sábado, 21 de abril de 2012

Some day... in 2032






En días vehementes, camuflada por un lema futurista, lascivo y romántico, de Angel Schlesser… reflexionaba y consideraba lo permisible y lo inaceptable, teorizaba los antojos inconcebibles o simplemente indescriptibles, todo lo que me invade o atormenta desde que empecé a volar. Sintetizaba los rasgos innatos preguntándome por la perturbación de mis desordenadas filias. Qué sería eso que se escondía en mí, qué reflejaba yo ante los demás para parecer tan extravagante e incomprensible, incluso ya para mí misma. Ninguna conclusión me satisfacía, en ninguna de ellas encontré respuestas. Qué ridícula, pues atribuí la carencia de revelaciones a la mutilación del verano entre julio y agosto, como si la calina pudiese exprimir los jugos del cerebro. Entonces llegó el experto en diseños, peritaje y cimientos, con su perfecta seguridad y esa frustrada vocación de psicología. Nos exhibíamos cada noche delante de una botella de vodka y unas cuantas caladas de algo mágico y contundente. A veces sólo seguía el movimiento de sus labios, y es que los sonidos me llegaban a cámara lenta y un tanto dispersos, como distorsionados, no más que nosotros dos, que nos evaporábamos entre humo y ruido blanco. Tenía un plan -eso decía él- que consistía en desprenderme, cada noche, de una parte de mi naturaleza. Prescindir, una a una, de todas las capas que me protegían y tapizaban, que me hacían ser yo. Renunciar a cada parte de mí no era fácil, pues no sabía ser de otro modo y cada noche me sentía más desnuda y vulnerable. Deconstruirte para llegar al centro y aprenderte a ti misma. Eso hice, desvestirme y deshacerme en pequeños fragmentos que yo creía irrecuperables. Cuando ya no hubo envoltura que me cubriera, cuando me descubrí de todas las máscaras, un pánico anónimo se apropió de mí, me asusté de lo que se reveló ante mí. Sólo quería volver a vestirme y tapar toda mi vergüenza, ocultar y disimular aquel engendro construyendo láminas de acero a su alrededor. Hacerlo dormir hasta que por fin desapareciese. 


El experto en planos y trazados que delineó el mapa de aristas y curvas, pretendió diseñar un prodigio de quimera, pero sólo consiguió proyectar a una efímera Irene.




Marina and The Diamonds - I am not a robot

miércoles, 18 de abril de 2012

Inside









Demasiado tiempo en la aceptación, demasiado tiempo divagando entre preguntas, respuestas, afirmación y negación. Un limbo inconstante que arrastra y quema, extenúa y arrebata el único ropaje que me protege. Tan cansada de caer y volver a levantarme. No quiero lápidas ni sepulturas. No quiero paredes ni huecos de hormigón. Sólo quiero ser del aire, ser del agua o simplemente ceniza.


Lo entiendo, no soy una simple espectadora ante el declive de todo lo que nos rodea, participo en el ambiente enrarecido, en la indiferencia y en la enajenación colectiva. Créeme si te digo que con la estaca y las esquirlas pétreas (tú) disputo la gran batalla, percibiendo el olor a sangre, el hedor a muerte. Porque huelo el miedo y la falta de perseverancia, el espanto de nosotros y nuestras propias sombras, como si el desasosiego de quedar huérfanos ganase la cruzada.


A veces creo que sólo me alimento de quimeras y falsas utopías. A veces siento que es mi único sustento, y si pienso en vacío o en soledad sufro el pánico inundando todo mi cuerpo. Pero no quiero tensar las cuerdas, enredarme en la telaraña; es más fácil abandonarse, intentar que otros te protejan y ser el estúpido inocente agazapado entre mantas.


Abrazo el frío lacerante de esta lunática primavera. Me trae serenidad, luz nueva, tardes de suavidad en mi caparazón, evitando inspecciones aleatorias o inciertas, lejos del zumbido constante. Me vuelvo pequeña en mi mundo y me creo sola, valiente, porque ya no hay nada más. Sí, lo sé, es la torpeza de querer ser el feliz ignorante. La inconciencia como medio para ser otro bienaventurado.


Respiro, reposo y permanezco; mientras urdo la lana que me aguarde, porque cuando las circunstancias cambien el ritmo acelerado, cuando no queden más espacios y huecos que completar, estaré aquí, donde siempre estuve, de donde no me pienso mover.




Silverstein - Giving up

domingo, 15 de abril de 2012

Désolé





Recordé la iniciación, la impaciencia y los pánicos
Ansiando eludir la perplejidad pintando confusa misceláneos nervios,
Quise evocar la estación incauta de estruendos esplendorosos,
Pero la extenuación y la rutina trascendieron imperiosas.

