, entonces, el ritual de cortejo recorriendo el cuello con los labios. Se apartan de la cortina de humo, de la tarima y el dj delirando bajo cientos de bombillas de colores. Se deshacen en la oscuridad evocando al jazmín del verano, al aire libre, entre azucenas, eucaliptos, madera y manzanos. Desafiando el tapete de la mesa del billar, fluyendo carne y fluido, lengua, orgasmos y humedad. La primera noche del año, fingiendo que no son, follando dos desconocidos con alevosía y nocturnidad, ya están condenados.


Crystal Castles feat. Robert Smith - Not in love

jueves, 29 de noviembre de 2012

Unfinished







me he dejado el turquesa en la barra clandestina
ahí se han anudado las copas,
el jabón de sus manos
la ropa usada, mal vendida
el humo
el whisky licuado

todas las voces danzaban en la misma senda
me hablaban de un sueño,
latían ahí adentro
mientras la música chocaba en la pared
retumbando tu nombre en mi cabeza

mantuve la mirada limpia
mientras el tiempo
vestía de primavera mi melena
he gastado los zapatos,
he perdido las cartas y
se han roto las medias

me han regalado la noche
pero yo sólo ansiaba tus cinco segundos
deshaciendo la torpeza bajo la mesa
ahora lo sé... no había pretérito
no existió la niña mujer
ni mi orgasmo en tu cabeza

me despido, amor
"nunca has existido"
me repite al oído
el vendedor de quimeras



Thom Yorke - Hearing damage

lunes, 12 de noviembre de 2012

Mi sueño (un mundo para ti)







“Cuál es tu sueño” me lo preguntas con ese tono de voz que me derrite, que me tocas y se pueden colar los dedos de lo blandita que me vuelvo a tu lado. Que no sea una niña pequeña y conteste cuál es mi deseo, qué me gustaría que pasara ahora contigo. Pero estoy viviendo mi primer amor con algo de retraso, da igual que no tenga quince años, yo veo rosa y corazones por todas partes. Claro, he pasado de niña rural a niña rural ñoña y pegajosa, pero y lo feliz que soy yo qué, eh. No quiero que se vaya esta sensación, no quiero volver al gris ni al sofá, no quiero aislarme más en la habitación y cerrar la ventana mientras hundo cara y desgana en mi almohada. Por eso no puedo evitar reírme nerviosa, no quiero que descubras cuánto me gusta soñar despierta, todas las mariposas haciendo de las suyas ahí dentro, y tu voz subiendo por mis piernas, hasta llegar a ese lugar que tan bien conoces tú, un hogar que ya es tuyo.

