lunes, 2 de febrero de 2026

Viraje

 




 Se deslizan mis dedos llenando este espacio en blanco, mientras siento cierta nostalgia depresiva que me acompaña persistente en este triste invierno.

Encuentro una mezcla de cotidianidad y deseo con cierto realismo mágico, como flotando alrededor. Entonces me doy cuenta de ello... me encanta vivir en una distopia dentro de otra. Me siento confortable, me siento capaz, siento que todo puede volver a su centro mientras yo divago sobre lo superfluo.

De un momento a otro iré a reencontrarme conmigo misma, así como con los abismos inherentes al ser que somos o nos hicieron... a hostias. Y no hay tema musical como vacuna para la tristeza, sólo ruido de fondo.

viernes, 12 de agosto de 2022

Desintegración

  


  Cinco minutos es muestra vida en el devenir cósmico infinito. Tres minutos como seas consciente de ello. Un minuto, o un día, como las moscas verdes, es lo que nos llevaremos a la tumba.

Pero es verano y vuelven las tormentas tropicales, eléctricas, truenos y el rango térmico desierto. Y el olor a tierra, hierba y radón. Un puto minuto de plenitud que se parece a los orgasmos de juventud, eternos, transcendentes, tan definitivos como inigualables. Menos mal que vivimos, cosa que no podrán decir nuestros descendientes. 

Haber coincidido en este plano ha sido todo un lujo, un honor, por no hablar de inaugurar siglo y asistir a la desintegración de lo que nos vendieron como sociedad y raciocinio, eso que al final resultó ser una patraña.

 




miércoles, 12 de septiembre de 2018

ocho tumbado






Reiniciar. Apagar. Reiniciar. Apagar. Reiniciar..reiniciar, reiniciar, reiniciando...


continuamente, una y otra vez, y al final nunca ves la luz, ni ves tu camino, ni sabes dónde encajar. Y la historia se repite, todo al inicio y tú sin conectar. Y tú ya sólo quieres ver el final, porque el infinito sólo es un ocho acostado (8). Fin.



If i Fell - Evan Rachel Wood

jueves, 30 de noviembre de 2017

sábado, 1 de octubre de 2016

C'est la vie





a cualquiera, a cualquier parte donde sólo seamos tú y yo, donde formemos tu mundo y el mío, sólo de los dos, a cualquier parte lejos de las cosas que te atormentan o te hagan dudar, lejos de las cosas feas, absurdas y aburridas. A esa otra parte te quiero llevar de la mano, a mi lado, siempre conmigo. Ya tienes la parte más bonita de mí, la oscura hace mucho que desapareció, sí, al empezar a conocerte. Y lo más bonito sale al mirar tus ojos cuando ríes, despertar en la noche y ver que estás ahí, al otro lado de la cama, llamarte "mi pezqueñín" y comprobar que tu paciencia es ilimitada. Eres así y así te como, así te adoro, amor. Sólo te pido que no te pierdas, que no te rindas tan fácil y dejes que "estos cuatro días" sólo sea yo la que acaricie tu pensamiento.



Vicente Amigo - Tres notas para decir te quiero



viernes, 28 de agosto de 2015

Last time







Hablamos de la ebriedad, saturación en los altos grados de temperatura, la omisión de la voz en off y todas las señales avisando del peligro. Hablamos de dejar pasar oportunidades, como la de cerrar una maravillosa noche en aquel lugar, el escarpado de pinos, tragos en un coche, deleite en plena naturaleza. Una noche mágica en la que descubrir un pedacito de esencia, en la que cantar al viento de poniente. Aunque quizá sean las lágrimas de San Lorenzo. O que el cambio de polaridad solar me esté afectando. O todo lo que ya sabemos junto. En cualquier caso siempre me gusta que conozcas más de mí, aunque en esta ocasión la estúpida descerebrada volvió a usurpar mi inusual cordura y yo, una vez más, me avergüenzo al contártelo.


Siempre que me llaman voy. Siempre que me buscan me encuentran. Nunca se decir No, nunca un No se pagó a tan alto precio. Por eso acudí a la llamada, al auxilio, al desesperado intento de paralizar otra desafortunada tormenta. Nunca un triunfo me supo tan caro. 


Desplomé mi agonía en el asiento del quad aparcado en la puerta del bar. Me gané ese derecho justo un verano antes, mientras ensanchaba mi ego en el elevador la lengua de su conductor derrochaba saliva en mi cuello, incluso en los días de Pascua, cuando el dueño del quad emborrachó mi teléfono domo de Absenta, olvidando –posteriormente- un pendiente bajo la almohada. Estaba allí sentada, debatiendo con algún desconocido sobre la belleza de las playas de Gijón y los bulevares regados en sidra de Oviedo cuando me deje tirar por una mano no tan desconocida. La usurpadora estaba ahí, anegada en cólera, inyectada por la decepción y la hipocresía. Porque tú, el de la Harley del bar de al lado, apareciste ante mí con tu prepotencia y tu chulería presumiendo de harén, y la rabia se infundió en llamas dentro de mí, incautando la esquizofrenia cualquier vestigio de sensatez. 


Me empuja al baño de chicas y cierra la puerta tras de sí, urgentemente, con insidia y brutalidad. Esa misma fiereza le lleva a lanzarme contra el mosaico de azulejos vidriados color azul hielo, azul añil, azul brillante, azul perlado, cielo, mar, noche… Dos líneas gruesas, blancas, perfectas, reposan de manera seductora sobre la tapa del tanque del inodoro. Su mano con fuerza en mi nuca, me incitan sin acabar de empujar hacia el vicio, soy yo la que se deja hacer, llevar, la que bracea en las profundidades de todos los azules, ahora convertidos en un inmenso océano. No lo pienso, como cualquier decisión acatada en los últimos meses, no se me da bien pensar, no me riega el cerebro, me patina la neurona. Siempre fui una chica de impulsos, en su mayoría no acertados. En eso estaba instantes (tal vez horas) más tarde en el asiento trasero de un coche. Sé que contemplé toda la gama de pasteles en la pizarra de ahí arriba, una cámara lúcida, espejo transparente, luz de verano. Sé que mi casa ya no era hogar, era un vertedero invadido por ratas de alcantarilla, roedores depravados y corruptos, ávidos en la deshonestidad, en el hurto y el analfabetismo. También sé que aquello fue el fin, que nunca más irrumpirían en mi tranquilidad, en mi persona, en mi karma ni mi hogar. Nunca más. 


“Es miedo y la puta vida…” me digo segundos, minutos, horas más tarde, porque la inconsciencia también juega con el tiempo. Qué será la puta vida, me preguntó, un orgasmo tal vez, una nota de piano tocada una noche complicada, un cunilingus, una buena mamada. Analizo -como siempre, como esa infinidad de veces en las que intento justificar otro desliz, otro desvarío, otro despropósito sobre la cuerda que me sostiene y poco a poco vence- todas esas cuestiones para encontrar la respuesta, pero en realidad también se me da mal jugar al psicoanálisis. Esa correspondencia entre mi yo y mi otro yo desafía el horizonte de la acústica, ahí creo encontrarme, justo antes de darte el último beso y perderme por siempre.


Lana Del Rey - Gods and monsters


viernes, 3 de julio de 2015

Masturbación DeMente






Es cierto, nunca fui un chico, nunca sentí ese trozo de carne irracional balancearse en mi entrepierna, tampoco me regocijé o presumí en mi madurez envuelta en brumas testorerónicas perdidas. Pero sí, reconozco que me comporté como tal, admito haber usado vuestras bestias púrpuras una y otra vez, sin restricciones, con el único fin de saciar mi apetito voraz. Y es que la desazón en la oquedad -a ratos apática- clamaba justicia; un poco de niebla para esta sequía, me repetía continuamente. Sin embargo una noche más ha pasado lo que suele pasar, no supe aguantar el tsunami de hastío y alcohol, y en esta ocasión no acabé envuelta en brumas de testosterona, sólo me compadecí de mi mala estampa y mi poco juicio, descoser mi alma como cualquier mujer herida y no por ello quedarme en el intento. 