La culpa acostumbrada, atemperando los inapelables finales angustiados,
Siempre se manifestaba bizarra y ascética
Ciñéndome con sus extremidades cual sumisa mística
Desvaneciendo y aclarando la monotonía y los intrincados sueños.

Ahora sé que he vivido días de bonanzas,
Instantes que se instruían espirituales, en hipotéticos y reposados placeres
Invadida de un ilusionismo diáfano, huérfano de adoraciones,

Que me confundía pareciendo yo incoherente, sin existencias,
Y mi único propósito fue respirar
Existir en un lugar, pero nunca padecer.



Avo Pärt - Silentium

miércoles, 11 de abril de 2012

Luminosidad emergente





Comienza una noche más, mientras espero que el hombre de la sombra larga aparezca fundido en negro y con relativa vanidad, con su pereza, sus manos de artista y su raído, pero estimado, gabán. Permanezco impermeable en el ahuecamiento tramado y solapado a partir de movimientos curvados y bolas de trapo. Es mi pequeño universo de impulsos, desahogo y seguridad. Parpadea la luz dorada de la farola detrás del cristal, los gatos maúllan intentando escalar lo que queda de muralla, y suenan las latas de comida fuera de sus bolsas de basura, amarillo no reciclado, derrapando cuesta abajo.


El teléfono vibra debajo del montículo de algodón, lino o raso. A veces los tejidos se aúnan formando un nuevo elemento, y yo discrepo entre unos y otros. Una voz áspera pero dócil me saluda al otro lado del aparato, percibo algo de astenia -no primaveral, esa que me invade a mí en estos momentos- es más bien un hastío arraigado a su propia naturaleza, un desaliento conformado ante la falta de perspectiva o avecinamiento de un futuro optimizado, privado de compañía. Ademán de cortesía, cruce de banalidades en las que divagamos sin reparar en absoluto en la intensidad de lo florecido, un intercambio de fábulas y pretéritos madurados que confluyen en una apetencia acrecentada. 


Desnúdate. Como en las incipientes sesiones en tiempos pasados, comienzo a deshacerme en capas de ropa y membranas, ansia y entusiasmo. Tócate. Como en aquellas noches en la que la inocencia me abarcaba desmesurada y furtiva, empiezo a explorar los plisados en la piel, ángulos y superficie porosa pletórica de deseo. Mójate para mí, imaginándome. Todas mis cavidades emanan la supuración anhelada en el precepto de tu voz. Todas mis brechas fluyen como ríos sofocados por la osadía de cada movimiento, trascendiendo en profundos manantiales. Hay un mínimo intervalo de tiempo en el que me siento completa, prostituida en todas las aberturas, pero con la convincente determinación de acabar lo que ambos, con tanta lujuria, hemos empezado. Tu dicción se ha vuelto menos tosca y arrogante, ahora es más ligera, más sensible y provocativa. Me acaricia a través de palabras como los dedos trémulos y dinámicos que chocan, palpando uno a uno, los vértices de mi cuerpo. 


Estoy ya en el lance culminante, se contorsionan, revuelcan y arquean todos los músculos y hendiduras del cuerpo. Me contraigo y dilato yo, buscando una válvula entre la mezcolanza magullada de la tela. Te retuerces  y estremeces tú, comprimiendo electricidad y desplazamiento. Y mis ojos convergen en el fulgor del fanal adherido a la tapia blanca de cal, cerca de la ventana. Disienten mis pupilas del ambarino irradiante, porque mi habitación es azul y rosa: intenso añil como los ojos de aquel arquitecto con nombre de todopoderoso griego, delicado encarnado, como la candidez que me asediaba aquellos días. Te apresuras entre gemidos y levantamiento, me deslizo entre suspiros y aceleramientos. Broto contigo, te derramas tú, discurro yo, los fluidos que se van al aire y a la composición de nuestra inadaptable materia. Se apaga tu voz mientras me fijo en los pájaros, flores y mariposas de mi lámpara en el techo.




Shpongle - Divine moments of truth

domingo, 8 de abril de 2012

Nostalgia menguada









¿Por qué no me puedo yo enamorar del hombre perfecto?


Me invita a cenar cuando no pretende más que consolidar una amistad despistada, cargada de infinitos matices frustrantes, vacía o exánime de fantasía. Un nexo velado que nos mantiene taciturnos e insertos en la más insondable de las nostalgias. Aún consternados, porque no nos aprendimos nuestro papel, porque la idiosincrasia fue la daga que amputó lo que aún no había terminado de medrar, pero con la determinación que te ofrece la mejor de las sonrisas y la mente más privilegiada. 


