lunes, 15 de octubre de 2012

Nadie detecta la bomba silenciosa





La llamaban Risitas porque nunca podía dejar de reír, además lo hacía con todo el cuerpo, balanceándose de frente y hacia atrás, manifestando su entusiasmo con grandes aspavientos, alborotando cabeza y brazos. Era normal verla pegada a su goma de mascar, y es que siempre figuraba la bola de chicle abultando un sólo lado de la cara. Ponía sus labios en forma de O para hacer esas irrisorias pompas de chicle, y de forma ridícula quedaban reducidas a un triste pedo de aire rosa con olor a fresa y mandarina.

Estiraba mucho su pelo hacia atrás para recogerlo en una coleta muy alta. Sin embargo, unas horas más tarde, eso se convertía en momentos de frustración cuando llegaba la hora del recreo; pues el niño que se sentaba en el pupitre de atrás agarraba su coleta y comenzaba a tirar de ella para hacer notar la eufonía de la sirena. Era la segunda alumna más alta de la clase, incluyendo a los varones, que siempre fueron más tardíos a la hora de desarrollar. Con diez años ya había echado todo el cuerpo, eso le recordaba un tiempo más tarde su propia madre. Y es que una vez pasó la pubertad, Risitas mantenía el escaso metro cincuenta y ocho que medía cuando hizo su Primera Comunión. Dos preocupaciones tuvo aquel día, una era manchar su vestidito blanco de comunión con la sangre de su menstruación; la otra era que se le olvidó qué debía decir cuando el cura la comulgase. Al final fingió un pequeño golpe de tos y salió airosa de aquel embolado. No le gustaba llevar vestidos, por eso siempre la tomaban por una niña poco femenina, algo así como un marimacho patilargo, porque además, siempre jugaba al fútbol, burro, y esas cosas típicas de niños. Qué podía hacer ella, sino adaptarse a las circunstancias. Era la única niña de la familia, dos hermanos y siete primos, tuvo que aprender a darle patadas al balón y escalar árboles para llegar a lo más alto. Mejor eso que aprender a pelar patatas o batir huevos. A pesar de lo poco femenina (ella se preguntaba qué significaba eso, probablemente un agravio ingenioso, como la palabra “indiscreta” de su amiga Blanqui, un insulto de los gordos) de vez en cuando la obligaban a llevar esos vestidos horrorosos de talle fruncido y vuelo pomposo, con flores, globos o cabezas de perro sacando la lengua hacia a un lado. Detestaba, por encima de todo, el uniforme de los domingos; camisa blanca con cuello de bebé y una espantosa falda de cuadros con botones dorados. El conjunto de niña buena no hacia más que crearle dificultades a la hora de subirse en su mountainbike para ir a misa por la mañana. Enrollaba la falda hasta su cintura para evitar que los picos se enredaran en la rueda trasera. Se deslizaba cuesta abajo en una bicicleta sin frenos y con el manillar torcido, le gustaba el peligro y frenar resbalando los pies sobre el asfalto. Se las arreglaba muy mal, fatal, para llegar puntual a esa cita con el Todopoderoso, pues cuando hacia su entrada en el templo la misa ya había comenzado. Habría derrapado entre la gravilla estampando los morros contra algún muro de contención o enganchándose entre los matorrales de una higuera. Lo cual explicaba la sangre de su nariz y los agujeros en las medias a la altura de sus rodillas. También hay que decir que la niña era un poco lerda, se colaba en la sacristía para desvalijar la caja de obleas pensando que el hecho de tomarlas le haría redimir su torpeza y osadía con la bicicleta. Al hacerlo también se libraría de la tremenda culpabilidad que sentía después de levantar su falda para enseñar a los niños del colegio las bragas que llevaba puestas. Menudo lavado de conciencia…

