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miércoles, 29 de mayo de 2013

I'm in love





Te colocabas el antifaz negro, rojo oscuro, con tu mejor sonrisa, mientras yo me dejaba besar por el camarero del Titanic la primera noche del año. Eras guapo, mucho, probablemente el chico más guapo del local, pero yo jamás me habría fijado en ti, pues siempre me gustaron los feos, convirtiendo sus taras y defectos en algo maravilloso y extraordinario, algo que les hace especiales e irresistibles para mí. Te besabas con una chica preciosa, de infarto, probablemente la chica más preciosa del local. Pero en mi mente encajaba más un perfil homosexual en tu persona, porque cuando nos presentaron te asocié –sin querer- a la loca de pajarita roja a la que ahora gano a los bolos, tal vez porque fue él quién te saludó con más efusividad. Buscaste mi conversación y yo te respondía completamente embriagada por las nuevas sensaciones de la noche, un mundo se abría ante mí, estaba a punto de cambiar mi vida y yo sin saberlo me dejaba mecer por un deseo tullido, algo corrompido, por el paso del tiempo. Dejaba que el color de las luces refulgentes acelerara mi pulso tambaleante a las burbujas de la copa. Bailamos, creo, me hablaste de un sentimiento triste por la lejanía de tu familia, me parece. Y tu flequillo rebelde desapareció en la noche o fui yo, que me fundí con tu amigo y compañero, el del Titanic uniformado. Esa noche no advertí la importancia de tu presencia.

No pensé en ti, no reparé en ningún momento contigo, no se me había pasado por la cabeza volver a encontrarnos. Siempre voy creando una película en mi mente con todas las cadenas de sucesos, como ir encolando cada fotograma hasta que consigues un film de puta madre; es divertido y me ayuda a vivir las cosas una segunda vez, una tercera o quizás muchas veces seguidas. Era extraño, tu nombre salía en muchas conversaciones  sobre el mantel de la mesa entre semana, entonces a mí sólo me venía a la cabeza la imagen de tu pelo revolucionario y todos rodeándote en círculo para reírte la gracia, para aplaudirte en tu baile más estrafalario. No te voy a engañar, sólo había hueco para Jonathan en mis pensamientos, su beso, sus labios y nuestros cuerpos siendo uno en mitad de la pista, el idioma era lo de menos. Fueron curiosos los días en los que pensaba que había sido una triste pero excitada Cenicienta, una princesa rescatada de las mazmorras de un castillo tenebroso solamente por una noche, una en la que todo valía y yo era una persona más fuerte, no tenía miedo a las represalias, luz verde en el camino, diría B. Pero después volvía a ser encarcelada por un verdugo maldito, volvían mis ilusiones a ser sueños de papel quemado, esfumándose todo lo que había conseguido por unas horas noctámbulas.

Unas semanas más tarde un hermoso ángel se apareció en mi celda, abrió una ventana por la que me ayudó a escapar, aunque siempre debía volver, para que el carcelero no me descubriera, así hasta saber cómo romper definitivamente estas cadenas. Ese ángel sisea cerca de mi oreja, me lleva de un sitio, a otro, y me muestra qué mundo hay ahí afuera, qué puedo alcanzar yo, qué no debo perderme. Y el día cambió cuando me compré aquella camiseta naranja de Mickey Mouse, una copa de bienvenida, la música perfecta y tú hablándome pegado al oído para no despistarme.


La carretera uniendo puntos estratégicos con ruido de fondo. Una pequeña Italia donde el aroma se funde sobre la fruta de tus cabellos, donde los pingüinos nos hacen cosquillas hasta reventar las tripas. Tubos en la bolera donde los ombligos al descubierto recogen las babas de tú (también yo) despierto. Nuestros cabellos revueltos en el piso, mechones cortados mientras el té reposa. Y siempre hay una cena que inventar, un menú de tu inteligencia creativa, desayuno en la cama, la ducha sin agua fría resbala en las espaldas enjabonadas, mis camisetas en tu cajón, los ensayos del grupo los lunes por la mañana, la barbacoa y las fiestas post-incineración, música nueva, el cine sin subtítulos, el curry y perder unas partidas al billar. Y las luces de la feria, las bombillas brincando sobre nuestras cabezas mientras el agua se desliza campante bajo nuestras piernas. Un charco, otro charco, orgía en la discoteca, se ha hecho luz y tu cama me está esperando. Compartir tu hierba y caernos de risa con tomates en los ojos. Buscar un trío y acabar enredados en tres lenguas. Devorar la playa en una noche, inyectar la arena con la linterna buscando lo perdido en mitad de una borrachera. También pedalear y pinchar la rueda trasera de tu bicicleta, las tapas y las cuarenta y dos cervezas cuando "la lola" acabó pasando la revisión. Los cumpleaños, el legendario y el mundo naranja, una mosquitera, un festival, tarjetas. El hambre invisible acaricia mi nuca mientras llegas, cruzas el umbral, te espero, me rodeas y ya no puedo distinguir el azul o verde de tus ojos, sólo la suavidad de tu piel aferrada en mi cadera. 


Y ahora ¿qué te digo, amor? he atravesado todas las barreras posibles de tu mano, lo inimaginable son los alicientes que aún me hacen seguir caminando. Otra vez tu cama, la vainilla, la piedra con luz alumbrando mi primera vez, nuestra entrega. ¿Dónde estabas? te digo. Y mientras mis piernas se abren, mis entrañas acarician tu polla que nunca encuentra fin, mis pezones se revelan cuando la perfección de tus colmillos intenta dejar huella. Estamos haciendo el amor. No me voy, me quedo, porque tus sábanas y tu mundo es el único lugar en el que siempre quiero vivir. Porque ya conoces mi universo, no quieras perderte en el pasado que me encerró, ya no hay carcelero, solos tú y yo, y si no…, si no, siempre nos quedará Sudáfrica. 



sábado, 24 de noviembre de 2012

Respirando(te)





Un año espiándote por el cerrojo, deleitándome con tu soledad, tu humanidad y tu ocaso, tu desamor y tu literatura. Un año husmeando por el pequeño y absurdo agujero, desfilando ante mí un sinfín de marionetas, ilusiones cartón piedra, vapores corrompidos por la melancolía, cartas de amor a una destinataria puta y cruel, ciclotímica, hastiada, culta e inteligente, imaginativa, de difícil carácter… y otras féminas me dejo en el tintero, porque fueron muchas las musas que inspiraron el néctar de tu pluma. Me tomaba un café mientras recogía los mil pedacitos en los que reventabas tu alma cada madrugada. Los reunía y amparaba con un extraño cariño desconcertante, no entendía bien cómo habías llegado a despertar en mí un lado tierno, ese que nunca tuvo una zorra fría como yo.

