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lunes, 19 de mayo de 2014

My doubts, success and failure





Desde hoy comienzo a contar los días que faltan; desde hoy empieza la cuenta atrás. Y en esta altura me estoy preguntando si me equivoco, si estoy errando en la decisión tomada, y me desespero porque sé que cualquier determinación hubiese sido cuestionada por unos y otros, una duda para mí misma.

Siempre fui indecisa, insegura, cobarde. Se me va la vida en los próximos diez días, desde ahora… miscelánea… un océano de pensamientos se agolpan en mi memoria, los últimos siete años de mi vida. Lo que acaba y lo que empieza.

Estoy aterrada, por eso me doy media vuelta en la cama y te observo a oscuras, conteniendo la respiración para no alterar tu sueño. Quiero retener ese instante en mi cabeza, guardarte en mi pecho, para cuando te eche de menos. Para cuando en otro punto del país tú te sientas solo en mitad de la madrugada. Y me siento vacía desde ya, o siempre lo estuve, pero ahora soy más consciente de ello, y soledad no es un efecto, es certeza, se puede palpar, incluso cortar con la hoja del cuchillo que ahora forma parte de mi caja de juguetes.

Por favor, dime que todo esto valdrá para algo, que no me equivoco, que no estoy jodiendo tu vida y de paso la mía, que no estoy truncando la historia de final feliz, la que ambos empezamos a escribir cuando aún creía en la realidad de los sueños.



The National - Sea of love


jueves, 24 de enero de 2013

El fenómeno del éxtasis ( II )






Hay algo que interrumpe la melancolía de la gayola y la dureza de los barrotes; en los telones mustios destaca una colección surrealista, pinturas impresionistas, mensajes codificados en rancias frases de autoayuda con ciertas pinceladas de Ferenczi y Freud. Pero realmente lo que a mí me mantiene fascinada es la actitud de algunas estatuas –sin precedentes-, las contracciones, su éxtasis erótico.

[Mi perverso y excéntrico Dalí]


No dura demasiado el embelesamiento, cuando recuerdo el póster en la Oficina de Orientación Laboral. No, por favor, no hagas que me conoces, no me hables de lo maravillosa que soy, de mi inteligencia, mi capacidad de absorción o mis oportunidades mal aprovechadas por la falta de cordura y la huella del inexistente raciocinio. No quiero ser un número más en una estadística interminable. Está bien, pondremos de nuevo en marcha el mecanismo de la máquina recientemente engrasada, despedazar los fenómenos del ánimo y diseccionar el resto, las partículas excedidas. De modo que tu conflicto psíquico puede quedar resuelto en tan sólo una sesión. 
  

Qué hay de tu trabajo ¿te sientes realizada? Qué cojones es eso “realizada” qué significa sentirse realizada ¿no ser una inútil?. Por qué, entonces, las señoras y señoritas que limpian el baño de casa, hacen la comida y planchan la ropa de sus esposos y mocosos no se sienten realizadas, con lo útil que es eso, sobre todo para ellos. Ahora que recuerdo, tenía yo una ex-compañera de trabajo en la capital que se sentía muy realizada poniendo una aceituna en cada bandeja del catering de Iberia, pero me dejaba a mí la tarea de clasificar archivos de otros años porque el trabajo no la satisfacía. Qué habrá sido de esa hipocondríaca… Por cierto, cómo detesto que la gente escriba sobre todo junto (sobretodo) ¿acaso no saben que un sobretodo es una prenda de vestir?


Y tu trabajo… ah sí, mi trabajo se puede decir que no es un trabajo, bueno, quiero decir existe una tarea remunerada sí, pero como es placer pues injustamente no lo denomino trabajo. Adoro a los críos, los besos acunados por las tardes, los ojos brillantes después de haber entendido mi explicación. No se imaginan que en realidad son ellos los que me están ayudando y enseñando a mí. Ayer, sin ir más lejos, me enseñaron a bailar salsa. El mensaje la tarde anterior, que me echaban de menos, querían tenerme allí, buf, me llegó al alma. Adoro esa casa, las luces naranjas de la lamparita pequeña, la butaca secuestrada por Aras, por cierto ya somos muy amigas. Adoro el mar tras la pantalla del ordenador, doblar la ropa para ahorrarles trabajo o encender la estufa para calentarles la casa cuando él está a punto de llegar del trabajo.


