Volver a la ciudad cuando la estera de maleza aún no ha sido
adherida al hormigón del empedrado; y los charcos en el anden -delineado por
Moneo- son tristes ilusiones derramadas en la destilación contaminada, reductos
de un pútrido dolor subyugados a la nada perpetua, una entelequia discontinua –únicamente-
en menos de veinticuatro horas de peligrosa inconsciencia. Un intervalo cósmico
y sonoro para un encuentro y una despedida, sin invitación, sin hueco en una cama
caliente, sin fiesta de cumpleaños o jabón secándose en la espalda arañada en místicos
arrebatos.
Recorrió pasos pretéritos sin haber gastado sus zapatos, sin
la incómoda piedra llenando el agujero que ya no conmueve, asfixiando la
zozobra en las esquizofrénicas transmisiones bajo tierra y allí se apeó, frente
al órgano supremo fiscalizador y jurisdiccional, bajando la calle hasta
colisionar con el templo ante el que un día blasfemó apretando los dedos en su
mano. Y todo parecía igual, la esquina apropiada por la mesa y las sillas, los
periódicos sobre la barra de la taberna, el irlandés alto con mejillas
sonrojadas que desconoce la marca de su cerveza, hasta las pintas conservaban
aún ese sabor anquilosado. Pero ahora no baja la mirada, busca la de él
indagando en ella qué era lo que había cambiado, en caso de que hubiera algo
que lo hiciese distinto en ese momento. Cómo había llegado a ese punto de no retorno -que lo llamaba él- de una
pieza pero a la vez fragmentándose poco a poco. Mirándose cara a cara después
de haber acumulado infiernos parecidos,
hablándose sin decirse todavía nada. Él aprovechando los respiros que da la muerte, ella asumiendo los reproches de haber
vivido con un psicópata. Y estaba perdida, se perdió en el momento en el que él
usó su desgracia como arma arrojadiza. Parecía mentira que después de tanto
tiempo le recriminase no haber tenido la valentía de abatirse a su lado, cuando
el filo de la navaja apuntaba a su cuello o la bala a su cabeza. Ella también
podía reprocharle no haberla rescatado, concentrado en su melancólica soledad,
en sus putas cibernéticas y su poesía masoquista, en su inacción. Pero no quiso
gastar el tiempo en condenas y críticas, la despedida estaba más cerca que el
propio encuentro y ya había comenzado la cuenta atrás.
Ocultos o escondidos, chocando entre la gente mientras se
fugan como dos comprometidos infractores, despedazándose, volando otra vez por
las mismísimas entrañas de la tierra que los empuja y atrae. Contemplaron desde
lejos el parque de atracciones empañado por el vaho del cristal rayado. Y sus
manos se juntaron en la frialdad del asidero, se rozaron apresuradas pero con
timidez solicitando el tiempo, la oportunidad, que les fue arrebatada. Y el sol
ya no quemaba porque había sido relegado, era la lluvia la que los mojaba
ofreciéndoles el pretexto que buscaban, encontrar un refugio al cruzar el
parque, abreviando los pasos entre baldosas rotas, sucias y malgastadas.
Recordó las tinieblas primaverales de antaño, el pequeño descampado, la avenida
poblada de árboles y el edificio de ladrillo rojo que se alejaba tras la
ventanilla del taxi. Todo permanecía intacto mientras aproximaban sus cuerpos adentrándose
en la noche efímera y cerrada.
Allí dentro, también, parecía que nada había cambiado. Tal
vez algún elemento decorativo imitando ciertos animalillos, esos infieles, que tanto
picor y escozor le causaban a ella. Y allí continuaba la cristalera "su atalaya" (de ellos) exactamente donde la última vez, desde donde asomó su cabeza para contemplar las
luces de la ciudad, ahora enmascaradas por una densa cortina de agua. De
repente comenzó a sonar la música desde la peana de aluminio, ese tío otra vez…dos copas de vino, un
cigarrillo compartido consumiéndose en el borde del cenicero, un puf que se
hunde al peso de un cuerpo que deja de temblar cuando se despoja del miedo y el
vestido empapado. Esa mirada otra vez…y ya no se resiste, ya no cierra las
piernas deshaciéndose, así, del tabú y el falso mito. Ya no apaga la luz para
ocultar la vergüenza de sus pechos tristes, corrompidos por la lasitud de los
acontecimientos. Dejó que la invadiera llegando donde nadie antes había
llegado, le amó tanto como él a ella, aunque fuese esa la mejor de sus
mentiras. Pues no había literalidad en las palabras y el acto, no había
disimulos, cobardía o desconfianza en la entrega.