Cuando cierro los ojos pienso en las cosas pequeñas, esas que a mí me llenarían tanto, y que por ser tan nimias nunca llegué a conseguir. Y te veo ahí, enredando, siendo la otra pieza del puzzle que encaja en la estructura más perfecta, porque contigo mis posibilidades se multiplican por infinito. He contado los segundos y los pasos de vuelta a casa después del trabajo, porque sé que estarás terminando un libro y yo me muero por descubrir esas letras en tu mirada. Te acercas a la puerta y mis ojos brillan cuando te veo apoyado en el umbral, tu sonrisa evapora en bruma las agujetas de la jornada laboral y colgarme de tu cuello es la mejor recompensa al exhausto día. Disfruto en la cocina después del baño de espuma con sales minerales que nos hemos preparado. Me gusta rodear tu cuerpo con mis piernas, me gusta transmitirte la sensación de mis dedos extendiendo el jabón por tu espalda, mientras nos contamos qué tal nos fue el día. Te beso mientras aprisiono tu dorso, no quiero que escapes, no quiero que te escurras por el sumidero, me aterra la idea de verte volar. Me gustan tus ensaladas pero hoy prefiero sorprenderte, hoy prefiero salpimentar el solomillo y reducir la salsa, mientras tú sirves dos copas de vino recitándome un poema, la banda sonora es la nuestra, esa que ves aquí. Estás delicioso cuando te concentras en ese abismo de palabras, cuando te acercas a mi espalda para abrazarme desde atrás después de tirar del lazo de mi delantal. Tu respiración tan cerca de mi oreja, resbalando por la nuca, me enternece y excita a partes iguales. Y proporcionarle al sofá una usanza que desconocía, entre rollos de plumas y pelusas de lana. Compartimos ese otro arte en el que nuestra estética coincide, como en tantas otras cosas que obvié cuando me negaba a ver la evidencia. He llenado la casa de notas de colores, cada nota esconde una pista y las señales te conducen a un premio, al final del juego divertido tu curiosidad de niño travieso es lo que más me enorgullece. Las opciones bucean en este instante en tu pensamiento, más tarde, si quieres, te puedo susurrar al oído en qué consiste tal recompensa. Quiero llevarte al museo para jugar al escondite entre Velázquez, Tiziano, Goya y El Greco. Enseñarte que también hay un hueco en las butacas de la ópera para los menos elitistas, los que prefieren a Wagner o Handel con vaqueros y camisetas de rock. Y tú me llevarás al parque, a pasear bajo la lluvia para meter los pies en todos los charcos, a jugar un cartón en el bingo para mostrarte que me llevé toda la suerte el día que me encontraste. Me mostrarás dónde se esconde la magia de la ciudad, la que sólo puedo descubrir si voy de tu mano. Tantas y tantas cosas que únicamente puedo conocer porque eres tú el que me las revela, el que las inventa o le otorga el sentido que tienen. Aprenderé a recitar, a escribir una poesía que lleve tu nombre y esencia. Medir los metros cuadrados y usar los perfectos para una cama grande, tuya y mía, y pintar la habitación de un color que todavía no se ha inventado, pero que no sea naranja. Te buscaré de madrugada, cuando las heladas del invierno violen nuestra habitación, enlazando mi pie entre tus piernas, transmitiéndote mi calor. Me pegaré a tu espalda cuando caigan las hojas en otoño, deslizaré en ella los sueños que cayeron de mis cabellos, para compartir contigo un mundo mejor. Abriré mis ojos en primavera, y sin duda, daré gracias por verte a mi lado, porque no podría tener un mejor despertar. Hoy te quiero hacer feliz y enredar mis dedos en tu barba. Y cuando verano bañe de sudor todas las certezas, serás tú el que me busque al otro lado de la cama. Mi cuerpo reaccionará a tus caricias, mis labios buscarán frescura en tu lengua y sólo entonces te susurraré “Me gustaría ser follada con amor” porque nadie mejor que tú, nada mejor que sentir todo este amor, para perder mi virginidad. Que me sientas dentro de ti, sentirte dentro de mí, es lo que más deseo en este mundo. Sólo entonces estaré verdaderamente completa. Buscaré, como ahora, tu nombre en la sopa de letras, y encerraré la palabra en un corazón. Cuando crea haber perdido la seguridad que me regalaste me enterraré muy fuerte en tu pecho para tomar un nuevo impulso, esta vez mucho más grande. Y haré que cada día sea único, te arrancaré sólo sonrisas, porque lo mereces, te mereces la mejor parte de mí.

