domingo, 25 de marzo de 2012

Apetece









Hay mañanas tibias que te despiertan de la paradoja y el absurdo, aún cuando te dejaste la desgana escondida en las arrugas que forman los surcos bajo tu almohada. No hay dolor de alma cuando la cura es el cumplimiento de todo límite, el alcance de ese fin que siempre justifica los medios. Interponemos dolor, infortunio y amenaza, pero toda fatalidad y perseverancia evidencia lo que al final nunca damos por perdido. Sólo la duda testifica que aún estamos vivos, únicamente la incertidumbre te diferencia entre superviviente y espíritu.


No hay fraude ni ablación que cercene tu anhelo del mío. Vencido desaliento y oscilación queda el convencimiento de compartir un futuro inmediato, recomposición de sueños destrozados. Perecer juntos tras la tormenta y la calma, sucumbir al acaso, el caprichoso hado de ¿algún tipo de Dios? más allá del dogma y la devoción.


Sueños mojados, empapados y húmedos. Sueños que callan temores nocturnos, el sobresalto en las tardes confusas enardecidas en fiebre. Cruzadas ganadas, derrotadas apropiadas. La confianza lograda cuando el silencio se apodera de la casa, la perspectiva encontrada cuando tus labios disiparon la apatía y desdicha en esta estancia.


Tu carne utópica, tu semblante, tu risa. Tu mirada y tu luz. No más sueños perdidos, no más pesadillas topadas. Sólo oportunidad, de ser, de estar, de seguir siendo. Probabilidad de vinculación, cumplimiento y desvanecimiento de agonía.






Ivan Ferreiro - Días azules

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