Se quedó obviando la cuenta atrás, se despertó en plena
despedida mirando el cuerpo inerte y blanco a su lado, ese poeta que ya no
conocía y al que nunca llegó a pertenecer. El móvil no dejó de vibrar encima de
la mesa, otra señal más de su enajenación, otro motivo más para saberse
prohibidos. Cuentan que él es feliz, que ahora se mueve entre luces alejándose
de las sombras que tanto le pesaban. Mientras ella baja en el ascensor, se van
desvaneciendo sus huellas entre los cadáveres flotando en la piscina muerta.
Cruza la verja y mete su ficción en el asiento trasero de un taxi. Ese italiano
otra vez…aunque puede que todo se resuma a esa catarsis creativa que le hacía decir gilipolleces.
Attack Attack! - Stick stickly
Attack Attack! - Stick stickly

Hay relaciones tormentosas y atormentadas como la que tan bien has descrito (otra vez me quito el sombrero ante tu narrativa) ciertamente conozco algunas de ellas
ResponderEliminarSiempre te preguntas como a pesar de saber que vas a sufrir, vuelves a caer una y otra vez en la misma piedra de esa persona con la que muchas veces acabas autodestruyendote
Besos guapa
No opinare de lo que dices, que está bueno.
ResponderEliminarSolo te diré que está escrito de un modo denso, cerrado, perfecto.
Que está escrito de un modo tan femenino,
que a veces se abre voluptuosamente produciendome esa sensación de vértigo
inminente tan inexplicable.
a veces me daba risa la gente que hablaba de "literatura femenina" y me preguntaba yo que era eso
hoy que te leo
digo aqui está, es esto.
mi admiración querida
y no, no creo que yo sea un encanto
Es curioso IRENE, es de los textos más densos, encriptados y oscuros que te he leído y sin embargo, a diferencia de otras veces que te leo y estoy absolutamente perdida (ya sabes cuantísimo, he llegado a estarlo) creo que he entendido “casi” todo lo que contiene ( sé por qué:-) ¿ me dejas que te haga mi resumen ? ya sabes, echándole mucha imaginación...
ResponderEliminarLLegas a donde nunca has estado y aun así conoces perfectamente, sin conocer. Tras una conversación que no has querido tener, pero has tenido. Sientes el juicio implacable de quien siempre has temido, pero ya no. Luego... locura, reproches, más locura, locura, locura...si, no, sí, no quiero, pero sí quiero, hola y a la vez adiós, me voy, no puedo porque nunca he venido, te ve distinta, pero no lo eres, eres tú y vas a ser más tú que nunca con él y...luego llueve... llueve mucho IRENE, cielo... tus letras chorrean belleza llena de rabia, impotencia delirante por lo que quieres, no quieres y te aterra querer, por si lo quieres y no te quiere como tú quieres:-)
¡¡Clarito como el agua!! ¿has visto?.-)
Muaaaaaakss preciosa y dulces sueños, sin estornudos...
Espera, te dejo ESTO bieeen caliente en la mesita:-)
Hasta mañana.
La puta cuenta atrás...
ResponderEliminarEscribes... Bueno, lo sabes de sobra.
Besos.
Lo increíble es que estas historias se siguen repitiendo, casi calcadas, en todas partes...y no aprendamos a "cuidar de nosotros"...Un abrazo.
ResponderEliminar¿Por qué volver al naufragio?
ResponderEliminarMas recomendable sería iniciar una nueva travesía, focalizando la mirada en todo aquel que aporte sonrisas y goce.
¿Cambiar los parametros de elección?
Lo cuentas de cine (tienes un nivel de escritura que no baja sea cual sea el tema) pero es una peli triste.
Esta muy encriptado, veo o intuyo o percibo, no se por qué, la lluvia, la estación de atocha ,el que te espera, el metro , la casa campo , una casa de lujo , la relación ..no sigo porque voy a parecer la bruja Coruja repetitiva ,Es como un sueño o una alucinación, pero los sueños tienen un hilo continuador conductor que engañan al subconsciente, pero en tus escritos ese hilo conductor esta continuamente roto premeditadamente por contradiciones buscadas.
