domingo, 4 de noviembre de 2012

Una historia completamente fingida







Carlos nunca estuvo enamorado, al menos no de esa manera que te hace vivir enajenado la mayor parte del tiempo -te ahogas y te mareas todo el rato mientras te duele el pecho-, o te hace contar las horas midiendo la respiración al ritmo de latidos cardíacos.  De esa manera no, él sólo había seguido un guión de cine comercial; interpretar un papel que le hacia amoldarse perfectamente a cada circunstancia, ya que suponía que amar era llevar el desayuno a la cama, regalar flores o inventarse una canción que hablase de amor. Y ahora que por fin había descubierto el significado de esa palabra con cuatro letras, tenía que romper el noviazgo y olvidarse de todo.

Se puede decir que el protagonista siempre fue un poco verde, en el sentido de que nunca acababa de madurar y llegaba tarde a las cosas importantes de la vida. Sí, tenía edad para votar pero no comprendía qué era la política. Empezó a salir con una chica sobre los quince años, aunque tardó un poco más en dar el primer beso. Su grado de dependencia estaba yuxtapuesto al dependiente. Se masturbó por vez primera pasados los veinte e hizo su primera gran reflexión a los treinta. Pero él era un ignorante feliz, sin ciclos ciclotímicos, sin complejos o grandes emociones. Hasta que conoció a una demente que hizo que cuestionase hasta su propia integridad.

La chica andaba algo desequilibrada aunque al principio lo disimuló magistralmente. Trataba a Carlos entre algodones, le ayudó a salir del caparazón entregándole los tesoros más valiosos que una mujer puede albergar. Y él creyó encontrar un paraíso perdido, sin retorno, ¡cielos! creía haber encontrado el estado puro de felicidad. Pero sólo fue un espejismo… pronto la lunática empezó a comportarse de manera neurótica, violenta e inexplicable. El chico temía por su propia vida, pues la mujer trastornada con ojos inyectados en sangre hacía irrespirable el aire, no sólo reducía su caduco espacio, sino que traducía su exasperación en los golpes que le propinaba al subyugado Carlos. Lo anuló, lo borró de cualquier parte e hizo de su existencia afrenta y deshonra. Aniquiló su valentía, su risa, su devenir, y patentó el síndrome de terror e infierno que acabarían reduciendo a Carlos en una acumulación de defectos y fallos. Así pasó un tiempo hasta que la perturbada lo abandonó, pero antes de marcharse sentenció al chico de muerte. Le advirtió que todas las cicatrices de su cuerpo no serían nada, en comparación con lo que recibiría si no le guardaba respeto. Esa puta chiflada lo sabía todo de él, lo chantajeaba y lo manejaba como una triste marioneta. Tenía un ojo puesto en él, pese a la distancia, y estaba tan aterrado que era incapaz de pensar con claridad o tomar cualquier tipo de decisión. Con frecuencia le avisaba que estaba allí, que olía sus pasos cada vez que se movía, y al chico le temblaba el pulso cada vez que alguien unía un afecto a su persona, aunque sólo fuesen palabras amables vestidas en mentiras piadosas.

Qué paradoja, el catorce de febrero no habría tenido nada de especial si Carlos no hubiese llamado a la puerta de Inés, o ésta a la puerta de él, pues nunca se sabe qué fue primero. Para el treinta de marzo él ya se había enamorado de ella. Creía conocerla desde hacía mucho, llevaba un año observándola aunque nunca se le habría ocurrido acercarse. No sólo tenía presente la amenaza de aquella chiflada –la innombrable- sino que se sentía ridículo cada vez que ensayaba unas palabras frente al espejo. Probablemente aquella tarde había bebido, lo hacía a menudo para mermar inapetencia y amilanamiento. El alcohol le aportaba la entereza y el arrojo que le faltaba cuando se creía perdido, y el mundo de Inés prometía ser un hogar cálido y providencial, aunque ella se empeñase en cubrir las paredes de color gris.