Nunca me hablas de él… lo sé, él es mi jefe. Pero es de esas personas que siempre, siempre, han estado ahí, formando parte de tu vida de alguna u otra manera. Y sin embargo jamás le prestaste atención. Verás, recuerdo algunas veces cuando llegaba a casa, acompañando a mi hermano mayor, y mi madre me hablaba de lo apañao que era, de la suerte que tendría la afortunada mujer que lo desposara. Pero entonces eran otros los grillos que brincaban en mi cabeza. Nuestras conversaciones cada vez son más intensas, más intimas, y prolongamos las tardes de trabajo hasta el fin de semana. En realidad lo mío siempre fue escuchar a la gente. Me habla de los problemas de pareja, como se desmorona lo insostenible y además de la pelea diaria con la rutina, una lucha interna contra sus propios demonios. Me preguntó si yo creía en el destino, y le contesté que sí, pero que a veces me olvidaba de que existía. Me dijo que a él le pasaba un poco igual, pero que desde que yo llegué he completado algo que le faltaba, algo que había olvidado y que gracias por todas las sonrisas antes de irse a la cama. Pero tú no estás cómoda. No es eso, es que yo en las distancias cortas me quedo bloqueada. Cuando me dice que le gustaría conocer a alguien como yo, alguien que valora todo lo que él hace mientras me aparta el pelo de la cara, no se qué decir. Cuando me dice lo dulce que soy y que le encanta encontrarme con mi libro en el sillón cuando llega a casa, no se cómo reaccionar. Qué hago, cuando me dice que le encanta como soy 7 que nunca intentaría cambiar nada de mí. A veces tengo la impresión de estar jugando a las casitas, igual que cuando era pequeña. Pero ahora con una casa de verdad, un hombre real y unos niños que no son míos.


Tu estado anímico es una alarma y tienes que aprender a descifrar y clasificar sus llamadas. Oh sí, ya lo creo. La otra noche, estaba yo contestando un sms a mi jefe, ya en la cama, claro; cuando me llamó el oscurito del alma. ¡Menuda sorpresa! aún no se bien qué ocurrió, yo estaba un poco aturdida y desbocada por los dos vinos que me había tomado y él estaba como… acelerado. Esos vinos pendientes, sin embargo tan incompatibles con mi puta locura. No podíamos dejar de reír y hablábamos y hablábamos hasta que ambos agotamos el saldo. La noche era perfecta, allí nevaba y aquí llovía, viento, oscuridad alienada a las inclemencias del tiempo, nuestro escenario favorito, además del arco de la M30 o las máquinas veloces bajo tierra. Había algo extraño, era como si todo y nada hubiese cambiado a la vez, como si su lengua aún abrazase mi clítoris y mis piernas rodearan su cuerpo. Su voz traviesa, la suavidad de los labios acariciando el cilindro del porro -sí, te oí fumar- mientras divagamos de locuras compartidas y comportamientos excéntricos. "Qué pasa contigo" me dice. Joder, ni siquiera yo misma lo sé. Pero le hablé de él, de la relación de ida/venida, que es diferente y que me encanta. Menos mal que consumimos la tarjeta de prepago, pues ya estaban nuestras nalgas en alza dispuestas a ser azotadas y sodomizadas.