Ese es mi sueño, eso es lo que quiero, crear un mundo para ti donde sólo quepa la felicidad. Juntar mis libros a los tuyos en las estanterías, ir a recogerte a tu trabajo el día que menos lo esperes, regalarte una flor. Jugar a ver quién adivina los primeros segundos de una canción, escribir un cuento a medias para leertelo la noche que no puedas dormir. Despertarte con un zumo de naranja recién exprimido, llevártelo a la cama para que no te tengas que levantar. Retarte a los videojuegos y picarte para no dejarte ganar. Recorrer los pasillos del supermercado empujando juntos el carrito, y sobre la marcha inventarnos una receta para cocinar juntos. Rociar con mi perfume una de tus camisetas, para que al ponértela te recuerde a mí. Robarte tu camisa de cuadros azules, porque me gusta llevarla sin nada debajo mientras duermo. Esforzarme para demostrarte que se puede amar una vez más como la primera. Vigilar y velar por tus sueños, para que no se cuelen monstruos ni dragones, para luchar por ellos y así puedas alcanzar todo lo que te propongas. Un mundo en el que mi calor te abrigue los días de frío, en el que los portazos tengan el único significado de estallar un poquito sin salpicar. Porque luego haré un pastel de chocolate para pedirte perdón y tú besarás mi frente dándote cuenta de que ya me hice mayor, que es una mujer la que te ama, aunque aún guarde un poquito de esa niña rural, sólo para reírnos juntos. Mi sueño es regalarte un mundo conmigo dentro, para que nunca más sientas que la soledad es fiel a tu decadencia, para emborracharnos juntos y caer despacio, y al levantarnos ver que uno está al lado del otro. Contigo he aprendido a sentirme bien cuando me siento bien, razón suficiente para no permitir que nada ni nadie te haga daño. Todo vale la pena si con eso sé que serás feliz.

No tengas miedo, respira tranquilo, voy a cuidar de ti mientras tú me dejes, pero sólo cuando me abras tu puerta sin miedo a llevarme la casa de mi pueblo a cuestas.

Te amo, incluso antes de conocer tu existencia.


2:54 - Revolving



lunes, 22 de octubre de 2012

Centro






Hace un año montaba en una montaña rusa de la que ni quería, ni sabía cómo bajarme. Los subidones, cuando el vagón se asomaba al precipicio, me cortaban la respiración y desde la cima yo me veía más grande, menos limitada y más capaz. Las nimiedades se quedaban en tierra firme, ese lugar extraño al que yo no creía pertenecer. Me perdía en las alturas buscando estrellas que ni siquiera existían, dibujando figuras geométricas sin ningún contenido, soplando globos que no llegaban a ninguna parte. Más tarde yo iba disminuyendo  la fiesta de colores se desvanecía y la profundidad de las escarpas me reducía a un rastrojo de piel muerta en el asiento tambaleante. Estaba en ese dulce y peligroso limbo cuando llegaste tú y me hablaste del centro.

El centro estaba ahí, en la entrevista de trabajo, en las capas de pintura blanca y roja en el patio, estaba en el clavel que floreció con olor a clavo, en la traducción de las canciones en inglés, en las cuerdas de tu guitarra y en tu voz en pleno concierto. Sólo tenía que cambiar lo de dentro, sólo tenía que mudar la piel para endurecer otra corteza, sacar el impermeable y aprender que la palabra amor es más amplia que el significado explotado. Eso y que el respeto debe empezar desde yo misma. Y me aferré a ese centro cuando supe cómo bajar de las montañas rusas, ahora tiro para arriba con todo y, efectivamente, doy un cambio con garantías. Sé que sabes leer entre líneas, por lo que te habrás dado cuenta que ahora prefiero el color azul. Pero eso sólo lo conseguiste tú -sin pasteleo ni peloteo- la única persona con juicio y completamente desinteresada que me pone sobre aviso de mi propia telaraña.

Últimamente me había dado por escribir cosas de la infancia, es curioso porque mis recuerdos son más claros cuánto más se van alejando en el tiempo. Soy incapaz de recordar qué película vi el viernes, pero recuerdo perfectamente cómo es el olor de un pincel mojado, no cualquier pincel, no, justamente aquel pincel mojado en magenta. De la caja con los diarios y el cofre de las nostalgias evoqué mis inicios con las manualidades y los trabajos en casa. Nunca fui capaz de dibujar o usar los colores, me fastidiaba enormemente que alguien perdiera su tiempo en enseñarme algo que yo jamás podría aprender, porque además siempre pensé que para ser pintor, escultor o arquitecto se debía nacer siendo ya artista. Pero cuando acabaron las clases guardé todos los materiales, todos los trabajos que había hecho. Jamás los volví a mirar, siguen entre plásticos que se volvieron un poco amarillos con el tiempo, pero los materiales sí que los he utilizado. Cuando flaquean las fuerzas y no se cómo levantarme, cuando no se en quién confiar, cuando no soy capaz de distinguir entre una inyección de energía o una muy letal, abro la caja de madera con todas esas herramientas de plástica. Me pongo a fabricar un lapicero, una caja para las bolsas del té, un marco para un póster en blanco y negro, cualquier cosa que merezca la pena el tiempo invertido. ¿Sabes qué ocurre mientras? que el caos de ideas y conceptos se van colocando solitos. He utilizado otra vía para llegar hasta centro. Y eso es otra de las cosas que te debo a ti.