En unos meses, Inés se había convertido en el centro de la vida de Carlos, le había descubierto un universo diferente entre dos extremos, que el gris era una mezcla de blanco y negro y que él tenía las herramientas adecuadas para alcanzar cualquier propósito. Ella tenía esa seguridad que a él le contagiaba, una sonrisa que embaucaba, las manos más entrañables del mundo. Congelaba el infinito cada vez que se dirigía a él, se evaporaba en partículas imposibles cada vez que leía una de sus poesías. Es que la chica era tan sumamente inteligente como ingeniosa, y tenía esa capacidad de cortarle la respiración al más mínimo susurro de voz. Por eso creó un mundo para ella, un espacio en el que sólo existían ellos dos. Todo llevaba su nombre, la música, las letras, los colores, las imágenes, el mar o el aroma a sexo mojado eran inherentes a su persona. Creó esos cinco segundos que envolvían toda esa existencia. Y sin embargo, él nunca la merecería, cómo iba a tenerle ella en cuenta, si no era nada a su lado, nada al lado de sus amantes pretéritos.

Porque Inés nunca le correspondería. Le gustaba regodearse en arrobas de soledad, trasnochar agotando la realidad, que al final quedaba empañada en un juego ficticio. Supervivencia, por eso se entregaba en los brazos de otros hombres, y Carlos no podía ni mirar los ojos de otras mujeres porque se sentía sucio y vulgar si al hacerlo pensaba en ella.

La innombrable planeaba sobre él, lo mutilaba poco a poco, pero Inés jamás podría verlo. Ella sólo necesitaba que la amasen, una persona que la rescatase de la claustrofobia, una rutina que pesaba demasiado y que apenas podía soportar. Eso originó la desilusión de Carlos, qué importaba que fabricase cinco segundos si ella los convirtió en un chiste, una nimiedad que carecía de importancia. Inés tuvo que romper con el noviazgo, él lo tenía que entender, nunca lo amaría. No le podía corresponder.

24 comentarios:

  1. Una historia de desamor muy interesante...pero desde luego completamente fingida....como va a ser que Carlos no se masturbara hasta los 20 años?????????
    En cualquier caso el amor y la locura a veces caminan cogidos de la mano
    Besos guapa

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  2. Todas las historias se repiten, Juanjo. Aunque las ficitias pueden perdurar lo que la mente quiera. Es que a Carlos le falta un hervor, está claro. ¿Amor? ¿qué es eso? ;-) besos, guapo

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  3. Irene...Todas las incongruencias del mundo nos puedes contar y todas nos parecerán que tienen sentido. Eso es lo que sale a vuelapluma cuando se escribe de una forma tan magistral. Si hablas como escribes, yo te digo: ¿Has pensado en meterte en política? Tienes cualidades para triunfar; convences, y además,parece que tienes gran conocimiento de la estupidez humana...jaja. ¿Amor? Yo sólo le encuentro sentido si como el diablo leo la palabra al revés...

    Un beso grande, como un templo.

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    1. Marián, ay guapa, por qué será que yo últimamente no le encuentro sentido a nada. Me gusta mucho lo de “vuelapluma”. Realmente me cuesta menos expresarme aquí, escribiendo, que hablando. Me acompleja mi acento, lo detesto, encasquillarme cuando no encuentro la palabra que quiero decir. Vamos, que no conquistaría a nadie ni grabando el mejor de los mensajes con tono pausado. De la estupidez humana sí, algo sé, para empezar me conozco a mí misma, o eso creo… ;-) me gusta leer palabras al revés, quizás ahí esté el sentido de todo. Un beso igual de grande, como tú.

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  4. Cuando alguien te corta las alas así, crees que nunca podrás volar sin ayuda. Pero Carlos no necesita a Inés. La quiere, pero no la necesita. Volará solo, amará. Seguro. Espero.
    Hay gente que no sabe amar, que no sabe dejar que la amen. Pero eso no es culpa de Carlos.
    Escribes... Cómo escribes.
    Besos preciosa!

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    1. Nuria, uno de los problemas es la dependencia. Posiblemente Carlos no necesite a nadie, seguramente sea una persona que, simplemente, no puede ni sabe estar en pareja. También puede, que para ser la primera vez que ese enamora, lo haya hecho de la persona equivocada, ya que no es correspondido. También puede que al desconocer ese sentimiento esté confundido, y sólo sea admiración. Tengo entendido que cuando una persona siente algo tan fuerte está dispuesta hacer lo que sea, y este Carlos parece que no hace mucho. Bella, me sacas los colores ;-) besos con lluvia.