El caso es que aquí estoy, podría decir tres, cinco o seis y media de la mañana, pero el aturdimiento me impide distinguir. Madrugá de un viernes que empezó siendo jueves o de un sábado que empezó siendo viernes, ya te digo que aún ando apabullada por las circunstancias. Aquí estoy, lúcida, mientras otra víctima desconocida dormita muy cerca, habiendo ingerido una cuarta parte que yo, entiéndase de alguna bebida o sustancia pegajosa. Aquí estoy, planteándome cosas que pienso hablar con vosotros, contigo, en la semana que empezará muy pronto, más correcto sería decir próximamente. A ver si conseguimos estar un poco alterados de conciencia para paliar el desfase físico que tanto daño nos está haciendo, por cierto.  

Existe, también, eso otro… ya sabes, en realidad soy una tipa violenta. Odio a los perros oliendo mi rastro, pegados a mi culo. Odio las mierdas de los perros desperdigadas por la calle. Odio a los dueños de los perros, altivos, sabelotodos y empalados, con sus correas y sin bozal. Detesto a los niños, esos cachorros de otras perras. Odio sus chillidos histéricos cuando se acerca el camión de los bomberos. Odio con igual simpatía a mis vecinos a y a los viejos que colapsan la EMT recreando tanta maloliente senectud que dan ganas de vomitar. 

Soy una rara. 

Soy una chunga que, mientras su víctima duerme, desbarra cosas prohibidas a quien aún no duerme. A quien sea capaz de seguir este ritmo que, a veces, es tan fácil como los viejos Körn en un nuevo disco bramando el despertar de la paranoia. Nunca me sentí tan bien como eructando el peligro de aquellos amantes vuestros psicópatas, acechando algo que tardasteis demasiado en asimilar. O quizá fuimos los dos, pero ya importa poco. Ojalá nunca sea tarde porque sólo somos amantes de la muerte. 


Miro el reloj y sólo han pasado cinco minutos desde la última vez. Resulta fascinante la capacidad de las mentes y los cuerpos y sus esporas. Resulta perturbador pensar que dejé de escribir cuando encontré cierta pausa emocional más allá de cánceres psicópatas. Pero dejé de escribir, lo cual es MAL. Nada es suficiente cuando te mueves más al margen que en la red que los imbéciles solían leer. Recuerdo algún bilioso correo, todo perturbador y narcotizante a la vez que escandalizado, donde el tarado de turno me hablaba sobre el riesgo de conocerte y sodomizarnos con un arnés. Nunca me molesté en sacarle del error. Nunca le dediqué más de los tres minutos de rigor para mostrarme favorable a la mutua (tuya ó vuestra y mía) dilatación anal para su escándalo y desconcierto. 

Pero ahora empieza un tiempo nuevo. Ya pasaron las tormentas estériles, las que no protagonizamos, y los períodos de cadencia rozando el suicidio. Ya pasaron invierno y primavera. Ya pasó lo peor, amigos, y tenemos una edad. Ya sabemos lo que podemos esperar de nuestros mediocres acompañantes (entre los que nos incluyo) pues te sé tan bien como tú a mí. 

Siempre es lo mismo, la duda. Siempre la oscilación que puede empujarte al abismo. Siempre la armonía capaz de conciliarlo todo. Siempre el desgarro y la fugaz sensación de vacío a cambio de mediocridad. Siempre los filósofos violando analmente humanidades enteras, pero quizá sea posible cambiar. Pronto tendremos la charla y la necesidad. 

Pronto descubriremos lo que siempre estuvo ahí, o no. Pronto volveremos a degustar el lado raro de la moneda.



Korn - Paranoid and aroused


jueves, 18 de junio de 2015

Luces y sombras





... abril 2015



Permanecí inmóvil bajo el quicio de la puerta, acobardada por los fuertes golpes detrás del pequeño cristal y titubeando sin saber bien qué hacer después de un aletargado silencio. Temblaba al no escuchar respuesta cuando pregunté quién eras; enmudeciste, creo, porque ni tan siquiera tú sabías que hacías allí. Pero después oí tu voz y pensé que no podías ser tú, había pasado mucho tiempo y tal vez el deseo de saberte entorpeciese el recuerdo de tu sonido en mi memoria. Me sorprendió encontrarte hecho un ovillo entre los pliegues de la cortina al abrir la puerta de la calle. Te escondías, ocultabas tu rostro, y yo creo que también tu vergüenza, porque enseguida te sonrojas y bajas la mirada cuando descubres que, sin querer, te has deshecho de tu caparazón. Latía muy fuerte mi corazón, la respiración también se aceleraba a medida que tus pasos avanzaban hacia mí, y yo ya no sabía si tiritaba de frío o, simplemente, imitaba la reacción de una estúpida quinceañera cuando descubre que el chico con el que tantas noches ha soñado aparece en mitad de la noche tocando su puerta.

Eran las seis de la mañana, el vestido con adornos dorados aún caía sobre el respaldo de la silla, junto a las sandalias de tacón y el resto de abalorios. Probablemente escogiste la peor noche del año, probablemente mis ojos permaneciesen aún hinchados después de tanto dolor y tanto llanto, el maquillaje corrido en las mejillas y el pelo revuelto efecto de esa eterna lucha contra la almohada. También, probablemente, esa fuese nuestra última noche juntos. No me importaba el desorden, ni la hora, ni mi aspecto, sólo quebrantar la poca distancia entre tu cuerpo y el mío, verificar que aquello no era otro sueño, era tan real como los rizos que te habían crecido y ahora adornaban tu nuca.

Recuerdo tu olor; es increíble porque hoy, tres meses más tarde, puedo sentirlo sumergido en mi cuello, entre mis muslos, en mi ropa, en el resto de frunces y capas de piel. Nos acomodamos en el sofá, te pregunté por la escayola que cubría tu brazo derecho y enseguida te desvaneciste en mi regazo, te acurrucaste como un niño apoyando tu cabeza en mi pecho, buscando calor, comprensión y también una soledad compartida que te ayudase a entender cómo habías dejado pasar tanto tiempo… Quizás eso era lo que más pesaba en tu conciencia, tal vez –en esa primera noche del año- pusiste en orden tus ideas y llegaste a la conclusión de hilvanar cualquier pespunte suelto en las costuras de tu mollera, pasajes del pasado. Hablamos, recordamos, intenté traducir tu lenguaje, al menos el oral, ya que el corporal estaba mucho más claro. Y aunque no consiguiese esclarecer tu lengua, entendí la coherencia de tus palabras acorde a tus sentimientos y tus actos. Para entonces ya estabas explorando la humedad de mi boca, un poco más tarde te perdías para volver a encontrarte en una concavidad cuanto menos parecida.

Te quedaste dormido como hacen los bebés, muy cerca de mí, otra vez acariciando el calor y acomodando tu escayola en un arco perfecto entre mi pecho y mis caderas, mullido en mi cintura. Y así despertamos. Tu barba, demasiado larga ya, arañando mi mejilla y tu aliento alcoholizado pegado a mi espalda. Hablamos durante largo rato aquella mañana de primero de año; divagamos sobre algo que a mí me preocupó y no supe discurrir en ello tornándolo en algo superfluo y banal (como me arrepiento ahora de eso)… tu flirteo con sustancias alucinógenas, el abuso del lenguaje inexistente, el vicio de esa soledad que te empuja al precipicio. Quise advertirte o lo hice, pero a mi manera, sin que tú llegases a entenderme del todo. Me ofrecí, sin reservas, sin límites o contemplaciones, me ofrecí de manera descarnada, y tú –precisamente- la confundiste con el lado más interesado y libidinoso. 