No conseguía ponerte rostro… miento, nunca podía imaginar tu sonrisa o el color de tus ojos, si eras alto o muy bajito, gordo o delgado, porque los rasgos físicos nunca me dirían quién eras en realidad. Sólo sé que escuchaba la banda sonora mientras me consumía tu imagen en una bañera, la cuchilla en una mano, tu muñeca resbalando por el asidero, tu sangre patinando por los azulejos. Me colaba en cada párrafo y otras veces era una soga en el cuello, un corazón arrancado de cuajo envuelto con papel bonito y un lazo de regalo. Y cuando estaba en pleno descenso, a punto de arrastrarme contigo, el azul a pie de página me hacía mirar hacia arriba y recrearme en el humo de tu cigarrillo. Así te veía yo. Verás, en las clases de informática iba a buscarte, tenía esa insólita obsesión por descubrir tu grado de decadencia en esa luz del día. Y ahí estabas, preparándote para escanciar la noche. Con tus delicadas manos de poeta deslizándose por el lienzo, una hoja en blanco exhortando tu delirio, pasando tus dedos por la barba, la que me pierde mil veces antes de darme cuenta que me he rendido. Te veía con la botella en la mano, tu morro pegado a las aristas verde oscuro salpicado en rubí y la apatía contaminaba las paredes, el humo de la habitación. Los zapatos abandonados en la alfombra, la que quemaba bajo la desnuda planta del pie. Y ahí abajo se acumulaban todos tus infiernos, una colección de sacos de huesos y miembros mutilados. Y cuando ya se hacía mi noche, cuando me metía en la cama después de sobrevivir a mi averno particular, te acunaba en mi pecho para que tú también sobrevivieras una madrugada más. Ya te amaba entonces, cuando no te conocía, cuando no sabía que amor existe y mi frigidez se permitía un golpe más. Si puedes encontrar el amor, a continuación, te olvidas de todo.

Sería eso lo que me llevó a rellenar aquella postal de San Valentín, que el rosa ya empezaba a tomar holgura en mi paleta de colores y ansiaba descubrir el calor de tus notas risueñas o tristes. Y cuando me abriste esa puerta yo creí perder la conciencia, qué era eso que sentía que me hacia perder el equilibrio y me agitaba la respiración. Entiéndeme, tenía que buscar referencias y cometí la mayor de las torpezas, preguntar a quién hacías sombra; un coleccionista de venas azuladas que jugaba a ser encantador de serpientes, príncipe tenebroso y nocturno escritor de alma borracha. Me aconsejó que tuviese cuidado contigo, pero no se por qué, al menos en ese momento; ahora entiendo… temía que tú le robases el protagonismo. Confié en él al principio, pues la frialdad que tú  me mostrabas me limitaba, me entristecía,  pero poco a poco él se fue desvaneciendo, mientras destapaba su mundo de mentiras podridas, y poco a poco tú me demostraste que eras la única persona capaz de poner un poco de coherencia y criterio en mi vida.

Quizás esa vida no ha sido del todo mía… me he ido, he vuelto, entre medias me he quedado, he sido cometa volando en ti, siendo tú el único cielo, o has sido ese tipo de héroe que jamás pensé que existieran. Y ahora que te tengo tan cerca sólo quiero cuidar de ti, dibujarte una meta, conseguir que levantarte por las mañanas no sea despertar y continuar en la pesadilla, firmar un objetivo, que la caída no está prohibida -la depresión sí- cuando hay alguien a tu lado que sonríe por y para ti. Y aunque los grises amenacen tormenta, haremos del azul el paraguas que nos proteja.

Amor, cómo no me voy a sentir afortunada si es que yo soñaba contigo cuando aún no estabas en mi cabeza, yo me fijaba en ti, deliberaba la risa y el llanto, me levantaba o bebía contigo, incluso llegué a amar a  los gatos, sólo que tú nunca te enterabas de mi presencia. Cómo no voy a sentir este privilegio embalado en papel acolchado, cubierto de pompas jabonosas y láminas de acero. Si las musas fuesen plenas conocedoras de la parte que yo tengo, llorarían lágrimas de sangre y tinta, morirían de celos.

Empaqueté las velas en las cajitas del consolador, guardé la lencería en la bolsa delicada y fina. Puse a enfriar el vino en la nevera, compré el incienso vainilla y limpié mis zapatos de tacón. Me llevo un par de poemas de la estantería, quiero guardarme tu voz, y pusieron violetas en mi pelo en la peluquería, para que atesores mi olor. Ya estoy preparada, siempre querré volver, siempre, una y otra vez, tú tan sólo ábreme los brazos, amor.


Metric - Breathing underwater

jueves, 22 de noviembre de 2012

Noviembre expira; amo tus latidos, mi ciudad







Y mientras lees hojas de té
yo estaré haciendo las maletas
ahogaré en ella la noche pimienta
hasta beberte,
hasta conocerte,
hasta amarte

sabrás, entonces, que tú serás mi ciudad
que no es amargo o dulce
el vino que nos bebemos
que no es frío y oscuro
el tiempo en el que nos perdemos
y el negro velo de luz sólo es necesidad.


Y mientras el mundo duerme
yo te enseñaré a contar estrellas
nos emborracharemos de sueño
hasta verlas bailar
hasta el silencio
hasta que nuestra parábola las haga brillar

sabré, entonces, que efímero es noviembre
que amar es construirte un altar
el templo, la bestia, el púrpura
que estoy aquí esta noche
el mundo duerme y gira, gira
mientras yo vivo en ti, mi ciudad.




lunes, 12 de noviembre de 2012

Mi sueño (un mundo para ti)







“Cuál es tu sueño” me lo preguntas con ese tono de voz que me derrite, que me tocas y se pueden colar los dedos de lo blandita que me vuelvo a tu lado. Que no sea una niña pequeña y conteste cuál es mi deseo, qué me gustaría que pasara ahora contigo. Pero estoy viviendo mi primer amor con algo de retraso, da igual que no tenga quince años, yo veo rosa y corazones por todas partes. Claro, he pasado de niña rural a niña rural ñoña y pegajosa, pero y lo feliz que soy yo qué, eh. No quiero que se vaya esta sensación, no quiero volver al gris ni al sofá, no quiero aislarme más en la habitación y cerrar la ventana mientras hundo cara y desgana en mi almohada. Por eso no puedo evitar reírme nerviosa, no quiero que descubras cuánto me gusta soñar despierta, todas las mariposas haciendo de las suyas ahí dentro, y tu voz subiendo por mis piernas, hasta llegar a ese lugar que tan bien conoces tú, un hogar que ya es tuyo.

