domingo, 13 de mayo de 2012

La fin du monde





Creí suficiente todo lo visto, que lo conocido bastaba para saciar y saturar cualquier indagación y peculiaridad. Detrás de una imagen, detrás de un verbo, un sonido y una cólera repentina hallé la satisfacción codiciada.
Creí proporcionado lo que tenía y guardaba, historias que comenzaban cuando otras quedaban remplazadas, susurro de metamorfosis y transacción de grullo a metrópoli. De la opacidad y la candela. De todo.
Creí hastiado lo comprendido y dominado, estacionamientos en el estado del tiempo global. Cataplasma infectada de espejismos, del aire, rumores y adverbios de tiempo.
Murmuraciones preñadas de apariencias y alucinación.
Huida del ahínco en un inútil empeño, saludemos al estallido nuevo.



Human Drama - It is fear

miércoles, 9 de mayo de 2012

Rezumar paranoias






Tus ojos cambian de color con tus pensamientos.


-Hay un espacio ridículo, casi insignificante, entre tu hipotálamo y tu hipófisis. Por eso no puedes dominar la secreción de las endocrinas revolucionarias. Es decir, inocente Irene, no hay jerarquía en tu pequeño ejército que discipline y equilibre las glándulas colgantes.

-Si yo supiera de donde cuelgan, quizás, tal vez, podría tirar de ellas e inmovilizarlas por un tiempo.

-Veo que no te has enterado de nada.

-Efectivamente, no entendí ni una palabra de lo que dijiste, pero me encanta el color de tus ojos.  






domingo, 6 de mayo de 2012

Besar y callar







La tarde del domingo sólo me apetecía quedarme en casa viendo películas o leyendo los libros heredados, escuchar a ratos la lluvia apaciguada chocando con el cristal de la ventana y dejarme empujar por el letargo después de un agitado sábado. Pero Cordelia me llamó por teléfono, insistió tanto en quedar que no pude decirle que no. Habían pasado pocas horas desde que nos despidiéramos, junto a otras amigas, en el portal de mi casa. No entendía la urgencia pero admito que la intriga ganaba frente a la monotonía dominical en el sofá. 


Cuando asomé por la cafetería donde habíamos quedado pude vislumbrarla a través del empañado ventanal; su larga cabellera de terciopelo negro y anaranjado es inconfundible. También lo es su forma de vestir, tan despreocupada como optimista e infantil. Pide por mí mientras arrastra la silla de enfrente para alzar sus piernas sobre ella, el gesto me incomoda. En realidad es lo que me molesta de ella, no es que vea el gesto como algo de mala educación -la buena educación no siempre está en los modales- es que aprecié en ese momento una desgana y una chulería que me irritaba. Por otro lado nuestra reciente relación carece de confianza. Coincidimos en el curso de inglés del año pasado, empezamos a quedar algunas tardes o incluso salimos a cenar y a tomar unas copas. Aunque ella es una chica bastante extrovertida que va contando sus problemas, yo soy más reservada y siempre mantuve las distancias.


Comenzó a divagar sobre frivolidades, recapitulamos la jornada anterior en una ciudad bañada por el sol, aludimos alguna que otra anécdota sin concretar demasiado y me cuenta que ya pudo olvidar a Jimena, su ex, que ya no llora por las noches y no se siente un asco de persona. Hasta que consiguió encontrar el preciso instante en el que contarme el motivo de haberme citado allí. Me dice que cree estar enamorada de otra chica, tiene una relación de amistad con ella, y aunque esta chica es heterosexual a ella le parece que siente cierta curiosidad por el género femenino. Sinceramente, no me considero buena dando consejos y mucho menos cuando siento que el vínculo con esa persona no es nada especial. Se lo explico pero ella no quiere entender, lo único que pretendo es que vea que puede peligrar la amistad con esa chica si ésta la rechaza, pero también puede que se vea correspondida, aunque sólo sea por simple curiosidad.




Se va la tarde




Descienden las últimas líneas de luz sobre la colina, el aguacero es una cortina difusa tras la luna del coche de Cordelia. Estamos en la cima de la montaña, en un precipicio fortuito y al borde de una carretera demasiado disimulada. Apenas se distingue la penumbra de la ciudad y yo me asfixio entre los seis cristales rebozados en vaho, confusión y humedad. Su mano es imperturbable y delicada cuando roza la mía apoyada en la palanca de cambio. Mi pulso es ligero y atormentado cuando siento su aliento cercano. Hay caducidad en la circulación de extremidades, en las miradas sofocadas y en la nulidad de palabras. Ya no tengo tiempo para pensar cuando sus labios abren mi boca pequeña, hambrienta -no se si de sed-, desconcertada. No respiro, no pestañeo. Tampoco se si me fundo o me revuelvo, hay cierta ambigüedad revoloteando en el reducido espacio. La vehemencia con la que su lengua se ata a la mía es nimia a la sensación de ser violada por una chica en su empapado Peugeot... 




jueves, 3 de mayo de 2012

Tormentas imaginarias







A veces hay días en los que despiertas en una habitación donde todo parece recién descubierto, todo parece revelarse de manera inverosímil e inesperada. Una habitación invadida por un éter irreflexivo, osado e incitante, ya sabes, siempre amando el peligro al filo de la navaja. La luz que entra por la ventana es como la mano que se desliza bajo tus sábanas, apartando la pereza, despertando la apetencia. Sacudes la zozobra de la jornada anterior, que se enreda en el hilo blanco que velaron tus sueños más trascendentes y acentuados. 


