jueves, 18 de junio de 2015

Luces y sombras





... abril 2015



Permanecí inmóvil bajo el quicio de la puerta, acobardada por los fuertes golpes detrás del pequeño cristal y titubeando sin saber bien qué hacer después de un aletargado silencio. Temblaba al no escuchar respuesta cuando pregunté quién eras; enmudeciste, creo, porque ni tan siquiera tú sabías que hacías allí. Pero después oí tu voz y pensé que no podías ser tú, había pasado mucho tiempo y tal vez el deseo de saberte entorpeciese el recuerdo de tu sonido en mi memoria. Me sorprendió encontrarte hecho un ovillo entre los pliegues de la cortina al abrir la puerta de la calle. Te escondías, ocultabas tu rostro, y yo creo que también tu vergüenza, porque enseguida te sonrojas y bajas la mirada cuando descubres que, sin querer, te has deshecho de tu caparazón. Latía muy fuerte mi corazón, la respiración también se aceleraba a medida que tus pasos avanzaban hacia mí, y yo ya no sabía si tiritaba de frío o, simplemente, imitaba la reacción de una estúpida quinceañera cuando descubre que el chico con el que tantas noches ha soñado aparece en mitad de la noche tocando su puerta.

Eran las seis de la mañana, el vestido con adornos dorados aún caía sobre el respaldo de la silla, junto a las sandalias de tacón y el resto de abalorios. Probablemente escogiste la peor noche del año, probablemente mis ojos permaneciesen aún hinchados después de tanto dolor y tanto llanto, el maquillaje corrido en las mejillas y el pelo revuelto efecto de esa eterna lucha contra la almohada. También, probablemente, esa fuese nuestra última noche juntos. No me importaba el desorden, ni la hora, ni mi aspecto, sólo quebrantar la poca distancia entre tu cuerpo y el mío, verificar que aquello no era otro sueño, era tan real como los rizos que te habían crecido y ahora adornaban tu nuca.

Recuerdo tu olor; es increíble porque hoy, tres meses más tarde, puedo sentirlo sumergido en mi cuello, entre mis muslos, en mi ropa, en el resto de frunces y capas de piel. Nos acomodamos en el sofá, te pregunté por la escayola que cubría tu brazo derecho y enseguida te desvaneciste en mi regazo, te acurrucaste como un niño apoyando tu cabeza en mi pecho, buscando calor, comprensión y también una soledad compartida que te ayudase a entender cómo habías dejado pasar tanto tiempo… Quizás eso era lo que más pesaba en tu conciencia, tal vez –en esa primera noche del año- pusiste en orden tus ideas y llegaste a la conclusión de hilvanar cualquier pespunte suelto en las costuras de tu mollera, pasajes del pasado. Hablamos, recordamos, intenté traducir tu lenguaje, al menos el oral, ya que el corporal estaba mucho más claro. Y aunque no consiguiese esclarecer tu lengua, entendí la coherencia de tus palabras acorde a tus sentimientos y tus actos. Para entonces ya estabas explorando la humedad de mi boca, un poco más tarde te perdías para volver a encontrarte en una concavidad cuanto menos parecida.

Te quedaste dormido como hacen los bebés, muy cerca de mí, otra vez acariciando el calor y acomodando tu escayola en un arco perfecto entre mi pecho y mis caderas, mullido en mi cintura. Y así despertamos. Tu barba, demasiado larga ya, arañando mi mejilla y tu aliento alcoholizado pegado a mi espalda. Hablamos durante largo rato aquella mañana de primero de año; divagamos sobre algo que a mí me preocupó y no supe discurrir en ello tornándolo en algo superfluo y banal (como me arrepiento ahora de eso)… tu flirteo con sustancias alucinógenas, el abuso del lenguaje inexistente, el vicio de esa soledad que te empuja al precipicio. Quise advertirte o lo hice, pero a mi manera, sin que tú llegases a entenderme del todo. Me ofrecí, sin reservas, sin límites o contemplaciones, me ofrecí de manera descarnada, y tú –precisamente- la confundiste con el lado más interesado y libidinoso. 


Te veo ahora dormido, luchando con fantasmas del más allá y tus propios monstruos. Te toco pero tu piel se ha vuelto áspera y dura, apenas creo que puedas sentirme. Te hablo pero no puedo soltarme la lengua porque tu hermano está a mi lado, tampoco sé si puedes oírme y ni te imaginas cómo me gustaría que lo hicieras. Ahora, dos meses más tarde, sé que lo hiciste, mi voz llegó allí, tan lejos donde estuviste, y tu fuerza te trajo de nuevo con nosotros.


Tal vez debería seguir escribiendo la historia, sólo tendría que dejar que nuevos capítulos aconteciesen, pero no estoy segura de querer asomarme de nuevo al abismo.



4 comentarios:

  1. El dolor, como todas las adicciones, es tan atractivo como destructivo.

    ResponderEliminar
  2. Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate.

    ResponderEliminar
  3. Celestino Arturo13 julio, 2024 06:34

    El Sr. Pedro y su compañía de préstamos han sido de gran ayuda para nuestra empresa al brindarnos una línea de crédito para nuestro crecimiento continuo del negocio agrícola. Estoy muy contento de que mi empresa esté creciendo nuevamente con la ayuda de Pedro, un oficial de préstamos que otorga Yo $8,000,000.00 para préstamos comerciales.
    El señor Pedro y su empresa también otorgan cualquier monto de préstamo a individuos o empresas que buscan una manera de expandir o ejecutar su proyecto con un interés bajo del 2% de retorno anual. Comuníquese con ellos para adquirir el suyo para préstamos comerciales, préstamos personales, préstamos comerciales, préstamos iniciales, préstamos para automóviles y préstamos hipotecarios. en
    WhatsApp +393510140339
    pedroloanss@gmail.com

    Buena suerte"

    CELESTINO ARTURO
    Escribiendo desde Ecuador

    ResponderEliminar