Cuando cierro los ojos pienso en las cosas pequeñas, esas que a mí me llenarían tanto, y que por ser tan nimias nunca llegué a conseguir. Y te veo ahí, enredando, siendo la otra pieza del puzzle que encaja en la estructura más perfecta, porque contigo mis posibilidades se multiplican por infinito. He contado los segundos y los pasos de vuelta a casa después del trabajo, porque sé que estarás terminando un libro y yo me muero por descubrir esas letras en tu mirada. Te acercas a la puerta y mis ojos brillan cuando te veo apoyado en el umbral, tu sonrisa evapora en bruma las agujetas de la jornada laboral y colgarme de tu cuello es la mejor recompensa al exhausto día. Disfruto en la cocina después del baño de espuma con sales minerales que nos hemos preparado. Me gusta rodear tu cuerpo con mis piernas, me gusta transmitirte la sensación de mis dedos extendiendo el jabón por tu espalda, mientras nos contamos qué tal nos fue el día. Te beso mientras aprisiono tu dorso, no quiero que escapes, no quiero que te escurras por el sumidero, me aterra la idea de verte volar. Me gustan tus ensaladas pero hoy prefiero sorprenderte, hoy prefiero salpimentar el solomillo y reducir la salsa, mientras tú sirves dos copas de vino recitándome un poema, la banda sonora es la nuestra, esa que ves aquí. Estás delicioso cuando te concentras en ese abismo de palabras, cuando te acercas a mi espalda para abrazarme desde atrás después de tirar del lazo de mi delantal. Tu respiración tan cerca de mi oreja, resbalando por la nuca, me enternece y excita a partes iguales. Y proporcionarle al sofá una usanza que desconocía, entre rollos de plumas y pelusas de lana. Compartimos ese otro arte en el que nuestra estética coincide, como en tantas otras cosas que obvié cuando me negaba a ver la evidencia. He llenado la casa de notas de colores, cada nota esconde una pista y las señales te conducen a un premio, al final del juego divertido tu curiosidad de niño travieso es lo que más me enorgullece. Las opciones bucean en este instante en tu pensamiento, más tarde, si quieres, te puedo susurrar al oído en qué consiste tal recompensa. Quiero llevarte al museo para jugar al escondite entre Velázquez, Tiziano, Goya y El Greco. Enseñarte que también hay un hueco en las butacas de la ópera para los menos elitistas, los que prefieren a Wagner o Handel con vaqueros y camisetas de rock. Y tú me llevarás al parque, a pasear bajo la lluvia para meter los pies en todos los charcos, a jugar un cartón en el bingo para mostrarte que me llevé toda la suerte el día que me encontraste. Me mostrarás dónde se esconde la magia de la ciudad, la que sólo puedo descubrir si voy de tu mano. Tantas y tantas cosas que únicamente puedo conocer porque eres tú el que me las revela, el que las inventa o le otorga el sentido que tienen. Aprenderé a recitar, a escribir una poesía que lleve tu nombre y esencia. Medir los metros cuadrados y usar los perfectos para una cama grande, tuya y mía, y pintar la habitación de un color que todavía no se ha inventado, pero que no sea naranja. Te buscaré de madrugada, cuando las heladas del invierno violen nuestra habitación, enlazando mi pie entre tus piernas, transmitiéndote mi calor. Me pegaré a tu espalda cuando caigan las hojas en otoño, deslizaré en ella los sueños que cayeron de mis cabellos, para compartir contigo un mundo mejor. Abriré mis ojos en primavera, y sin duda, daré gracias por verte a mi lado, porque no podría tener un mejor despertar. Hoy te quiero hacer feliz y enredar mis dedos en tu barba. Y cuando verano bañe de sudor todas las certezas, serás tú el que me busque al otro lado de la cama. Mi cuerpo reaccionará a tus caricias, mis labios buscarán frescura en tu lengua y sólo entonces te susurraré “Me gustaría ser follada con amor” porque nadie mejor que tú, nada mejor que sentir todo este amor, para perder mi virginidad. Que me sientas dentro de ti, sentirte dentro de mí, es lo que más deseo en este mundo. Sólo entonces estaré verdaderamente completa. Buscaré, como ahora, tu nombre en la sopa de letras, y encerraré la palabra en un corazón. Cuando crea haber perdido la seguridad que me regalaste me enterraré muy fuerte en tu pecho para tomar un nuevo impulso, esta vez mucho más grande. Y haré que cada día sea único, te arrancaré sólo sonrisas, porque lo mereces, te mereces la mejor parte de mí.

Ese es mi sueño, eso es lo que quiero, crear un mundo para ti donde sólo quepa la felicidad. Juntar mis libros a los tuyos en las estanterías, ir a recogerte a tu trabajo el día que menos lo esperes, regalarte una flor. Jugar a ver quién adivina los primeros segundos de una canción, escribir un cuento a medias para leertelo la noche que no puedas dormir. Despertarte con un zumo de naranja recién exprimido, llevártelo a la cama para que no te tengas que levantar. Retarte a los videojuegos y picarte para no dejarte ganar. Recorrer los pasillos del supermercado empujando juntos el carrito, y sobre la marcha inventarnos una receta para cocinar juntos. Rociar con mi perfume una de tus camisetas, para que al ponértela te recuerde a mí. Robarte tu camisa de cuadros azules, porque me gusta llevarla sin nada debajo mientras duermo. Esforzarme para demostrarte que se puede amar una vez más como la primera. Vigilar y velar por tus sueños, para que no se cuelen monstruos ni dragones, para luchar por ellos y así puedas alcanzar todo lo que te propongas. Un mundo en el que mi calor te abrigue los días de frío, en el que los portazos tengan el único significado de estallar un poquito sin salpicar. Porque luego haré un pastel de chocolate para pedirte perdón y tú besarás mi frente dándote cuenta de que ya me hice mayor, que es una mujer la que te ama, aunque aún guarde un poquito de esa niña rural, sólo para reírnos juntos. Mi sueño es regalarte un mundo conmigo dentro, para que nunca más sientas que la soledad es fiel a tu decadencia, para emborracharnos juntos y caer despacio, y al levantarnos ver que uno está al lado del otro. Contigo he aprendido a sentirme bien cuando me siento bien, razón suficiente para no permitir que nada ni nadie te haga daño. Todo vale la pena si con eso sé que serás feliz.

No tengas miedo, respira tranquilo, voy a cuidar de ti mientras tú me dejes, pero sólo cuando me abras tu puerta sin miedo a llevarme la casa de mi pueblo a cuestas.

Te amo, incluso antes de conocer tu existencia.


2:54 - Revolving



domingo, 4 de noviembre de 2012

Una historia completamente fingida







Carlos nunca estuvo enamorado, al menos no de esa manera que te hace vivir enajenado la mayor parte del tiempo -te ahogas y te mareas todo el rato mientras te duele el pecho-, o te hace contar las horas midiendo la respiración al ritmo de latidos cardíacos.  De esa manera no, él sólo había seguido un guión de cine comercial; interpretar un papel que le hacia amoldarse perfectamente a cada circunstancia, ya que suponía que amar era llevar el desayuno a la cama, regalar flores o inventarse una canción que hablase de amor. Y ahora que por fin había descubierto el significado de esa palabra con cuatro letras, tenía que romper el noviazgo y olvidarse de todo.

Se puede decir que el protagonista siempre fue un poco verde, en el sentido de que nunca acababa de madurar y llegaba tarde a las cosas importantes de la vida. Sí, tenía edad para votar pero no comprendía qué era la política. Empezó a salir con una chica sobre los quince años, aunque tardó un poco más en dar el primer beso. Su grado de dependencia estaba yuxtapuesto al dependiente. Se masturbó por vez primera pasados los veinte e hizo su primera gran reflexión a los treinta. Pero él era un ignorante feliz, sin ciclos ciclotímicos, sin complejos o grandes emociones. Hasta que conoció a una demente que hizo que cuestionase hasta su propia integridad.