Háblame de todos los intentos por integrarte, de tu manía antisocial. Digamos que estoy en P.A. (progresando adecuadamente). Tengo un par de conocidas con las que intercambio más de cuatro frases seguidas, en el cole, mientras espero que los niños salgan del comedor. Pero ya sabes, todo en plan maruja y cotilleo sobre rollos maritales. Ahh!! también me he unido al grupo de mi cuñada para jugar todos los jueves a los bolos. Lo cual es algo contraproducente, es que Nick también está en el mismo grupo, y bueno… he cometido tantas estupideces. Creo que la última vez hablaste con él y todo quedó muy claro. Sí, eso fue antes de dejarle que metiese su lengua hasta mi campanilla. Verás, es que el sábado salí con mi hermano y mi cuñada, y al final nos juntamos todos con el grupo de la bolera y otros acoplados más. A Nick le encanta bailar pegadito a mi trasero, y a mí me vuelve loca una mano en mi cintura. Dejé que me besara y que me mordiese el cuello. Pero es que no fue el único que me besó… Pero estás completamente desatada! Joder,  pero es que el segundo fue un poco error. Verás, yo estaba en la cola esperando entrar al baño –unisex, puajggg- cuando se abre la puerta y sale Pol. Sin mediar palabra tiró de mi brazo haciéndome entrar en el aseo y cerrando la puerta tras de mí me empujó contra los azulejos y me morreó durante un buen rato. ¿Así sin más? algo le dirías. No, yo no, fue él quien me dijo a mí “te lo debía, te lo has ganado”.

Estoy algo descentrada, lo sé. Sólo pienso en esta sesión dominada por el papel que han jugado los hombres en mi vida. Mis únicas dos parejas fueron unos hijos de puta conmigo, el tercer intento de relación me hizo la putada de morirse antes de tiempo, y el cuarto… es demasiado bueno para ser verdad, demasiado bueno para mí, ya no le pertenezco. El otro día leía un post que hablaba de un hombre que después de un polvo, le pedía a la chica que le dejase solo. Y yo pensé en voz alta -muy sorprendida- que si era cierto que existían hombres que se quedaran, porque entonces creo que yo he tenido muy mala suerte con los hombres de mi vida, pues ninguno se quedó. Lo cual me hizo pensar en que tal vez debería hacerme lesbiana, porque ahora que lo recuerdo nadie me ha comido el coño como lo hizo una mujer. Disculpa la ordinariez, ya llevo mucho tiempo hablando.

Pero no puedo, me gustan los hombres, sobre todo ese chico hardcore que bebe cerveza pero le encanta el vino caro. Me tiene desconcertada… tiene una mezcla rara de thrash y Crepúsculo, oye, un chico intrigante que ha estimulado mi memoria musical. Ays espero que éste no borre a Irene de su nube de conceptos.


Eres consciente de que tienes un problema ¿verdad? Oh, ya lo creo, uno sólo no, muchos. Pero mientras las musas de Dalí sean las que delimitan la realidad de la ficción yo viviré tranquila. Y ahora espera, que voy a cortarme un rato las venas y vuelvo enseguida.



Anthrax - Antisocial

sábado, 19 de enero de 2013

El fenómeno del éxtasis ( I )







Habría que fustigar a quién se le ocurrió pintar de gris quieromorirasfixiadaenunbukakke las paredes de mi jaula terapéutica. Me gusta el blanco y el negro, me gusta la mezcla de ambos, una luminosidad media que me define, como siempre, en medio de todo, cerca y lejos de nada. Siendo objetiva -si es que aún puedo serlo- no puedes pintar las paredes de la loquera con el color de las nubes que están a punto de derramarse, el mismo color de las calcetas sudadas de CR7, el color de las densidades grumosas que se van formando sobre tu cabeza, el color de la ceniza que, también, son los cadáveres de ancestros calcinados, el color de la pena, la nostalgia, la puta melancolía y la tristeza. La gente se hunde, joder, la gente no se anima, ni resuelve sus problemas mirando el gris, ahí, de frente, sino que se revuelca en su miseria. Pero yo soy yo –zorra fría, puta desquiciada- me siento cómoda entre el plomizo y lo sombrío, hace que el ambiente resulte agradable. Por eso me relajo sobre la piel del diván, encontrando placer en los cuadrados y en los caramelos mulliditos, y me abro tanto que comienzo a ser enteramente manejable.


