En la madrugada recordaba las palabras que un amigo me dijo por teléfono, pareciendo vaticinar una nueva tragedia: “todo el mundo que te rodea muere”. Me encontraba en zapatillas, sólo vestía una vieja camiseta de mi ex que uso para dormir en verano, con los ojos aún entornados por el azote de un crujido en mitad de la noche, lo que a mí me pareció el chasquido de alguna explosión. La impresión y el mal presagio acelerando mi corazón, el pelo alborotado y medio brazo dormido. Contemplaba los trágicos acontecimientos ante mí como una película gore a cámara lenta. La puta niebla tenía que estar presente, y ese olor a humo y ácido, metal carbonizado.
Me desperté a las cuatro de la mañana sobresaltada por un inmenso estruendo y el siseo del valor agotado de mi madre. Miré la alarma sin encender la luz y corrí hacia el pasillo abriendo todas las puertas, presa del pánico; una habitación sola, otra habitación y dos camas vacías. Miraba a mi madre con las manos presionando su pecho en mitad del salón, reluciendo en la oscuridad su camisón blanco. No encendía las luces, como si con eso pudiese evitar que sucediera lo que a las dos más nos aterroriza; que suene el teléfono en esas horas tan poco usuales. Murmullos que empiezan a ser pequeños aullidos empapados en horror e incertidumbre, pasos corriendo en la planta de arriba, en el piso de al lado, en las terrazas abiertas de par en par. Y en el silencio de la noche cerrada unos gritos de socorro. Nos apresuramos hacia la terraza y el cuadro que hallamos no podía ser más atroz. Un coche, sin forma definida, empotrado en un muro de contención, otro coche siniestrado junto al estrellado y un reguero de sangre alrededor. Las voces de la chica que pedía auxilio formaron un eco atronador y espeluznante. 4.11 y el teléfono suena. Un escalofrío me recorre desde la punta de los pies hacia la largura de la columna vertebral. No me quedé para saber quién era, no era capaz de escuchar otra vez el titubeo de un agente de tráfico requiriendo nuestra presencia para reconocer el cadáver de un familiar que espera, ajeno, en la encimera de la sala de autopsias. Y fui muy egoísta y cruel, porque sólo pensé en mi angustia y mis sospechas. Salí corriendo a la calle dejando atrás las suplicas de mi madre, rogándome que me quedara allí, que fuera yo la que atendiera el teléfono. Ante el miedo no se reaccionar, tan sólo siento el impulso de salir huyendo.
Cuando llegué al lugar del accidente al menos media docena de vecinos habían salido de sus casas con lo puesto, casi desnudos, para prestar ayuda a los heridos. Se agolparon en mi cabeza unas imágenes aún frescas; vi morir a un chico de apenas treinta años aplastado por una tonelada de lácteos mientras los descargaba de su propio camión hacía poco tiempo. Deseé no haber visto nunca aquella cabeza abierta con los sesos desparramados, deseé con todas mis fuerzas no haber visto morir a una persona delante de mis propios ojos, sin poder hacer nada. Y aquella horrible película apuntaba a que el desenlace se repetiría.
El hombre de mediana edad con el torso desnudo que había a mi lado me gritaba sin parar, pero era como si yo sólo pudiese ver, como si unos tapones de gomaespuma hubiesen sido engullidos por mis oídos perforándolos. El hombre señalaba mis pies, sin darme cuenta había metido mis zapatillas en la piscina de sangre que tiñó las baldosas que antes eran blancas y grisáceas. El olor a metal y coagulo cada vez resultaba más repugnante, pero no fue eso lo que me hizo vomitar. Me acerqué hasta el coche para ver cuánta gente había, para preguntar si todos estaban bien. No podía creer lo que estaba viendo, un ojo aplastado contra el cristal, una pierna amputada, rostros irreconocibles cubiertos de masa encefálica, o eso creía yo. Dos hombres tiraban del brazo de una chica atrapada en el asiento del conductor. En ese momento mi impulso fue gritarles que no hicieran algo así, pues al tirar del brazo de la chica no se habían dado cuenta y le estaban arrancando la carne de cuajo, dejando parte del hueso al descubierto. Al instante empezaron a escucharse las primeras sirenas de ambulancia y policía. Para entonces conté al menos cuatro personas dentro del vehículo, aunque al final resultaron ser seis. Uno de ellos estaba fundido en los amasijos de un coche que a mí me pareció demasiado pequeño para tanto ocupante, hizo falta que vinieran los bomberos, que terminaron su trabajo cuando empezó a salir el sol.
Por un momento mi calle se convirtió en el escenario de un film improvisado, y para mí fue más que suficiente por una noche y un día. Son esos momentos en los que reaccionas sin saber cómo, no te paras a pensar lo que está bien o está mal, no hay opción para dudar, sólo para actuar. Y cuando todo acaba lo único que piensas es en lo efímera que es la oportunidad de ser feliz y dejar vivir a los demás.
