sábado, 28 de julio de 2012

Todos los veranos





Era verano y nunca queríamos dormir la siesta. Nos preparaban un camastro sobre el suelo junto al balcón mientras trataban de inducirnos al sueño chantajeándonos con robarnos la tarde de playa. Disfrazaban las horas de los postres con embozos de tela blanca, cual fantasma creímos nosotros encontrar, pero en el fondo no nos intimidaban todas la amenazas que caían sobre nosotros, porque teníamos experiencia y sabíamos que nunca se llegaban a cumplir. Siempre había ruido de fondo, la voz del televisor que se perdía bajo el chorro de agua del grifo del fregadero, mientras mi madre fregaba los platos. Las moscas negociando con las cortinas cuando las persianas se negaban dejarlas pasar, revoloteaban, sin embargo, cuando lo conseguían sobre el borde de los vasos de zumos olvidados en el cómic de turno de mi hermano. El somnífero que hacía efecto era el cambio térmico cuando la comida llegaba al estómago, pegaba la cara al suelo y el sueño vencía a la fierecilla que no quería ser domada.

Era verano y nos faltaba camino de tierra y piedras para alcanzar los metros de playa, que a esa hora tan sólo era un desierto de sombrillas muertas, espectros rezagados de la mañana, esterillas y toallas abandonadas. La orilla aún sin bañistas, sin juegos de niños dorados al sol, sólo una red polarizando todos los azules. Hasta que nos desvestimos con la misma rapidez con la que nos sumergimos bajo el agua, como si ese fuera el último baño de nuestras vidas. Llevábamos nuestros pulmones al extremo y al salir a la superficie respirábamos una nueva bocanada de aire. Y allí abajo todo era seguro y a la vez improbable, cuando sentías el roce del pez angustiado, soliviantado, por los bañistas terroristas. Y nos movíamos entre remolinos junto a las boyas, luchando y retándonos para ver quien era el más rápido, el que llegaba hasta el final y la meta era la única recompensa. Llevaba una tortuga a mi espalda, ella me hacía flotar hasta que mi hermano decidió jugar sucio y arrancarle un ojo. El juego nunca era bueno y justo conmigo, o es que yo siempre fui una niña muy susceptible.

Era verano cuando marchábamos de vuelta a casa por el camino de tierra ahora pegada en nuestras sandalias. Ya no escuchábamos el canto de las chicharras, la siesta de los vecinos más tardíos o las bocinas de los que tenían suerte y viajaban en coche. Únicamente se oían las risas, que a veces también se convertían en protestas por el que más trastos cargaba. Y pasábamos junto a la alberca donde las ranas nos esperaban, les guardábamos un trozo de pan de nuestra merienda y a mí me gustaba escucharlas cantar. Luego acabábamos sin nuestros trajes de baño, batallando bajo los golpes de la manguera que nos quitaba la sal a tortazos. Esperábamos nuestro turno sentados sobre una torre de libros de plantas, frente al televisor, con Pipi Calzaslargas y la oca de Nils Holgersson. Era verano y nunca supe que todos los veranos se acabarían.



Phantogram - You are the ocean and i'm good at drowning

11 comentarios:

  1. Es lo más bonito que he leído por aquí

    bonito de leer y de lo que te queda incluso eso del final

    bonito para tí que también sea

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  2. Me gustaría que siguiera ese relato, más páginas

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  3. es estremecedoramente tierno. Me gusto mucho. Te sigo,

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  4. Dulce... eres dulce y este relato, bonito como tú, te sigo, eso ya lo sabes.

    Besos siempre

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  5. Me ha encantado Irene!! un post precioso!! lleno de una nostalgia dulce y enternecedora.
    ¡Cómo me gustaría volver a vivir uno de esos veranos de infancia...!

    Besos de verano

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  6. Recapitulemos:

    "Es lo más bonito que he leído" ...
    "Estremecedoramente tierno" ...
    "Precioso" ...
    "Dulce ... eres dulce y este relato, bonito como tú"
    "Me ha encantado IRENE" ...


    Pues eso, cielo y además... ¡¡ESTO!! ( hoy es mi banda sonora :-) conste que me la han prestado y yo ... la comparto contigo ¡¡por si!!:-)


    Un beso enooorme IRENE




    PD
    Y recuerda, a pesar de todo ... ¡¡EL VERANO SIGUE!! y después...
    El otoño, el invierno y otra vez ... ¡¡LA PRIMAVERA!! y después ... Ya sabes:))

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  7. Hoy he vuelto a los veranos de mi infancia. Casi podía escuchar la canción de Nils Holgersson. Gracias. Precioso.
    Besos, preciosa.

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  8. Huele a estío melancólico en nunca jamás, me gustó mucho :)

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  9. Me gustan tus veranos. Huelen a mar y a sal. Saben a sustancias prohibidas acompañadas de música rara.

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  10. Anónimo, muchísimas gracias por tus palabras. Para mí también es bonita la sensación que queda. Sobre todo porque son recuerdos de mi infancia, aún no demasiado lejos.


    Garriga, me alegra que lo veas así, gracias. Yo también te sigo.


    Rorschach, gracias.


    calmA, me he pasado tanto tiempo escuchando lo arisca, fea y terrible que soy por dentro, que ahora me cuesta creer tanta palabra bonita. Pero gracias, de verdad. Igual que tú sabes que yo te sigo a ti ;-) muchos besos.


    hiro, eres intensa… aunque mi mañana comience torcida con leer tu energía ya me contagias. Hace poco la que hablaba del verano eras tú y me recordabas los veranos de mi infancia. Te di las gracias por ello y ahora te las vuelvo a dar por dejar tu huella aquí y por ese beso de verano tan referscante. Yo te doy uno para cada estación del año :P


    María, ays tiene gracia que el comentario venga de la chica más tierna y sensible que he conocido por aquí, bueno, y también fuera, porque no conozco a nadie así. Daremos las gracias a quién te haya prestado la banda sonora. Dejé de escuchar a Marea cuando su letra me hacía daño, pero de eso ya ha pasado un mundo. Al final todo lo malo se acaba olvidando. Un beso grande para ti.


    Nuria, tú si que eres preciosa y por dentro, que es lo mejor. Me alegra hacerte recordar esos momentos en los que la inocencia nos hacía ser más felices. Un beso enorme.


    i*- y a mí me encanta tu comentario porque es muy significativo, y tiene bastante que ver con ese pequeño trozo de mi vida narrado. Un beso, guapa!


    Advenedizo, celebro que te gusten mis veranos. Claro que huele a sal marina, la música rara complementa ese recuerdo tan entrañable.

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