Qué hay del alma errante, ¿aún se presenta en tu habitación de madrugada?. No, ya no. Encontró una isla en la que anclar su nave. Una putilla poligonera disfrazada de gotika a lo Marilyn Manson, pero debajo del piercing y las uñas negras –aparte de mierda carroñera- hay más de Choni escuchando rap, hip y hop, tri, tra, tru (todos esos monosílabos sólo aptos para simios) que otra cosa. Bah, ni siquiera era holandés, no era más que un escritor frustrado y licenciado en culturilla de solapa. Además, ya no molaba, se pasaba horas hablando de cómo cambiar el mundo, de sus ideas de anarquías y sus náuseas por todo lo políticamente correcto, divino y tradicional. Pero luego, el hijoputa, colocaba regalos bajo el árbol de Navidad, compraba sus pijotadas de iTunes y iPollas y hasta metió su papeleta en las urnas el día que proclamaba que no fuésemos a votar. Oh, Dios, que hubo de aquellos tiempos en los que reivindicaba la lucha en las calles, aceras ensangrentadas, políticos mutilados, palo en mano, tiro de piedra.


Cómo es eso, tienes que comunicarte, necesitas hablar con tu círculo cercano. No puedes quedarte sin amigos porque necesitas abrirte, exponer tu dolor, tu preocupación. Bueno… está mi amiga Bea, pero no se si es un buen apoyo, ni siquiera sé si es buena para mí salud física y mental. Está un poco loca, y no hablo de una locura diagnosticada. Hablo de una locura derivada de esa mierda que se mete por la nariz. Primero me dejó conducir su coche, una noche madrileña en la que habíamos cerrado bares y consumido porquería, yo me desquitaba de un rechazo, ella jugaba a ser una heroína sin traje y sin capa. Pero ¡si tú no sabes conducir! Ah claro, por eso estampé el vehículo en una farola, pero no pasó nada, excepto que al día siguiente la resaca me hizo ingerir aquél bote de pastillas. Luego la que estrelló el coche en la autovía del sur fue ella, pero la culpa fue del agua, que mojó la carretera. Aún no me había recuperado del esguince, las suturas y las cicatrices, cuando me hacen un lavado de estómago propiciado por otra de sus locuras. Ah, y recuerdo que antes de todo esto me llevó a una casa muy rara donde volaba toda clase de drogas y se celebraban orgías. Menudo susto me llevé cuando desperté en una cama con cuatro tías y las sábanas llenas de sangre. No, a mí no me ocurrió nada, ni hice nada extraño, creo… Bah, de todas formas ya no me habla. Me culpa de sus infidelidades, ahora que ha dejado a su marido el amante la ha dejado a ella. Cree que yo debí mediar, pero la verdad, no se en qué.


Ya veo… y tu amigo ¿imaginario? Pienso en el constantemente, pero nunca llegaremos a encajar. La otra noche hice una estupidez, le dije que quería ser su puta esa noche y él me rechazó por segunda vez. La primera vez que lo hizo lo entendí un tiempo después, se estaba corriendo con otra tía. Y ahora que han pasado los días también entiendo el segundo rechazo –bueno, no hay más que verme, soy una deforme incapaz de despertar deseo en ningún hombre- estaba herido su orgullo de macho alfa. Verás, la tía con la que se corría está siendo cortejada por otro príncipe y eso a él lo tiene desanimado, porque claro, están cayendo en desuso sus tretas de Don Juan, ella lo tiene medio ignorado. A ver, si yo lo entiendo, de verdad que sí. Los celos abreviaron su apetencia sexual. Por otro lado, yo le dije que no podíamos continuar con ese otro tipo de relación, pero me envió un mensaje la tarde que fui al cine, y aquella noche nos corrimos como animales después de detonar todos nuestros roles. En realidad yo sólo quería acabar el día animándonos un poco, pero empezó hablándome de la tía con la que se corría, de sus graves problemas. Y los míos quedaron reducidos a mierda de gato; claro, yo no voy a ser desahuciada, no me han echado del trabajo, no paso hambre, no tengo hipoteca ni niños. Sólo se ha mudado a mi calle el hombre que me maltrató durante años. Pero, y si aún vive con él, y si hablar de madrugada bajo las sábanas, no coger siempre el móvil o haber aplazado tantas veces un encuentro es porque aún convive con él. Sí, pudo haberla amenazado con matar a ella y a su familia, con colgar todos los vídeos eróticos en internet, con ir a un programa de la televisión y mostrar sus secretos y sus vergüenzas. Quizás por eso aún le tiene miedo. Pero eso es chantaje! Bah, no me hagas caso. Estoy furiosa porque me rechazó de nuevo, y la furia me hace decir estupideces sin sentido, ni un ápice de credibilidad. Lo echo de menos y cada día sueño con un mundo mejor para él, joderme a mí misma es más que suficiente. Él no, no permitiré que nada le haga daño. La distancia, el tiempo, la rutina, el amor, el amor, el amor…