Cómo era antes, eso es lo que debía recordar ella para desprenderse de los complejos del presente, para continuar hacia delante después de ver con claridad y tener en cuenta qué era ella, qué le gustaba, qué la paralizaba mucho antes de haberse convertido en el deshecho del presente. Pensó que su infancia había sido fácil, que había sido una niña muy querida. Pasaba las tardes grabando versiones de Michael Jackson en un viejo radiocasete con su hermano, él ponía las voces y ella bailaba imitando esos míticos pasos hacia atrás. También le gustaba bailar sevillanas para los demás en el patio de la casa antigua, su tía-abuela se sentaba en la mecedora para verla taconear mientras alzaba los brazos y manos al aire poniendo la voz de fondo. También quería hacer feliz a su padre, que era su héroe porque calzaba un cuarenta y dos, y eso era mucho pie para un simple humano. Por eso nunca se cortaba el pelo, porque sabía que él prefería que lo llevase largo y recién lavado. Los fines de semana se iba de excursión por la orilla del río con algunos niños vecinos, cazaba ranas para luego soltarlas en la primera charca que se encontraba. Siempre estaba interrogando a los mayores, sentía curiosidad por todas las cosas que sucedían a su alrededor pero mucha gente no quería contestarle. Un día, después de ver una película en la tele, le preguntó a su madre el significado de violar a una persona. La mamá le contestó que eso pasaba cuando una persona le rompía el vestido a otra. Una semana más tarde llegó a casa anunciando a los cuatro vientos que David, un chico de cuarto, la había violado. Sólo le habían arrancado el parche que tapaba un descosido de su vaquero.

No tuvo traumas, tampoco notables complejos, ella se consideraba normal incluso cuando pasó de los quince a los veinte años. Entonces, en qué momento cambió, en qué momento pasó a ser esa persona gris y desconsolada. Sí, ya, la gente cambia cuando va cumpliendo años, es “ley de vida”, eso es el significado de madurar, vivir, saber envejecer. Pero la gente cuando celebra cumpleaños y madura se lleva la mejor parte de si misma, no se va metiendo en un pozo del que no puede salir. Pensaba en todo ello mientras intentaba conciliar el sueño. Se acordó de algo muy importante, encendió la luz, abrió el cajón de la mesilla y sacó un cuaderno. Había muchas cosas que escribir.


Supertramp - Dreamer


22 comentarios:

  1. Es precioso
    Es la infancia
    Es la vida

    Muy bien todo,
    No te digo que es perfecto, porque no se lo que es la perfeccion.
    Besos.
    m.i.

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    1. m.i., tus palabras siempre son cumplidos para mí, cuando vienen de gente que escribe como tú me vuelvo pequeña, pero a la vez, aunque no lo creas, me crezco. Me anima muchísimo. Yo tampoco conozco la perfección, o quizás sí, pero no se que lo es porque no hay nada alrededor para poder compararlo. Besos :-)

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  2. Bonito. Intenso. Me gusta esta introspección bloguera. Siempre he pensando que si hay una infancia feliz, los cimientos son solidos para volver a las “Risitas”, solo hay que desterrar las capas más rancias.
    Queremos saber todos los secretos que esconde esa libreta ;)

    “pensaba que mi padre era su héroe porque calzaba un cuarenta y dos” Me ha hecho gracia, yo tengo un cuarenta y cuatro. La altura, ya sabes.

    Bonita foto. Besos.

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    1. Rorschach, gracias. Creo que por mucho que mudemos de piel, como bien dices tú, los cimientos sobre los que se ha construido todo lo demás permanecen ahí, enterrados pero también a la vista de cualquiera. Sólo hay que tantearlos o saber apreciarlos. Hay secretos que no se pueden, ni se deben, desvelar. Ya sabes, a ti también te pasa.
      Es gracioso sí, pero con ocho años todo lo inalcanzable me superaba. Mi casa me parecía un palacio de grande, y ahora me parece una caja de cerillas. Pero mi padre siempre fue un héroe, incluso cuando descubrí que el 42 era un número normal de pie para un hombre. A mí también me gusta esa foto, la niña es tan tímida que le da vergüenza mirar a la cámara. Besos.