Te veo ahora dormido, luchando con fantasmas del más allá y tus propios monstruos. Te toco pero tu piel se ha vuelto áspera y dura, apenas creo que puedas sentirme. Te hablo pero no puedo soltarme la lengua porque tu hermano está a mi lado, tampoco sé si puedes oírme y ni te imaginas cómo me gustaría que lo hicieras. Ahora, dos meses más tarde, sé que lo hiciste, mi voz llegó allí, tan lejos donde estuviste, y tu fuerza te trajo de nuevo con nosotros.


Tal vez debería seguir escribiendo la historia, sólo tendría que dejar que nuevos capítulos aconteciesen, pero no estoy segura de querer asomarme de nuevo al abismo.



miércoles, 20 de agosto de 2014

Future Starts Slow


No longing for the moonlight 
No longing for the sun 
No longer will I curse the bad 
I've done If there's a time 
When your feeling's gone
 I wanna feel it




 


lunes, 19 de mayo de 2014

My doubts, success and failure





Desde hoy comienzo a contar los días que faltan; desde hoy empieza la cuenta atrás. Y en esta altura me estoy preguntando si me equivoco, si estoy errando en la decisión tomada, y me desespero porque sé que cualquier determinación hubiese sido cuestionada por unos y otros, una duda para mí misma.

Siempre fui indecisa, insegura, cobarde. Se me va la vida en los próximos diez días, desde ahora… miscelánea… un océano de pensamientos se agolpan en mi memoria, los últimos siete años de mi vida. Lo que acaba y lo que empieza.

Estoy aterrada, por eso me doy media vuelta en la cama y te observo a oscuras, conteniendo la respiración para no alterar tu sueño. Quiero retener ese instante en mi cabeza, guardarte en mi pecho, para cuando te eche de menos. Para cuando en otro punto del país tú te sientas solo en mitad de la madrugada. Y me siento vacía desde ya, o siempre lo estuve, pero ahora soy más consciente de ello, y soledad no es un efecto, es certeza, se puede palpar, incluso cortar con la hoja del cuchillo que ahora forma parte de mi caja de juguetes.

Por favor, dime que todo esto valdrá para algo, que no me equivoco, que no estoy jodiendo tu vida y de paso la mía, que no estoy truncando la historia de final feliz, la que ambos empezamos a escribir cuando aún creía en la realidad de los sueños.



The National - Sea of love


miércoles, 23 de abril de 2014

Despertares





He vuelto a rememorar los días de vino y embriaguez. Los días en los que me revelaba como algo indiferente, violada por la impaciencia de una permuta que no llegaba, follada por cualquier ente de capacidad resolutiva. Evocando la jaula de aquel pájaro añil, coaccionada su holgura, el espejismo sobre el que planeaba la euforia de días incontables. He invocado la psicodélica mujer que me vistió, elogiando los días enajenada por las sustancias que me corrompían. Oh sí, esa bastarda aplaudía cualquier malabarismo, y yo me mecía en la incuria de mi perezosa apatía. Así viví a bocanadas, tejiéndome un traje de alquimia y neón, para no verte más, para no saberme fría, inerte, pausada, oscura, efímera, drogada, inflexible, herida, pusilánime, cautiva…

Así me hallé en la negrura de un sueño, donde no se oían pasos, donde los signos vacilaban entre la salvación y la esclavitud, sacrificio, ingratitud; caprichos obsesivos que anticipan los despertares. Me humedecía los párpados, cosidos con plata de mal agüero. Y desperté siendo yo, vulnerada por el fantasma oculto en la caja de marfil. Pero a solas, con los hombros atrofiados por el peso de un mal sueño.


Azure Blue - Time is in our side

sábado, 8 de marzo de 2014

Fearless





Y sucedió, y se fue. Las estaciones, la climatología, los relojes, tú, el resto, yo... y vino, la música, la risa, un color nuevo, carencia de ser, los trabajos, la sorpresa, privatización sensorial, el nuevo comienzo, la actitud. La vida.


Sucedió y aún no deja de ser una página en blanco. Empezó y fue sucediendo lentamente, poco a poco, ya sabes… “pausadamente –dices- te describe mejor” y eso es lo que quiero.

Y ahora expiaré mis pecados bajo el caño de agua fría, aislar el mundo de Alex en algún lugar de ahí adentro. Veré mi reflejo en el espejo y, mientras unto mis pestañas en rimel, ensayaré un nuevo gesto que rompa ese eterno silencio. Sí, el que queda cuando aparece la larga sombra, la que nunca deja de espiarnos. Para entonces ya me habré enfundado en mis vaqueros, habré olvidado por casualidad el sujetador sobre la cama y habré rodeado mi cuello con algún pañuelo.

Llegaré tarde, como siempre, y tendré que besar a todos, uno por uno, las palabritas de rigor y algún chiste fácil para dejar escapar los nervios, el aleteo de esas polillas empuñadas alrededor del músculo generador. Entonces me buscarás con la mirada, tropezará con la mía y nos eternizaremos en un compendio de imágenes que vuelan a cámara lenta dentro de nuestra cabeza. Me encontraras más tarde, nos perseguiremos durante la noche, hallaremos excusas, fabricaremos coartadas que nos permitan un centímetro más de acercamiento. Y cuando estemos frente a frente, cuando vuelva a sentir que tu perfume me conduce a un viaje remoto sin retorno, cuando la música anuncie el final de la noche, entonces, justo en ese instante, volveremos a empezar.


Sea como fuere, así quiero estar, eso es lo que quiero. Comienza la cuenta atrás. Así es mi vida ahora, vivir sin miedo.



miércoles, 29 de mayo de 2013

I'm in love





Te colocabas el antifaz negro, rojo oscuro, con tu mejor sonrisa, mientras yo me dejaba besar por el camarero del Titanic la primera noche del año. Eras guapo, mucho, probablemente el chico más guapo del local, pero yo jamás me habría fijado en ti, pues siempre me gustaron los feos, convirtiendo sus taras y defectos en algo maravilloso y extraordinario, algo que les hace especiales e irresistibles para mí. Te besabas con una chica preciosa, de infarto, probablemente la chica más preciosa del local. Pero en mi mente encajaba más un perfil homosexual en tu persona, porque cuando nos presentaron te asocié –sin querer- a la loca de pajarita roja a la que ahora gano a los bolos, tal vez porque fue él quién te saludó con más efusividad. Buscaste mi conversación y yo te respondía completamente embriagada por las nuevas sensaciones de la noche, un mundo se abría ante mí, estaba a punto de cambiar mi vida y yo sin saberlo me dejaba mecer por un deseo tullido, algo corrompido, por el paso del tiempo. Dejaba que el color de las luces refulgentes acelerara mi pulso tambaleante a las burbujas de la copa. Bailamos, creo, me hablaste de un sentimiento triste por la lejanía de tu familia, me parece. Y tu flequillo rebelde desapareció en la noche o fui yo, que me fundí con tu amigo y compañero, el del Titanic uniformado. Esa noche no advertí la importancia de tu presencia.