Ahora veo a una de las personas más sensibles y concienciadas que he conocido en mi vida. Una persona que se compromete con lo que cree, que pelea por ello y además contagia a todos los que están a su alrededor. Alguien que nunca se rinde, nunca juzga, critica o enreda las cosas. Porque le gustan las cosas sencillas, la transparencia y hacer todo lo que esté en su mano por cambiar las injusticias. Yo me enfrentaría a gigantes por esa persona, le regalaría todas las canciones del mundo, hasta las que aún no se han escrito, acabaría con todos los monstruos por él, abriría la cabeza y los ojos a todos aquellos que no le tratan bien, para que entendieran de una vez por todas que no se puede avasallar y tratar mal a las personas que sólo tratan bien a los demás. Pero sé que lo que yo haga es poco, sé que a una persona tan sensitiva y entrañable como tú hasta la más fina de las gravillas le podría romper todos los cristales de su habitación. Por eso te recuerdo que hay un centro donde esas personas feas no pueden llegar porque sólo es tuyo, es tu centro. Y ahí es donde te veo yo, indemne; con tu bicicleta recorriendo las calles de ese lugar que tanto te gusta, parándote en alguna pequeña taberna donde te tomas una tostada y un café, o una cerveza con esa persona que te cuenta historias que los demás no saben, ni quien, escuchar. Te veo con más fuerza mientras compones, mientras buscas las notas que harán sonar tu guitarra y tu voz. Creciendo en tu trabajo, ese que tan bien haces, sorprendiéndote cada día más por la materia prima, las respuestas y avances de esos pequeños artistas. Te veo sonriendo mientras pintas las paredes de una habitación, y esa habitación se convierte en el lugar perfecto para dormir y soñar.

Y no es pasteleo, es acordarte de la gente que merece la pena, los que un día estuvieron ahí cuando desaparecieron todos los demás. No es devolver el favor, es estar sólo por el placer de estarlo. Y cuando quieras me gustaría que me aceptaras ese café.


Florence and The Machine - Cosmic love


viernes, 5 de octubre de 2012

Todos hablan de aquello que nadie conoce






Las colinas esconden ese ojo azul donde empieza a caer la luna, donde nadie conoce nada o siquiera sabe lo que hay. Nada parece improvisado y todo parece espontáneo, hasta el guiño de los astros patinando sobre el parabrisas o la radio del coche. Los caminos sin asfaltar contrastan con la hilera de chales ultrapijos, lo último en la frialdad de la argamasa; innovación y diseño. La casa de color marino está al final de una calle maestra, existen flancos de botellas naranjas de gas butano a su alrededor, un averno enmascarado por las sombras de pino de día, por la frondosidad de los gigantes de noche. Y tras la cancela un sendero que se pierde, uno que ella ahora apenas recuerda.