Entonces caminas lento, con paso seguro. Miras con recelo y desechas las sombras inciertas, las atrevidas que se manifiestan intrépidas y desconsideradas, porque son esas las que temes, las que ponen en marcha los mecanismos de alarma. Huyes sin sopesar las contingencias, das la espalda sin saber todo lo que estás perdiendo, protegiéndote con una coraza. Y en realidad estás obviando que todo está seguro cuando persigues aquello con lo que soñaste toda tu puta vida. Ya está, lo inalcanzable ya está alcanzado, no hay razón para seguir bregando, revelándote, intrigando. Y sin embargo corres sin mirar atrás, como en la canción, como en la música que descubres que une, que atina y que aviva y renueva. Ahí creí que estar solos era una posible opción, otro estado transitorio elegido, pero había mañanas –momentos- donde la única posibilidad era la soledad impuesta. 


A veces hay tardes de anticipado florecimiento, de siestas aletargadas y calenturientas donde los colores te confunden y todo está más podrido de lo que realmente parece. Como respirar el flujo más dulce después de cada oleada, tan convencidos y satisfechos que no advertimos el alquitrán que estamos ingiriendo. Ciclos inconstantes, gente que viene y va… y sin embargo existe un igual que siempre se queda.


Entonces descubres que hay vacíos que se llenan, culpas expiadas, inconformismo y quietud, silencios que se colapsan cuando no hace falta una sola palabra, barreras que se rompen cuando ganamos la batalla. Delirios honestos, revelaciones, exploraciones, deseos, afán de avanzar. Hay esperanza, memoria y nostalgia, apetito venidero. Hay un mundo lleno de posibilidades, y esta vez posibilidades no podridas.




Daft Punk - Encom Part I

lunes, 30 de abril de 2012

Endorfina romántica








Porque los recreos de vicios que se han inventado hay que jugarlos hasta el final, arriesgando y asumiendo TODO.
Porque la perturbación forma parte de mi filia y esa filia es mi propia naturaleza.
Porque descubrí mi sexualidad de atrás para delante.
Por todos los quizás, tal vez o ya veremos. Un handicap de miedos e inseguridades que entorpecen el acercamiento.
Por mi yo estúpido, ridículo y salvaje.
Por el demente que me engendró a su antojo, con todos los fallos y ninguna virtud.
Porque no se decir NO y a veces duele.
Porque el dolor me hace estar viva y sin aflicción siento que muero.
Porque no se vivir sin agonía.
Por la desmedida de lo que me invade.
Por tu ansiedad, tu intriga, abulia y peculiaridad.
Por el instante dilatado justo antes de caer el látigo o la palma de la mano.
Porque el impacto es la adrenalina y la adrenalina es la adicción.
Porque el fervor de tu piel sabe más intensa después de rozar un abismo en el aire.
Porque el orgasmo encarnizado y selvático sobre tus rodillas estimula mi punto antropófago.
Por la caricia que se siente diferente, única y especial.
Por tus huellas en mi piel con las variantes pigmentadas; señales de ser amada y haber amado.
Por la reminiscencia y el perfeccionamiento.
Porque la predestinación a veces sólo es un lamento compartido.
Porque estoy perdida y no se amar de otra forma y manera.
Porque se advierte el momento (necesidad) de  cambios.






The Cramps - Dames, booze, chains and boots

jueves, 26 de abril de 2012

Miscelánea


14 de febrero
no es rosa


esto es lo más parecido a una carta de amor


y me importas tú


curiosidad


zumo de naranja

entusiasmo


nosotros


auricular y madrugada


antiséptico azulado


fantasía




orgasmos




rol  
                     
billete de autobús


ilusión




dolencia y contratiempo

tengo miedo de no ser lo que tú esperas que sea


impaciencia


declive




mapa sonoro compartido




personajes ficticios


¿Me echas de menos?




Fría


sosa


He pensado en ti




necesito aflojar un poco contigo


despedida




vaya, nunca acierto


¿renacer?




Puede que te llame el sábado…






Scanners - Salvation

martes, 24 de abril de 2012

Surrealismo impulsivo






Fue nuestra noche de despedida, aunque yo no lo supe hasta la mañana siguiente. Puede que sí lo supiera, y sin embargo quisiera ignorarlo durante unos instantes porque así me sentía menos vacía, porque así sentiría una vez más tus gemidos resbalando por mis dedos. Te conoces las arrugas de mi cama mejor que nadie, por eso te esperaban ansiosas disimuladas por la presión de mi cuerpo y unos desmañados movimientos. Y nos contamos el día, hablamos del trabajo, literatura, impresiones y la familia. Meras trivialidades, pero es ahí precisamente, en las cosas más insustanciales, donde encuentro lo que más me interesa: la persona y su eje.


Me reía y no sabía el motivo, tal vez fuese una risa en voz alta porque tu forma de jugar conmigo me volvía despreocupada y radiante. Nos dábamos las buenas noches y me quedaba callada, conteniendo la respiración para no entorpecer cualquier sonido emulado por tu palabra. Fue ahí donde continuó el juego. Te deshacías en fantasías, me fundía en caricias raudas y perversas, en ideales bruscos o soberbios. Se aceleraban nuestras voces buscando el momento oportuno, deseando desembocar la concupiscencia (te encanta la palabra) ensimismada en un orgasmo tuyo y mío, uno de despedida. Podría escribir sobre ello, esbozar un relato sórdido de última sesión con palabras malsonantes, algo muy sucio pero que, curiosamente, hace enardecer los deseos más oscuros. Pero no me apetece rubricar algo que ya no te pertenece, algo que ahora sólo es mío.


Cuando me he despertado esta mañana he pensado “lo entiendo, cómo no lo voy a entender”. Hay que aflojar, que el surrealismo impulsivo no tiene cabida en un juego que ya dejó de ser divertido.




Eluvium - The motion makes me last