Soy consciente de la envidia que despierto cuando entramos en el restaurante. Tú eres la ambición, causa y efecto de miradas rivalizadas. Y yo me siento pequeña y grande a la vez; ilimitada cuando me coges de la mano para llevarme hasta la mesa escogida, diminuta cuando el azul de tus ojos me radiografía desnudando centro y alma. Pienso que ha pasado un mundo desde la última llamada, aún no entiendes por qué te devolví las Converse con una precaria posdata. Mario diría que soy muy orgullosa, que eso me impide aceptar regalos o dinero prestado. Pero delante de aquella caja, preciosamente adornada y rematada en un enorme lazo, yo sentí que había un regalo envenenado. No se obtienen respuestas con obsequios o agasajos, tampoco quería ser yo la vigilia saldada a fuerza de talonario. Como la culpa expiada en el cepillo, el lavado de la mala conciencia cuando dejas caer el par de monedas que siempre acarreas en los bolsillos, indultando fallo o pecado. Qué ganas de enrevesar, me dices. Hay una lógica, encontrar el 34 en las zapatillas que un día señalaste con el dedo mientras recorrías los Tristes de mi mano. Esa pequeña odisea postergada.


Allí estamos los dos, tú hablándome de arreglar el mundo, próximos proyectos que se perfilan en el trabajo, tu nueva casa y ese viaje al sur de Francia que nunca acaba de llegar. Yo divago entre las condiciones atmosféricas, sonidos que taladran o historietas estúpidas con resaca. Mientras nuestra velada queda amenizada por el redoble de tambores que escoltan la muerte del madero trasportado por tétricos nazarenos. Miras embelesado la peregrinación de cirios perfumados, más tarde la cera impregnada en el asfaltado no desvelará la trayectoria trazada, la densidad de unos pasos gastados. Y me doy cuenta que hasta en el vivir de tradiciones somos opuestos. ¿Cómo puedo yo creer en tu fe? esa de la que tantas veces tú mismo has renegado. ¿Cómo puedes tu dogmatizar mi locura transitoria? ni siquiera yo puedo ser un poco coherente. Somos tan contrarios…


Se nos hizo la madrugá deambulando bajo la lluvia, enterrando los pies en capas y capas de arena arrastradas desde la orilla del mar. Porque a ti te divierte y a mí me conmueve –por primera vez- tu sonrisa de niño travieso. Cerramos los bares, agotamos todos los líquidos destilados en la barra donde ni siquiera las luces nos acompañan, nos vaciamos de palabras y argumentos para continuar una noche más, un instante más, al lado del chico perfecto.




John Maus - Time is weird

miércoles, 4 de abril de 2012

Híbrida inherente






Una habitación de un piso oscuro en alguna parte de la ciudad. Crujir de madera de muebles añejos, carcomidos y gastados por el uso opuesto a lo predestinado. Silba leve el motor del aparato del aire acondicionado, la primavera es una virgen vestal que excede al verano rayando la esquizofrenia.  En su delirio imprudente desorienta las mentes alentadas por una fuerza mayor, indigestas de falacias y utopías. Ahora se sientan frente a frente, desgranando dudas, desbaratando enigmas, abrumados por las refutaciones.




-Voy dando vueltas dentro de mí una y mil veces. Es como estar medio despierta/dormida en un absolutismo fingido. A veces permanezco expectante para apresar cualquier respuesta, pero el miedo me paraliza.
-No se de qué cojones me hablas, todo esto es muy sencillo. Me gustas, te gusto, sólo tenemos que intentarlo. No veo donde está la complicación.
-Compré el billete y me subí al autobús, ya estoy aquí. ¿Está funcionando? ¿y ahora qué?
-Ahora queda lo fácil: tienes que venirte a la ciudad, vivir conmigo y buscar un trabajo. Al principio compartiremos mi cama de ochenta, después, cuando dispongamos de más liquidez –se entiende económica- pediremos a mi compañero de piso que se busque otro lugar en el que morar. Después nos casaremos, pero aquí, en la ciudad. Tu pueblo es demasiado pastoril, demasiado enajenado pululando por allí, demasiada gente extraña. Después…
-Pero ¿y si no sale bien?
-No te preocupes, tranquila, yo te pagaré el billete de vuelta.




White Lies - Farewell to the fairground

domingo, 1 de abril de 2012

Subversión





Abriendo círculos, cerrando los nexos enmohecidos, trópicos claustrofóbicos y puertas que no acababan de cicatrizar en todos sus portazos. Te manifiestas tú engullendo palabras que se enquistan en mi paradigma abismal. Y me revelo yo escanciando el susurro de un millón de resonancias cambiantes, que son tuyas y mías, de nosotros dos.


Y seguimos sumando, que esto no para, que va creciendo, siempre a más…



2:54 - You’re Early