ResponderEliminarSolo los puede escribir una persona muy despierta, en busca de la belleza que produce el lenguaje y sus contradicciones,
En este texto tuyo, se me aparecen cadáveres, se me aparecen historias que creo que mi mente racional no quiere ver pero están ahí. Necesito leerla mas veces para pensar si es la historia de amor con un muerto o algo completamente extraño,perfectamente descrito y metamorizado.-En una película famosa de cine negro americano se les olvida un muerto-
te pongo un ejemplo de lo que quiero decir y otro día te lo resuelvo:
Todo el universo esta encerrado en la cabeza de un alfiler.
Besos, me haces pensar.
Juanjo, lo que creo es que a veces nos gusta cambiar el ritmo de las cosas, como si eso fuera suficiente o “lo justo” para que las cosas fueran distintas. Y no, las circunstancias muchas veces están por encima de las tormentas, y por mucho que nos tapemos los ojos seguirán estando ahí. Aquí la que se autodestruye es ella, continuamente, por eso es necesario parar. Gracias por tu aportación, a mí me encantas tú. Un beso.
ResponderEliminarGarriga, eso de denso me lo dijeron ayer, también. Escribí esto en un momento de bajón, en una terraza que no era mía, en un cuaderno de música sin tachar ni una sola palabra. No está repasado ni nada, me da vergüenza, lo sé. Debería tener más consideración ya que os tomáis la molestia de leerme y comentar. Pero como dije alguna vez, el blog es mi terapia y en ese momento creí conveniente hacerlo así. Agradezco muchísimo tus palabras, y sí que eres un encanto, al menos para mí, así que te aguantas :P
María, tu imaginación tiene más de realidad que de fantasía. Aunque esta parte, este trocillo de vida, no se refiere exactamente a la persona que imaginas. Pero hay algo, parte de tu comentario, que se puede asociar perfectamente a lo que yo cuento en esa historia. La protagonista sí que llega, y conoce, pero se tiene que marchar. Siempre hubo conversación y coherencia, esta vez sí, siempre hubo entendimiento. Pero como le decía a Juanjo, las circunstancias, a veces, evitan que una historia pueda continuar. Bueno, llueve como casi siempre en mí, me siento como una película de Coixet, definida por el agua, marca femenina. Y los reproches… eso es lo peor, es lo que más detesto de las personas, que echen en cara las cosas que hicieron o dejaron de hacer. Eso lo lastima todo. Al final siempre soy yo, aunque eso acabe estropeándolo todo.
A mí me ha quedado clarito, y es que creo que tú siempre te explicas muy bien.
Me siento genial con todo, María, muy bien. Gracias por las galletas, la leche, la miel, ¡me ha gustado un montón! Hoy empecé a tomar el antibiótico, así que pronto estaré mejor. Un besazo enorme, a pesar de mis moquillos espero no contagiarte jjajaja
Nuria, la verdad es que lo de la cuenta atrás me costó asumirlo, mucho, mucho. Pero sabes lo bueno? que cuando se llega al principio es cuando te das cuenta que hay que pasar página. Y entonces sientes una liberación tremenda, como si esos números fueran reseteados en el disco duro. Gracias, musa, tú es que me miras bien :-) Besos.
Darío, por eso siempre digo que no hay “historias” especiales ni distintas, lo único que puede diferenciarlas son los detalles que los protagonistas aporten. El final sólo tiene dos caminos. Yo ya me quiero mucho. Un beso.
adam, nada de naufragios. Creo que los protagonistas, efectivamente, han iniciado una nueva travesía, cada uno por su cuenta, por océanos diferentes. Y en ambos el itinerario, el viento, les va siendo favorable. ¿De cine? pero cómo me mimas jajaja eres un cielo, ya lo sabes. El final no es triste porque no muere nadie, al contrario, el final implica un nuevo comienzo.
m.i., tu intuición es espectacular. Día lluvioso, ciudad, Atocha. Alguien que espera, un viaje en metro que pasa por la Casa de Campo, una casa cálida y la relación que no es una relación, más que un furtivo encuentro siempre prohibido. Los sueños pueden ser tan reales hasta el punto de convertirlos en algo palpable. Las contradicciones me han definido durante mucho tiempo, pero esta que escribe está quemando etapas, períodos que son necesarios aniquilar aunque realmente estuviesen muertos desde el principio.
A mí me gusta tu parte no racional, la expresionista, la que despedaza todo para, desde la deconstrucción, explicar el inicio. Y eso es contagioso, como los columbarios, las campanadas sólo para feligreses confiados, la muerte y su belleza, sólo captada por unos pocos.
Algo tan magnánimo en una cosa tan pequeña. Qué nos creemos nosotros?. Como siempre, eres tú el que me deja pensando a mí. Un beso.