Ya veo, tomemos un respiro, ten, esto te ayudará un poco



S.O.D - Raise your sword

jueves, 27 de diciembre de 2012

domingo, 3 de junio de 2012

Sin nada





Lo intenté, y sin embargo tú nunca me entenderías. Cómo explicar la sensación que oprime y no deja respirar, cómo explicar que no soy caprichosa, que no eres tú el problema, que soy yo que nunca me vas a entender. Que hoy me gusta el blanco y mañana el negro, que vivo continuamente en el vaivén de la montaña rusa y ya no recuerdo ni donde estaba la parada de bajada. Lo intenté, y a pesar de tu extraño cariño cada día me he vuelto más pequeña a tu lado. Tú me quedas grande, tu mundo y tu interesante inteligencia es un abismo en mi ridículo cerebro. Contrastan tu sensatez y seguridad con mi yo grotesco. Inseguridad, ciclotimia, torpeza. Lo intenté y no estuve a la altura. El problema soy yo. La inestabilidad de mis emociones me lleva a un laberinto en el que no te gustará perderte. No sólo es miedo, es la indiferencia y la apatía que trajo consigo la primavera. Y querrás volar, descubrir nuevos mundos y distintos horizontes, regalar canciones y susurros de orgasmos creativos. Y yo me quedaré quieta, con los ojos cerrados, llorando lo que di por perdido de antemano. Pero son ciclos, una sucesión de estaciones en las que lloras, ríes, te caes y te levantas de nuevo. Sólo eso.




Napoleón Solo - Perdiendo el tiempo

domingo, 6 de mayo de 2012

Besar y callar







La tarde del domingo sólo me apetecía quedarme en casa viendo películas o leyendo los libros heredados, escuchar a ratos la lluvia apaciguada chocando con el cristal de la ventana y dejarme empujar por el letargo después de un agitado sábado. Pero Cordelia me llamó por teléfono, insistió tanto en quedar que no pude decirle que no. Habían pasado pocas horas desde que nos despidiéramos, junto a otras amigas, en el portal de mi casa. No entendía la urgencia pero admito que la intriga ganaba frente a la monotonía dominical en el sofá. 


Cuando asomé por la cafetería donde habíamos quedado pude vislumbrarla a través del empañado ventanal; su larga cabellera de terciopelo negro y anaranjado es inconfundible. También lo es su forma de vestir, tan despreocupada como optimista e infantil. Pide por mí mientras arrastra la silla de enfrente para alzar sus piernas sobre ella, el gesto me incomoda. En realidad es lo que me molesta de ella, no es que vea el gesto como algo de mala educación -la buena educación no siempre está en los modales- es que aprecié en ese momento una desgana y una chulería que me irritaba. Por otro lado nuestra reciente relación carece de confianza. Coincidimos en el curso de inglés del año pasado, empezamos a quedar algunas tardes o incluso salimos a cenar y a tomar unas copas. Aunque ella es una chica bastante extrovertida que va contando sus problemas, yo soy más reservada y siempre mantuve las distancias.


Comenzó a divagar sobre frivolidades, recapitulamos la jornada anterior en una ciudad bañada por el sol, aludimos alguna que otra anécdota sin concretar demasiado y me cuenta que ya pudo olvidar a Jimena, su ex, que ya no llora por las noches y no se siente un asco de persona. Hasta que consiguió encontrar el preciso instante en el que contarme el motivo de haberme citado allí. Me dice que cree estar enamorada de otra chica, tiene una relación de amistad con ella, y aunque esta chica es heterosexual a ella le parece que siente cierta curiosidad por el género femenino. Sinceramente, no me considero buena dando consejos y mucho menos cuando siento que el vínculo con esa persona no es nada especial. Se lo explico pero ella no quiere entender, lo único que pretendo es que vea que puede peligrar la amistad con esa chica si ésta la rechaza, pero también puede que se vea correspondida, aunque sólo sea por simple curiosidad.