Se abre la puerta de la casa azul y aparece un universo matizado por la brocha de un loco impresionista. Hay inciensos y coco evaporándose en el ambiente, una preciosa diablilla va a saludarlos enroscando el rabo sobre su grupa. Hay un infinito entre sus cabezas y la telaraña de coloraciones, luces, muchas luces intermitentes que titilan azules, rosas, verdes o morados. Hay diez, quince o veinte personas alrededor de la piscina de agua caliente, pero a ella ya no le sorprende ver esos cuerpos desnudos tocándose, sin embargo sí le resulta apetecible el rojizo de sus pieles, vulnerables a lo inflamado. Hay un mago exhibiendo un memorizado truco de magia, desaparecen los amorosos silvestres bajo la gasa negra entre sus manos y los espectadores ríen a boca llena, desencajando la mandíbula. Se alzan telones de tul licenciosos, por zonas se mezclan los cortinajes con divertidas listas de serpentinas y lentejuelas brillantes. Cerca del precipicio, bordeando el acantilado, se encuentra el estanque con peces de formas geométricas y cabezas grandes, los perturbados los alimentan con palomitas de maíz dulce y comida de gato. Junto al sauce se encuentran los toboganes acolchados cruzados por circunferencias flameadas, por ellos se deslizan los cuerpos exculpados e inofensivos, regocijándose –amenos- en lo que aún no está corrompido. Al subir los peldaños -invadidos en fantasía- accedes al Jardín de las Delicias, cualquier locura es factible, cualquier absurdo es aceptable. Hasta el surtido de sushi entre los muslos de la bella Nath, y un rastro de saliva entre su ombligo y los pezones.

Las serpientes avanzan sobre la cúpula irisada, van trepando sigilosas, seduciendo con sus lenguas al abismo receptivo al delirio. Ella sigue danzando entre manos desconocidas, caricias que van y vienen, miembros exaltados y labios que buscan más saliva. Y todo se aúna confuso: Francia, Alemania, Irlanda, Italia, ¿Colombia?, Argentina…alquimista y opuesto, todo lo que necesitaba y quería saber. Justo en el centro, entre cielos, campos, grullas y mares está el hombre tatuado de ojos oscuros. Ella encontró la cola del dragón y sus perniciosas garras escapando de las mangas de su camisa. El desconocido de la oficina de correos se acercó a ella y empujó con sus dedos la lengua de la chica inquieta, reía echando la cabeza hacia atrás, demente adorable. Ella diluyéndose en la atmósfera, desbordada, ondulando su cuerpo al vibrar todos los huesos. Órbitas centelleantes, papeles esmaltados volando en el aire, humo dibujando su melancolía en el cielo, comprimidos de colores y gusanos de nieve. Se volatilizaba en el centro, difuminaba la memoria y el paisaje, lento, muy lento. Sólo recordó a Usher y que la luz de las estrellas era magenta, como el lazo en su pelo. Nunca nadie supo más de ella.

Siempre que la luna se esconde el sol se alza y comienza un nuevo día. Ella despertó en una cama extraña de una casa deshabitada, replegada entre abalorios resplandecientes y botellas vacías. Se apartó el pelo de la cara y se llevó la mano a la negrura de su boca, al sudor de su barbilla. Sus ojos temblaron al buscar, sin éxito, un cuerpo caliente al otro lado de la cama. Sólo halló un arroyo de sangre en los frunces de las sábanas.




sábado, 25 de agosto de 2012

Tu nombre empieza por jota





Te reté para jugar al billar, nadie podía usurparte pues tu nombre siempre estaba en negrita y aparecía por el final de la cola de privilegiados, al contrario que yo, que siempre nadaba entre la p y la s. Pero no fue tu nombre lo que me atrajo, -uhm, ya sabes, ese tan erótico/sexual/depravado y lascivo- fue el perfil que mostrabas de hombre tranquilo, no hablador e indiferente para todo. Como siempre yo escogiendo el camino difícil, queriendo tomar lo que no puedo tener. Fue esa la razón de mi curiosidad por tu forma de jugar. Quién nos iba a decir que aquello sería el principio de todo.

Escribía con veinte años sobre mis experiencias sexuales, siempre me decías que tenía talento y que nunca te dedicaba nada. Pero no era cierto y, creo, que nunca fui capaz de contártelo, esa parte tan vergonzosa de mí misma. Pero sí que había algo en aquel cuaderno tan indecoroso, había una poesía y una imagen donde resaltaban las pompas de jabón naranja sobre un cielo de azul intenso, a pie de foto This is the last time, esa canción que luego acabó en un disco de mi recopilación absurda en tu coche. Así fue como entraste en mi vida, poco a poco, sin hacer ruido, sin llamar la atención, sin protestas o reproches. Sólo con palabras bonitas, con ganas de escuchar, sin condiciones ni esperar nada a cambio.

