sábado, 29 de septiembre de 2012

Cuando el otoño llora, el vacío parpadea





Avanzaban las horas hacia el otoño con la misma suavidad con la que tú te evaporabas de mi habitación, de mi círculo, de mi trozo de nada; encerrando un mutismo que me escarchaba la saliva en la boca. Oía la lluvia salpicar en los surcos formados en el borde de mi ventana, y la luz parda cambió los esbozos proyectados en la pared azul de la alcoba. Se destiñó el añil derramando el cobrizo por las grietas de los tabiques inmunes a la imagen, colándose por la película perforada del dosel pocos días antes inaugurado. Y mi primer pensamiento fuiste tú, que ya no volverías a empujar tus pasos por esta pieza descolorida, ni a inundar mis vacíos con tu carcajada tan contagiosa como lasciva. Tú, más doliente y apático que la distancia, mudando tu piel como las hojas de otoño del árbol, melancólicas y nostálgicas, esparcidas en el parque aguardando ser pisadas por el mero hecho de oírse crujir. Tú, que me acariciabas con tu voz cuando me despertabas, sin inmutarse los dedos.

Estuve despidiéndome de ti durante toda la tarde, guardando tu mundo en una tétrica página en blanco, efecto sólo de mi vergüenza. Mientras, recordaba la manera en la que llegaste a mi vida, abriendo todas las puertas -justo antes de florecer el cerezo- rebosándome de oxígeno; un universo por explorar sin soltarme de tu mano. Yo aún estaba cicatrizando o poniendo parches, liándome en la seda del gusano para no volver a perder la luz. Por eso nunca me acabé de creer que pudiese ofrecerte algo, al menos algo interesante, a tu altura, a la altura de tus amantes. Pero me ayudaste a creérmelo un poquito, y sino, mira todo lo que has conseguido que yo haga; que ande con zapatos altos -seguridad en mí misma-, dejarme crecer el pelo, respirar delicado antes de mascullar palabras, además de usar un móvil por el que deslizo los dedos. Aunque lo más importante, lo mejor que he aprendido de ti, es comprobar que la gente tiene tanto miedo como yo, que sí yo no me abro jamás podré encajar en ningún lado. Ojalá pudiese ser distinta, ojalá la cobardía y la inercia no fuesen unos de mis principales defectos. No entiendo por qué tengo que chocar tanto contigo, por qué lo único que siento es que no me comprendes. Y me siento más torpe que nunca. Y en el fondo sé que es mejor así, porque nunca podría completarte en nada. Sé que piensas que me falta autoestima, pero una cosa es no apreciar las virtudes que pueda tener, y otra bien distinta sería engañarme yo, no ser consecuente conmigo misma. Y después de todo ¿qué es el amor? si aún no se definirlo, ni tú decir qué es eso que sientes. Lo sé, falta la parte más importante y sin esa pieza del puzzle sólo divago y bosquejo minucias, nada que se pierde en la nada.

Llega el frío, las alfombras boscosas darán paso a los copos de nieve -cambio de estaciones- y tú te deshaces como las heladas de invierno; tan dócil y raso como llegaste. No eres un antojo, eso no, ni siquiera una arbitrariedad. Me encantaría que fuera distinto pero entiendo que el tiempo reivindica lo que le pertenece, aunque creo que mi carta empieza a ser papel mojado; pues tu hastío ha desencadenado en no echarme de menos. No te puedo culpar de nada.

Amor, no volverás a ver mi luz verde y a mí me dolerá descubrir que ya no hay nada que vibre bajo mis sábanas. Sufriré cuando muerda mis labios al no decirte que estoy en la ciudad, que me rodearé entre compositores rusos y artistas británicos, que te buscaré a sabiendas de que no estás. Porque si verte me acobardaba cuando había algo, ahora que nos perdimos me asquea mi ridículo y mi agonía. Lamentaré que no veas cuánto me ha crecido el pelo y decirte que ya había escrito tu carta de cumpleaños. Me faltará tu brío colmando mi vida, mi casa, estas calles a las que le hablé de ti, me dolerá mirar a un lado y ver que ya no estás. Porque todo tiene tu presencia, porque cada cosa me recuerda a ti. Pero nada duele más que palpar la confianza perdida, que los secretos ya no se comparten, porque mis pánicos y tu lasitud han disipado nuestra intimidad.


Huele a tierra mojada, a leña y morriña, a tristeza calada en ocres. Escucho a Jansch y pienso en ti. Llueve y la lluvia me sabe a ti, y aunque no lo creas sonrío, por lo que he recibido, porque sé que pronto vas a ser feliz. Porque fuiste tú quién reparó mis alas y gracias a ti ahora puedo volar.


Bert Jansch - Needle of death


11 comentarios:

  1. Íntimo, hermoso, sincero, digno de un corazón inmeeensamente generoso como se ve, se siente y se lee en tus letras, IRENE. Enhorabuena.

    ¿Sabes? creo que la vida es una extraña sorpresa. A veces cuando tú le dices adiós, ella te dice hola, en otoño es primavera y en verano nieva. Sea como sea y ocurra lo que ocurra, veros desplegar vuestras preciosísimas alas de bolboreta, a mi, que os veo desde lejos, me hace feliz, ya ves tú que tonta, pero es así. Tú, sigue moviendo tus alas, volando... se te ve preciosa.


    Un beso lleeeno de cariño IRENE, de verdad, te lo ganas cada día que te leo.

    Feliz finde.



    PD
    “...Cuando la tristeza llena tu corazón
    Y el dolor se esconde en el anhelo de ser libre...”