La chica andaba algo desequilibrada aunque al principio lo disimuló magistralmente. Trataba a Carlos entre algodones, le ayudó a salir del caparazón entregándole los tesoros más valiosos que una mujer puede albergar. Y él creyó encontrar un paraíso perdido, sin retorno, ¡cielos! creía haber encontrado el estado puro de felicidad. Pero sólo fue un espejismo… pronto la lunática empezó a comportarse de manera neurótica, violenta e inexplicable. El chico temía por su propia vida, pues la mujer trastornada con ojos inyectados en sangre hacía irrespirable el aire, no sólo reducía su caduco espacio, sino que traducía su exasperación en los golpes que le propinaba al subyugado Carlos. Lo anuló, lo borró de cualquier parte e hizo de su existencia afrenta y deshonra. Aniquiló su valentía, su risa, su devenir, y patentó el síndrome de terror e infierno que acabarían reduciendo a Carlos en una acumulación de defectos y fallos. Así pasó un tiempo hasta que la perturbada lo abandonó, pero antes de marcharse sentenció al chico de muerte. Le advirtió que todas las cicatrices de su cuerpo no serían nada, en comparación con lo que recibiría si no le guardaba respeto. Esa puta chiflada lo sabía todo de él, lo chantajeaba y lo manejaba como una triste marioneta. Tenía un ojo puesto en él, pese a la distancia, y estaba tan aterrado que era incapaz de pensar con claridad o tomar cualquier tipo de decisión. Con frecuencia le avisaba que estaba allí, que olía sus pasos cada vez que se movía, y al chico le temblaba el pulso cada vez que alguien unía un afecto a su persona, aunque sólo fuesen palabras amables vestidas en mentiras piadosas.

Qué paradoja, el catorce de febrero no habría tenido nada de especial si Carlos no hubiese llamado a la puerta de Inés, o ésta a la puerta de él, pues nunca se sabe qué fue primero. Para el treinta de marzo él ya se había enamorado de ella. Creía conocerla desde hacía mucho, llevaba un año observándola aunque nunca se le habría ocurrido acercarse. No sólo tenía presente la amenaza de aquella chiflada –la innombrable- sino que se sentía ridículo cada vez que ensayaba unas palabras frente al espejo. Probablemente aquella tarde había bebido, lo hacía a menudo para mermar inapetencia y amilanamiento. El alcohol le aportaba la entereza y el arrojo que le faltaba cuando se creía perdido, y el mundo de Inés prometía ser un hogar cálido y providencial, aunque ella se empeñase en cubrir las paredes de color gris.

En unos meses, Inés se había convertido en el centro de la vida de Carlos, le había descubierto un universo diferente entre dos extremos, que el gris era una mezcla de blanco y negro y que él tenía las herramientas adecuadas para alcanzar cualquier propósito. Ella tenía esa seguridad que a él le contagiaba, una sonrisa que embaucaba, las manos más entrañables del mundo. Congelaba el infinito cada vez que se dirigía a él, se evaporaba en partículas imposibles cada vez que leía una de sus poesías. Es que la chica era tan sumamente inteligente como ingeniosa, y tenía esa capacidad de cortarle la respiración al más mínimo susurro de voz. Por eso creó un mundo para ella, un espacio en el que sólo existían ellos dos. Todo llevaba su nombre, la música, las letras, los colores, las imágenes, el mar o el aroma a sexo mojado eran inherentes a su persona. Creó esos cinco segundos que envolvían toda esa existencia. Y sin embargo, él nunca la merecería, cómo iba a tenerle ella en cuenta, si no era nada a su lado, nada al lado de sus amantes pretéritos.

Porque Inés nunca le correspondería. Le gustaba regodearse en arrobas de soledad, trasnochar agotando la realidad, que al final quedaba empañada en un juego ficticio. Supervivencia, por eso se entregaba en los brazos de otros hombres, y Carlos no podía ni mirar los ojos de otras mujeres porque se sentía sucio y vulgar si al hacerlo pensaba en ella.

La innombrable planeaba sobre él, lo mutilaba poco a poco, pero Inés jamás podría verlo. Ella sólo necesitaba que la amasen, una persona que la rescatase de la claustrofobia, una rutina que pesaba demasiado y que apenas podía soportar. Eso originó la desilusión de Carlos, qué importaba que fabricase cinco segundos si ella los convirtió en un chiste, una nimiedad que carecía de importancia. Inés tuvo que romper con el noviazgo, él lo tenía que entender, nunca lo amaría. No le podía corresponder.

jueves, 25 de octubre de 2012

Seulement la nuit






Me gusta la noche porque el ciclo se detiene por un momento. Me deslizo en la madrugada acallando el posible ruido que no va conmigo y a partir de ese momento cualquier locura tiene cabida, cualquier oportunidad es infinitamente mejor que la certeza de no hallar descubrimientos cuando el oscuro es el único color disponible.
Me gusta la noche cuando ato las zapatillas que me conducen a la orilla, a los metros de piedras gastadas por pies despreocupados supurando relax  -vacaciones- después asfalto y más tarde arena o barro. Sólo la luna, el aire y el resto de partículas que transforman la noche indivisible en una carencia menos nula. Sientes que el aire es distinto, y el perfume de la biosfera va contagiando tu carne, tu risa y tu pelo. Aceleras los pasos largos y el espejo plateado aísla tu sombra en las hojas del castaño.
También me gusta la noche cuando te espero en mi cama a duermevela, cuando llegas sigiloso, apartas la manta y te acurrucas en mi espalda usurpando mi calor. Me doy la vuelta y hundo mi cara en tu pecho mientras mi mano acaricia tu nuca. Hilamos un ovillo que nos protege del exterior, y nuestro sudor se convierte en la única gota de existencia.
También me gusta la noche cuando la absenta seduce y endulza mis poros, cuando silencio desborda la habitación y pestañea el ruido del ventilador. No hay página en blanco aunque lo creas, pasividad es ventura, médula, inmunidad. Sólo yo y mis apetencias son la exclusividad.
Me gusta la noche cuando dejo de crecer {soñando}, cuando retrocedo y el canto del grillo tatúa el esparcimiento en el kindergarten. Un arcoíris cabe en el lapicero y en una tartera rebosa la simpleza y la naturalidad. Pierdo, sin consternarme, mi pulsera entre las chinas menudas y sin embargo no ser meteoro es el mayor de mis lamentos.
Me gusta la noche en los abriles dormidos, con el pegote de rímel, hielo licuando la garganta, moldeada en negro y el encarnado secándose en los labios. Luces pernoctadas sobre la ciudad, el metro que se escapa, el autobús que no llega. Tu mano en su cintura enterneciendo la despedida, los números de teléfono perforando el papel de la servilleta. Y siempre hay tiempo para una más, otro beso robado, otro disparo de gemidos. Luego nada.
Me gusta, me gusta mucho esta noche que no es mía, que es tuya, de todos y de nadie. Porque se enredan las historias descubiertas, se juega sin apostar, me masturbo con tus palabras, te masturbas con mi tristeza, lunáticos cabalgando en una orgía, y al final todos acaban solos, mientras la noche se desliza. 


Saint Etienne - Tonight


sábado, 29 de septiembre de 2012

Cuando el otoño llora, el vacío parpadea





Avanzaban las horas hacia el otoño con la misma suavidad con la que tú te evaporabas de mi habitación, de mi círculo, de mi trozo de nada; encerrando un mutismo que me escarchaba la saliva en la boca. Oía la lluvia salpicar en los surcos formados en el borde de mi ventana, y la luz parda cambió los esbozos proyectados en la pared azul de la alcoba. Se destiñó el añil derramando el cobrizo por las grietas de los tabiques inmunes a la imagen, colándose por la película perforada del dosel pocos días antes inaugurado. Y mi primer pensamiento fuiste tú, que ya no volverías a empujar tus pasos por esta pieza descolorida, ni a inundar mis vacíos con tu carcajada tan contagiosa como lasciva. Tú, más doliente y apático que la distancia, mudando tu piel como las hojas de otoño del árbol, melancólicas y nostálgicas, esparcidas en el parque aguardando ser pisadas por el mero hecho de oírse crujir. Tú, que me acariciabas con tu voz cuando me despertabas, sin inmutarse los dedos.

