domingo, 2 de diciembre de 2012

Una retirada a tiempo es una victoria

 
 
 
 
El sótano del bar se ha convertido en una arteria de corazones descuartizados, las utopías desbaratadas y reventadas en mil añicos, formando el surco de agua en la base del vaso medio vacío, se reúnen para fabricar sonrisas amargas y ahogar la desidia en las botellas de colores mal distribuidas en la mugrienta estantería. También es el trampolín donde los desahuciados toman impulso, las que se prostituyen por cinco segundos más acaban acariciando el jugo reseco en la última copa, pero después siempre hay tiempo para un poco más, un poco de algo que las acabe atravesando.
 
Ella sólo había visto cristales sucios en aquel antro, pasaba por la puerta y el hedor a caduco le hacía retroceder o apresurar el paso. Era sábado y tarde, tan tarde que ya había cubierto su cara con el embozo y contestado al último mensaje en su móvil casi entornando los ojos. La intranquilidad le arrebataba el sueño, daban vueltas los miedos en su cabeza con aquella odiosa canción de Tool de fondo, y el sueño cada vez era una cumbre más lejana. Hasta que una alerta la sacó de la cama. Bea esperando en veinte minutos debajo de casa.
 
Estaba delante del tugurio con un cartel del siglo pasado, ni siquiera conservaba todas las letras del nombre juntas, estaba emborronado. Y volvía al sótano, a la tienda clandestina y las timbas de cartas con viejos extranjeros borrachos y colorados. Esta noche el olor a maría es más suave y menos condensado. Las dos chicas se unen al grupo de gordinflones para echarse unas risas, lo cierto es que el spanglish les parece súper gracioso y ella -la chica con gripe- se siente dentro de una cinta negra, una de polis corruptos con sombrero de ala ancha y puro de medio lado. Pierde todo, lógico, pero tampoco llevaba demasiado. Había cobrado el día anterior pero guardaba esos pequeños ahorros para un viaje próximo. Se enfada o no sabe bien qué dice. Se sirve otra copa y se siente en el sofá de escai marrón, hojea un catálogo curioso; unas ilustraciones de Frank Frazetta. ¿Por qué nunca vio Mad Max? se había perdido muchas cosas del pasado.
 
El antro no cierra a pesar de que casi son las cuatro de la mañana. Los borrachos se han ido, sólo queda Bea colocándose en un rincón con su camello y amante, el camarero que pone cafés y se la folla en el cuartito privado. Y ella, consumiéndose lentamente en el escai cuarteado. Qué los salvadores no existen, le habían dicho últimamente. Entonces quién era ese ángel de mirada cristalina y aroma a Loewe que viene a salvarla. Baja las escaleras y su elegancia inunda la nauseabunda habitación, llenándolo todo de luz delicada. Sus amigos le acompañan y están más interesados en las botellas de colores y las cartas mal dobladas sobre la mesa. Él se sienta a su lado y continúa la conversación por donde la habían dejado. Y todo alrededor desaparece, hasta la música. Sólo siente la presencia de la ropa usada colgando de las perchas en la pared, el ladrido de un perro en el callejón trasero y el ruido de un contenedor de basuras arrastrado por el suelo.
 
