Comienza una noche más, mientras espero que el hombre de la sombra larga aparezca fundido en negro y con relativa vanidad, con su pereza, sus manos de artista y su raído, pero estimado, gabán. Permanezco impermeable en el ahuecamiento tramado y solapado a partir de movimientos curvados y bolas de trapo. Es mi pequeño universo de impulsos, desahogo y seguridad. Parpadea la luz dorada de la farola detrás del cristal, los gatos maúllan intentando escalar lo que queda de muralla, y suenan las latas de comida fuera de sus bolsas de basura, amarillo no reciclado, derrapando cuesta abajo.
El teléfono vibra debajo del montículo de algodón, lino o raso. A veces los tejidos se aúnan formando un nuevo elemento, y yo discrepo entre unos y otros. Una voz áspera pero dócil me saluda al otro lado del aparato, percibo algo de astenia -no primaveral, esa que me invade a mí en estos momentos- es más bien un hastío arraigado a su propia naturaleza, un desaliento conformado ante la falta de perspectiva o avecinamiento de un futuro optimizado, privado de compañía. Ademán de cortesía, cruce de banalidades en las que divagamos sin reparar en absoluto en la intensidad de lo florecido, un intercambio de fábulas y pretéritos madurados que confluyen en una apetencia acrecentada.
Desnúdate. Como en las incipientes sesiones en tiempos pasados, comienzo a deshacerme en capas de ropa y membranas, ansia y entusiasmo. Tócate. Como en aquellas noches en la que la inocencia me abarcaba desmesurada y furtiva, empiezo a explorar los plisados en la piel, ángulos y superficie porosa pletórica de deseo. Mójate para mí, imaginándome. Todas mis cavidades emanan la supuración anhelada en el precepto de tu voz. Todas mis brechas fluyen como ríos sofocados por la osadía de cada movimiento, trascendiendo en profundos manantiales. Hay un mínimo intervalo de tiempo en el que me siento completa, prostituida en todas las aberturas, pero con la convincente determinación de acabar lo que ambos, con tanta lujuria, hemos empezado. Tu dicción se ha vuelto menos tosca y arrogante, ahora es más ligera, más sensible y provocativa. Me acaricia a través de palabras como los dedos trémulos y dinámicos que chocan, palpando uno a uno, los vértices de mi cuerpo.
Estoy ya en el lance culminante, se contorsionan, revuelcan y arquean todos los músculos y hendiduras del cuerpo. Me contraigo y dilato yo, buscando una válvula entre la mezcolanza magullada de la tela. Te retuerces y estremeces tú, comprimiendo electricidad y desplazamiento. Y mis ojos convergen en el fulgor del fanal adherido a la tapia blanca de cal, cerca de la ventana. Disienten mis pupilas del ambarino irradiante, porque mi habitación es azul y rosa: intenso añil como los ojos de aquel arquitecto con nombre de todopoderoso griego, delicado encarnado, como la candidez que me asediaba aquellos días. Te apresuras entre gemidos y levantamiento, me deslizo entre suspiros y aceleramientos. Broto contigo, te derramas tú, discurro yo, los fluidos que se van al aire y a la composición de nuestra inadaptable materia. Se apaga tu voz mientras me fijo en los pájaros, flores y mariposas de mi lámpara en el techo.
Shpongle - Divine moments of truth

Vaya, a pesar del, a veces, denso vocabulario he tenido una ligera erección. Lástima las horas, ¿no? xD
ResponderEliminarBesos.
Vaya, nunca acierto con el vocabulario, me cachis. Espero que disfrutases de la erección, siempre es buena hora para eso :-) Besos.
ResponderEliminarGalia, me acerco a tu blog con la curiosidad de saber un poco más sobre aquel que ha comentado en el mío y me topo con esta entrada. Yo no le hablaré de erecciones que prefiero guardar mi misterio pero le confesaré que poseo una preciosa voz de bajo, mucho más bajo que un barítono con aspiraciones ;)
ResponderEliminarMe apunto a usted.
De todos los registros posibles el bajo siempre me atrajo más, principalmente por el timbre oscuro. No se por qué he acabado pensando en René Pape como rey Marke bajo las sábanas, pero yo nunca sería una Isolda.
ResponderEliminarApuntados quedamos ;-)
"Me acaricia a través de palabras como los dedos trémulos y dinámicos que chocan, palpando uno a uno, los vértices de mi cuerpo." Preciosas palabras. Muy dulce todo. El vocabulario está corrupto por naturaleza. Besos!
ResponderEliminarPrecisamente la naturaleza que me domina es la que hace que se agolpen esos pensamientos. Al final me desharé de esa envoltura áspera y amarga ;-)
ResponderEliminarVerbalizar la pasión, me encanta.
ResponderEliminarMe encanta que así sea, Juan Antonio, aunque a veces falten verbos que detallen tanto frenesí.
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