Estuve despidiéndome de ti durante toda la tarde, guardando tu mundo en una tétrica página en blanco, efecto sólo de mi vergüenza. Mientras, recordaba la manera en la que llegaste a mi vida, abriendo todas las puertas -justo antes de florecer el cerezo- rebosándome de oxígeno; un universo por explorar sin soltarme de tu mano. Yo aún estaba cicatrizando o poniendo parches, liándome en la seda del gusano para no volver a perder la luz. Por eso nunca me acabé de creer que pudiese ofrecerte algo, al menos algo interesante, a tu altura, a la altura de tus amantes. Pero me ayudaste a creérmelo un poquito, y sino, mira todo lo que has conseguido que yo haga; que ande con zapatos altos -seguridad en mí misma-, dejarme crecer el pelo, respirar delicado antes de mascullar palabras, además de usar un móvil por el que deslizo los dedos. Aunque lo más importante, lo mejor que he aprendido de ti, es comprobar que la gente tiene tanto miedo como yo, que sí yo no me abro jamás podré encajar en ningún lado. Ojalá pudiese ser distinta, ojalá la cobardía y la inercia no fuesen unos de mis principales defectos. No entiendo por qué tengo que chocar tanto contigo, por qué lo único que siento es que no me comprendes. Y me siento más torpe que nunca. Y en el fondo sé que es mejor así, porque nunca podría completarte en nada. Sé que piensas que me falta autoestima, pero una cosa es no apreciar las virtudes que pueda tener, y otra bien distinta sería engañarme yo, no ser consecuente conmigo misma. Y después de todo ¿qué es el amor? si aún no se definirlo, ni tú decir qué es eso que sientes. Lo sé, falta la parte más importante y sin esa pieza del puzzle sólo divago y bosquejo minucias, nada que se pierde en la nada.

Llega el frío, las alfombras boscosas darán paso a los copos de nieve -cambio de estaciones- y tú te deshaces como las heladas de invierno; tan dócil y raso como llegaste. No eres un antojo, eso no, ni siquiera una arbitrariedad. Me encantaría que fuera distinto pero entiendo que el tiempo reivindica lo que le pertenece, aunque creo que mi carta empieza a ser papel mojado; pues tu hastío ha desencadenado en no echarme de menos. No te puedo culpar de nada.

Amor, no volverás a ver mi luz verde y a mí me dolerá descubrir que ya no hay nada que vibre bajo mis sábanas. Sufriré cuando muerda mis labios al no decirte que estoy en la ciudad, que me rodearé entre compositores rusos y artistas británicos, que te buscaré a sabiendas de que no estás. Porque si verte me acobardaba cuando había algo, ahora que nos perdimos me asquea mi ridículo y mi agonía. Lamentaré que no veas cuánto me ha crecido el pelo y decirte que ya había escrito tu carta de cumpleaños. Me faltará tu brío colmando mi vida, mi casa, estas calles a las que le hablé de ti, me dolerá mirar a un lado y ver que ya no estás. Porque todo tiene tu presencia, porque cada cosa me recuerda a ti. Pero nada duele más que palpar la confianza perdida, que los secretos ya no se comparten, porque mis pánicos y tu lasitud han disipado nuestra intimidad.


Huele a tierra mojada, a leña y morriña, a tristeza calada en ocres. Escucho a Jansch y pienso en ti. Llueve y la lluvia me sabe a ti, y aunque no lo creas sonrío, por lo que he recibido, porque sé que pronto vas a ser feliz. Porque fuiste tú quién reparó mis alas y gracias a ti ahora puedo volar.


Bert Jansch - Needle of death


viernes, 27 de julio de 2012

"No existe la locura, sólo gente que sueña despierta"





Tener deberes me trae a la memoria mis comienzos e indagaciones en el mundo BDSM, mis experiencias y como he ido pasando de oscuros a claros y viceversa. No te hablaré de mi sexualidad, ya la conoces, ya me conoces y sabes bien cual ha sido mi trauma y cuales mis condiciones. Pero digamos que mi curiosidad por esta “cultura”, como muchos lo llaman, viene desde que estaba en el útero de mi madre; dirás que exagero, y pueda que sea cierto, pero ya sabes porque utilizo esa expresión.

Por pura diversión o entretenimiento caí en un chat con una sala dedicada el tema. Pensaba que sería la sala con más metros cuadrados de pajilleros del chat; imagínate los nombres: Calentito35, AmoPerverso, POLLONXXX, tuputita_, AmoDuro, Sexo_Con_Maduras y así hasta cien usuarios. Me quedaba leyendo el general la mayoría de las veces, ignorando los mensajes privados de los más calientes. Había muchísima gente que entraba pidiendo sexo directamente “Busco chica para correrme/se por cam” esa era la frase que más veces se repetía. Luego había un grupo de usuarios, que como suele ocurrir en cualquier chat, habían creado un vínculo de amistad por la cantidad de tiempo que llevaban frecuentando la sala. En ese grupo encontré la persona que me abrió la puerta cuyo umbral crucé más segura y con menos miedo. Durante meses fue como una especie de libro para mí, resolvía todos esos entresijos que con los años me habían estado desvelando algo completamente nuevo y peligroso para mí, y a cada cosa nueva que aprendía, más aumentaba mi curiosidad. Empecé a investigar por mi cuenta, pues en el fondo también pensaba que Trevor -así era el nick de mi “Maestro”- podía estar sugestionándome, mostrándome sólo lo que él creía correcto, sólo su punto de vista y no el resto de información que podía ser la que más me interesaba a mí.

Vale, ya tenía la información, ya sabía la teoría, pero me faltaba la práctica; y lo más fácil fue lo más difícil. Empecé a practicar sola, con alguien guiándome en la distancia, sola experimentando con cosas que ni siquiera sabía que existían. Estudié mi propio cuerpo hasta aprendérmelo de memoria, ensayé conmigo misma, examiné lo insospechado y me asombraba con cada nuevo descubrimiento. Cómo era posible que todo aquello formase parte de mí misma, de mi cuerpo, y sin embargo yo nunca había reparado en ninguno de esos puntos en todos esos años. Por fuera y por dentro, también. Porque algunos miedos desaparecieron cuando comprobé que no había peligro donde yo lo veía, la inseguridad se hizo más pequeña, los complejos desaparecieron y ya sólo vivía obsesionada con querer ser mejor, con querer usar todo lo que había aprendido en ese tiempo.

Tardé años en tener un contacto real y poder realizar todas las fantasías que se habían acumulado en mi cabeza, trabajar mis ejercicios onanistas en compañía y, de paso, manifestar que distancia, tiempo y fuerza es algo que se escapa de la imaginación, y eso era algo con lo que yo no contaba. Las primeras sesiones fueron las más duras, físicamente, que he experimentado en todo este tiempo. No conocía mi umbral del dolor, estaba capacitada para hallar el placer a través de la tortura de mis genitales y otras partes de mi cuerpo, era una agonía dulce para mí. Las marcas se quedaron ahí, trazando mis nalgas o muslos, varias semanas después. Tardaba meses en volver a tener esas experiencias, siempre con la misma persona, pero yo seguía preparándome para ello. Mientras, había otra praxis en la que yo no había reflexionado, más que nada porque no había considerado el no decir “no” absolutamente a nada. Era mi comportamiento, yo ya no era la misma. Sólo vivía para una persona, daba igual cuál fuera la hora del día que yo siempre estaba dispuesta a lo que fuera. Todo no consistía en el sexo, había decretos para vestir, actuar o alimentarme de una manera en concreto. Había regalos, había un enriquecimiento cultural ineludible, y muchos más preceptos que hicieron de mí una chica disciplinada, aunque en los momentos divertidos siempre surgía mi lado salvaje, mi insubordinación, que era una excusa más para buscar el castigo que me daba placer.