No pensé en ti, no reparé en ningún momento contigo, no se me había pasado por la cabeza volver a encontrarnos. Siempre voy creando una película en mi mente con todas las cadenas de sucesos, como ir encolando cada fotograma hasta que consigues un film de puta madre; es divertido y me ayuda a vivir las cosas una segunda vez, una tercera o quizás muchas veces seguidas. Era extraño, tu nombre salía en muchas conversaciones  sobre el mantel de la mesa entre semana, entonces a mí sólo me venía a la cabeza la imagen de tu pelo revolucionario y todos rodeándote en círculo para reírte la gracia, para aplaudirte en tu baile más estrafalario. No te voy a engañar, sólo había hueco para Jonathan en mis pensamientos, su beso, sus labios y nuestros cuerpos siendo uno en mitad de la pista, el idioma era lo de menos. Fueron curiosos los días en los que pensaba que había sido una triste pero excitada Cenicienta, una princesa rescatada de las mazmorras de un castillo tenebroso solamente por una noche, una en la que todo valía y yo era una persona más fuerte, no tenía miedo a las represalias, luz verde en el camino, diría B. Pero después volvía a ser encarcelada por un verdugo maldito, volvían mis ilusiones a ser sueños de papel quemado, esfumándose todo lo que había conseguido por unas horas noctámbulas.

Unas semanas más tarde un hermoso ángel se apareció en mi celda, abrió una ventana por la que me ayudó a escapar, aunque siempre debía volver, para que el carcelero no me descubriera, así hasta saber cómo romper definitivamente estas cadenas. Ese ángel sisea cerca de mi oreja, me lleva de un sitio, a otro, y me muestra qué mundo hay ahí afuera, qué puedo alcanzar yo, qué no debo perderme. Y el día cambió cuando me compré aquella camiseta naranja de Mickey Mouse, una copa de bienvenida, la música perfecta y tú hablándome pegado al oído para no despistarme.


La carretera uniendo puntos estratégicos con ruido de fondo. Una pequeña Italia donde el aroma se funde sobre la fruta de tus cabellos, donde los pingüinos nos hacen cosquillas hasta reventar las tripas. Tubos en la bolera donde los ombligos al descubierto recogen las babas de tú (también yo) despierto. Nuestros cabellos revueltos en el piso, mechones cortados mientras el té reposa. Y siempre hay una cena que inventar, un menú de tu inteligencia creativa, desayuno en la cama, la ducha sin agua fría resbala en las espaldas enjabonadas, mis camisetas en tu cajón, los ensayos del grupo los lunes por la mañana, la barbacoa y las fiestas post-incineración, música nueva, el cine sin subtítulos, el curry y perder unas partidas al billar. Y las luces de la feria, las bombillas brincando sobre nuestras cabezas mientras el agua se desliza campante bajo nuestras piernas. Un charco, otro charco, orgía en la discoteca, se ha hecho luz y tu cama me está esperando. Compartir tu hierba y caernos de risa con tomates en los ojos. Buscar un trío y acabar enredados en tres lenguas. Devorar la playa en una noche, inyectar la arena con la linterna buscando lo perdido en mitad de una borrachera. También pedalear y pinchar la rueda trasera de tu bicicleta, las tapas y las cuarenta y dos cervezas cuando "la lola" acabó pasando la revisión. Los cumpleaños, el legendario y el mundo naranja, una mosquitera, un festival, tarjetas. El hambre invisible acaricia mi nuca mientras llegas, cruzas el umbral, te espero, me rodeas y ya no puedo distinguir el azul o verde de tus ojos, sólo la suavidad de tu piel aferrada en mi cadera. 


Y ahora ¿qué te digo, amor? he atravesado todas las barreras posibles de tu mano, lo inimaginable son los alicientes que aún me hacen seguir caminando. Otra vez tu cama, la vainilla, la piedra con luz alumbrando mi primera vez, nuestra entrega. ¿Dónde estabas? te digo. Y mientras mis piernas se abren, mis entrañas acarician tu polla que nunca encuentra fin, mis pezones se revelan cuando la perfección de tus colmillos intenta dejar huella. Estamos haciendo el amor. No me voy, me quedo, porque tus sábanas y tu mundo es el único lugar en el que siempre quiero vivir. Porque ya conoces mi universo, no quieras perderte en el pasado que me encerró, ya no hay carcelero, solos tú y yo, y si no…, si no, siempre nos quedará Sudáfrica. 



sábado, 23 de febrero de 2013

El vuelo del Fénix






A la tercera no va la vencida si te quedas en la segunda. Te volatilizas y el hilo queda suspendido en el aire, balanceándose, y el cordón umbilical cesa en su oficio y la nada gana el terreno ofrecido unas horas antes. La estupidez humana supera cualquier ficción planificada, ningún guión adaptado podría transcribir los errores y virtudes de tu memoria. Y yo te escribo sola, ya ves, aunque ahora no sirva de nada.

Imagino un collage que se hace rompecabezas dentro de mi mente, una época dorada donde empezábamos a encaminar nuestros pasos hacia una expectativa sujeta entre pinzas, pero entonces no era demasiado complicado jugar a construir futuros mejores, aunque sólo fuesen de cartón, inquietudes prosperadas entre tazas de café y la cola deshecha en agua. Mientras, nos preguntábamos dónde estaríamos dentro de diez años. ¿Dónde estás? ojalá pudieras responderme y decirme que ahí está todo bien, que es mejor o peor que aquí, que a veces la opresión se agarra a mi cuello envolviéndolo en una bolsa de aire caliente. Pero no me engaño, querida amiga, sé que sólo existe el humo que se niega a desaparecer del todo, y quizás, sólo tal vez, la hebilla del cinturón ardiendo sobre el precipicio de tu cintura.

Qué día es hoy… se me olvidó tu palidez, los huesos atrofiados y el morado que sombreaba tus ojos aquella última vez. Y he recordado tu voz, he deslizado el pulgar en la pantalla del móvil esperando una llamada o una respuesta. Ahora sé que no estoy loca… tú, puta infanticida, me has recordado a todos mis muertos. Encontrar –como un tesoro- el regalo de Reyes de mi padre siete días después de su fallecimiento. Una carta de pedida en las páginas de un libro olvidado, una pulsera de la que me aprendí de memoria sus cuentas. Y ahora tú, qué me vas a traer, aparte del cuervo negro postrado ante mi cabeza. Si supiese a ciencia cierta que detestabas jugar, habría movido ficha aún sin esperar el resultado del dado.


Salí a pasear ayer por la tarde, bueno, más bien a enterrar mis pies en arena, me alcanzó la lluvia que mareaba con su fuerza el romper del oleaje y, de alguna forma, sentí que había un resquicio de renovación en todo lo que estaba aconteciendo. Había otras pisadas que se escondían tras las mías, y de vez en cuando me tropezaba con otra mirada… de perro o de persona, no lo sé. A ninguno nos importó mojarnos, más bien nos sentíamos parte de la lluvia, como si fuese ese el único ropaje que se adecuara a nuestra figura. Recordé al chico hardcore, su tiempo, su página en blanco, la incoherencia, la obligación o el deber. Sentirse cómodo en los funerales, eso me convierte en alguien menos raro, he pensado. Y de repente me entraron unas ganas enormes de llegar a casa, quitarme el peso de la ropa empapada y secar mi cuerpo. Escuchar a los sabios y decidir quedarme, sí, quedarme porque ahora sé que nunca podrá haber dos estúpidas iguales.


God is an astronaut - Post Mortem

lunes, 4 de febrero de 2013

The Cojonudo's Blog Award






Mi querida Nuria, a pesar de andar medio desconectada, medio gilipollas perdía desde hace dos semanas, he leído tu post Cojonudo y tremenda ilusión y sorpresa me he llevado al ver que me otorgas un premio. Aún estoy que no me lo creo. La verdad es que no me van esos textos de nominaciones o galardones, en los que tienes que contestar preguntas tipo test y continuar como una especie de cadena. Pero reconozco que en esta ocasión sí me ha ilusionado la idea de continuar con el detalle que has tenido conmigo, me parece divertido y también una buena forma de seguir conociendo otros blogs.