Aquella tarde, cuando llegué frente a la puerta del hotel, sabía que estabas allí. Alto, con gafas de sol, apoyado en el capo de algún coche aparcado en la Gran Vía. Polo azul marino, parece que mi memoria es selectiva y sí recuerda los pequeños o insignificantes detalles. ¿Por qué te dije que no te vi? no lo sé, tampoco te dije que recordaba las calles de Madrid perfectamente, que sabía exactamente donde se encontraba el hotel, que la vuelta a la manzana tan sólo fue un pretexto para robarle unos segundos más al tiempo y así poder verte un poco más.

Después me distancié entre novio y novio, entre cambio de ciudad, de vida y de trabajo. Eras tan bueno e incondicional conmigo que me avergoncé de la manera en la que trataba. ¿Cuántas veces me dijiste que aquello no acabaría bien? es que me parece que fueron muchas. Recuerdo que me querías abrir los ojos porque ese hijo de puta me tenía embelesada. La cosa empezaba a no ser sana, y yo, mientras tanto, peor te trataba a ti. Estampé mi rabia contra ti porque a él lo quería, a ti también, pero ya sabes, él era la parte dominante, el encantador de palabras con un poder desconocido sobre mi persona. Te aparté por un instante de mi vida, todo me superaba, tantos cambios en pocos meses, dejarlo todo y empezar de nuevo en ese periodo me tenía absorbida. Por eso cuando te dije que me había mudado a tu ciudad, que vivía allí, tan cerca de mi mejor amigo, no te lo podías creer.

Y la ciudad se volvió amable y agradable contigo. Las primeras cervezas en el bar cercano a mi curro, la barra (aquella esquina) de las confidencias, el cine en francés, mi música en tu coche, los papeles olvidados en la mesa de aquel bar, pendientes que se perdían en las alfombras, tus escapadas para llevarme de casa al trabajo, cuando el trabajo lo tenía a cien pasos de mi casa. La excusa para vernos y hablar una vez más. Pero no fui sincera del todo, si es que callarse las cosas y no contarlas se le puede llamar mentir. Te fijaste en aquel chico que comentaba en mi blog, me decías que por nuestro cruce de comentarios pensabas que él “estaba” por mí, que yo le gustaba. Y no te dije que yo también “estaba” por él. Que me besó la primera noche, que me llevó a su casa después de cruzar la ciudad en metro, encendió una vela y me habló de amor. Que me quería y nunca había conocido a nadie más dulce que yo. Tampoco te dije que el cuento de hadas se acabó demasiado pronto, que me despidieron, que utilizaron mis filias para señalarme el cuerpo de heridas y cardenales. No te dije que dejaba la ciudad, que mi hogar era una cárcel. Y pasaron los meses sin que tuvieras noticias de mí, porque mi puñetera memoria selectiva, la que se fija en estúpidos detalles, olvidó tu mail, teléfono, tu todo. Y yo no tenía nada, por no tener ni tenía carné de identidad. Qué lejos y qué cerca queda todo eso. Lo que nunca podré perdonarme es que tú fueses la excusa, la coartada y el comodín para salvarme de lo más gordo. Por cobarde, como siempre, y no ser capaz de asumir las cosas que hago, con todas sus consecuencias.

Siempre me animaste a escribir, siempre me decías que tenía talento. Abrí el blog porque otra persona me alentó y me sugirió hacerlo como lo estoy haciendo. Y en parte siento que te debo algo (MUCHO) porque tú fuiste el primero en leerme en todos los sitios por los que he pasado, tú fuiste el primero que me animó para que escribiera y siguiera haciendo cosas positivas con mi vida. No sólo eso; sigues aquí después de ocho años, de mis idas y venidas, sin sermones, sin regalarme el oído pero diciéndome lo que piensas siempre. Ofreciéndote a cada instante, sin cláusulas ni barreras, haciendo que me sienta querida y escuchándome cuando me pongo a llorar. Y yo me siento una persona muy afortunada, porque dicen que “quien tiene un amigo, tiene un tesoro”. Y tú eres mi tesoro. Después de todo me ves escribiendo algo para ti.