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  3. Vaya si no, hay tanto por escribir de nuestras experiencias dulces o amargas, o de cómo arrancar un parche de jean se puede transformar en flagrante violación. Encantador.

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    1. Darío, a esas edades las cosas se nos hacen un mundo y las confusiones pueden llevarnos a recordar anécdotas como esas. Si la madre le hubiese explicado a la niña qué era una violación, la niña no hubiese pregonado que la habían violado. Sólo diría que le habían arrancado el parche. Por eso nunca podré ser madre, qué papel más difícil es ese. Gracias.

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  4. Es muuuy bonita la infancia de esta niña jajaja “Risitas” IRENE,

    para mi, la mejor que puede tener un niño. Todo el día por ahí en bici, corriendo por el campo, la playa. No sabes cómo envidié esta vida Mmmm ni te lo imaginas.

    Cuando era pequeña nos íbamos de vacaciones a un pueblecito pesquero del norte de Galicia, ahí pasábamos todo el verano y durante esos meses podía hacer esta vida de cabrita loca jajaja que cuentas ( solo que no jugaba al fútbol, ni me comía las obleas de la sacristía para expiar mis culpas:-) por aquella época no me sentía culpable de nada, era la más feliz del mundo. En mi casa habitual, las salidas siempre eran muy controladas y medidas, nosotros somos cuatro hermanos en cinco años, así que no nos aburríamos jamás, pero siempre jugábamos dentro. Recuerdo llorar en el coche como una magdalena tooodo el trayecto de vuelta a casa, al terminar el verano ( más de 4 horas llorando a toodo llorar:-) se terminaba la libertad, a lo mejor de esa época me viene la pena que me da aun hoy, cuando termina el verano... Siempre asocié otoño, con lluvia, cole y encierro de nuevo:-)

    Según te iba leyendo, tenía la sensación de avecinarme a alguna tragedia, la violación de tu pantalón, me la he tenido que leer dos veces, entendí otra cosa... mejor el pantalón xD.

    Sí, yo creo que en el pasado casi siempre está la respuesta de lo que no notamos bien por dentro en el presente, pero pienso como Rorsch, si fuiste feliz y hubo un paréntesis, solo tienes que bucear en ese paréntesis, hacer limpieza, recolocar y todo encajará de nuevo, la materia prima es lo importante y está claro, la de “risitas coleta saltarina” es de calidad extra ... volverán las risas, a saltarle la coleta y a pintarse todo de colores... de hecho veo montón de ellos brillantes aquí siempre cielo, a veces leerte es como que la psicodelia se mete por los ojos, por eso te imaginaba como te contaba el otro día cuando escribes:-)

    Precioso IRENE, ve guardándolo todo, un día tu/su biografía valdrá millones:))

    Mil besos bonita y muuuy muy feliz semana “Risitas”:))

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    1. María, puedo entender que sintieses nostalgia por esos veranos, conozco pueblos pequeñitos y pesqueros al norte de Galicia, y cuando los descubrí quise mudarme allí de lo a gusto que me sentí esos días. Si te digo la verdad, yo nunca sentí que el verano acabase del todo, supongo que porque siempre tenía la playa cerca, frente a casa, y los cambios climáticos nunca eran bruscos.
      La violación del pantalón jajaja siempre llevaba parches en las rodillas, me tiraba al suelo a parar un balón, para hacer agujeros y encontrar hormigas, cosas de esas, y la de veces que me salvaron los parches! A ver si lo que me va a pasar es que me da miedo crecer ;-) Nah, buceando y anotando en mi libreta, y en días como hoy echar mano de las redacciones en las que cierta personita se acuerda de una :-) Gracias, preciosa. Otro beso inmenso para ti con muuuuuuuuuuuchas risas contagiosas.

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  5. Los mayores deciden que ciertas caracteristicas son menos que otras, durante la infancia ni nos enteramos. Todos podemos llegar a ser todo.

    Una psicologa deportiva le pregunto a un niño (creo que sobre los diez años) que quería ser de mayor "Ronaldo" ¿y tu amigo que será? Tambien Ronaldo.
    Todos, todo.