Agradecerte... bueno, simplemente me pareces de lo más auténtico que hay por aquí. Que desde el comienzo me enganché a leerte porque me recordabas partes de mi vida y, en alguna ocasión, mis determinaciones y actitudes. He tenido sorpresas y decepciones en el mundo blogger, está claro que tú perteneces al primer grupo. Gracias.

Sé que no pueden estar todos, y que no voy a incluir a los blogs que tú ya has mencionado. Así que pondré otros cinco, que muchos hay para incluir en mis lista también. Vamos:

The Cojonudo´s Blog Awar se otorga a los blog más cojonudos, con el propósito de conocer otros blogs cojonudos, creando una increíble red de Blogs Cojonudos.

Para ser cojonudo, cojonudo se deben cumplir una serie de normas cojonudas:
 
1- Colocar en tu blog la imagen de la Medalla “The Cojonudo´s Blog Award”
2-  Agradecer al blog cojonudo que te nominó.
3- Contestar cojonudamente cinco preguntas (cojonudas).
4- Premiar a cinco Blog súper cojonudos.

Preguntas:

1. Libro más cojonudo que he leído: "Crónica de una muerte anunciada" de García Márquez. Uhm no es de los mejores, de los más divertidos o de los que te dejen pensando, pero es la primera novela que leí cuando aún era pequeña y creo que le tengo un trato especial. Además fue el libro que me influenció o alimentó aún más mi gusto por la lectura. 

2. Película más cojonuda que he visto:  hay tantas... pero como el libro, siempre hay una que le tienes más cariño que a otra, por circunstacías que poco tienen que ver con la peli.  Voy a decir  una de mi cineasta favorito "Mulholland Drive" de David Lynch.

3. La canción más cojonuda que has escuchado:  "You're Early" de 2:54 por su significado, por el momento, más que pos su música.

4. Lo más cojonudo que he hecho en la vida. ¡joder! diría que nada... bueno, aceptar y asumir, es lo único que me ha servido en la vida para algo positivo.

5. Animal cojonudo en el que me reencarnaría: delfín o koala, por ese orden.

Cinco blogs cojonudos:

1. La Monstruación. Lo que tiene seguir los blogs que enlazan otros que viisitas con frecuencia es que encuentres joyas como las que escribe Cabrónidas, aunque actualice poco lo hace con autenticidad.

2. Segundas oportunidades. Fue de los primeros blogs que empecé a leer cuando abrí el mío propio. Lo que más me gusta de hiro es la diversidad que muestra en los textos. Te puede escribir la crónica de un concierto, hablar sobre una operación, una entrevista de trabajo, una reunión familiar que a mi tanto me recuerdan a las pelis de Allen. Y siempre, siempre, me descubre cosas desconocidad que me dejan enganchadas. Joder, lo que la eché de menos cuando su hermana descubrió el blog que tuvo que cerrar...

3. Donde el olvido. Mi paisano Juan Antonio tiene un gusto exquisito para elegir la imagen perfecta que acompañe al texto. Letras que, sin duda, me han inspirado en más de una ocasión.

4. Luz y Penumbra. Las poesías de la reina de las metáforas son más que versos revolucionarios, es otro espejo en el que mirarme.

5. Plástica en el Chaparil. No tiene nada que ver con los otros blogs que leo, pero este blog educativo empezó siendo una forma de seguir la pista a alguien y se ha convertido en otra fuente de inspiración. No sólo soy admiradora del trabajo que realizan algunos docentes, también de la evolución de los alumnos y las ideas tan brillantes que hay tras ellos. Además, las reflexiones sociales-políticas de Manuel Fernández siempre son otro punto de reflexión para mí misma.

En serio, ¿no se pueden poner más?

Pd. Os leo a todos, pero a ratitos, aunque no deje comentarios o conteste correos. Necesito estar desconectada.

viernes, 1 de febrero de 2013

Post Scriptum: soñar es gratis






No se nada, por supuesto que no se nada, ¿cómo iba a saberlo? si cada día el mundo se vuelve más loco y yo voy sumando un par de horas más, unas cuantas arrugas más; y sin embargo, por dentro, todo sigue intacto.

Quería un día especial, a pesar de lo agnóstico, porque siempre me siento ambigua, también como tu Mr. Hyde, pero a lo mejor más lejos de lo oscuro, más cerca cada vez de la luz y todo ese rollo de armonía espiritual  Pero los días especiales aún no están disponibles para mí, aún no he conseguido resolver los entresijos -eso parece- y están tan prohibidos como los besos robados de madrugada.

Me asusta que la gente hable de suicidio, me entristece que la gente manche cuadernos con tinta desconocida, que la frivolidad florezca y conviertan en banalidades la pena que otro arrastra. Que nadie se de por aludido, por favor, porque estoy cansada de tanta acotación. Todo lo que leo fuera del mundo blogger, el cine, la traducción de las canciones que escarpan siempre más allá de., esa lámina protegida por un plástico, una capa de barniz, un cristal, disfrazan la palabra suicidio.

**

Su voz se entrecortaba, se perdía el hilo que la suspendía como alejándose en el tiempo. Pero, curiosamente, en el tono apaciguado y tremendamente triste, había un punto de resignación. "Ven, mi hija se ha cortado las venas". Y cuando cuelgo el teléfono todo se vuelve amarillo y sólo recuerdo el impacto contra la mesa del salón. ¿Se habría sentido ella igual aquella noche de hace dos años?. Nunca volvimos a hablar del tema, no me interesaba su opinión, o como dice la loquera, puse una capa encima de otra para olvidar, pero es cierto que las cosas enterradas casi en la superficie al final acaban saliendo tarde o temprano. Ha perdido mucho peso, mucho, un saco de huesos con ojos morados y la piel más blanca que he visto en mi vida. No le pregunto qué hizo, por qué lo hizo, sólo que está horrorosa y que ha fastidiado el día de mi cumpleaños, que vaya pensando la manera en la que compensarme por todo ello. Ella me habla de las dificultades para cortarse las venas, que no tenía cojones y la cuchilla se le resbalaba de las manos. Que no sabía si hacerlo en la bañera, en su habitación, en el piso de su ex. Y que, por supuesto, no es tan fácil como te lo pintan en las películas, en las pantallas del cine. Que la hoja de la cuchilla quema, se atranca, y al principio la sangre no brota, pero después te entra mucho sueño. Que no vio ninguna luz, nada de polladas, dice ella.


**

Ni sabía, ni esperaba nada.

Solamente me dio tiempo a una ducha rápida para deshacerme del olor a hospital adherida a todas mis pieles. Mi jefa me llamó con un ataque de ansiedad, es mi día libre pero me pide que me vaya con sus hijos hasta que ella llegue de la ciudad. No le sale cuatro palabras juntas entre tanto llanto. "Lo de siempre, sólo sabe hacerme daño, necesito a alguien que me quiera y que se movilice por mí". Me cago en los clavos de Cristo, su ida de olla es más grave de lo que yo pensaba.

Cuando llego a casa procuro no abrir la puerta con mi juego de llaves. Él preparando la cena, la gata enroscada en el sillón con uno de los niños, y el otro acabando sus deberes en la habitación. Había un rico olor a hogar, y no era exclusivo de la sopa de fideos, también era la luz y la temperatura, muy cálidas. Se sienta y me mira mientras suspira hondamente. Lo sabe, sabe que ella ha perdido todos los papeles, que ya no tiene excusa, y sin embargo me manda allí, con él... "Un puto papel, un puto informe médico y todo tirado por tierra". Le escucho, saco dos cervezas del frigorífico, le ofrezco una y él pone un cigarrillo en mis labios, pero yo no fumo. Sigo escuchando su tormenta, intento recomponer los trozos fragmentados. Dos cervezas más, otras dos, dos más, otras dos, y otra, y otra... Los niños se han ido a la cama, nuestra cena se queda fría sobre la mesa, nos dejamos caer en el suelo de la cocina resbalando apoyados en la pared. La gata se frota con nuestras rodillas juntandonos de pelusa blanca el pantalón. Inclina su cabeza buscando mis labios y su boca se estrella en mi cuello, en la cremallera de mi jersey. Hay un instante de debilidad, si cierro los ojos... quizás... tal vez pueda verlo, pueda sentirlo a él, pero no. Por mucho que desee unos labios y ser besada no es él a quién amo.

