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sábado, 23 de febrero de 2013

El vuelo del Fénix






A la tercera no va la vencida si te quedas en la segunda. Te volatilizas y el hilo queda suspendido en el aire, balanceándose, y el cordón umbilical cesa en su oficio y la nada gana el terreno ofrecido unas horas antes. La estupidez humana supera cualquier ficción planificada, ningún guión adaptado podría transcribir los errores y virtudes de tu memoria. Y yo te escribo sola, ya ves, aunque ahora no sirva de nada.

Imagino un collage que se hace rompecabezas dentro de mi mente, una época dorada donde empezábamos a encaminar nuestros pasos hacia una expectativa sujeta entre pinzas, pero entonces no era demasiado complicado jugar a construir futuros mejores, aunque sólo fuesen de cartón, inquietudes prosperadas entre tazas de café y la cola deshecha en agua. Mientras, nos preguntábamos dónde estaríamos dentro de diez años. ¿Dónde estás? ojalá pudieras responderme y decirme que ahí está todo bien, que es mejor o peor que aquí, que a veces la opresión se agarra a mi cuello envolviéndolo en una bolsa de aire caliente. Pero no me engaño, querida amiga, sé que sólo existe el humo que se niega a desaparecer del todo, y quizás, sólo tal vez, la hebilla del cinturón ardiendo sobre el precipicio de tu cintura.

Qué día es hoy… se me olvidó tu palidez, los huesos atrofiados y el morado que sombreaba tus ojos aquella última vez. Y he recordado tu voz, he deslizado el pulgar en la pantalla del móvil esperando una llamada o una respuesta. Ahora sé que no estoy loca… tú, puta infanticida, me has recordado a todos mis muertos. Encontrar –como un tesoro- el regalo de Reyes de mi padre siete días después de su fallecimiento. Una carta de pedida en las páginas de un libro olvidado, una pulsera de la que me aprendí de memoria sus cuentas. Y ahora tú, qué me vas a traer, aparte del cuervo negro postrado ante mi cabeza. Si supiese a ciencia cierta que detestabas jugar, habría movido ficha aún sin esperar el resultado del dado.


Salí a pasear ayer por la tarde, bueno, más bien a enterrar mis pies en arena, me alcanzó la lluvia que mareaba con su fuerza el romper del oleaje y, de alguna forma, sentí que había un resquicio de renovación en todo lo que estaba aconteciendo. Había otras pisadas que se escondían tras las mías, y de vez en cuando me tropezaba con otra mirada… de perro o de persona, no lo sé. A ninguno nos importó mojarnos, más bien nos sentíamos parte de la lluvia, como si fuese ese el único ropaje que se adecuara a nuestra figura. Recordé al chico hardcore, su tiempo, su página en blanco, la incoherencia, la obligación o el deber. Sentirse cómodo en los funerales, eso me convierte en alguien menos raro, he pensado. Y de repente me entraron unas ganas enormes de llegar a casa, quitarme el peso de la ropa empapada y secar mi cuerpo. Escuchar a los sabios y decidir quedarme, sí, quedarme porque ahora sé que nunca podrá haber dos estúpidas iguales.


God is an astronaut - Post Mortem

jueves, 29 de noviembre de 2012

Unfinished







me he dejado el turquesa en la barra clandestina
ahí se han anudado las copas,
el jabón de sus manos
la ropa usada, mal vendida
el humo
el whisky licuado

todas las voces danzaban en la misma senda
me hablaban de un sueño,
latían ahí adentro
mientras la música chocaba en la pared
retumbando tu nombre en mi cabeza

mantuve la mirada limpia
mientras el tiempo
vestía de primavera mi melena
he gastado los zapatos,
he perdido las cartas y
se han roto las medias

me han regalado la noche
pero yo sólo ansiaba tus cinco segundos
deshaciendo la torpeza bajo la mesa
ahora lo sé... no había pretérito
no existió la niña mujer
ni mi orgasmo en tu cabeza

me despido, amor
"nunca has existido"
me repite al oído
el vendedor de quimeras



Thom Yorke - Hearing damage