    ¿Que hacemos con nuestros nuños que pasan de risitas a estar hundidas, sin autoconfianza, pensando que son menos que los demás?

    Como siempre leerte es contagioso, Se leen tres lineas y ya no se puede dejar.

    Y cuanto de nosotros salva el poder escribir.

    pd: Cuando risitas este de vuelta que me mande el telefono, iremos de cena.
    pd2: y si no que me lo de antes y de las risas me hago cargo yo.

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    1. adam, y algunos niños se fijan en el mayor más cercano para imitar lo que ellos consideran bueno. Hoy me ha pasado algo extraordinario, tenía yo una mala mañana y un ángel, muy pequeñito, me ha tomado a mí como ejemplo. Qué responsabilidad es eso, qué injusto es ser mayor y tener que madurar.
      Opino que los mayores hacen todo lo que está al alcance de sus manos, pero no son perfectos, porque no existe tal cosa, y es inevitable arrastrar algunos valores generacionales, y al final sale bien o sale de puta pena. Pero pienso que debe existir un mínimo de valores que estén por encima de todo, algo por el bien común. Cuando el pajarito vuela decide en qué cielo volar, quizás sea ese el motivo de la perdida de confianza y otras tantas cosas.
      Como siempre tu visita arranca las mejores de mis sonrisas, con eso ya tengo otro trocito ganado, de mí misma ;-)

      Pd. cuando Risitas despierte se irá a cenar contigo.
      Pd2. estoy segura de que contigo se reiría mucho.

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  6. Me encanta tu niña, en serio. Me he pasado el texto sonriendo, además de por la belleza del texto, porque he encontrado ciertas similitudes entre tu infancia y la mia. Muchas. Odiaba los vestidos horrorosos, y sobre todo disfrazarme para actos religiosos. Me crie entre primos, demasiado poco femenina, uno de ellos. La única chica que jugaba a darse de hostias, o al rugby (cuando lo medio descubrimos en las pelis americanas), o a tirar piedras. Las rodillas eternamente despellejadas, ...
    Pero a mi todo me empezó a chirriar por dentro mucho antes. Lo recuerdo ahora, y pienso que tuve una infancia feliz. Pero no la viví así en absoluto. Era como si no encajase, como si la vida no fuese conmigo. Creo que ahora es cuando empiezo a limar asperezas con ella (esa cabrona) y a aceptarme (aunque desde fuera parezca lo contrario). Mis hijas fueron las que crearon un hilo invisible entre la vida y mi cuerpo, fueron las que me unieron al suelo. No sé explicarlo mejor. Pero hasta ellas... me importaba estar ligada a este mundo menos que nada.
    Me alegra que escribas. Me emocionas siempre.
    Sigue riendo, seguro que cuando ries es imposible no reir contigo.
    Te mando mi risa, para compartirla contigo, y un beso inmenso.

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    1. Nuria, pues es un verdadero placer que sonrías, y si está en mi mano arrancarte esa sonrisa me puedo dar por satisfecha. Me hace gracia tu comentario, es cierto que las chicas que hemos sido las únicas niñas de la familia siempre hemos estado rodeadas de un montón de hermanos y primos. Además, teníamos esa parte masculina de querer imitar a los chicos, participar en las cosas que hacían ellos, convertirnos en esa fuerza bruta para no salir llorando cuando alguien quisiera pisarnos. Al menos esto ha sido así en las poquitas chicas que he conocido en igualdad de condiciones a las mías.
      Yo he sentido que no encajaba más a partir de los 15 años, cuando empecé el instituto me separé más de mis hermanos o de mis primos, aunque con uno de ellos seguí estudiando y compartiendo más cosas por tener los dos la misma edad. Pero digamos que al cambiar de centro, cambié de pueblo a una mini-ciudad y ahí empecé a no sentirme cómoda con nada, ni nadie. Tú tienes tus hijas, y supongo que ese debe ser el mejor de los sentimientos que una persona pueda tener.
      Me gusta que compartamos momentos así, y si nos reímos ambas y juntas mejor que mejor. Un beso, musa!