Se va la tarde




Descienden las últimas líneas de luz sobre la colina, el aguacero es una cortina difusa tras la luna del coche de Cordelia. Estamos en la cima de la montaña, en un precipicio fortuito y al borde de una carretera demasiado disimulada. Apenas se distingue la penumbra de la ciudad y yo me asfixio entre los seis cristales rebozados en vaho, confusión y humedad. Su mano es imperturbable y delicada cuando roza la mía apoyada en la palanca de cambio. Mi pulso es ligero y atormentado cuando siento su aliento cercano. Hay caducidad en la circulación de extremidades, en las miradas sofocadas y en la nulidad de palabras. Ya no tengo tiempo para pensar cuando sus labios abren mi boca pequeña, hambrienta -no se si de sed-, desconcertada. No respiro, no pestañeo. Tampoco se si me fundo o me revuelvo, hay cierta ambigüedad revoloteando en el reducido espacio. La vehemencia con la que su lengua se ata a la mía es nimia a la sensación de ser violada por una chica en su empapado Peugeot... 




lunes, 30 de abril de 2012

Endorfina romántica








Porque los recreos de vicios que se han inventado hay que jugarlos hasta el final, arriesgando y asumiendo TODO.
Porque la perturbación forma parte de mi filia y esa filia es mi propia naturaleza.
Porque descubrí mi sexualidad de atrás para delante.
Por todos los quizás, tal vez o ya veremos. Un handicap de miedos e inseguridades que entorpecen el acercamiento.
Por mi yo estúpido, ridículo y salvaje.
Por el demente que me engendró a su antojo, con todos los fallos y ninguna virtud.
Porque no se decir NO y a veces duele.
Porque el dolor me hace estar viva y sin aflicción siento que muero.
Porque no se vivir sin agonía.
Por la desmedida de lo que me invade.
Por tu ansiedad, tu intriga, abulia y peculiaridad.
Por el instante dilatado justo antes de caer el látigo o la palma de la mano.
Porque el impacto es la adrenalina y la adrenalina es la adicción.
Porque el fervor de tu piel sabe más intensa después de rozar un abismo en el aire.
Porque el orgasmo encarnizado y selvático sobre tus rodillas estimula mi punto antropófago.
Por la caricia que se siente diferente, única y especial.
Por tus huellas en mi piel con las variantes pigmentadas; señales de ser amada y haber amado.
Por la reminiscencia y el perfeccionamiento.
Porque la predestinación a veces sólo es un lamento compartido.
Porque estoy perdida y no se amar de otra forma y manera.
Porque se advierte el momento (necesidad) de  cambios.






The Cramps - Dames, booze, chains and boots

martes, 24 de abril de 2012

Surrealismo impulsivo






Fue nuestra noche de despedida, aunque yo no lo supe hasta la mañana siguiente. Puede que sí lo supiera, y sin embargo quisiera ignorarlo durante unos instantes porque así me sentía menos vacía, porque así sentiría una vez más tus gemidos resbalando por mis dedos. Te conoces las arrugas de mi cama mejor que nadie, por eso te esperaban ansiosas disimuladas por la presión de mi cuerpo y unos desmañados movimientos. Y nos contamos el día, hablamos del trabajo, literatura, impresiones y la familia. Meras trivialidades, pero es ahí precisamente, en las cosas más insustanciales, donde encuentro lo que más me interesa: la persona y su eje.