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  5. es una historia que me suena.

    una relacción que disminuye la capacidad de volver a tener otra normal.

    dos que se juntan por la necesidad de estar con alguien pero ni dan ni reciben lo suficiente.

    barcos que naufragan sin salir de puerto. al que estan amarrados por sus desastres anteriores.

    ni follarse a todo lo que se mueve, ni la mas absoluta castidad seran solución.

    solo vencer al pasado puede colocar a una persona capada emocionalmente en disposicion de abrir nuevas puertas.

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    1. adam, bueno sí, es que todas las historias se repiten continuamente. Es una relación que ni siquiera llega a ser relación, y no espero que lo entiendas porque hay cosas que carecen de explicación. No veo aquí la necesidad de juntarse a alguien para olvidar, para sentirse menos solo, por poner un parche. Veo dos opuestos, sentimientos que se deslizan por un sumidero, no correspondidos. Una lucha interna que intenta mermar algún trauma, todos los defectos. Las puertas están abiertas, créeme, sólo hay que cruzarla y entrar.

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  6. Hay personas especialmente dotadas para la manipulación, para general dependencia emocional. Observan a su víctima y despliegan todos sus encantos para atraerla. La ingenuidad, la debilidad o las necesidades de todo tipo, fundamentalmente la afectiva, hacen víctima a cualquiera en un momento dado, de est@s tip@s. Luego como arañas tejen una tela invisible y pegajosa que se va pegando a ellas, hasta aniquilarlas y salvo que con mucho esfuerzo sean conscientes de todo esto, casi siempre cuando tocan fondo y luchen por desembarazarse de esa prisión, terminan destruidas. Cuando sienten que van a perderlas, estas arañas comienza el chantaje emocional y cuando esto tampoco funciona, las amenazas... las víctimas de estos personajes si sobreviven, salen tocados por todos lados, autoestima, inseguridades de todo tipo, desconfianza, incapacidad para sentir nada y un terror inexplicable a que se repita. Pero el tiempo lo cura todo. Estoy convencida de ello. Este Carlos volverá a creen en sí mismo y esa seguridad le hará verse digno de cualquiera. La belleza interior sobrevive a cualquier cosa, de hecho es mucho más fuerte que cualquier otra fuerza, mucho más que el mal. Se ve. Sale por los ojos en la mirada... o en palabras, como en tu caso IRENE, hay que estar ciego del todo para no verla, cielo:-)

    Toooodo el mundo es digno de ser amado y capaz de amar... ¡¡solo hay que entrenar!! ... algunos más duro que otros:-)

    Y los alérgicos, agnósticos, escépticos y sufridores de enfermedades endémicas anti amor ¡¡al hospital!!:-)

    Muaaaaaakss enooorme IRENUJA ... ahora te debo yo ¡¡uno!!:-)

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    1. María, no lo habría podido expresar mejor, de verdad. Es cierto que hay personas, esos monstruos terribles imposibles de nombrar, que van eclipsando a otras, degradándolas hasta convertirlas en una insignificante mota de polvo. Algo así le comentaba en algún post a Nuria. La debilidad, como bien apuntas tú, la necesidad que surge cuando no ves nada más a tu alrededor, cuando nada te llena, la poca estima… llega un momento que esa persona se convierte en tu todo, pero resulta que te tiene un pie pisando el cuello y estás tan ciego o muerto de miedo que eres incapaz de reaccionar. Y que eso cree en ti una secuela, y que los demás no entiendan porque no lo han vivido, porque no han estado ahí y no saben qué se siente.

      Ese Carlos que tan bien conoces tú (efectivamente, es quién me dijiste en tu correo) no tiene un ápice de belleza interior, no la puede tener cuando su comportamiento no es nada bueno. Pero se intenta, se pone empeño y eso tiene que contar. Como también se intenta creer en algo y vivirlo.