Se queda mirándola fijamente y le pregunta por qué se resiste tanto, que las chicas dulces y de mirada nostálgicas no han nacido para sufrir solas. Y adivina como tiemblan sus manos, sus rodillas, sus manos. Aparta su pelo de su cara hacia atrás y se acerca a su boca para invadir su interior sin esperar permiso a cambio. Sus temblores se hacen más intensos y continuos, hace frío. Él invade el poco espacio entre esquina y sofá, echa su cuerpo encima de ella y le aprisiona la cabeza entre sus manos. No recordaba la última vez que la habían besado, pero esos labios le devolvían la vida que le habían robado. Comenzó a sentir calor, un fervor que le recorría las piernas hasta detenerse en el centro. Él, que lo había adivinado, subió su falda hasta la cintura y metió la mano dentro de las bragas. Comprobó su grado de humedad. Ella se estremece, arquea la espalda invitando con el movimiento a que introduzca uno de sus dedos. No había nada que esperar. La follaba sin pasión, sin apartar los ojos de su respiración, enjugando sus espasmos con el líquido que impregnaba a ambos. Besar, besar. Era la primera vez que la estaban deseando, y saberlo cerca le hizo olvidarse de todo. Pero no era cierto. Todo era mentira, cerraban los ojos sin ver su cuerpo, sin deseo, sin amor. Se deshizo de toda su ropa, sólo la envolvían los tacones negros y el encaje de las medias un poco rotas. De pie, la dirigió hasta la barra del bar. Ahí acarició la encimera con sus mejillas, mordió la madera mientras él separaba sus nalgas. Otra primera vez... algo que después no recordaría. Su polla entraba y salía con facilidad. Dónde estaban las sesiones bdsm, la ternura, los cariños arrancados a golpes de por favor. No sentía ni siquiera dolor, ni el rasgado de la piel rodeando sus agujeros le proporcionaban lamento o placer. En su cabeza sólo cabía desprecio, rebote, despecho. Que nadie la esperaría jamás, porque sólo era un capricho del destino; si no fuera porque una estaba casada, la otra con novio... sólo un trozo de carne en el camino llamado Irene, y eso era lo de menos, porque una semana sin noticias la convertía en un androjoso adorno de Navidad.
Se habían corrido dentro de ella, pero todo le daba igual, nunca significó nada para nadie, menos que una puta que implora cinco segundos más.
 
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Creo que he vuelto a tocar fondo, supongo que poner distancias es lo más sabio. Una sonrisa para hacer un poco más azul el día, mientras tanto...
 
 

8 comentarios:

  1. Alejarse y respirar, mi dulce Irene. Y una mierda eres un trozo de carne. Eres un universo, galaxias enteras te habitan, esperando ser descubiertas, admiradas.
    Alejarse, ver todo con perspectiva, y no culparte de nada. Quererte. Eres tan querible... Cómo no te das cuenta?
    Besos Irene. Respira. Un bajón. Pasará.

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  2. Siento en ti un desazon terrible, una fascinacion por los rincones oscuros que todos tenemos en mayor o menor medida
    A pesar de lo atractivo de tus letras y de su inmensa calidad a veces me gustaria verte respirar hondo
    Besos guapa

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  3. Debe ser la altura del año...mucha gente poniendo distancia. Un abrazo que le llegue.

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  4. Te he leído y me he ido, IRENE. Te he vuelto a leer y me he vuelto a ir. No sabía que decirte, pero ya lo sé y me vas a perdonar por favor pero, este tugurio en letras es una de tus muchas obras maestras, pero por favor cielo, saca a IRENE de ese tugurio mental. Nadie, pero ella menos que nadie merece estar en un lugar así ¡¡SÁCALA DE AHÍ!!

    Y sí puedes. Tú puedes, solo tú preciosa... de esa tarea no puedes retirarte, debes empezarla ya mismo... ahora mismo, esa será tu verdadera victoria. Después, puedes llamarme de todo... lo que quieras:-)

    Toodo mi cariño IRENE, si lo sientes de verdad será de verdad, tú decides.
    Tú decides sieeempre y yo seguiré estando para lo que pueda servirte, si tú quieres.

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  6. Haces daño con las palabras, eso nunca ha sido un reproche o un inconveniente.
    No todo el mundo puede provocar sentimiento por medio de un texto.
    Tu lo consigues, eso te hace grande y nada ni nadie debería hacerte sentir insignificante o pequeña.
    Lo bueno es que al final todo acaba y la tristeza no es permanente.
    Dentro de poco esto sera un recuerdo que te haga ser consciente de quien eres.
    Yo creo que lo sabes, pero no has llegado a comprenderlo.
    Y cuando lo logres todo cambiara a mejor.

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