Y llegó el momento del 24x7, porque a pesar de que yo fuese una persona totalmente sumisa para mi compañero a 500 kilómetros de distancia, no fui realmente sumisa en todos los aspectos hasta que ambos empezamos a compartir casa. Entonces todo cambió, no perdí el interés pero había cosas que no veía lógicas, cosas que me molestaban, mandamientos que yo no estaba dispuesta a obedecer. Me di cuenta que había idealizado un mundo mucho más complicado de lo que yo creía, las fantasías estaban muy bien en la imaginación, pero cuando todo se hizo real había situaciones, posturas, hechos, que eran verdaderamente imposibles de realizar y concebir. Naturalmente hubo mucho más cosas que me llevaron al fracaso en aquella relación, pero aquí no lo voy a contar.

¿Lo que siento ahora? también lo sabes ya. BDSM es un conjunto de muchas cosas, en la dominación o en la sumisión no siempre existe el dolor. Que te aten a la cama exenta de movimientos puede ser BDSM, sin látigos, sin pinzas, sin consoladores para doble penetración. Y eso sólo es un ejemplo. Me gusta el sexo fuerte, muy sucio como dirían otras personas, me gusta muchísimo experimentar, conocer, poder decir que “esto me gusta” o “esto otro no me gusta”. Por eso quizás no me asusto o escandalizo cuando leo, escucho y veo determinadas cosas. Me parece perfecto que la gente consiga placer de la manera en la que ellos crean posible y conveniente, siempre que no sea dañado o forzado. Mi ética o moral nunca repara en ese tipo de cosas, va más allá de los medios para el goce ajeno. Lo que sí me fastidia es haberme encontrado gente que juzguen a las personas que disfrutan o realizan estas actividades globales. Habrá quienes encuentren en ello algún tipo de trastorno mental ¿por qué? ¿qué es lo correcto?. Y lo que más me enfurecía era saber que parte de todo ese rechazo venía de la forma en la que fue educada nuestra sociedad. Y yo, en cambio, sí que respeto cualquier tipo de vista.

Es tu petición, acerca de mi destreza, mis experiencias, mi visión sobre un tema que a ti te interesa ahora o desde hace tiempo. Pero no puedo ahondar en ello mucho más, hay cientos de páginas, libros o documentales acerca del BDSM, pero no creo que nada de lo que leas ahí te haga tener una idea de todo lo que hay. Yo no voy a descubrirte nada que no esté ahí, nada nuevo. Siempre te dije que yo no pertenezco a ese mundo ni a ninguno, no me gustan las etiquetas ni las clasificaciones. También te dije que no me considero sumisa o dominante porque soy ambas a la vez, y que conste que no siempre me estoy refiriendo al sexo, es el comportamiento también. Me gusta dejarme llevar y poder realizar las cosas que pasan por mi cabeza, me gusta compartir eso con la persona a la que amo y que nadie me juzgue por ello.

Podría contarte mil historias, más de las que ya te conté, pero ahora sólo estoy haciendo mis deberes.



jueves, 12 de julio de 2012

Cuerpo de neón






A las seis de la tarde la luz es perfecta para proyectar en tu piel la asfixia de las horas pesadas envueltas en ciclones de ardor. Hay una perturbación buceando en el precipicio de tus ojos, hay nervios deshilachando las fibras ópticas que me caracterizan, un músculo que late y pretende saltar por la boca potenciando el celo. Digamos que pasadas las seis de la tarde la temperatura equívoca invade tu claustro y ventana, que el único aire que viola tu balcón es el aliento de las hormigas apiñadas en los ajustados enjambres convertidos en microscópicos hormigueros, justo ahí enfrente. Y una nueva orden surge para los dos.


La cama deshecha en ovillos magullados detrás de ti, las arrugas de la tela desvelan la memoria anochecida, orgasmo sudado empapando las hebras que ahora contemplo tras tu figura. “También por la mañana” me dices, y sin querer o pretenderlo, haces que emerja un volcán de lava entre mis piernas y en la boca del estomago un agujero que me va engullendo. Entonces contemplo todo tu alrededor, me muestras tu espacio y refugio que yo retengo para mis anales con todo ese cariño que has ido rasgando día tras día. Eres tú en las estanterías, en los libros apilados, en el póster Anime en tu pared blanca, los muñecos y peluchitos esparcidos en la mesa, la luz nevada. Eres tú, con la sonrisa que colapsa todas las arterias que se cruzan en mi cuerpo. Tú, coqueteando tus dedos con la barba, adulando mis peticiones de niña caprichosa y consentida, rabiosa por un beso.


Comienzas a deshacerte del ropaje que te pusiste unos instantes antes de hablar conmigo. Primero la camisa, después el pantalón… me quedo callada conteniendo la respiración como si al hacerlo robara más tiempo al tiempo. Deseo tocarte, pero apenas puedo movilizar los músculos enjaulados por la lujuria de aquel día atrofiado. Corazones, love you. Se deshacen mis nervios en las risas que siempre me provocas con historias y gestos divertidos. Y es que tenerte desnudo delante de mí es como el zahorí que alucina al ver el oasis en mitad del desierto. Eres perfecto en todo tu físico, eres como a mí me gusta. Piel delicada planeando un destello de sensualidad hacia mí, torso poblado y bien proporcionado, piernas esbeltas y las nalgas más enjundiosas que jamás he visto. Nunca me han gustado los físicos de gimnasio, en cambio tú reúnes todos esos rasgos innatos que te hacen único, especial e irresistible para mí.


Ahora te sientas frente a mí, te reclinas hacia atrás en el sillón de tu habitación mientras te acaricias la polla separando las piernas, tal vez esperando cualquier movimiento por mi parte. No puedo dejar de clavarte la mirada encendida en deseo, estoy perpleja por el tamaño de tu miembro que me mira desafiante preparando el momento. Te susurro esas obscenidades que tanto te gustan con el fin de ver aumentar el tamaño de tu pene, y da resultado, ya despuntas más allá de ese infinito que no deja de ser el más profundo de los abismos. Deslizas la piel que cubre el glande entre tus dedos finos y alargados, aprietas el capullo con el vaivén de tu mano y tu cuerpo entra en perfecta sincronía con lo destilado por el mío. Deseo besarte, pero difícilmente consigo despegar los labios evaporados y ausentes de contacto.


De verdad, yo quiero causar ese efecto en ti…




Anathema - A dying wish

lunes, 2 de julio de 2012

Desconexión








Y cuando vuelva te habré olvidado. Porque la sombra me alcanzará, el sol se habrá evaporado y verano sólo será vacaciones, una estación para los privilegiados que tienen trabajo, dinero en los bolsillos y el poder de viajar. Verano sólo será despedida y volver a empezar (olvidar).