Por qué complicamos las cosas, por qué asume un derecho que no es suyo, por qué la libertad sólo existe en la palabra que se escribe. Por qué la debilidad me convierte en su presa, por qué no te cruzaste antes en mi camino. Como siempre, yo no tengo sus respuestas, ni siquiera las mías propias, en realidad no sé, no espero nada. "Siento estropearte la noche" y mi noche era mañana. Entonces le hablé de él, de mis prioridades, de mis cambios de humor y mis desvarios de niña caprichosa.

**

Quería un día especial y algunas personas lo hicieron posible. Mi cuñada me prepara una fiesta que consta de dos partes: un almuerzo con mi familia con una entrega de regalos sin precedentes, mera formalidad que hace que vuelva a revivir parte de mi infancia. Y una reunión de amigos el sábado por la noche, una reunión con muchos chicos guapos que están deseando bailar conmigo.

Una amiga a la que hace tiempo que no veo me invita a cenar, y de repente el clásico de la Copa del Rey llega a nuestra mesa, mientras la tuna me regala el oído. Qué romántico...

Mensajes fríos, impersonales... "pásalo bien" "aprovecha este día" "disfruta", etc. ¿En serio? por favor, de donde se han sacado esas plantillas?. Pensé que un día así algo podía ser distinto, aunque mi comportamiento unos días antes hubiese sido reprochable, era mi día, como entonces fue el tuyo.

Pero de repente llega alguien, una persona a la que un día, hace mucho tiempo, le dijiste que día era hoy, y va y se acuerda. Y te llena de palabras bonitas que no sólo se quedan en palabras, y te regala una tarta poco convencional mientras pone en marcha el reproductor de música. Y te habla de todo lo creativo, de la familia, del amor, de la amistad, de la soledad compartida. Y tú, por una vez, te sientes especial.

Gracias.




Ps. me dijeron que soñar es gratis, y por eso me colaba yo en almohadas ajenas. Yo continuo preguntándome cuando se va a terminar todo esto, mientras el chico hardcore sigue sin actualizar.


Red hot chili peppers - Under the bridge

jueves, 24 de enero de 2013

El fenómeno del éxtasis ( II )






Hay algo que interrumpe la melancolía de la gayola y la dureza de los barrotes; en los telones mustios destaca una colección surrealista, pinturas impresionistas, mensajes codificados en rancias frases de autoayuda con ciertas pinceladas de Ferenczi y Freud. Pero realmente lo que a mí me mantiene fascinada es la actitud de algunas estatuas –sin precedentes-, las contracciones, su éxtasis erótico.

[Mi perverso y excéntrico Dalí]


No dura demasiado el embelesamiento, cuando recuerdo el póster en la Oficina de Orientación Laboral. No, por favor, no hagas que me conoces, no me hables de lo maravillosa que soy, de mi inteligencia, mi capacidad de absorción o mis oportunidades mal aprovechadas por la falta de cordura y la huella del inexistente raciocinio. No quiero ser un número más en una estadística interminable. Está bien, pondremos de nuevo en marcha el mecanismo de la máquina recientemente engrasada, despedazar los fenómenos del ánimo y diseccionar el resto, las partículas excedidas. De modo que tu conflicto psíquico puede quedar resuelto en tan sólo una sesión. 
  

Qué hay de tu trabajo ¿te sientes realizada? Qué cojones es eso “realizada” qué significa sentirse realizada ¿no ser una inútil?. Por qué, entonces, las señoras y señoritas que limpian el baño de casa, hacen la comida y planchan la ropa de sus esposos y mocosos no se sienten realizadas, con lo útil que es eso, sobre todo para ellos. Ahora que recuerdo, tenía yo una ex-compañera de trabajo en la capital que se sentía muy realizada poniendo una aceituna en cada bandeja del catering de Iberia, pero me dejaba a mí la tarea de clasificar archivos de otros años porque el trabajo no la satisfacía. Qué habrá sido de esa hipocondríaca… Por cierto, cómo detesto que la gente escriba sobre todo junto (sobretodo) ¿acaso no saben que un sobretodo es una prenda de vestir?


Y tu trabajo… ah sí, mi trabajo se puede decir que no es un trabajo, bueno, quiero decir existe una tarea remunerada sí, pero como es placer pues injustamente no lo denomino trabajo. Adoro a los críos, los besos acunados por las tardes, los ojos brillantes después de haber entendido mi explicación. No se imaginan que en realidad son ellos los que me están ayudando y enseñando a mí. Ayer, sin ir más lejos, me enseñaron a bailar salsa. El mensaje la tarde anterior, que me echaban de menos, querían tenerme allí, buf, me llegó al alma. Adoro esa casa, las luces naranjas de la lamparita pequeña, la butaca secuestrada por Aras, por cierto ya somos muy amigas. Adoro el mar tras la pantalla del ordenador, doblar la ropa para ahorrarles trabajo o encender la estufa para calentarles la casa cuando él está a punto de llegar del trabajo.


Nunca me hablas de él… lo sé, él es mi jefe. Pero es de esas personas que siempre, siempre, han estado ahí, formando parte de tu vida de alguna u otra manera. Y sin embargo jamás le prestaste atención. Verás, recuerdo algunas veces cuando llegaba a casa, acompañando a mi hermano mayor, y mi madre me hablaba de lo apañao que era, de la suerte que tendría la afortunada mujer que lo desposara. Pero entonces eran otros los grillos que brincaban en mi cabeza. Nuestras conversaciones cada vez son más intensas, más intimas, y prolongamos las tardes de trabajo hasta el fin de semana. En realidad lo mío siempre fue escuchar a la gente. Me habla de los problemas de pareja, como se desmorona lo insostenible y además de la pelea diaria con la rutina, una lucha interna contra sus propios demonios. Me preguntó si yo creía en el destino, y le contesté que sí, pero que a veces me olvidaba de que existía. Me dijo que a él le pasaba un poco igual, pero que desde que yo llegué he completado algo que le faltaba, algo que había olvidado y que gracias por todas las sonrisas antes de irse a la cama. Pero tú no estás cómoda. No es eso, es que yo en las distancias cortas me quedo bloqueada. Cuando me dice que le gustaría conocer a alguien como yo, alguien que valora todo lo que él hace mientras me aparta el pelo de la cara, no se qué decir. Cuando me dice lo dulce que soy y que le encanta encontrarme con mi libro en el sillón cuando llega a casa, no se cómo reaccionar. Qué hago, cuando me dice que le encanta como soy 7 que nunca intentaría cambiar nada de mí. A veces tengo la impresión de estar jugando a las casitas, igual que cuando era pequeña. Pero ahora con una casa de verdad, un hombre real y unos niños que no son míos.