We fell to earth - The double

Joder, sí es verdad, parece un deporte de riesgo vivir en tu pueblo. Lamento la experiencia, nunca es agradable ver la muerte tan expuesta ante nuestros ojos.
ResponderEliminarBesos.
fuerte el texto, fuerte la foto; la sangre angustia y contamina. lo negro se derrama y corroe. Nos ahoga. Como texto, impecable. la largura de la espina. Dios. muy bueno, Galia.
ResponderEliminarEl texto es impecable. Para mi gusto envidiable. De un realismo escalofriante...(me gustaría saber escribir así), porque lo has descrito ¡tan bien¡...
ResponderEliminarGalia-Irene, no se trata de buenos o malos sentimientos, ni nada...ver aplastada, desmembrada, descuartizada a la gente...¡es morbo¡ quieres cerrar los ojos y no puedes...es superior a ti...
Besos.
Fffffffffffffff.......................
ResponderEliminarImpresionante, falta la música y es una película de Lynch, quizá de Noe. La creación del climax es alucinante, hasta el derroche de morbo...Un abrazo.
ResponderEliminarJo IRENE, cielo... siento que hayas tenido que vivir algo tan desagradable ( suena a real, muuuy real... no sé si es un relato ficticio) lo has descrito con tanta verosimilitud e intensidad que si no es real, lo has convertido en algo terrible a nuestros ojos. Has trasladado a letras mucho, muchísimo dramatismo. A parte de la imagen.
ResponderEliminarTambién siento ( te lo acabo de decir en casa de M ) si he sido insensible, inoportuna y sobre todo irrespetuosa con algo que desconozco... sin querer siempre tiendo a bromear y me temo que no mido como debiera... de verdad, lo siento mucho si sin querer te han molestado mis palabras.
En fin, me voy de finde... regreso el lunes... ojalá estos días solo haya tranquilidad y cosas bonitas a tu alrededor IRENE, de verdad lo deseo.
Un beso muuuuy graaaaaande... aaayy... me ataré los dedos en el futuro, prometido:))
Joder, acabo de ver tu comentario en el blog de M. pero me he perdido María, no se por qué me pides perdón, debe ser que estoy hoy más despistada que de costumbre. He leído todos tus comentarios y no veo nada fuera de lugar o nada que tenga que ver conmigo o con algo que haya dicho yo :-(
EliminarEs que si contamos a las dos personas que murieron de una hemorragia cerebral, lo que te dijo Elena, Z, la persona del supermercado… es un año terrible. No me extraña que te asuste el teléfono de madrugada. Ya sabes, muchos besos y ánimo, a los dos nos gusta el otoño, aprovecha para renovarte y pisar los lastres.
EliminarPd: Lo de María se refiere simplemente a que ha creído que te molestaba su aparente intransigencia con las prácticas BDSM, al poner tú en tu comentario la palabra “Respetar” en mayúsculas. Vaya dúo formáis, una que se preocupa por todo y la otra que no se suele enterar de nada…xDDD las mejores amigas del mundo.
Un abrazo de resaca prospectiva
Un año terrible al que le falta poco para acabar. Todo está superado, y siendo optimista te diré que no creo que vaya a pasar nada malo en lo que resta. Bueno, definitivamente no creo nada de Elena, creo que ese día proyectó todas sus frustraciones contra mí. Aunque no descarto una próxima visita dentro de un mes. A ella, como a nosotros dos, le encanta el otoño. Gracias, Mario. Ojalá tú también consigas que la soledad no sea el centro de todo.
EliminarPd. anoche caí en lo de María. Mira que soy boba, voy a disculparme como ella se merece. Abrazos de continencia vinícola.
Rorschach, lamentablemente sí es verdad, ya me hubiera gustado a mí que todo fuese fruto de la imaginación. Bueno, salió en el periódico a la mañana siguiente, pero ya sabes lo poco objetivo que a veces puede ser un medio de comunicación, por no hablar de la “desinformación” que manejan. Joder, pues sí que llevas algo de razón, para ser un sitio tan pequeño demasiadas cosas están pasando. Han pasado muchos días, y aún me despierto de madrugada creyendo escuchar los gritos de la chica. Besos.
ResponderEliminarGarriga, curiosamente a mí la sangre nunca me asustó, de pequeña sí que me mareaba o me daban náuseas. Pero ahora, incluso según en qué contexto, me ha resultado excitante. Pero claro, la situación que viví está en el otro extremo. Gracias.