      Mmm me gustan tus besos, qué calorcito para esta tarde de frío y lluvia. Ahora soy yo la que te lo debe jajaja es divertido. Besazos muy grandes, gracias querida María!

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  7. Así es como es, y es mejor romper. A qué esforzarse, si el amor es otra cosa?

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    1. Darío, yo prefiero siempre arreglar las cosas, pero cada persona es un mundo, parece que para estos personajes tiene más sentido romper. No se lo qué es. Un abrazo.

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  8. demasiados carlos e ineses por el mundo lo han convertido en una cloaca.

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    1. Advenedizo, completamente de acuerdo contigo. Carlos, Inés, Gonzalo o Lulú, da igual el nombre, todos proclamando su amor ¡oh qué bonito! pero, joder, cómo huele a podrido.

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  9. ¿Primera masturbacion a los veinte y primera reflexion a los treinta? Divertido.
    los tesoros de una mujer. Uf.
    Qué par de pájaros
    y la loca
    esta lleno de locas/os
    así
    llenísimo el mundo

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    1. Garriga, es que el protagonista masculino es lento en esas cosas importantes de la vida. Le falta velocidad :P Todos locos, sí, parece que la cordura no tiene papel en esta trama, aunque tal vez un poco sí, hacia el final, sólo un poquito. Saludos.

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  10. ¿Complejo de Edipo?
    Sí Carlos viniese a mi clínica le soluciono en menos de 1 hora de sesión.
    Es fácil.
    Tiene que venir su madre con el, y se la tiene que follar.
    Así es la vida, 100 euros, y que vuelvan los dos bien folladitos.
    Si la madre esta muerta, y es imposible la reconstrucción del cuerpo, que se folle a La Merkel, también vale.
    Lo del paraiso perdido es otro tema mucho mas serio, de imposible solución, para ello se requiere conocimientos de semiótica muy profundos.

    Es impresionante lo bien que escribes Irene...
    Un abrazo fuerte.


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    1. m.i., sin duda tu interpretación, reflexión, conclusión, diagnóstico, siempre es acertado. Qué buena solución, no lo había pensado, sin duda todos tendrían que ir a esa consulta y dejarse llevar. Sólo podría salir algo bueno, excepto si la Merkel está por medio, ahí si que no, eso no puede ser, hombre. Menudo trauma gordo le crearías al pobre Carlos.

      ¿Tú entiendes de semiótica? uno de los protagonistas es un mapa lleno de interrogantes y entresijos.

      Es impresionante que tu mente fabrique cosas tan fascinantes, aquí, allí y en todas partes. Un abrazo tierno ;-)

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  11. He leído tu historia de un trago. Qué bien escribes!
    Las relaciones que vamos teniendo a lo largo de la vida nos marcan, nos educan -o maleducando- emocionalmente. Ojalá puediéramos salir límpios de según que encuentros, pero dicen que de todo se aprende, no? pero qué miedo cruzarte con una chalada como la innombrable!

    Besos

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    1. hiro, sí, personas como la innombrable no deberían existir, y si te la encuentras alguna vez salir por patas a la de ya. Pues claro, las historias, las relaciones, no van formando y haciendo que seamos de una manera u otra. Yo también creo que es importante sacar lo bueno de todo ello, aprender y corregir los errores para no seguir errando en el futuro. Besos no tan adolescentes!

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  12. Escalofriante. También conocí a un carlos que no queria amar o no podía... besos bella!

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    1. i*- ¿sabes si algo le hizo cambiar? parece que se pierden muchas cosas cuando no consigues creer en ello. Besos, bella flor.

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  13. El mundo por desgracia está lleno de seres tóxicos y de mentes frágiles. La combinación de ambos da aberraciones de las que difícilmente se sale bien parado, ya sea física o mentalmente. Solo los sadomasoquistas están preparados para esos lares. El resto, posiblemente arrastremos heridas supurantes toda la vida. Quinto beso

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    1. Uhmm aún no se en qué lugar me deja eso. Tóxica, frágil, sadomasoquista, herida, medio muerta, sin vida. ¿Y cuándo las personas son sólo tóxicas para ellas mismas (principalmente)? Gracias, he cogido todos los besos.

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