Keane - She has no time

martes, 10 de julio de 2012

Conectando







Verano, viaje por carretera. Palomitas con colacao, pies descalzos y Othello. Dormir y soñar. Golondrinas, brisa en la estepa, nube gris advirtiendo la ciudad, sol acechando. Humo. Provincia homónima, historia y río. Plaza, almendra tostada y pan de higo. Jamón y Melibea, café al sol en la cuesta que lleva a su casa. Casa pintada, cena y velas. Amanece. Adiós medioevo, saludos a la sabana de ríos tintos. Piedra, verde, azul cielo, tortilla y paté en el capó. Sube y baja. Atardecer, campo. Balancear los pies en los tatuajes de tu espalda. Otra vez tú. Risas, tapón, olor a gasolina. ¿Dónde te has dejado la cabeza?. Reconquista, vestigios árabes y romanos. Río y vida. Amor, siempre estuve aquí, no me adecué a tu velocidad. Desnudos, corriendo descalzos, colocados, beso, pies mojados. Dolores, ternasco, Cariñena, baja la presión, amor en “colorao”. El Señor Marrón no se equivocó, el Señor Blanco es “el limpiador”. Iglesia, castillo, cerveza, madeja, “idiota, soy yo quien te quiere a ti”. Carretera, Placebo, ¿dónde está la bola?. Pijo, mojito, vodka, chupito, sangría de cava, burbujas, aquí te pillo aquí te mato. Hacer que no te veo cuanto tú me ves. Recuerdo, valle, coche, música, salpicadero y el mapa el cruce de pliegues en nuestros cuerpos. Calor, no tengo pijama, sábana húmeda, piel sedienta. Agua, jabón, acaríciame la espalda. “Tú, metete en la cama”. Frío, luna, estrellas y ventana, cielo… tengo ganas de ti, llama. Escultura de enamorados. Vino, Baviera. Otoño en verano, café, paseo, Desengaño. Siempre estás tú, Barcelona nos espera, septiembre es verano, ven… vamos. Te quiero respirar. Carretera, noche cerrada, quiero tu mp3. Mi amiga, tu amigo, mi amigo, tus amigas, tú (yo). Nunca yo (él). Reír y llorar. Remar, nadar, beber, tocar, fumar y alucinar. Dormir, soñar, tocar(te). Vino, cava, follar, bailar, besar, contar hasta tres y saltar, deslizar(nos), follar, arena y humedad. Llama, desgana. Despierta, resaca. Dame, quiero más.






Placebo - Every you every me

jueves, 28 de junio de 2012

Mi vida en 3:45






Bienvenido a los procesos internos de mi mente,
tan oscuros y asquerosos que no puedo disfrazarlos,
en noches como esta me asusto
de la oscuridad que hay en mi corazón,
huracán.

Hurricane - MS MR




Te avisé
Sabía que llegaría hasta aquí
Sabía que volvería a pasar
Pasó
Está pasando
Y tú dijiste que creías en mí



Te pienso
Me comporté como yo era
Así, como yo soy
Sabía que huirías
Sabía que no me ibas a comprender
Y tú dijiste que te asusté a conciencia


Te anhelo
Fui yo quien desató la tormenta
Azoté las nubes, revolví la tierra
Sabía que apuntaba al suicidio
Sabía que correría a por ti
Y tú dijiste que no me aceptabas como era


Te odio
Por sacar lo malo de mí
No entiendes que no puedo ser de otra manera
Sabías que era frágil
Sabías que me diluyo en tristeza
Y tú dices que ya no más, que me aleje de ti


Te amo
Más, con resignación al punto y final
Sabía que habría un vacío
Sabía que no se podría llenar
Debí tener los ojos abiertos
Más cuando dices que jamás voy a encajar