Marián, supongo que escribir sobre las experiencias verdaderas, las que vivimos de verdad, debe resultar diferente a los ojos del que lee algo más ficticio. Bueno, también hay gente que escribe muy bien sobre ficción, novela o lo que sea. En mi caso, cuando escribo sobre algo que me acaba de pasar las palabras llegan a mí solas. No me parece que tengas que envidiar nada, tú escribes sublime, y no es la primera vez que te lo digo. Además, puedes hacerlo de cualquier tema y transmitir emociones o reflexión a la persona que te está leyendo. Y eso ya es un logro.
En esos instantes no se trataba de morbo, se trata de ayudar a la gente que allí había. Y en esos momentos ni siquiera pensaba si sacar a un herido de un coche era mejor que dejarlo allí, porque siempre te dicen que no hay que moverlos. De hecho, cuando intentaron sacar a una de las chicas le arrancaron parte de la carne de un brazo. Todo fue superior a mí esa madrugada. Encantada de que pases por aquí, un beso guapa.
Hund Dido, al menos las dos personas que conocía de las que estaban ahí siguen con vida.
Darío, más vale que hubiese sido la obra de Lynch. En cualquier caso gracias por dejar tu impresión en este rincón. Un abrazo.
María, pues como le decía a M. al comienzo de los comentarios, sí es algo real. No entiendo por qué te excusas, no he leído en ningún sitio nada irrespetuoso por tu parte o insensible. ¡Por Dios, María! si tú eres la sensibilidad personificada. Ahora la perdida soy yo, en serio. No hay ningún problema.
Ojalá lo pases bien el finde, yo seguiré aquí, en este pequeño punto o mancha o borrón del mapa. Eso sí, tranquilidad seguro que no me faltará. Intentaré disfrutar como tú. Besos contagiosos, y nada de atarse los dedos o me enfado, y tú no me conoces enfurruñá :P
Me ha dado un escalofrío profundo. Yo pase por una situación parecida, pero no quise mirar... el lugar no adecuado y la hora no adecuada... No me gusta recordarlo... un beso.
ResponderEliminarUff Irene, la muerte, sobre todo la inesperada golpea sin piedad. Yo vi algo así a los 12 más o menos, un solo muerto, pero en directo. Creo que nunca se olvida la imagen del todo.
ResponderEliminarLa situación, terrible. Como tú la describes creas un clima asfixiante, frenético. Imagino que así fue.
Siento que la muerte se empeñe en mostrarte su crueldad últimamente. Ánimo y un besazo.
Es terrible este texto, sobre todo por lo que tiene de verdad... Yo que tengo una imaginación viva, he ido visualizando todo lo que describes y se me ha puesto un escalofrió en la espalda, nunca me he visto en una cosa así y toco madera... He visto accidentes, si, sobre todo en mi curro, que por desgracia tiene un indice alto de siniestralidad, pero hasta la fecha nada tan crudo... Espero que se te vaya pasando el shock, Galia, una cosa así se queda muy grabada en la mente. Un beso y un abrazo.
ResponderEliminarMas que la brutalidad del accidente y la tragedia de los heridos enganchados.
ResponderEliminarMas que esa visión que tardara tiempo en desaparecer del todo (volviendo sin avisar, de vez en cuando).
Lo que me llama la atención es tu huida hacia delante. Tu escapar del telefono. Tu no querer oír lo irremediable.
"Taparse los oídos no hace desaparecer los tambores".
i*, siento si te he hecho recordarlo. Escribí el texto y ni siquiera lo leí después, vaya incoherencia. Hay cosas que mejor no recordar… te beso con una enorme sonrisa, por guapa!
ResponderEliminarNuria, como acabo de decir a la lobita, hay momentos que mejor olvidarlos. Viví sensaciones terribles en el pasado y recientemente, hace unos meses, y ¿sabes? no es que me haya olvidado de esas personas, pero te prometo que no recuerdo cómo me sentí y pocos detalles de cómo ocurrió. Es algo difícil de explicar. Gracias por tus palabras, dulce musa. Me alegro que hayas regresado de las vacaciones, ahora espero leerte con más frecuencia ;-) Muchos besos.
Lazaro, gracias por tu comentario. Todo está bien, he pasado varias noches angustiosas, creo que como todos los que estábamos allí, pero afortunadamente anoche conseguí dormir de un tirón. Espero no tener que presenciar más cosas de ese tipo, y siento que tú tengas que tragarte todo eso por tu curro. Siempre es agradable leer un comentario tuyo. Un beso.
adam tate, me parece curioso que te hayas fijado en lo del teléfono. Ahora, después de unos días, aún me pregunto cómo fui capaz reaccionar así. Pero es superior a mí, ese pánico a escuchar eso tan malo que estás pensando, eso que piensas que le ocurren a los demás y nunca a ti, y acaba sucediendo, y te ves como dentro de una película. Esa última frase resulta un buen análisis de lo que me puede ocurrir a mí, y es válido para cualquier parcela de mi vida, no se enfrentarme a los problemas. Lo admito, salgo huyendo o me tapo la cabeza hasta que pase la tormenta, soy una cobarde. Aprender a ser valiente ¿cómo?.