Tu estado anímico es una alarma y tienes que aprender a descifrar y clasificar sus llamadas. Oh sí, ya lo creo. La otra noche, estaba yo contestando un sms a mi jefe, ya en la cama, claro; cuando me llamó el oscurito del alma. ¡Menuda sorpresa! aún no se bien qué ocurrió, yo estaba un poco aturdida y desbocada por los dos vinos que me había tomado y él estaba como… acelerado. Esos vinos pendientes, sin embargo tan incompatibles con mi puta locura. No podíamos dejar de reír y hablábamos y hablábamos hasta que ambos agotamos el saldo. La noche era perfecta, allí nevaba y aquí llovía, viento, oscuridad alienada a las inclemencias del tiempo, nuestro escenario favorito, además del arco de la M30 o las máquinas veloces bajo tierra. Había algo extraño, era como si todo y nada hubiese cambiado a la vez, como si su lengua aún abrazase mi clítoris y mis piernas rodearan su cuerpo. Su voz traviesa, la suavidad de los labios acariciando el cilindro del porro -sí, te oí fumar- mientras divagamos de locuras compartidas y comportamientos excéntricos. "Qué pasa contigo" me dice. Joder, ni siquiera yo misma lo sé. Pero le hablé de él, de la relación de ida/venida, que es diferente y que me encanta. Menos mal que consumimos la tarjeta de prepago, pues ya estaban nuestras nalgas en alza dispuestas a ser azotadas y sodomizadas.


Háblame de todos los intentos por integrarte, de tu manía antisocial. Digamos que estoy en P.A. (progresando adecuadamente). Tengo un par de conocidas con las que intercambio más de cuatro frases seguidas, en el cole, mientras espero que los niños salgan del comedor. Pero ya sabes, todo en plan maruja y cotilleo sobre rollos maritales. Ahh!! también me he unido al grupo de mi cuñada para jugar todos los jueves a los bolos. Lo cual es algo contraproducente, es que Nick también está en el mismo grupo, y bueno… he cometido tantas estupideces. Creo que la última vez hablaste con él y todo quedó muy claro. Sí, eso fue antes de dejarle que metiese su lengua hasta mi campanilla. Verás, es que el sábado salí con mi hermano y mi cuñada, y al final nos juntamos todos con el grupo de la bolera y otros acoplados más. A Nick le encanta bailar pegadito a mi trasero, y a mí me vuelve loca una mano en mi cintura. Dejé que me besara y que me mordiese el cuello. Pero es que no fue el único que me besó… Pero estás completamente desatada! Joder,  pero es que el segundo fue un poco error. Verás, yo estaba en la cola esperando entrar al baño –unisex, puajggg- cuando se abre la puerta y sale Pol. Sin mediar palabra tiró de mi brazo haciéndome entrar en el aseo y cerrando la puerta tras de mí me empujó contra los azulejos y me morreó durante un buen rato. ¿Así sin más? algo le dirías. No, yo no, fue él quien me dijo a mí “te lo debía, te lo has ganado”.

Estoy algo descentrada, lo sé. Sólo pienso en esta sesión dominada por el papel que han jugado los hombres en mi vida. Mis únicas dos parejas fueron unos hijos de puta conmigo, el tercer intento de relación me hizo la putada de morirse antes de tiempo, y el cuarto… es demasiado bueno para ser verdad, demasiado bueno para mí, ya no le pertenezco. El otro día leía un post que hablaba de un hombre que después de un polvo, le pedía a la chica que le dejase solo. Y yo pensé en voz alta -muy sorprendida- que si era cierto que existían hombres que se quedaran, porque entonces creo que yo he tenido muy mala suerte con los hombres de mi vida, pues ninguno se quedó. Lo cual me hizo pensar en que tal vez debería hacerme lesbiana, porque ahora que lo recuerdo nadie me ha comido el coño como lo hizo una mujer. Disculpa la ordinariez, ya llevo mucho tiempo hablando.

Pero no puedo, me gustan los hombres, sobre todo ese chico hardcore que bebe cerveza pero le encanta el vino caro. Me tiene desconcertada… tiene una mezcla rara de thrash y Crepúsculo, oye, un chico intrigante que ha estimulado mi memoria musical. Ays espero que éste no borre a Irene de su nube de conceptos.


Eres consciente de que tienes un problema ¿verdad? Oh, ya lo creo, uno sólo no, muchos. Pero mientras las musas de Dalí sean las que delimitan la realidad de la ficción yo viviré tranquila. Y ahora espera, que voy a cortarme un rato las venas y vuelvo enseguida.



Anthrax - Antisocial

sábado, 19 de enero de 2013

El fenómeno del éxtasis ( I )







Habría que fustigar a quién se le ocurrió pintar de gris quieromorirasfixiadaenunbukakke las paredes de mi jaula terapéutica. Me gusta el blanco y el negro, me gusta la mezcla de ambos, una luminosidad media que me define, como siempre, en medio de todo, cerca y lejos de nada. Siendo objetiva -si es que aún puedo serlo- no puedes pintar las paredes de la loquera con el color de las nubes que están a punto de derramarse, el mismo color de las calcetas sudadas de CR7, el color de las densidades grumosas que se van formando sobre tu cabeza, el color de la ceniza que, también, son los cadáveres de ancestros calcinados, el color de la pena, la nostalgia, la puta melancolía y la tristeza. La gente se hunde, joder, la gente no se anima, ni resuelve sus problemas mirando el gris, ahí, de frente, sino que se revuelca en su miseria. Pero yo soy yo –zorra fría, puta desquiciada- me siento cómoda entre el plomizo y lo sombrío, hace que el ambiente resulte agradable. Por eso me relajo sobre la piel del diván, encontrando placer en los cuadrados y en los caramelos mulliditos, y me abro tanto que comienzo a ser enteramente manejable.


Qué hay del alma errante, ¿aún se presenta en tu habitación de madrugada?. No, ya no. Encontró una isla en la que anclar su nave. Una putilla poligonera disfrazada de gotika a lo Marilyn Manson, pero debajo del piercing y las uñas negras –aparte de mierda carroñera- hay más de Choni escuchando rap, hip y hop, tri, tra, tru (todos esos monosílabos sólo aptos para simios) que otra cosa. Bah, ni siquiera era holandés, no era más que un escritor frustrado y licenciado en culturilla de solapa. Además, ya no molaba, se pasaba horas hablando de cómo cambiar el mundo, de sus ideas de anarquías y sus náuseas por todo lo políticamente correcto, divino y tradicional. Pero luego, el hijoputa, colocaba regalos bajo el árbol de Navidad, compraba sus pijotadas de iTunes y iPollas y hasta metió su papeleta en las urnas el día que proclamaba que no fuésemos a votar. Oh, Dios, que hubo de aquellos tiempos en los que reivindicaba la lucha en las calles, aceras ensangrentadas, políticos mutilados, palo en mano, tiro de piedra.


Cómo es eso, tienes que comunicarte, necesitas hablar con tu círculo cercano. No puedes quedarte sin amigos porque necesitas abrirte, exponer tu dolor, tu preocupación. Bueno… está mi amiga Bea, pero no se si es un buen apoyo, ni siquiera sé si es buena para mí salud física y mental. Está un poco loca, y no hablo de una locura diagnosticada. Hablo de una locura derivada de esa mierda que se mete por la nariz. Primero me dejó conducir su coche, una noche madrileña en la que habíamos cerrado bares y consumido porquería, yo me desquitaba de un rechazo, ella jugaba a ser una heroína sin traje y sin capa. Pero ¡si tú no sabes conducir! Ah claro, por eso estampé el vehículo en una farola, pero no pasó nada, excepto que al día siguiente la resaca me hizo ingerir aquél bote de pastillas. Luego la que estrelló el coche en la autovía del sur fue ella, pero la culpa fue del agua, que mojó la carretera. Aún no me había recuperado del esguince, las suturas y las cicatrices, cuando me hacen un lavado de estómago propiciado por otra de sus locuras. Ah, y recuerdo que antes de todo esto me llevó a una casa muy rara donde volaba toda clase de drogas y se celebraban orgías. Menudo susto me llevé cuando desperté en una cama con cuatro tías y las sábanas llenas de sangre. No, a mí no me ocurrió nada, ni hice nada extraño, creo… Bah, de todas formas ya no me habla. Me culpa de sus infidelidades, ahora que ha dejado a su marido el amante la ha dejado a ella. Cree que yo debí mediar, pero la verdad, no se en qué.