    Solo puedes hacer una cosas, seguir intentándolo...
    El final de la peli, lo desconocemos todos. La vida hay que vivirla, para saber de qué va... Incluso aunque jamás te enteres de nada, como me ocurre a mi:))

    ResponderEliminar
  2. Una gran carta de despedida.

    Recordando lo bueno que hubo.

    Aunque quiero suponer que no todos los motivos del distanciamiento salen de ella. Algo habrá en él que no rula.

    pd: Es una gran carta de despedida si es eso. Si solo es la primera de 374 cartas que iran diciendo casi lo mismo, malo.
    Las puertas pueden cerrarse dulcemente. Pero deben cerrarse.

    ResponderEliminar
  3. Me recuerda y no tiene que ver en nada a la carta de Rilke a un joven poeta.
    Me queda la duda
    ¿por que se ha ido? , es la gran incógnita del texto ¿Por que se ha ido?
    Es lo que mas me gusta.
    Los días de lluvia y de otoño ,los hace mas intensos y reales el haber perdido un amor.
    De todas formas sí se ido que le den,¡¡¡ Hoy es un día para destruir!!!
    Besos, m.i.

    ResponderEliminar
  4. Me gustaría que nos tomáramos una cervecita la verdad

    ResponderEliminar
  5. conclusiones:

    1. el otoño es la estación de la melancolía. Eso no tiene por qué ser malo.
    2. las viejas pasiones siempre acaban doliendo, pero es necesario superarlas.
    3. a veces nos basamos en referentes que se marchitaron mucho antes de caer del árbol.
    4. no podemos delegar en los otros aquello que podemos hacer propulsados por algo mucho más potente que cualquier compañía (y no hablo ni de dioses de mierda ni de libros de autoayuda de mierda).
    5. nada más perfecto que el olor de la tierra mojada, aunque sea a lomos del tornado que acabará con todos nosotros mucho antes de lo que creemos :)

    Un beso.

    ResponderEliminar
  6. Dos cosas: escribes tan bien que es imposible no estremecerse, quedar impasible.
    La otra es que Advenedizo tiene razón, en todo, punto por punto. Hazle caso, y disfruta el olor a tierra mojada.
    Yo también lo hago. Besos, preciosa.

    ResponderEliminar
  7. María, tus palabras siempre son conmovedoras y agradables para mí, pero siento decirte que, quizás, mi corazón no es tan generoso, aunque sí muy sincero. Me parece que me pierden otras cosas, mis defectos, por ejemplo, lo echan todo a perder.

    No es ninguna tontería que ciertas cosas te hagan feliz, a veces lo más insignificante (aparentemente) es lo que más transmite. Estoy de acuerdo en que la vida te da muchas sorpresas, y yo creo que estoy a punto de recibir una muy buena.

    Yo tampoco me entero de mucho, pero estoy bien así. Te doy unas gracias enormes po cada palabra tuya, y te transmito el mismo cariño que tú regalas, ojalá que te llegue. Feliz semana, un beso muy grande.


    adam, lo ha sido. Hay casos en los que sólo uno de los dos es culpable, y aquí estaba claro desde el principio.

    Pd. es la única y última. Cuando un capítulo se cierra es mejor no abrirlo más. Y de un solo portazo.


    m.i., uf Rilke son palabras mayores, su idea de amor o soledad es de una intensidad extremada. Me falta ese rigor para poder decir las cosas tal y como las pienso o las siento, pero por eso él es poeta y yo una chica de pueblo sin vocación. Esa duda es buena ¿no? es de la que te hace trabajar lo que está dormido ¿por qué?. Conozco algunas respuestas, aunque hay otras incógnitas que yo tampoco soy capaz de resolver.
    El otoño es curioso, te da una de cal y otra de arena. Sientes todo mucho más sensible y frágil, cualquier sensación se magnifica, es cierto. En cualquier caso disfruto del clima y los paisajes. Me gusta mucho tu última frase jajaja Besos :-)


    Anónimo, si te conozco seguro que nos la tomamos.

    Advenedizo, todas tus conclusiones son acertadas. Al final hay alguien a quién sí le tengo que dar la razón, y te aseguro que no me jode en absoluto. Sólo alguien con un poco de cerebro o mucho, como tú, es digno de quitarme a mí la razón.
    Diciembre dicen… aunque creo que será antes. Un beso.


    Lunática, ya sabes, esa luz que da permiso a la otra persona para todo. Algo así como “entra sin tocar, estás en tu casa”. Gracias por tu visita!


    Nuria, tú es que me ves con buenos ojos. En cuanto a la segunda cosa, yo también le doy la razón a Advenedizo. Hay que saber cerrar puerta, ya está. Ya lo he hecho.
    Me alegro que tú también puedas disfrutar de la tierra mojada, a pesar de tus inundaciones y las mías. Besos, preciosa!

    ResponderEliminar
  8. Me hizo pensar en una frase que le leí a Marías en estos días: "ella estaba afectada por disoluciones melancólicas..." Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Tan triste como bonito lo que has escrito, melancolía en estado puro, espero que también futuro en el pensamiento, además de presente.

    Un beso grande Irene

    ResponderEliminar
  10. Darío, ella estaba ciega y loca, pero al final supo mantener la cordura y aceptar la melancolía con la mejor de las sonrisas. Un abrazo.


    calmA, exactamente hoy no se si es futuro o presente. Creo que me tomaría un termo de café. Me alegro mucho que te guste, lo he releído y es cierto que suena muy melodramático. Peeeeeeero, así me sentí ese día… ahora sonrío, bella calmA, besos de todos los colores

    ResponderEliminar