No más cuentos, ni susurros que asfixian, escondida bajo la almohada, no más risas contagiadas, ni palabras corregidas cuando están mal dichas. Porque yo entiendo. No más silencios apagados, no más orgasmos que interrumpen el desliz de la madrugada. No más canciones compartidas que nos hacen soñar, -más risas- entristecen o nos hacen suspirar. Porque yo comprendo perfectamente. No más idiota, buenas noches, nuestros nombres masturbados.


Y cuando vuelva aquello sólo será el reflejo en un espejo, un día malo. Y nada habrá existido, porque de lo que poco cuesta desprenderse nunca existió.




Pol 3.14 - Lo que no ves

miércoles, 20 de junio de 2012

Alineación perfecta (sincronizada)






Seremos la composición de todos los sonidos inalterables
Seremos la alineación de un Universo infinito en su existencia
Seremos todas las luces del día, todos los espacios que aún esperan ser llenados
Seremos los imposibles que se cumplen inundándonos de realidad
También seremos la lógica desglosada del absurdo
Seremos electricidad en la fluidez del orgasmo
La lubricidad de los gemidos proyectados por todos los afectos
Seremos principio y fin
Seremos, juntos, todo lo que queramos y siempre deseamos ser


Sigur Rós - Ekki Múkk

domingo, 3 de junio de 2012

Sin nada





Lo intenté, y sin embargo tú nunca me entenderías. Cómo explicar la sensación que oprime y no deja respirar, cómo explicar que no soy caprichosa, que no eres tú el problema, que soy yo que nunca me vas a entender. Que hoy me gusta el blanco y mañana el negro, que vivo continuamente en el vaivén de la montaña rusa y ya no recuerdo ni donde estaba la parada de bajada. Lo intenté, y a pesar de tu extraño cariño cada día me he vuelto más pequeña a tu lado. Tú me quedas grande, tu mundo y tu interesante inteligencia es un abismo en mi ridículo cerebro. Contrastan tu sensatez y seguridad con mi yo grotesco. Inseguridad, ciclotimia, torpeza. Lo intenté y no estuve a la altura. El problema soy yo. La inestabilidad de mis emociones me lleva a un laberinto en el que no te gustará perderte. No sólo es miedo, es la indiferencia y la apatía que trajo consigo la primavera. Y querrás volar, descubrir nuevos mundos y distintos horizontes, regalar canciones y susurros de orgasmos creativos. Y yo me quedaré quieta, con los ojos cerrados, llorando lo que di por perdido de antemano. Pero son ciclos, una sucesión de estaciones en las que lloras, ríes, te caes y te levantas de nuevo. Sólo eso.




Napoleón Solo - Perdiendo el tiempo

martes, 24 de abril de 2012

Surrealismo impulsivo






Fue nuestra noche de despedida, aunque yo no lo supe hasta la mañana siguiente. Puede que sí lo supiera, y sin embargo quisiera ignorarlo durante unos instantes porque así me sentía menos vacía, porque así sentiría una vez más tus gemidos resbalando por mis dedos. Te conoces las arrugas de mi cama mejor que nadie, por eso te esperaban ansiosas disimuladas por la presión de mi cuerpo y unos desmañados movimientos. Y nos contamos el día, hablamos del trabajo, literatura, impresiones y la familia. Meras trivialidades, pero es ahí precisamente, en las cosas más insustanciales, donde encuentro lo que más me interesa: la persona y su eje.


Me reía y no sabía el motivo, tal vez fuese una risa en voz alta porque tu forma de jugar conmigo me volvía despreocupada y radiante. Nos dábamos las buenas noches y me quedaba callada, conteniendo la respiración para no entorpecer cualquier sonido emulado por tu palabra. Fue ahí donde continuó el juego. Te deshacías en fantasías, me fundía en caricias raudas y perversas, en ideales bruscos o soberbios. Se aceleraban nuestras voces buscando el momento oportuno, deseando desembocar la concupiscencia (te encanta la palabra) ensimismada en un orgasmo tuyo y mío, uno de despedida. Podría escribir sobre ello, esbozar un relato sórdido de última sesión con palabras malsonantes, algo muy sucio pero que, curiosamente, hace enardecer los deseos más oscuros. Pero no me apetece rubricar algo que ya no te pertenece, algo que ahora sólo es mío.


Cuando me he despertado esta mañana he pensado “lo entiendo, cómo no lo voy a entender”. Hay que aflojar, que el surrealismo impulsivo no tiene cabida en un juego que ya dejó de ser divertido.




Eluvium - The motion makes me last

miércoles, 11 de abril de 2012

Luminosidad emergente





Comienza una noche más, mientras espero que el hombre de la sombra larga aparezca fundido en negro y con relativa vanidad, con su pereza, sus manos de artista y su raído, pero estimado, gabán. Permanezco impermeable en el ahuecamiento tramado y solapado a partir de movimientos curvados y bolas de trapo. Es mi pequeño universo de impulsos, desahogo y seguridad. Parpadea la luz dorada de la farola detrás del cristal, los gatos maúllan intentando escalar lo que queda de muralla, y suenan las latas de comida fuera de sus bolsas de basura, amarillo no reciclado, derrapando cuesta abajo.


El teléfono vibra debajo del montículo de algodón, lino o raso. A veces los tejidos se aúnan formando un nuevo elemento, y yo discrepo entre unos y otros. Una voz áspera pero dócil me saluda al otro lado del aparato, percibo algo de astenia -no primaveral, esa que me invade a mí en estos momentos- es más bien un hastío arraigado a su propia naturaleza, un desaliento conformado ante la falta de perspectiva o avecinamiento de un futuro optimizado, privado de compañía. Ademán de cortesía, cruce de banalidades en las que divagamos sin reparar en absoluto en la intensidad de lo florecido, un intercambio de fábulas y pretéritos madurados que confluyen en una apetencia acrecentada. 


Desnúdate. Como en las incipientes sesiones en tiempos pasados, comienzo a deshacerme en capas de ropa y membranas, ansia y entusiasmo. Tócate. Como en aquellas noches en la que la inocencia me abarcaba desmesurada y furtiva, empiezo a explorar los plisados en la piel, ángulos y superficie porosa pletórica de deseo. Mójate para mí, imaginándome. Todas mis cavidades emanan la supuración anhelada en el precepto de tu voz. Todas mis brechas fluyen como ríos sofocados por la osadía de cada movimiento, trascendiendo en profundos manantiales. Hay un mínimo intervalo de tiempo en el que me siento completa, prostituida en todas las aberturas, pero con la convincente determinación de acabar lo que ambos, con tanta lujuria, hemos empezado. Tu dicción se ha vuelto menos tosca y arrogante, ahora es más ligera, más sensible y provocativa. Me acaricia a través de palabras como los dedos trémulos y dinámicos que chocan, palpando uno a uno, los vértices de mi cuerpo. 


Estoy ya en el lance culminante, se contorsionan, revuelcan y arquean todos los músculos y hendiduras del cuerpo. Me contraigo y dilato yo, buscando una válvula entre la mezcolanza magullada de la tela. Te retuerces  y estremeces tú, comprimiendo electricidad y desplazamiento. Y mis ojos convergen en el fulgor del fanal adherido a la tapia blanca de cal, cerca de la ventana. Disienten mis pupilas del ambarino irradiante, porque mi habitación es azul y rosa: intenso añil como los ojos de aquel arquitecto con nombre de todopoderoso griego, delicado encarnado, como la candidez que me asediaba aquellos días. Te apresuras entre gemidos y levantamiento, me deslizo entre suspiros y aceleramientos. Broto contigo, te derramas tú, discurro yo, los fluidos que se van al aire y a la composición de nuestra inadaptable materia. Se apaga tu voz mientras me fijo en los pájaros, flores y mariposas de mi lámpara en el techo.