Gracias por pasarte por aquí, agradezco tu comentario.
Te mando un abrazo.
ResponderEliminarm.i.
Galia B.No tienes razón,eso no es ser cobarde,es ser inteligente.
ResponderEliminarTe explíco,sabes que es la "higiene mental"?eso lo suelo enseñar a las novatas del trabajo,se basa en conservar la "limpieza/pureza"de tu estado mental.Sabes que se tendría que evitar cualquier cosa que desequilíbre ese estado mental?si ya,eso es imposible según el trabajo que hagas,pero hay que evitar exponerse amenudo y evitar toda clase de aspectos que puedan producir estados traumáticos.Un a persona inteligente intentará recurrír a lo que se llama "traslado de sucésos" a un "tiempo más apropiádo",eso signifíca engañar a tu mente y trasladar los echos hacia delante,cuando seas capáz de pasar la etápa del shock y post crisis.Me parece que una persona inteligente suele esperar y escuchar como su própio cuerpo reacciona,es más que irresponsable obligar a reaccionar a un sucéso recordando los echos con pelos y señales,si el afectado no los quiere escuchar todavia,es mejor dar tiempo y hablar con alguien que sabe a que etapa estas de todo esto.
La higiene mental es también tomarse las cosas morbosas con cierto grado irónico,con humor o con cualquier escusa que te produzca un traslado mental a lo que estas trabajando,eso lo hacen los medicos,los cirujanos,los patologos y demás trabajadores que suelen necesitarlo.No veo lógico llamarlo "cobardía",cobarde es el que se escapa de cualquier situación que obliga tu própia profesión,en la que uno tiene cierta responsabilidad de actuar,sea como sea tu actuación post traumatica.Eso lo ionclúyo a el deber civil de cada humano en ayudar al prójimo,eso si,sabiendo lo que hace primero.
El cobarde es el que sabiendo como actuar y ayudar,no lo hace por el miedo a fallar actuando y lo que esto le podría afectar a su estima personal como humano,eso es ser un cobarde.Para mi intentar o ayudar a los profesionales,es tanto como ser una persona humana.
Sabes corazón,ver a una persona que quieres y aprecias morír es muy duro,no es la primera vez,ni será la última,pero por desgrácia el tiempo y la experiencia enseña muy bién el como superarlo poco a poco mejor,nada no duele,si de verdad te importa,si te importa la vida que hay a tu alrededor,no puedes quedarte contento ayudando en un caso como el que nos descríbes,eres humana como yo,con o sin experiencia.Un beso azul,bien azul.
Siento que hayas tenido que pasar por una situación tan terrible Irene, a cualquier persona, por dura que sea, le afecta algo de esta dimensión, cuánto más a una persona sensible como tú eres. Olvidar no es tarea fácil, pero el paso de los días, todo lo difumina, lo único que se puede sacar de algo así, es calibrar la capacidad de aguante que uno tiene ante una situación que afortunadamente, deseo no se repita nunca más.
ResponderEliminarLo has narrado magistral, sobran más elogios.
Abrazo en esta ocasión de aquellos de cariño y mimo :)
m.i. mil gracias.
ResponderEliminarAnónimo, la higiene mental…descubrir que existen términos, palabras, conjunto de palabras, expresiones, que definen y explican un por qué, y eso te lleva hacia alguna parte, y ahí parece estar la cura o la solución. Te diría que es fácil hablar de desequilibrios cuando mantienes el tuyo a raya, que parece sano engañarte a ti misma diciéndote lo fuerte que eres, aunque salgas por la puerta ignorando el teléfono. Eso también lo puedo llamar evitar exponerme a ese shock traumático. Bueno, hablo de un caso en concreto, el que describo en el post, no encontré morbo o no llegué a ningún grado irónico mientras la gente moría o intentaba salir del coche. No pensé en nada, y si lo hice ni siquiera lo recuerdo, simplemente actué.
Un montón de gracias por tu comentario, he superado muertes que duelen mucho, como todos, como muchos, y sé que todo esto sigue. No hay más. Gracias por ese beso azul, otro para ti :-)
calmA, tienes razón y reafirmo todo lo que comentas. Los primeros momentos son de duda o pánico, de rapidez sin turbarse demasiado. Después te quedan esos días en los que hasta el más pequeño de los ruidos te sacude como un terremoto. Y después, todo vuelve a la normalidad, excepto para esas personas que nunca llegaran a ser las mismas. Yo estoy bien, muchas veces me asombro, pues no creas que soy tan sensible, a veces me asusta el pedazo de hielo que me compone. Me alegra muchísimo leerte, tus palabras me van derritiendo ;-) Muchos besos.