Me reía y no sabía el motivo, tal vez fuese una risa en voz alta porque tu forma de jugar conmigo me volvía despreocupada y radiante. Nos dábamos las buenas noches y me quedaba callada, conteniendo la respiración para no entorpecer cualquier sonido emulado por tu palabra. Fue ahí donde continuó el juego. Te deshacías en fantasías, me fundía en caricias raudas y perversas, en ideales bruscos o soberbios. Se aceleraban nuestras voces buscando el momento oportuno, deseando desembocar la concupiscencia (te encanta la palabra) ensimismada en un orgasmo tuyo y mío, uno de despedida. Podría escribir sobre ello, esbozar un relato sórdido de última sesión con palabras malsonantes, algo muy sucio pero que, curiosamente, hace enardecer los deseos más oscuros. Pero no me apetece rubricar algo que ya no te pertenece, algo que ahora sólo es mío.


Cuando me he despertado esta mañana he pensado “lo entiendo, cómo no lo voy a entender”. Hay que aflojar, que el surrealismo impulsivo no tiene cabida en un juego que ya dejó de ser divertido.




Eluvium - The motion makes me last

domingo, 8 de abril de 2012

Nostalgia menguada









¿Por qué no me puedo yo enamorar del hombre perfecto?


Me invita a cenar cuando no pretende más que consolidar una amistad despistada, cargada de infinitos matices frustrantes, vacía o exánime de fantasía. Un nexo velado que nos mantiene taciturnos e insertos en la más insondable de las nostalgias. Aún consternados, porque no nos aprendimos nuestro papel, porque la idiosincrasia fue la daga que amputó lo que aún no había terminado de medrar, pero con la determinación que te ofrece la mejor de las sonrisas y la mente más privilegiada. 


Soy consciente de la envidia que despierto cuando entramos en el restaurante. Tú eres la ambición, causa y efecto de miradas rivalizadas. Y yo me siento pequeña y grande a la vez; ilimitada cuando me coges de la mano para llevarme hasta la mesa escogida, diminuta cuando el azul de tus ojos me radiografía desnudando centro y alma. Pienso que ha pasado un mundo desde la última llamada, aún no entiendes por qué te devolví las Converse con una precaria posdata. Mario diría que soy muy orgullosa, que eso me impide aceptar regalos o dinero prestado. Pero delante de aquella caja, preciosamente adornada y rematada en un enorme lazo, yo sentí que había un regalo envenenado. No se obtienen respuestas con obsequios o agasajos, tampoco quería ser yo la vigilia saldada a fuerza de talonario. Como la culpa expiada en el cepillo, el lavado de la mala conciencia cuando dejas caer el par de monedas que siempre acarreas en los bolsillos, indultando fallo o pecado. Qué ganas de enrevesar, me dices. Hay una lógica, encontrar el 34 en las zapatillas que un día señalaste con el dedo mientras recorrías los Tristes de mi mano. Esa pequeña odisea postergada.


Allí estamos los dos, tú hablándome de arreglar el mundo, próximos proyectos que se perfilan en el trabajo, tu nueva casa y ese viaje al sur de Francia que nunca acaba de llegar. Yo divago entre las condiciones atmosféricas, sonidos que taladran o historietas estúpidas con resaca. Mientras nuestra velada queda amenizada por el redoble de tambores que escoltan la muerte del madero trasportado por tétricos nazarenos. Miras embelesado la peregrinación de cirios perfumados, más tarde la cera impregnada en el asfaltado no desvelará la trayectoria trazada, la densidad de unos pasos gastados. Y me doy cuenta que hasta en el vivir de tradiciones somos opuestos. ¿Cómo puedo yo creer en tu fe? esa de la que tantas veces tú mismo has renegado. ¿Cómo puedes tu dogmatizar mi locura transitoria? ni siquiera yo puedo ser un poco coherente. Somos tan contrarios…


Se nos hizo la madrugá deambulando bajo la lluvia, enterrando los pies en capas y capas de arena arrastradas desde la orilla del mar. Porque a ti te divierte y a mí me conmueve –por primera vez- tu sonrisa de niño travieso. Cerramos los bares, agotamos todos los líquidos destilados en la barra donde ni siquiera las luces nos acompañan, nos vaciamos de palabras y argumentos para continuar una noche más, un instante más, al lado del chico perfecto.




John Maus - Time is weird