Ya veo… y tu amigo ¿imaginario? Pienso en el constantemente, pero nunca llegaremos a encajar. La otra noche hice una estupidez, le dije que quería ser su puta esa noche y él me rechazó por segunda vez. La primera vez que lo hizo lo entendí un tiempo después, se estaba corriendo con otra tía. Y ahora que han pasado los días también entiendo el segundo rechazo –bueno, no hay más que verme, soy una deforme incapaz de despertar deseo en ningún hombre- estaba herido su orgullo de macho alfa. Verás, la tía con la que se corría está siendo cortejada por otro príncipe y eso a él lo tiene desanimado, porque claro, están cayendo en desuso sus tretas de Don Juan, ella lo tiene medio ignorado. A ver, si yo lo entiendo, de verdad que sí. Los celos abreviaron su apetencia sexual. Por otro lado, yo le dije que no podíamos continuar con ese otro tipo de relación, pero me envió un mensaje la tarde que fui al cine, y aquella noche nos corrimos como animales después de detonar todos nuestros roles. En realidad yo sólo quería acabar el día animándonos un poco, pero empezó hablándome de la tía con la que se corría, de sus graves problemas. Y los míos quedaron reducidos a mierda de gato; claro, yo no voy a ser desahuciada, no me han echado del trabajo, no paso hambre, no tengo hipoteca ni niños. Sólo se ha mudado a mi calle el hombre que me maltrató durante años. Pero, y si aún vive con él, y si hablar de madrugada bajo las sábanas, no coger siempre el móvil o haber aplazado tantas veces un encuentro es porque aún convive con él. Sí, pudo haberla amenazado con matar a ella y a su familia, con colgar todos los vídeos eróticos en internet, con ir a un programa de la televisión y mostrar sus secretos y sus vergüenzas. Quizás por eso aún le tiene miedo. Pero eso es chantaje! Bah, no me hagas caso. Estoy furiosa porque me rechazó de nuevo, y la furia me hace decir estupideces sin sentido, ni un ápice de credibilidad. Lo echo de menos y cada día sueño con un mundo mejor para él, joderme a mí misma es más que suficiente. Él no, no permitiré que nada le haga daño. La distancia, el tiempo, la rutina, el amor, el amor, el amor…


Ya veo, tomemos un respiro, ten, esto te ayudará un poco



S.O.D - Raise your sword

sábado, 12 de enero de 2013

Veinte poemas desesperados y una carta de despedida






No te gustaba leer pero sí te gustaba que yo te leyera un fragmento de un libro escogido al azar. Decías que mi acento cambiaba cuando pronunciaba ciertas palabras, que mi voz era otra, y a ti te recordaba a los veranos que pasabas en la casa del pueblo. Todos vuestros primos alrededor del árbol del jardín mientras la abuela os contaba historias con finales felices. Eras capaz de reírte cuando imitaba un personaje de Boris Vian, entonces me parecías el loco más delicioso y extravagante del mundo. Intenté inculcarte el amor por la lectura, que vieras que abrir una página y leer un capítulo era como aventurarse en un mundo desconocido en el que puedes encontrar un sinfín de maravillas. Que dentro de los libros todo es posible, hasta lo que tu mente nunca puede alcanzar imaginar. Pero seguiste prefiriendo mi voz a ratitos, lo único capaz de hacerte soñar, decías.

Posiblemente uno de tus últimos regalos fuese “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. No entendía si era un desafío o qué, pues cuando empezamos a conocernos, hablando de literatura, te comenté que no me gustaba la poesía, que mi mente no era culta o tan privilegiada para entender tanta metáfora refinada. Precisamente Neruda estaba en mi lista negra, le había tomado manía unos años antes, cuando su nombre y su simbología aparecían hasta en el papel de las chocolatinas. Nunca entenderé por qué se explota tanto a un determinado poeta o escritor, si ya está muerto; la obra –que fue mierda pura en vida- es elogiada (sobrevalorada) una vez el artista ha muerto. Por lo que volví a envolver el libro en el papel de regalo y lo dejé en la estantería de mi antigua habitación.

Nunca tuve tiempo de leerte un fragmento elegido al azar de Neruda, cada vez nos veíamos menos y yo evitaba los momentos románticos acudiendo con otros amigos a nuestras citas. Pasaba el plumero por encima del libro y pensaba “qué estúpido eres, eres incapaz de recordar mis gustos”. Cuando moriste, quizás unas semanas más tarde, guardé el libro en una caja, en otra casa, donde aún quedan vestigios de otra tormentosa relación. Ayer estuve embalando algunos de esos recuerdos; por petición del propio dueño he apilado mucho más que libros entre las paredes de cartón. Estaba en plena faena cuando, en el fondo de una caja, he encontrado tu regalo. Me invadió una extraña ternura al verlo, recordando el momento en el que me lo diste, el azulito de tus ojos brillaban de ilusión y seguramente yo fui una mala actriz al intentar disimular -torpemente- mi decepción. Me he sentado en las escaleras del patio y me he puesto a ojear las páginas, salpicando poemas, mientras dejaba mi pelo mojado secarse al sol. Y entre una de las páginas he encontrado tu carta. ¿Cómo no pude verlas antes?

Me contabas algo que yo ya sabía, seguías en tu empeño, el de poner la luna a mis pies, pero tus letras parecían lanzar una especie de ultimátum. Disfrazaste de nuevo tu petición pero en esta ocasión escogiste unas preciosas letras para escribirme una poesía… a mí… Irene la fría, la que nunca lloraba, la que nunca dijo te quiero o te amo, la que miraba hacia otro lado cuando me cedías todo lo mejor de ti. No he llorado, después de seis días desbordándome se quedaron secos los ojos. Me he enfadado, mucho, conmigo, con lo que tengo dentro que está medio podrido, con toda la mierda que flota en mi cabeza. Porque no se qué demonios anda mal ahí, ni dónde está el problema. Pero sé que hay algo que no funciona. Era mi primera oportunidad de ser feliz, de tener una casa, un trabajo, de volver a la ciudad, de compartir las cosas que consideraba importantes con, posiblemente, la única persona que me amó de verdad. Y yo sólo huía sin entender nada, porque no te gustaba leer, nuestros grupos musicales no eran los mismos, en mi cartera sólo había calderilla y tus camisas olían a perfume del caro. No estaba enamorada de ti pero… cómo iba a saber que no estaba enamorada, si nunca conocí el amor.

Estos días están siendo extraños, puede que sea la falta de sueño que hace que vea las cosas de forma distinta, distorsionadas, como dice alguien en un comentario un poco más abajo. En sólo dos semanas vuelven a entrar en mi vida mis dos relaciones, y yo siento que todo está exactamente igual que entonces. Que no he avanzado en nada y lo de afuera me supera. Y que mi único lugar seguro ya no existe. Mi único empeño consiste en joderme a mí misma y a los demás, y no hay forma de saber por qué lo hago. Nunca me he arrepentido de nada, de nada de lo que he hecho en el pasado (sólo del daño inconsciente hacia los demás), a pesar de los tremendos errores que me han llevado a estar donde estoy. Pero ayer me arrepentí de no haber abierto ese libro a tiempo, porque quizás hubiera podido cambiar el giro inesperado; tú estarías aquí y yo, quizás, sería feliz.


Twilight Sleep - Architect


martes, 8 de enero de 2013

Nº 7







Ves cosas y dices,"¿Por qué?" Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, "¿Por qué no?".