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  7. Si es que eso de celebrar los cumpleaños es un error, lo digo siempre. Sería mejor no recordar que nos hacemos mayores, seguro que evitábamos muchos cambios no muy buenos.
    Un saludo :)

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  8. Me ha encantado la historia de risitas.Me ha despertado muchas nostalgias
    Como siempre brillantemente escrito
    Besos

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  9. Acabo de encariñarme con Risitas... seguro (no vale decir que no)que existe alguna forma de hacer que resurja. Es más, creo que cualquier día Risitas saldrá del pozo en el que ha caído por accidente, cual niña de "the ring", con la misma alegría de antaño.
    Un beso

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  10. tengo la costumbre de descreer de las descripciones que la gente hace sobre sí misma. La mirada de uno es inexacta. A mi risitas me parece sexy y fenomenal. Ya hubiera querido yo andar en bici con ella

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  11. Ina, yo el año pasado dije que ya no celebraba más ni un solo cumpleaños. Hombre, ya. Que a mí las arrugas y el saco que llevo en las espaldas me deprimen muchísimo. Un saludo, y gracias por pasar por aquí ;-)


    Juanjo, nostalgia buena, espero. Creo que todas las infancias, por muy terroríficas que sean algunas, tienen algo bueno o, al menos, algo que poder aprender. Besos.


    Lunática, pues claro que sí, algún día saldrá otra vez esa niña. Sé que los pozos al final no son tan profundos como parecen, y si pudo salir la niña esa que tanto asustaba a la gente, Risitas también podrá. Un beso.


    Garriga, las descripciones que la gente hace de si misma sólo funciona cuando lo hacen a través de anécdotas y recuerdos, esos nunca fallan, porque los hechos son los únicos que cuentan la verdad. Ella te hubiera ganado si hubierais competido en una carrera, ¡era muy rápida con la bici y no llevaba frenos! Un saludo.


    * Me gusta poner todos los comentarios juntos, seguidos, pero blogger está de uñas conmigo y no me deja, joder, otra cosa más que no puedo hacer :-(

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  12. Me ha encandilado tu Risitas! me ha hecho recordar anécdotas de mi infancia. Yo crecí rodeada de hermanas (era la pequeña de 4) y siempre fui un poco marimacho , quizás porque sentía inconscientemente que había decepcionado a mis padre por nacer chica. Así que imitaba a mi primo, jugaba a fútbol, odiaba los vestidos y me pasaba el día montada en mi bicicleta.
    Cuando me hice mayor también sentí esa desconexión y tristeza de la que hablas. Cuando crecemos perdemos algo, no sé lo que es pero ese sentimiento de perdida existe.

    Cómo echaba de menos pasarme por aquí! (he tenido problemas con mi conexión a internet y después com mi ordenador). Y aunque a veces no comento siempre te leo. Tus textos me "tocan" de una manera que a veces me cuesta expresar.

    Besos cariñosos!

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  13. ¡Joder Galia! Que pasada... Te enamoras de la niña según vas leyendo, y que identificado se siente uno con el párrafo en el que se cuestiona que pasó con su inocencia y su alegría. El final, lo compartimos yo creo que la mayoría de los que pasamos por aquí: ciertamente hay mucho que escribir... Besotes.

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  14. hiro, es que tenemos muchas cosas en común, es lo que percibí cuando empecé a leerte. Encontré muchas similitudes, por eso me encuentro tan a gusto cuando te leo. Me alegro que la tormenta no fuera a más, y ya te dije, me he divertido un montón con lo de tus hermanas. Me encanta verte por aquí, muchos besos cariñosos también para ti!


    Lazaro, y eso que la infancia de Risitas ha sido sencillita. No me gusta leerme, pero cuando lo hago en textos como este me sorprende que no tenga más memoria. Qué asco es hacerse mayor, pero qué bonito es darse cuenta que al final siempre queda algo del niño que fuimos. Besos gigantes.

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