Shpongle - Divine moments of truth

miércoles, 4 de abril de 2012

Híbrida inherente






Una habitación de un piso oscuro en alguna parte de la ciudad. Crujir de madera de muebles añejos, carcomidos y gastados por el uso opuesto a lo predestinado. Silba leve el motor del aparato del aire acondicionado, la primavera es una virgen vestal que excede al verano rayando la esquizofrenia.  En su delirio imprudente desorienta las mentes alentadas por una fuerza mayor, indigestas de falacias y utopías. Ahora se sientan frente a frente, desgranando dudas, desbaratando enigmas, abrumados por las refutaciones.




-Voy dando vueltas dentro de mí una y mil veces. Es como estar medio despierta/dormida en un absolutismo fingido. A veces permanezco expectante para apresar cualquier respuesta, pero el miedo me paraliza.
-No se de qué cojones me hablas, todo esto es muy sencillo. Me gustas, te gusto, sólo tenemos que intentarlo. No veo donde está la complicación.
-Compré el billete y me subí al autobús, ya estoy aquí. ¿Está funcionando? ¿y ahora qué?
-Ahora queda lo fácil: tienes que venirte a la ciudad, vivir conmigo y buscar un trabajo. Al principio compartiremos mi cama de ochenta, después, cuando dispongamos de más liquidez –se entiende económica- pediremos a mi compañero de piso que se busque otro lugar en el que morar. Después nos casaremos, pero aquí, en la ciudad. Tu pueblo es demasiado pastoril, demasiado enajenado pululando por allí, demasiada gente extraña. Después…
-Pero ¿y si no sale bien?
-No te preocupes, tranquila, yo te pagaré el billete de vuelta.




White Lies - Farewell to the fairground

miércoles, 28 de marzo de 2012

Abismo decadente








Viviría consumándote con parsimonia las horas de mis días.
Amaría más allá del juego, sin raciocinio, sin recelo o incertidumbres.
Me deleitaría con tu fulgor y tu materia, con tu esparcimiento y tu compañía.
Me relamería en soledad de tu sabor anquilosado en mi boca, degustando el fluido que me llenaría el alma.
Me pringaría de tus vísceras, respiraría tu sudor y todos los jugos de tu cuerpo. Para no saberme cero, para no permanecer vacía.
Alimentaría mis ansias de ficciones y empeños, pendencia y confianza.
Viajaría fugaz y eterna por tu condenada locura.
Me bebería el vino destilado por tu materia.
Inhalaría el aliento de tu naturaleza sabiéndote con ello cerca.
Devoraría tu fragilidad y te prestaría mi fortaleza.
Ocuparía todos los vacíos, saciaría todas tus carencias.
Velaría tus sueños disipando las pesadillas, besaría tus lágrimas, enterraría todos los monstruos.
Existiría por siempre para cuidar de ti.
Acaecería en un instante sólo por verte feliz.




Pero tal vez, quizá, lo que tú necesitas es esa chica romántica y delicada que sueña despierta mientras le hablas de literatura y trascendencia. Compartir con ella sueños, lectura y sonidos, porque la creación de ese pequeño universo, esa pompa donde sólo caben dos, es lo que te salva de todas las caídas que anidan en la inercia del tiempo. Tú necesitas una chica tierna que le guste caminar agarrada de tu brazo, colonizando esquinas, descubriendo nuevos pasajes sin importarle las amenazas de una cúpula gris, empapándose. Una chica sensual y refinada, confinando la pornografía. Sin delirios, grandes enigmas o caos existenciales acompañados de fútiles paranoias. Será una chica tranquila y sensible, capaz de hacerte estremecer sólo con una mirada. Ambicionas esa serenidad para mantenerte vivo, con deseo de coexistir al menos para comprobar que ella no sólo es una idealización más, fruto de tu ya encepada nostalgia. Haréis el amor sin apresuramiento, con parsimonia, porque querer es amar despacito. Mientras os reiréis de las nimiedades que presenta el futuro, sin hacer planes, peregrinando con lo puesto. Porque es cierto eso que dices, el futuro siempre nos alcanza.


Ahora sientes que poco importan las cosas, no hay sentido alguno en lo que haces, en lo que dices o sucede. Estás solo y por eso careces de ímpetu o confianza para empezar “algo” por muy vano que sea. Dices que la falta de voluntad ya forma parte de tu propia naturaleza, por eso necesitas querer a alguien o como dices tú, sentir que te quieren para poderte tú querer. No es patético, es conmovedor ¿sabes cuántas personas no logran asumir eso? yo misma he conocido a unas cuantas, al final de tanto desear querer se olvidaron de sentir estando al lado de la pareja.


Tener valor para abandonar a alguien no te hace menos o más cobarde, se aprende a valorar la compañía cuando dejas de verlo como una exigencia, como una necesidad.




Chromatics - I want your love

sábado, 24 de marzo de 2012

Construyendo








Sólo es un juego y sin embargo aún tiemblo cuando empiezo a ser consciente de los caprichos del azar. Puedo ver la oquedad en el fondo de la bolsa de papeletas, me las he llevado todas y la rifa es mi propia desgracia. Tú me has traído hasta aquí y yo quiero jugar arriesgando lento, aunque en realidad eres tú quien marca fase y espacio. Quiero aventurarme y descodificar engranajes, exponerme y averiguarte, a tu modo, con tus reglas y mis rarezas.
Espero que disfrutemos del viaje.






Desazón cuando los primeros rayos esclarecen esta sombría habitación. Apenas sientes el fulgor resbalar materia abajo, acrecienta la brecha en la que mil cuchillas segaron tu piel. El antiséptico imprevisto es la causa de todos los males, pero también es la incitación, el eretismo que reaviva cada órgano de tu cuerpo. No hay antítesis térmica sino alma desnuda, alma carente de hato que abrigue un corazón helado.


Observo tras la ventana mi reflejo en un lado del cristal. Hay silencio, miedo, cobardía y resignación. Pero también puedo captar esparcimiento, anhelo y expectación. Se respira angustia y dicha a partes iguales. Contrastes que convergen en el amargo – deleitoso – sobrevenir.


No entonamos sentencias por agnósticos de pensamientos aunque creyentes de almas. Místicos de ti y de mí, de un amor incondicional cuando se trata de dos iguales. Piadosos cuando el desastre avecine en las esquinas de la vida, indestruibles cuando seamos testigos de toda aniquilación.


Muertos o vivos. Hay muerte cuando se está medio enterrado en vida. Y ahora sólo sé que mi boca es tuya, que tu alegría es mía. Sólo sé que quiero vivir en ti, tú conmigo. Fusionados, avanzando. Regocijados en los sonidos, en nuestro particular celuloide. Contemplando y apreciando que no hay mas sueño que el encontrado, que no hay más quimera que la construida siguiendo nuestros propios pasos.


Y después, cuando creas que no hay más, siempre habrá un mundo mejor. Sin ruidos, sin llantos, sin desesperación. Sólo quietud, solos tú y yo.




Love of lesbian - Universos infinitos